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Eco de Maria Reina de la Paz 168 (Marzo-Avril 2003)

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Eco di Maria
Regina della Pace

Español 168



"Queridos hijos, con este mensaje os invito de nuevo a orar por la paz. Especialmente ahora que la paz está en crisis, sed vosotros los que oran y testimonian la paz. Hijitos, sed paz en este mundo inquieto. Gracias por haber respondido a mi llamada."

¡Sed paz!

Con palabras extremadamente claras y explícitas María nos pone en guardia contra el peligro de guerra que acecha al mundo: la paz está en crisis. Los poderosos del mundo no están en grado de asegurar la paz; quizás no quieren, quizás no saben; el resultado en cualquier caso es el mismo: la paz no depende de ellos. Ahora bien, si los poderosos de la tierra son impotentes, ¿qué podemos hacer nosotros que no tenemos ningún poder en el mundo? Sino que Dios escogió la necedad del mundo para confundir a los sabios, y Dios eligió la flaqueza del mundo para confundir a los fuertes. Escogió Dios a lo vil, a lo despreciable del mundo, a lo que no es nada, para destruir lo que es (1Cor 1, 27-28). La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular (Sal 117, 22; Mc 12, 10). El arco de los fuertes se ha quebrado, los débiles se ciñen de fuerza…La estéril da a luz siete veces, la de muchos hijos se marchita… (1 Sam 2, 4-5). Dispersó a los soberbios de corazón, derribó de su trono a los poderosos y ensalzó a los humildes (Lc 1, 51-52).

Tomemos conciencia de nuestra fuerza, ¡Cristo Jesús es nuestra fuerza! Tomemos conciencia de la seriedad de la llamada de María, que ha venido a Medjugorje como Reina de la Paz. Movámonos sin demora; por gracia de Dios todavía estamos a tiempo, pero tenemos que llevar a cabo una conversión radical del corazón. Ya no es tiempo de palabras; hasta las oraciones pueden ser sólo palabras, completamente ineficaces, si no ofensivas. Especialmente ahora que la paz está en crisis, sed vosotros los que oran y testimonian la paz. La oración por la paz no puede ser sólo una invocación verbal; tiene que pasar a través de nuestro testimonio, para que quede así autentificada; no basta con recitar fórmulas de paz: hay que dar testimonio de ellas con la vida, en la vida. Hay que acoger la paz que Jesús nos ha dejado (Jn 14, 27) para vivirla en nosotros, en nuestras relaciones interpersonales, pase lo que pase, en cualquier situación en que nos encontremos. ¿Cómo podemos orar si no hay paz en nosotros? ¿Cómo podemos presentar a Dios nuestro ofrecimiento si sabemos que un hermano no está en paz con nosotros (Mt 5, 23)? La invitación de María es extremadamente clara y explícita: ¡sed paz en este mundo sin paz! No es suficiente hacer algo por la paz; no bastan y sirven de poco las manifestaciones. La paz pasa a través de nosotros; somos nosotros los que debemos ser paz para el mundo. Nuestro modo de pensar, de actuar, de vivir, nuestra voluntad deben testimoniar la paz. Nuestro corazón, nuestro cuerpo, nuestra alma deben ser paz para el mundo. Junto a Jesús y en Él osamos decir al Padre: Sacrificios y ofrendas no los quisiste, en vez de esto me has dado un cuerpo a mí; holocaustos y víctimas expiatorias no te agradan. Entonces dije: "Aquí estoy yo, oh Dios, para hacer tu voluntad (Heb 10, 5-7). Que todo en nosotros sea oración: sed los que oran, para respirar el Amor del Padre, para ser canales de paz y de esperanza, megáfonos de Su Palabra. Gracias, María, porque estás con nosotros, porque aún nos instruyes, nos guías, nos empujas; gracias por tu Amor, tu paciencia, tu perseverancia. Nosotros no somos dignos de tanto, pero te ofrecemos con sinceridad de corazón nuestra vida; tómala, ¡oh Madre! En tus manos ésta puede transformarse en don al Padre y fruto de amor y de paz por los hermanos y por el mundo entero.

Nuccio Quattrocchi

 

 

Mensaje del 25 de febrero de 2003:

"Queridos hijos, también hoy os invito a orar y a ayunar por la paz. Como ya os he dicho anteriormente, también hoy os repito, hijitos, sólo con la oración y el ayuno incluso las guerras pueden detenerse. La paz es un precioso don de Dios. Buscad, pedid y la recibiréis. Hablad de la paz y llevad la paz en vuestros corazones. Cuidadla como una flor que necesita agua, ternura y luz. Sed los que lleváis la paz a los demás. Yo estoy con vosotros e intercedo por todos vosotros. Gracias por haber respondido a mi llamada."

Oración y ayuno para parar la guerra

En la vigilia de una guerra devastadora, mientras parecen inútiles los esfuerzos de todos los que en el mundo, también a altos niveles, trabajan por la paz, he aquí un gran mensaje de esperanza. Viene de María, Reina de la Paz, e indica un camino concreto, confiado a todos nosotros y en particular a quien cree en Su presencia en Medjugorje, los hijos que Ella cuida con paciencia infinita y con inmenso amor. Orad y ayunad por la paz. Es un camino que no es nuevo; María nos ha llamado muchas veces por este camino y hoy nos lo recuerda sin reproches (como mereceríamos) sino con premura materna. Como ya os he dicho anteriormente, también hoy os repito, hijitos, sólo con la oración y el ayuno incluso las guerras pueden detenerse. No hay otro camino, y es un camino al alcance de todos. También el Papa nos llama con insistencia a movilizarnos por la paz. Ha pedido un año entero de oración por la paz y por la familia (desde octubre pasado al próximo); nos ha regalado los misterios de la Luz para ampliar el horizonte del Rosario a toda la Vida terrena de Cristo Jesús. Y también nos pide que dediquemos a la paz la oración y el ayuno del miércoles de ceniza. Tomémonos en serio estas invitaciones. Son las únicas posibilidades de reprimir el odio, de evitar que el mundo se precipite en la guerra. Nuestra responsabilidad es grande, mayor de lo que llegamos a admitir o comprender. La paz depende de nosotros, de mí, de ti.
Dejemos de cargar en los demás la responsabilidad. Diez justos son suficientes para detener la mano del Señor (Gén 18, 32). Nosotros, tú, yo, estamos llamados en primera persona y tendremos que rendir cuentas a Dios de nuestro eventual rechazo. Respondamos: ¡Heme aquí! Asumamos nuestras responsabilidades con sencillez, con humildad, con seriedad; que nuestra determinación sea fuerte, grande nuestra fe, firme nuestra esperanza. La paz es un don precioso de Dios. Pero es un don para los hombres de buena voluntad (Lc 2, 14), es decir, para los que hacen suya la voluntad de Dios. Es un don dejado en heredad a los discípulos de Jesús (Jn 14, 27). Recemos el S. Rosario, recémoslo como nos ha sugerido el Papa (Rosarium Virginis Mariae) contemplando nuestra vida en Cristo, encontrando en Su Vida terrena la clave para comprender y dirigir a Él nuestra vida con sus dolores, sus dificultades, sus sufrimientos, y así sabremos dar cuenta de las razones de nuestra esperanza (1 Pe 3, 15). Que nuestra oración sea escucha de la Palabra con corazón abierto, sea invocación del Nombre de Dios con labios puros. Que nuestro ayuno sea abstinencia de lo superfluo, de la comida pero también de cualquier vejación, de cualquier abuso, de un hedonismo que, especialmente en nuestros países llamados ricos, ha llegado a reducirlo todo, también la persona humana, a un objeto de consumo.
La oración y el ayuno nos obtendrán el don de la paz. Buscad, pedid y la obtendréis, nos asegura María. Hablad de la paz y llevad la paz en vuestros corazones. Cultivémosla con cuidado como una flor que necesita agua, ternura y luz. Obtengamos de Dios y del Corazón Inmaculado de María estos elementos que nosotros no somos capaces de producir y que son necesarios para que la flor de la paz no se marchite antes de tiempo. El sacrificio de Jesucristo no ha sido en vano. Se realiza, no lo dudemos, la salvación; triunfa el Reino de Dios, no habrá más discordia y división porque el acusador de nuestros hermanos será derribado, aquel que los acusaba día y noche ante nuestro Dios (Ap 12, 10).

N.Q.

 

"Bienaventurados los que trabajan por la paz" (Mt 5, 9)

Sí, bienaventurados seamos si hacemos nuestra la invitación de Jesús que recoge el evangelio de S. Mateo; bienaventurados nosotros si acogemos la exigencia presente en lo profundo da cada hombre de "trabajar por la paz", es decir, de hacer de la paz una de nuestras obras. Nadie puede permanecer indiferente frente a decenas de millones de personas que bajan a las plazas de todo el mundo - tal como ocurrió el sábado 15 de febrero - para reivindicar un bien prioritario en la vida de cada uno de nosotros: LA PAZ. Un pueblo variopinto, compuesto de creyentes y no creyentes, adultos y niños, padres y consagrados… Variopinto como las banderas extendidas en las ventanas y balcones: multitud de pequeños arco iris que nos recuerdan el que Dios dio a Noé, en signo de paz y alianza perenne con la humanidad. La petición de paz nace espontánea en nuestras almas cuando nos sentimos amenazados por el peligro de guerra, sinónimo de muerte, destrucción, miseria y desesperación. Dios mismo pone en el corazón de sus hijos este anhelo que las más de las veces se transforma en grito y protesta en nombre de los credos más diversos: políticos, religiosos, sociales, humanitarios.
Pero si la semilla plantada en nosotros por el Padre no se sumerge en el terreno fértil de la oración, corre el riesgo de acabar como aquella que en la parábola del sembrador cae en el camino y los pájaros se la llevan. Si la petición de paz sólo se grita en las calles sin que a ello le acompañe un susurro íntimo al oído de Dios, viene el demonio, la roba, la transforma y la instrumentaliza para sus fines. Y así, muchos que podrían ser potenciales "trabajadores de paz" se quedan en estériles predicadores de pacifismo. El punto de partida es el mismo para ambos, el de llegada no. Para los primeros el objetivo es el corazón de Dios, para los demás el vértice de las instituciones. No es necesario subrayar aquí la diferencia.
En este escenario se mueve con sufrimiento evidente pero también con firme determinación, el Papa, buscando afinar las distintas voces para que el canto a la paz adquiera armonía y se convierta en un imperativo sonoro contra los focos de guerra atizados continuamente por los "poderosos" de la tierra. El Santo Padre no pierde ocasión de indicar a todos el verdadero camino de la paz: "No hay que conformarse, como si la guerra fuera inevitable… Esforcémonos en cualquier contexto en que vivamos por reconocer en el otro un hermano al que amar sin condicionamientos. Éste es el camino que conduce a la paz, un camino de diálogo, de esperanza y de reconciliación sincera".
Con esta conciencia el Papa no teme convertirse en "mendigo de paz", como escribe Enzo Bianchi, prior de la Comunidad ecuménica de Bose. Un mendigo que se convierte en voz de los pobres que anhelan la paz, conscientes de ser ellos las primeras (y a menudo únicas) víctimas de cualquier guerra. La voz, pues, de millones de personas que se manifiestan no puede ni debe ser ignorada, y con mayor razón no puede no escucharse la voz de un profeta, Juan Pablo II, que nos recuerda que la paz sólo es fruto de nuestra voluntad de perdonar y de testimoniar con convicción el "Evangelio de la paz".

S.C.

 

EN EL AÑO DEL ROSARIO
El Rosario, arma poderosa contra el Maligno

de don Gabriele Amorth

Está más vivo que nunca el recuerdo de la carta Apostólica "Rosarium Virginis Mariae", con la que Juan Pablo II, el 16 de octubre de 2002, animaba de nuevo a la cristiandad a recurrrir a esta oración, tan cálidamente recomendada por todos los últimos pontífices y por las últimas apariciones marianas. Así, para completar aquella oración que Pablo VI definía como "compendio de todo el Evangelio", añadía los "misterios de la luz": cinco misterios que refieren a la vida pública de Jesús. Sabemos cómo el Padre Pío llamaba a la coronilla: el arma. Arma de extraordinaria potencia contra Satanás. Un día un colega mío exorcista oyó que el demonio le decía: "Cada Ave María es como un mazazo en mi cabeza; si los cristianos conociesen el poder del Rosario yo estaría acabado".

¿Pero cuál es el secreto que hace esta oración tan eficaz? Es que el Rosario es a la vez oración y meditación; oración dirigida al Padre, a la Virgen, a la SS. Trinidad; y es al mismo tiempo meditación cristocéntrica. De hecho, como expone el S. Padre en la Carta Apostólica citada, el Rosario es oración contemplativa: se recuerda a Cristo con María, se aprende a Cristo de María, nos conformamos a Cristo con María, se suplica a Cristo con María, se anuncia a Cristo con María.
Hoy más que nunca el mundo necesita orar y meditar. Ante todo orar, porque los hombres se han olvidado de Dios y sin Dios están en el umbral de un abismo tremendo; de aquí la insistencia continua de la Virgen, en todos sus mensajes de Medjugorje, sobre la oración. Sin la ayuda de Dios se deja ganar la partida a Satanás. Y la meditación es necesaria, porque si se olvidan las grandes verdades cristianas, en las almas queda el vacío; un vacío que el enemigo sabe llenar muy bien. Por eso se difunde entonces la superstición y el ocultismo, sobre todo en esas formas hoy tan de moda: magia, sesiones espiritistas, satanismo. El hombre de hoy tiene más necesidad que nunca de un silencio orante. También frente a los posibles peligros de guerra, si creemos en el poder de la oración, estamos convencidos de que el Rosario es más fuerte que la bomba atómica. Es verdad, es una oración que compromete, que requiere un cierto tiempo. Nosotros, en cambio, estamos acostumbrados a hacer las cosas deprisa, especialmente con Dios… Quizás el Rosario nos pone en guardia ante aquel riesgo que Jesús señalaba a Marta, la hermana de Lázaro: "Te afanas por muchas cosas, pero una sola es necesaria". También nosotros corremos el mismo peligro: nos afanamos y nos preocupamos de muchas cosas contingentes, a menudo dañinas para el alma, y olvidamos que la única cosa necesaria es vivir con Dios. Que la Reina de la Paz nos haga abrir los ojos, antes de que sea demasiado tarde.
¿Cuál es hoy el peligro más evidente para la sociedad? Es la destrucción de la familia. El ritmo de la vida actual ha despedazado la unidad de la familia: están poco juntos y quizás, incluso esos pocos minutos, ni siquiera se habla, porque para hablar está la televisión. ¿Dónde están las familias que rezan el Rosario por la tarde? Pío XII ya insistía en esto: "Si rezáis el Rosario unidos gustaréis la paz en vuestras familias, tendréis la concordia de las almas en vuestras casas". "La familia que reza unida vive unida", repetía en todos los rincones del mundo el americano P. Peyton, el infatigable apóstol del Rosario en familia. "Satanás quiere la guerra", decía un día la Virgen en Medjugorje. Pues bien, el Rosario es el arma capaz de dar la paz a la sociedad, al mundo entero, porque es una oración y meditación capaz de transformar los corazones y de vencer las armas del enemigo del hombre. Es tiempo de CUARESMA, tiempo de reflexión sobre el camino que Jesús recorrió para llegar a su entrega total, para acceder a la vida nueva, a la resurrección. María es nuestra maestra también en este tramo del camino, porque Ella estaba con Él…

María está junto a la cruz del amor

El evangelista Juan, como testigo ocular, cuenta un episodio que deja sin aliento. Refiere que "cerca de la Cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su Madre, María de Cleofás y María Magdalena" (Jn 19, 25). La mirada humana de Jesús en este momento está empañada, la mente está lacerada por el dolor de los clavos que le atraviesan las manos y los pies, la respiración está sofocada por la terrible posición que el patíbulo le impone… ¡pero Jesús es Dios! Él ve el corazón de María, ve los sentimientos de María, ve que María está allí junto a la cruz en la humildad de la fe. Él sabe que María cree y, en medio de la tempestad del Calvario, ella permanece firmemente agarrada a la certeza de que ¡DIOS es AMOR! ¡María ve este amor, lo observa con la mirada amorosa de la madre, lo ve clavado a la cruz este amor y… cree, cree, cree! Jesús entonces cumple un último gesto divino. Dice a su madre: "¡Mujer, he ahí a tu hijo!" (Jn 19, 26). Es decir: "Mamá, yo sé que tú crees que la omnipotencia de Dios es el amor: yo sé que tú comprendes el sentido de lo que está ocurriendo. Tú sabes que al río cenagoso del pecado humano, Dios responde así: ¡amando! Entonces, mamá, permíteme tomar tu maternidad y hacer de ella un don de amor: yo te regalo a la humanidad, para que tú seas un signo de amor en mi amor. Mujer, he ahí a tu hijo".
¡Qué escena tan estupenda! ¡Qué momento tan emocionante! Desde este momento el auténtico discípulo de Jesús no puede prescindir de María, porque sabe que María es un regalo de Jesús, ¡un regalo que nos hizo en la cruz! En este punto Jesús puede exclamar: "¡todo se ha cumplido!" (Jn 19, 39). Es decir: "¡He dicho todo el amor, he dado todo el amor, he desvelado el misterio de Dios! Ahora espero la respuesta de amor de los hombres: y esta respuesta es posible, porque desde este momento los hombres tienen el don del fuego que abrasa en el corazón de Dios: ¡el don del Espíritu Santo!". Juan, de hecho, relata este importantísimo detalle: "E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu" (Jn 19, 30). Así comienza la historia de la santidad: una historia maravillosa que atraviesa los siglos a través de la vida de tantos, tantísimos santos, que han acogido el don del Espíritu e iluminado la noche del mundo.

Mons. Angelo Comastri, obispo de Loreto
(extraído de: La firma de Dios)

 

Vivir los "misterios del dolor"

Hemos oído muchas veces en los discursos del Papa la invitación a "no desaprovechar el sufrimiento" sino al contrario, a valorarlo como circunstancia en la que se encuentra más fácilmente el rostro sufriente de aquel Cristo "que toma sobre sí, por así decirlo, todas las ‘enfermedades’ del hombre y del género humano". Es lo que también en este año, con ocasión de la XI Jornada Mundial del Enfermo (11 de febrero, fiesta de la Virgen de Lourdes) el Santo Padre ha recordado a todos los que llevan la pesada cruz de la enfermedad, física y mental. Lo ha hecho centrando la atención en la imagen de la Virgen de Lourdes, que lleva entre las manos la corona del Rosario: "Queridos enfermos, el Rosario da la respuesta cristiana al problema del sufrimiento: la obtiene del misterio pascual de Cristo. Quien lo reza recorre con María el itinerario entero de la vida y de la fe, itinerario en el que el sufrimiento humano forma parte integral, que en Cristo se convierte en sufrimiento divino-humano, pasión salvífica". Ciertamente no es fácil, pero es posible cuando se imita a Aquél que no combatió con la fuerza el dominio del mal, sino sólo con un abandono filial a la acción del Padre, acompañado por el amor de la Madre: "Esta misma actitud obra en nosotros, gracias al Espíritu Santo, cuando, en la experiencia de la enfermedad, recorremos con María la vía de los misterios dolorosos", recuerda Juan Pablo II, asegurando que quien lleva la cruz con Jesús ofrece un testimonio elocuente "también hacia todos los que se sienten incapaces de creer y de esperar".

Red.

 

 

Todas las mujeres son madres

Así como Cristo

es la manifestación del verdadero hombre,

del mismo modo María, su madre,

es revelación de la mujer y de la madre.

Gracias a esta revelación todas las mujeres,

y sobre todo las madres,

se parecen a la Madre de Dios

y son partícipes de su dignidad,

y de su poder, de la maternidad y del honor.

Todas las mujeres son madres

pues ellas dan la vida al género humano,

que sin su maternidad

sería inhumano.

Ellas dan la vida a la humanidad

con su amor,

su belleza y su ternura,

y lo nutren con generosidad y bondad.

Sin la mujer-madre

el mundo estaría más desértico que el desierto

y más frió que el hielo.

Dios escogió a la madre

como su colaboradora directa

y con ella ha continuado la creación

del hombre y del mundo.

Cuando el hombre, con su culpa,

rompió el vínculo vital con dios

la escogió a ella como colaboradora

para su salvación (Gén 3, 15).

Sin la madre, el mundo

sería imperfecto

y el hombre hubiera permanecido como polvo

o hubiera regresado innoblemente a él.

fray Ljudevit Rupcic

 

 

¿Qué respuesta dar a Dios?

Uno de los pasos fundamentales en nuestro camino de santidad es la muerte del hombre viejo y el renacimiento como criatura nueva. Es una perspectiva maravillosa que supone sin embargo una libre adhesión por nuestra parte, un incondicional a la voluntad de Dios. Pero nos preguntamos: ¿en qué punto de nuestra alma se manifiesta nuestro sí al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo?

¿Cómo podemos verificar este nuestro ?

Una verificación sincera tiene lugar sólo cuando nos encontramos ante lo desconocido, ante lo imposible, tal como se encontró María en el momento de la Anunciación; en estas circunstancias podemos comprobar si estamos verdaderamente dispuestos a morir a nosotros mismos y a nuestras lógicas para permitir que Dios manifieste su omnipotencia. Continuamos preguntándonos: cuando nos encontramos ante desafíos que nos sorprenden, ¿cuál es la respuesta de nuestras almas? Porque sólo si en estas situaciones estamos dispuestos con nuestro a acoger la prueba, tenemos la posibilidad de renacer como criaturas nuevas.
Todo esto corre el riesgo de llenarnos de temor haciéndonos sentir incapaces e indignos, pero Dios no nos deja solos: de hecho, para renacer nos ha dado una Madre, María, una Madre que genera en nosotros la vida divina. Por esto la relación con Ella no puede reducirse a una devoción superficial, sino que debe ir acompañada de una búsqueda constante dentro de nosotros mismos, en su seno, en el que hemos sido concebidos espiritualmente. Y allí, en su seno virginal, encontrar a Dios que la ha fecundado, la ha santificado y la ha glorificado. En pobres palabras, estar en el corazón de María, estar en su seno, significa entrar en sus virtudes. No se trata, sin embargo, de una imitación exterior aparentando ser humildes y devotos… Entrar en las virtudes de María significa sumergirse en la potencia del Espíritu Santo, significa vivir la sencillez de María y su capacidad de escucha. El Espíritu Santo necesita esta sencillez; necesita nuestra obediencia, tranquilidad, abandono, confianza, nuestro amor y la apertura de nuestra alma. A Dios no le sirven las disertaciones filosóficas, razones o medios humanos: Dios sólo necesita nuestra apertura. Y para conseguirla debemos tener las virtudes de María, que en el fondo no son más que los dones del Espíritu Santo. Nuestro a Dios, entendido en esta actitud de confianza, de abandono y de serenidad se convierte entonces en un movimiento vital para nuestra alma; pensemos en lo que sucede en primavera en una semilla calentada e iluminada por el sol: tiene lugar un proceso que hace que se abra, brote y florezca. Nuestro sí a Dios debe por tanto ser vital, un movimiento que alcance las profundidades de nuestro ser. Los frutos de este no se harán esperar, y estarán hechos de sencillez, silencio interior, escucha y amor. También bajo la cruz María permaneció con esta apertura incondicional: obediente y abandonada hasta el final, como su Hijo. Y en aquel momento en el que sólo vivía escenas de muerte, María continuaba siendo la Madre que ama la vida de Dios y que lo olvida todo para encontrar esta vida. También nuestro renacimiento se da a través de las pruebas, porque es en las pruebas que se verifica realmente si nuestro sí a Dios es completo o si es sólo algo parcial.

Tommaso di Francesco

 

 

"VOLVED AL FERVOR PRIMITIVO"
EL CAMINO DEL ABANDONO

de Giuseppe Ferraro

La Reina de la Paz no se apareció en Medjugorje para comunicar al mundo revelaciones inéditas, ni para realizar signos prodigiosos o anunciar sensacionales novedades teológicas, sino para guiarnos de una manera muy concreta, como ocurrió con el discípulo predilecto que le fue confiado a los pies de la Cruz, para "ver con nuestros ojos, para contemplar y tocar" (1 Jn 1-2), con los sentidos del alma, el "Verbo de la vida", que "estaba cerca del Padre" (íbid). El Verbo que se hizo visible a nosotros en aquel Jesús de Nazaret, Hijo del Altísimo, que Ella generó para el mundo "en la plenitud del tiempo" y que todavía hoy desea ardientemente regenerar en las almas de sus hijos. ¡Sí! Porque es sólo a partir de la contemplación del Rostro del Hijo, sufriente y glorificado; a partir de la experiencia del misterio inefable de Cristo - que con libertad total y confianza filial se abandona al amor tierno del Padre en su camino pascual de humillación y de gloria - que es posible acoger el río de vida nueva y de fulgurante luz divina que irrumpe en el mundo con Cristo Jesús, crucificado por los hombres pero glorificado eternamente por Dios.
Por esto la Virgen pone en el centro de su mensaje el fundamental paso espiritual del abandono, condición esencial y necesaria para poder entrar en comunión con la Vida del Padre. Éste es de hecho el único ofrecimiento agradable a Dios, "que no quiere nada de vosotros, sólo vuestro abandono" (Mens. 25.05.1989). Ésta es la única vía espiritual que nos implica plenamente en el ofrecimiento pascual de Cristo, que destruye radicalmente, por la obediencia de la fe, el veneno del pecado original, que anida sutilmente en las fibras más profundas y secretas de nuestro corazón, hijo de la rebelión y de la desconfianza culpable en la paternidad providente de Dios. De aquí nace la raíz venenosa que está en el origen de cualquier pecado y de toda "lucha y afán" que aflige la humanidad y la creación entera, generando continuamente en los corazones de los hombres incurables heridas espirituales e inquietudes existenciales lacerantes, desesperación y abismos de tiniebla en las almas, males de los que María, por un misterio de gracia que brota del corazón de Dios "rico en misericordia", hoy quiere liberar definitivamente a sus hijos.
El recorrido de gracia que la Virgen nos propone pasa por la vía del abandono incondicional a Dios a través de Su Corazón Inmaculado, que expresa la misma fe de Abrahán que le "fue computada como justicia" (Rm 4, 3) y con la que no por casualidad tuvo lugar el comienzo histórico de la obra de la salvación del mundo. El camino del abandono espiritual nos hace encontrar con seguridad el árbol de la vida y la luz de nuevos cielos y tierra nueva, pero debe pasar por un despojamiento interior radical y por la renuncia a cualquier dependencia del variado "panteón" de ídolos que obstruyen los corazones de los hombres de nuestro tiempo, del que mana un fino entramado de apegos ilusorios y de falsas seguridades mundanas, que oscurecen la fe y abren peligrosos espacios a la acción del padre de la mentira: "Queridos hijos, os invito al abandono en Dios. En este tiempo (Cuaresma) deseo especialmente que renunciéis a aquellas cosas a las que estáis apegados y que dañan vuestra vida espiritual" (Mens. 25.02.1990)

El auténtico despojamiento espiritual, sin embargo, no puede realizarse sin una decisión radical por Dios, un "sí" incondicional ofrecido al Padre por medio del Corazón Inmaculado de María, renovado continuamente con Ella y a través de Ella en la concreción de los acontecimientos personales cotidianos, especialmente en las pequeñas y grandes pruebas que el Señor dispone sabiamente en nuestro camino, para hacernos crecer en el abandono y convertirnos progresivamente en auténticos instrumentos de su amor sacrificado por la salvación del mundo. Sólo así nos haremos cada vez más partícipes de la victoria plena de la Inmaculada sobre cualquier insidia del príncipe de las tinieblas: "Por esto hijitos, decidios completamente por Dios y no permitáis que satanás entre en vuestra vida a través de esas cosas que os dañan a vosotros y a vuestra vida espiritual" (Ibíd.) Esta decisión incondicional por Dios es sin embargo el fruto de una luz de gracia dada de lo alto, que no puede nacer más que de una oración perseverante y profunda del corazón, que se expresa en un contacto vivo e incesante del alma con el misterio de la presencia de la vida de Dios en nosotros y en el universo, en nuestra historia personal y en la comunión con los hermanos: "Hijitos, Dios se ofrece en plenitud y vosotros podéis descubrirlo y conocerlo sólo en la oración. Por esto, decidios por la oración" (Mens. 25.02.1990). De esta manera se comenzarán a percibir cada vez más nítidamente los signos de la indefectible respuesta de Dios, los destellos de una plenitud de vida que trae "aquella gran alegría y paz que sólo Dios da" (Mens. 25.03.1989).

 

 

Leer continuamente la firma de Dios

Vivir sumergidos en lo cotidiano, en la costumbre, donde las cosas nos son conocidas y a veces damos por descontadas. Y allí, justamente allí, descubrir la presencia de Dios, su acción, su voz, su pensamiento. Es exactamente en estas circunstancias que destacan menos donde está impreso aquel amor tan íntimo y profundo del Creador por las criaturas: en la vida de cada día, en la existencia escondida de muchos, en los rincones de nuestra jornada. Descubrir que Dios nos habla personalmente a través de un lenguaje que sólo nosotros podemos comprender porque forma parte de nuestros secretos, de nuestros deseos más íntimos, de nuestra imaginación, de nuestro modo de ver las cosas… Leer en los distintos acontecimientos que a primera vista nos parecen insignificantes un hilo invisible que los une y les restituye su importancia, como si fueran muchas palabras que puestas juntas componen el discurso de Dios para nosotros. Todo esto se llama: contemplación.
No hay que poseer dones extraordinarios para ver a Dios, porque el Padre se manifiesta a todos sus hijos, indistintamente, sólo hay que entender cómo lo hace. Eliminemos de nosotros la idea de que la contemplación esté destinada sólo a quien se introduce en un particular camino de ascesis espiritual, separándose del mundo y de sus reglas materialistas. Precisamente porque también estas almas, si son realmente contemplativas, están llamadas a descubrir las huellas de su Señor no en experiencias místicas lejanas de la realidad sino en las cosas pequeñas que están a su alrededor. No es la visión estática la que nos revela el rostro de Dios, sino la atención a lo que nos rodea y que a menudo olvidamos por parecernos "demasiado normal" si no banal… Y así corremos el riesgo de perder el hilo del discurso, para continuar preguntándonos cuál sea la voluntad de Dios para nosotros. ¿Cuántas veces nos damos cuenta de que "casualmente" recibimos algo que nos da un placer especial o de lo que tenemos especial necesidad? ¿Cuántas veces en los momentos de desánimo sentimos que una palabra, incluso de desconocidos, nos devuelve el ánimo? ¿Cuántas veces vemos que nuestros proyectos se destruyen para poder luego observar que las cosas se recomponen de un modo que nunca hubiéramos pensado, en aras de un bien mayor?
La lista es larga, podríamos continuar, pero lo que importa es concienzarnos de que la trama de nuestra vida está tejida únicamente por Dios: basta con abrir los ojos del corazón, basta con vivir en una contemplación constante para descubrir que en ella está puesta la firma de Dios.
Stefania Consoli

 

 

Virgen Negra, ¡qué dulce ser tu hijo!

El 25 de enero de 1945, cuando la Armada rusa entraba en Polonia, en un campo de concentración cercano a Poznan, un oficial cosaco quería matarme sólo porque llevaba el gorro alpino. De hecho, había jurado matar a todos los alpinos porque ellos, en 1943, habían destruido junto a los alemanes su pueblo natal. Me cogió del pecho, extrajo la pistola y me la apuntó en la nuca, golpeándome contra la columna de entrada del Campo de Concentración. Sobre mi cabeza había, fijo en la pared, un mosaico que reproducía a la Virgen de Czestokova. Él la vio y se paró. Enfundó el arma y me dio una bofetada que me hizo caer en la nieve helada. Un polaco allí presente que yo conocía, Marian Kaczmarek, intervino para defenderme y luego dijo: "Rienzi (Lorenzo en italiano), la Reina de Polonia, la Virgen de Czestokova, te ha salvado: ¡agradéceselo! Después de 11 años me convertí y me hice misionero: me ordené sacerdote en el ’62 y desde el ’69 vivo aquí en el Congo donde dirijo un centro para niños discapacitados. En 1977, durante mis vacaciones trianuales en Italia, me enteré que unos ciclistas habían programado una vuelta en bicicleta hasta Czestokova. Les pregunté si podía unirme a ellos… Así, después de 32 años, pude pagar mi deuda de reconocimiento a la Virgen. En el camino llamé a mi amigo Marian para quedar con él al día siguiente en el famoso Santuario. Y allí, juntos, oramos largamente ante la Virgen Negra.

P. Lorenzo Caselin
Misionero Saveriano - Bukavu

 

 

NOTICIAS DE LA TIERRA BENDITA

ENTREVISTA A MARIJANA:
"El grupo de oración vive en mi corazón"

Como es sabido, en Medjugorje, además de a las seis videntes, la Virgen se manifestó a través del don de la "locución interna" a dos niñas, a las dos amigas Jelena y Marijana Vasilj, hoy casadas. A ellas la Virgen les confió los mensajes para la formación y el crecimiento del grupo de oración que la Virgen misma había querido. En una entrevista MARIJANA cuenta sus recuerdos, pero sobre todo cómo el don recibido de pequeña hoy está produciendo frutos maduros en su vida espiritual y familiar.

Marijana, ha pasado mucho tiempo desde que la Virgen te hizo oír su voz para guiar el grupo de oración, ¿cómo vive en ti este recuerdo?

Marijana - Para ser exactos, el grupo nunca acabó, si bien durante un largo periodo estuvo compuesto por un número notablemente reducido de participantes, una decena de personas continuaba reuniéndose para orar. Hoy sin embargo, en Medj. se advierte la exigencia de un grupo de oración formado por jóvenes generaciones y guiado por un sacerdote, tal como el p. Tomislav nos guiaba.

Durante estos últimos años has vivido una vida más retirada para dedicarte a tu marido y a vuestros hijos, aunque últimamente tus testimonios son cada vez más frecuentes.

M. - Es verdad, pero también tenía necesidad de "absorber" la cantidad y la intensidad de las experiencias vividas de pequeña. Y en cualquier caso sentía la exigencia de dar prioridad a mi familia, sobre todo en estos primeros años de vida juntos. Hoy las familias viven de una manera muy superficial; el trabajo se impone a lo demás, todo se hace deprisa: se logra hacer todo menos rezar. Pero preguntémonos: ¿por qué ocurre esto si la Virgen nos ha pedido que pongamos la oración en el primer lugar? Si no damos a la oración el lugar que le corresponde es normal que no encontremos el tiempo para orar… Ahora tenemos que hacer esto, luego esto otro… quizás mañana podremos rezar… y al final, ¡nunca lo hacemos! Cuántas veces María nos ha dicho que comencemos la jornada con la oración para que todo se desarrolle en paz y armonía. Hay que rezar para que Dios nos dé la fuerza, el discernimiento, las ganas de acoger todo lo que ocurrirá a lo largo del día, incluso los frecuentes imprevistos cotidianos. Si nos dejamos acompañar por la bendición de Dios, todo nos parecerá más fácil de afrontar.

¿Es esto lo que hacéis en tu familia?

M. - Sí, sobre todo rezamos con los niños. La Virgen nos ha dicho muchas veces que hoy las familias tienen problemas con los jóvenes, precisamente por la falta de oración en casa. ¡No se puede pretender que un chico empiece a rezar a los 18-20 años si no lo ha hecho nunca o visto hacer a sus padres! Con que los padres hubiesen dado ejemplo, la oración sería para él algo completamente normal. Por esto es importante rezar con los niños, porque ellos comprenden fácilmente que la oración es un momento de comunión. Por la mañana, cada uno de nosotros reza por su cuenta, pero por la tarde nos reunimos siempre para la oración en común. Rezamos juntos el Rosario y son mis hijos los que preguntan cuándo empezamos. Estoy convencida que si los niños viven esto desde pequeños encontrarán más fácilmente su camino en la vida y tendrán la fuerza para afrontar cualquier dificultad. Me parece que esta claridad y la decisión por la oración en familia la llevo dentro de mí como fruto del grupo.

¿Cuánta importancia dais a la oración espontánea que la Virgen recomendaba con insistencia al grupo?

M.- Recomendaba, has dicho bien. En efecto, en muchísimos mensajes la Virgen ha hablado de la oración espontánea, y desde el principio la gente se preguntaba qué sería en realidad, sobre todo cuando veían que la rezaban los niños. María recomienda esta forma de oración sobre todo en el caso en que muchas personas rezan juntas; porque expresando en voz alta los propios sentimientos, los demás entienden por qué es importante orar. Expresar públicamente lo que llevamos dentro es signo de apertura hacia Dios y hacia el prójimo. No ha sido siempre fácil, sobre todo al principio la Virgen nos reprendía por la cerrazón de nuestro corazón; de hecho todos nos quedábamos callados y no teníamos fuerzas para decir lo que vivíamos en aquel momento. Pero poco a poco nos acostumbramos, siguiendo las exhortaciones de María, que definía la oración espontánea como "un diálogo con Dios". Añadía además que la oración no es en absoluto una repetición automática de Padrenuestros o Avemarías - tal como a menudo sucede en el Rosario - sino que entre un misterio y otro hay que reflexionar y orar espontáneamente sobre la vida de Jesús que los misterios nos proponen.

¿Podemos decir que la oración espontánea era uno de los pilares de vuestros encuentros?

M. - Así lo quería la Virgen. Ella nos enseñó a comenzar y a concluir siempre el encuentro con la oración espontánea. Al comenzar expresábamos libremente nuestras intenciones de oración y al final dábamos gracias. En un mensaje, de hecho, María nos dijo que los hombres a menudo saben rezar pero pocas veces saben agradecer. Debemos aprender a agradecer también las cosas pequeñas, porque de otra manera no sabremos agradecer las grandes. Creo que este método hacía la oración más abierta y más profunda. Naturalmente al final orábamos para obtener la bendición para toda la humanidad y, en particular, para los jóvenes.

¿Cómo guiaba el grupo la Virgen? ¿Cuándo llegaban los mensajes?

M. - Generalmente la Virgen me daba a mí el mensaje cuando aún estaba en casa, antes de ir al encuentro. Pero podía ocurrir que se lo diese a Jelena. Me ponía a orar y luego llegaban sus palabras que servían para encauzar el encuentro. Al final daba un mensaje a Jelena, normalmente más breve, con la bendición final. También ocurría que en un momento determinado del encuentro Jelena recibía un mensaje sobre un tema acerca del cual conversábamos - tras habernos dividido en pequeños grupos - con el objetivo de abrirnos cada vez más. Al final, un representante de cada grupo refería a los demás las conclusiones.

Me parece entender que las modalidades de intervención de la Virgen cambiaban según las circunstancias.

M. - Sí, no había nunca un tiempo preestablecido en el que Ella se manifestaba, tal como ocurría con los seis videntes. El tiempo no tenía ningún valor, pero es importante subrayar que los mensajes llegaban sólo durante la oración. El Padre Tomislav nos dijo que el nuestro era un don de oración, activo en la oración. La Virgen nos advirtió que no íbamos a tener este don durante toda la vida, pero a decir verdad me parece que, en cierto sentido, el don permanece dentro de nosotros: aunque ya no recibamos mensajes diarios ni sintamos a la Virgen como antes, queda la oración como don para toda nuestra vida.

¿Tienes añoranzas o nostalgias?

M. - Pienso a menudo que si hubiésemos quedado más unidos al grupo, o mejor, a aquel tipo de oración, si en definitiva todo hubiese permanecido como antes, quizás la Virgen hubiera continuado hablándonos. Repito, no he dejado nunca de orar, sobre todo en familia, pero es muy diferente. Comprendo sin embargo que hay un plan de Dios que nosotros no podemos modificar.

¿Cuánto tiempo tuvisteis que permanecer juntos para concluir vuestra "escuela de oración"?

M. - La Virgen pidió que permaneciésemos juntos cuatro años para conocernos, de forma que nos resultase más fácil abrirnos. La gente de nuestro alrededor no comprendía y les costaba aceptarlo; se preguntaban: ¿para qué sirve un grupo de oración? ¿por qué debe durar cuatro años? Nosotros respondíamos: tendríais que venir al grupo para comprender por qué… Por qué razón cuatro años, no lo sé. Éste era el deseo de la Virgen: permanecer hasta el final, sin decidir nada de nuestro futuro. Debíamos sencillamente estar presentes y Ella misma nos guiaba con una serie de mensajes que están, en cierto sentido, unidos entre ellos. Esta llamada a la constancia y a la fidelidad servía para evitar la mala costumbre que se da en los grupos de oración: se va una vez sí y cinco no. ¡Pero así se pierde todo! Si conocemos a una persona y luego la volvemos a ver al cabo de dos meses, ¿cómo se puede crear una relación sincera? Así no se puede lograr la apertura del corazón.

¿Qué aconsejas entonces a un grupo de oración que desea vivir la oración en profundidad?

M. - Si se quiere crecer juntos, es indispensable un largo periodo para poder abrirse completamente, orando y compartiendo juntos. Con nosotros la Virgen quiso que al principio nos reuniésemos una vez a la semana, luego dos, luego tres… No lo pidió todo de golpe, sino gradualmente, paso a paso. La tercera cita que la Virgen había previsto, el sábado, estaba dedicado exclusivamente a compartir las experiencias y los mensajes que nos daba, porque los mensajes no son iguales para todos: cada uno los entiende a su manera y a la hora de compartir es posible enriquecerse de la opinión de los hermanos, ayudándonos mutuamente.

Sabemos que la Virgen designó al Padre Tomislav como guía espiritual del grupo. ¿Con qué frecuencia lo encontrabais?

M. - Desde el principio, el p. Tomislav estaba siempre presente, un verdadero y auténtico guía del grupo. La misma Virgen había pedido la presencia de un sacerdote, porque nosotras éramos niñas de 10 y 11 años y no teníamos la más mínima idea de cómo formar un grupo, de qué hacer, etc… Entonces Jelena preguntó por qué tenía que ser un sacerdote el que guiase el grupo. Y la Virgen respondió que un grupo sin sacerdote es como una clase sin profesor, sobre todo al principio. Así el p. Tomislav aceptó y lo organizó todo. Creo que él es realmente el único testigo de lo que ocurrió al principio.

Erais pues niñas, pero luego habéis crecido. ¿Cuánto ha influido el "don" en tu desarrollo personal?

M. - Es una pregunta frecuente. Debo decir que nosotras hemos crecido con este don, por lo tanto, todo era más bien natural. Teníamos el privilegio de que las familias aquí en Medj. antes de las apariciones eran muy creyentes, la fe ya estaba presente: se rezaba en todas las casas. La Virgen dijo una vez a los videntes que escogió Medjugorje precisamente porque había encontrado fe. Por esto todo lo que ocurrió no nos pareció tan extraño. Naturalmente con los mensajes comprendimos que en el pasado se vivía más una tradición que una fe auténtica. Sin embargo, ésta constituía una buena base de la que partir para luego profundizar, como paso sucesivo, en la vida espiritual.

¿Cómo se comporta un adolescente con un don tan extraordinario?

M. - No siempre era fácil, sobre todo cuando veíamos que nuestros amigos hacían lo que querían mientras que nosotras teníamos que estar a disposición de los peregrinos, del grupo, etc… Quizás teníamos algo de celos. El nuestro era un don, pero también un sacrificio. Tengo sin embargo un bellísimo recuerdo que nunca cambiaría, porque además de ser un don era también una gran responsabilidad, como la de los videntes que en nombre de esta responsabilidad desde hace 20 años ya no poseen una vida privada. Si aceptamos los grandes dones de Dios debemos estar dispuestos también a dar todo lo que se espera de nosotros. Somos sólo instrumentos a través de los cuales María da sus mensajes al mundo. Y debemos hacerlo no sólo con palabras sino sobre todo con el ejemplo. Lo mismo vale para los peregrinos, que no tienen que considerar concluida su peregrinación una vez se han ido de Medj. - tal como dice la Virgen en un mensaje - sino que deben continuar con la oración y el ayuno, para que su testimonio no esté compuesto sólo de historias sobre Medjugorje, sino que se trasluzca en sus vidas a través de los cambios que el viaje ha obrado en ellos.

Hay quien se asombra de que la Virgen repita siempre las mismas cosas, ¿tú qué opinas?

M. - Nos maravillamos de que la Virgen repita siempre las mismas cosas, pero ¿quién de nosotros vive lo que Ella nos dice? ¿Quién reza tres veces al día como Ella pidió? ¿Quién ayuna dos veces a la semana? ¡Casi nadie! La Madre de Dios no repite sus mensajes sin motivo, sino sólo porque quiere que nosotros los realicemos concretamente. Si esto ocurriese, no los repetiría más, ¿no crees?

¿Qué te parece la duración de estas apariciones?

M. - Contemplando todos estos años en los que la Madre de Dios se aparece en Medjugorje, no podemos dudar que nos encontramos frente a un grandísimo signo para la humanidad. A veces pienso que aquí en Medj. tendría que pasar algo especial para el mundo, algo nuevo: el mundo debe comenzar de nuevo volviendo a Dios. Cuando uno sale sólo oye cosas negativas, en la televisión, en los periódicos, en las conversaciones… No se nos dice nada que nos alegre. El hecho es que se parte siempre de cosas que son lejanas a Dios, sobre todo de cosas materiales. No hay espíritu, no hay amor, no hay paz.

¿Quieres decir que Medjugorje tiene que convertirse en un lugar en el que no sólo se ora sino que se contempla a Dios?

M. - La Virgen en un mensaje nos dijo: tenéis que ser conscientes que Dios está con vosotros, está dentro de vosotros, no en las nubes. Cuando finalmente lo comprendamos y comencemos a orar con esta perspectiva, todo cambiará. Sobre todo al principio de nuestro camino, María nos invitaba a ir a la naturaleza y descubrir allí cómo todo es de Dios. Debíamos luego intentar escribir o compartir con los demás lo que habíamos experimentado en aquel momento. Naturalmente, no se trataba de "hacer una excursión", sino de sumergirse en la creación, pensando que Dios la había preparado para nosotros para que gozásemos de ella y Le diésemos gloria.

La Virgen escogió la naturaleza como lugar donde aparecerse, ¿no crees que eso quiera significar alguna cosa?

M. - Estoy segura. Ella nos repetía a menudo que es muy importante sentir a Dios en el silencio y en la paz que se encuentra en la naturaleza… Hoy esta dimensión se ha perdido y es uno de los problemas de la humanidad: nadie mira a su alrededor, ve sólo lo que tiene delante suyo y comienza a correr a gran velocidad para alcanzarlo. Ya no se tiene tiempo ni calma. Querrías llegar a todo y no llegas a nada… ¡Es tan estúpido! Y luego, ¿para qué? Para obtener bienes materiales, que se quedan aquí mientras tú estás destinado a ir más allá. La Virgen nos ha recordado muchas veces que lo que pertenece a este mundo es pasajero, no debemos olvidarlo nunca: nuestra vida es sólo una preparación para la eternidad, para lo que nos espera allí. Dejemos pues de mirar lo que hacen los demás: si ellos quieren correr y acumular stress, que lo hagan, pero nosotros no debemos perder nuestra identidad. El hombre nunca está contento: ¡cuánto más tiene, más piensa que no tiene nada!

¿Cómo acabamos esta entrevista?

M. - Con las palabras de un libro, muy curioso, que he leído recientemente. El autor cuenta haber tenido un sueño en el que entrevistaba a Dios. La primera pregunta de la entrevista era si Dios tenía tiempo disponible. La respuesta, expresada por Dios con una sonrisa, no se hizo esperar: mi tiempo es la eternidad. Más adelante el hipotético entrevistador pregunta: ¿qué es lo que más te sorprende de los hombres? Dios responde: me sorprende el hecho de que siempre tengan prisa: no piensan en el presente sino en lo que pasará en el futuro y por lo tanto no viven ni el presente ni el futuro. Luego Dios añade: rico no es el hombre que tiene más, sino el que necesita menos. ¡Pero lo que más me sorprende de los hombres es el hecho de que viven como si nunca hubieran de morir y luego mueren como si nunca hubieran vivido!

Marijana Vasilj
entrevistada por Stefania Consoli

 

 

Muchos jóvenes abiertos a la caridad y a la fe

En nuestras PEREGRINACIONES DE CARIDAD descubrimos que lo que recibimos es mucho más de lo que llevamos y damos. ¡Cuántas gracias recibidas! ¡Cuántas conversiones entre nuestros participantes! Sobre todo entre los jóvenes, siempre muy numerosos en nuestros convoys, que viven fuertes experiencias de caridad, de oración y de fe. No pocos han cambiado de vida y alguno también ha encontrado la fuerza para hacer una elección vocacional de consagración especial. Varios jóvenes llegados con el convoy de fin de año, tras haber tocado con la mano la situación de tantos refugiados, huérfanos, etc… y tras haber participado en la gran vigilia de oración en Medjugorje, confesaron que nunca habían vivido un Fin de año tan bello e intenso. Lo mismo pasa con los jóvenes que vienen con el convoy de finales de julio para luego pararse en el Encuentro internacional de los jóvenes hasta el 6 de agosto. Hay quien, viéndonos salir tan a menudo y al no oír hablar de Bosnia en los medios de comunicación, se pregunta si allí todavía hay necesidad de ayuda. Respondo sólo con un hecho. En el último viaje hemos descubierto que en los dos campos de refugiados cercanos a Caplina, a pocos km de Medj., el ayuntamiento no lleva ya ni siquiera el pan, y los 500 refugiados (cerca de la mitad son menores) nos han suplicado que les llevemos al menos la harina para hacerse algo de comer.

Alberto Bonifacio - A. R. P. A. -
Via S. Alessandro, 26 - 23855 Pescate (LC)
Tel. 0341 - 368487 - Fax 0341 - 368587 c.c.p.n. 17473224
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En este año dedicado al Santo Rosario no podemos no recordar todas las veces que en Medjugorje la Reina de la Paz nos ha exhortado a rezarlo. En particular, como es bien sabido, María dio al grupo de oración que Ella misma guiaba a través de Jelena y Marijana, mensajes que enseñaban los secretos de una oración profunda y abierta a la gracia del Espíritu Santo: "Queridos hijos, sed "uno" con mi Hijo y Él realizará cada deseo vuestro. No sólo porque Jesús da, sino que vosotros comprenderéis mejor. Cuanto más se abre el hombre tanto más está en grado de acoger. Por esto, orando, pedid que se os ilumine el camino para comprender la voluntad de Dios. Orad por la paz, por el amor en vuestros corazones. Amad a todos los hombres; hacedlo todo por Jesús y por amor a Él, porque Él ha podido morir por todos vosotros. Haced vosotros lo mismo: no escatiméis vuestra vida en bien de los demás. No seáis egoístas y no os quedéis para vosotros las gracias, sino orad para que Dios os enseñe la manera adecuada de ayudar a los hombres.

Vuestra tarea principal es la de guiar a las ovejas perdidas a su lugar, devolverlas al redil.
Por ello, orad para que Dios ilumine vuestro camino".

 

El Rosario, un camino de conversión

De Jelena Vasilj

Muchas personas nada más llegar a Medjugorje han aprendido a tener la corona del rosario entre las manos, sin haberla usado nunca antes. De hecho, es con el contacto de la corona que muchos comienzan a "tocar" el amor de María, un amor que desencadena ese misterioso mecanismo que se llama conversión. Lo que ocurre es un auténtico contacto, es la manifestación de una presencia que la oración del Rosario media. Así, aprendiendo a coger la corona, se toma de la mano a María, y junto a Ella se comienza a recorrer un camino. Es un camino de gozo, de dolor, de gloria y de luz, un camino que tiene como objetivo a su hijo Jesús. María se convierte entonces en compañera en este camino que Ella misma ha recorrido, y se presenta como maestra que a continuación estimula y guía nuestro paso. Del Rosario, de hecho, se puede decir que es una síntesis de nuestra fe. Cuando el cristiano lo reza se pone a la escucha y es como si permitiese que María le enseñase aquellos misterios de la vida de Cristo que sólo Ella comprendía. Cada decena es un anuncio del "Misterio", o del kerigma, es como si cada vez dejásemos que el Evangelio nos sea anunciado. El Rosario, en sustancia, es el instrumento más amado de la Virgen para nuestra evangelización.

Mientras lo contemplamos al mismo tiempo genera estupor en nosotros. Es una noticia que hace rebosar un sentido de maravilla dentro de nosotros. Entonces nuestros ojos se apartan del "camino" y se concentran en lo que hay en Ella: María se convierte en el objeto de nuestra atención de forma que el Rosario no lo contemplamos sólo con Ella sino en Ella. Y así cada "Avemaría" es un anuncio del Misterio que se encarna en Ella, el Misterio de nuestra salvación que Ella vive dentro de sí de forma que María se convierte en "causa de nuestra alegría". Esta actitud, aparentemente difícil, es fundamental en la oración: sentir que el Misterio viene a mí y me libera de la angustia cotidiana causada por mi pequeñez o por la de los demás. Es un misterio, María es testigo de ello, que no sólo viene a mí sino que quiere formar parte de mí mismo. También yo como la Santa Virgen estoy invitada a ser una madre del Misterio que quiere encarnarse dentro de mí. Así, a través de una continua contemplación e interiorización, María - como Madre nuestra - genera al Verbo de Dios, Jesús en nosotros. Es aquí donde quiere llegar el Rosario. Dios desea unirse a nosotros, se hace carne en la carne de María para que se verifique una unión con nuestra humanidad. Una unión que transforma nuestra humanidad, no de forma mágica, sino a través de la cruz, en gloria, "de gloria en gloria" - diría s. Pablo - en imagen o icono de Dios: "Sed perfectos como es perfecto vuestro padre", nos recuerda Jesús.

El primer paso naturalmente es el rezo del Rosario. El peor Rosario es, en cualquier caso, el que no se reza. Debemos tener la valentía de hacer callar las múltiples voces dentro de nosotros que reclaman nuestra atención. Presentémoslas a Dios al comienzo de nuestra oración y dejemos que Dios también las ilumine, que nos lleve de la preocupación a la paz perfecta. Una vez alcanzada la paz el alma gozará de su Creador y se liberará de tensiones en su presencia. ¡Cuánto más provechosos aparecen nuestro trabajo y nuestras relaciones cuando reposamos en la oración! Mientras rezamos el Rosario es bueno leer también la Sagrada Escritura de la cual es una derivación esencial. Es cierto que hace referencia a algunas partes que constituyen el núcleo del misterio, pero este "núcleo" es sólo una degustación del todo, de forma que no sólo la Escritura ayuda a rezar el Rosario, sino que el Rosario revela la Escritura.
Finalmente, podemos decir que el Rosario es una oración no sólo de comunión con Dios sino también con los demás. Al alternarse las voces se convierte en un coro de armonías diversas que, como una única voz - signo de unidad - se alza a Dios. La Virgen, de hecho, desea que lo recemos sobre todo en familia por la mañana o por la tarde. Hay que pedir a Dios el amor al Rosario y a Ella, a la Reina del Santo Rosario, pidámosle que nos descubra las glorias.

 

¡Saludos de Vietnam!

Queridos amigos de "Eco de María", Quizás os alegre recibir noticias de un lector de Vietnam… Me llamo S. y desde hace algunos años recibo regularmente el Eco, aunque no puedo enviar ningún donativo. En el silencio os bendigo continuamente por el gesto de generosidad y confianza hacia mí, por el que continuáis enviándome vuestra publicación. Todos vosotros responsables del Eco, estáis en mi corazón y en mi oración. Acercándome rápidamente a los ochenta años y a pesar de todas las molestias que me importunan continuamente, sigo siendo el pequeño niño de María, radiante y con proyección de futuro. ¡Deo gratias! Comparto con vosotros la alegría por todo el amor que me da la Gospa de Medjugorje. Ella me puso a su servicio en 1993, si no recuerdo mal. En aquella época, un sacerdote, un queridísimo amigo mío, me dio a conocer un libro inglés titulado "Las visiones de los niños", de Janice T. Connell, para pedir mi colaboración y traducirlo al vietnamita. Algunos días después le di mi consentimiento y nos encontramos los dos en un camino que nos llevaba a dar a conocer el acontecimiento de Medjugorje en Vietnam.
Fue así como la Gospa nos enroló y nos puso a su servicio. Actualmente, libros y fascículos, hojas y opúsculos de cualquier tipo, se encaminan de forma oculta hacia los lugares más inesperados y a través de los canales más misteriosos, llegando a toda la comunidad cristiana vietnamita. Así, ocurrió recientemente que un obispo vietnamita, Mons. Tuyen, fue en peregrinación a Medjugorje y volvió muy tocado. Mons. Tuyen es un discípulo del Cardenal Pham Dins Tuny, el actual Arzobispo de Hanoi. Después de cuatro años, en un encuentro con el autor de esta carta, el Cardenal bendijo nuestro apostolado medjugoriano. Es, de hecho, a partir de una propuesta suya y con su estímulo que hemos podido poner en manos de los devotos de la Gospa un pequeño volumen que recoge la colección entera de los mensajes de Medjugorje. Creo que este librito hace latir el corazón de la Gospa más que cualquier otra cosa, siendo bien conocido el deseo de María de que sus mensajes sean conocidos y vividos. Pues bien, queridos amigos, podéis comprender ahora mi gozo cada vez que recibo un nuevo número de "Eco", en mi buzón. Es un milagro de la Mamá celestial. Ella sabe bien que yo espero este milagro cada dos meses. Mucho más, éste llega justamente en el momento en el que el mensaje materno trae una respuesta a mis necesidades, un apoyo a mis sufrimientos, una solución a mis problemas, una bendición a mis elecciones y a mis alegrías. He besado muchas veces el contenido del boletín y me he puesto de rodillas para leer el mensaje mariano, pues es verdaderamente una palabra que viene del cielo. El último número del Eco hace referencia a la Carta Apostólica sobre el Rosario, ¡es verdaderamente maravilloso, queridos amigos!

Ésta es un documento sin precedentes en toda la historia de la Iglesia, en la que Juan Pablo II se entrega enteramente con su "Totus Tuus" como testimonio de su amor por María. Al Papa, yo lo veo siempre con un rosario entre las manos para contemplar junto a Ella, el Rostro fulgurante de Cristo y con Ella sostener a toda la cristiandad y al mundo entero. ¡Cómo debe agradarle a la Madre María este hijo predilecto de la Gospa, cuando exalta los misterios del Rosario con ese tono suyo, el tono de un VIDENTE! Después de esta Carta Apostólica debemos mirar con ojos nuevos el Rosario: deberíamos desgranar cada misterio como si fuésemos verdaderamente partícipes de una teofanía. Al menos ésta es la lección que he extraído de la elección tan significativa de los misterios "de la luz". Creo que la Gospa nos ha sin duda dado su mano. Recientemente, el amigo del que hablaba antes ha publicado un pequeño libro con el título: "Vivir los mensajes de María". Cada mensaje va seguido de un comentario las más de las veces tomado del Eco o de escritos varios sobre la Virgen de Medjugorje. El objetivo de este trabajo es que no se lean los mensajes como un caballero "que recorre un campo de flores" y luego ya está, sino volviendo sobre ellos, tal como la Virgen nos recomienda". Me confío a vuestras oraciones para que nuestro apostolado aquí en Vietnam pueda traer frutos cada vez más abundantes para los hijos de la Reina de la Paz".

 

 

Los lectores escriben…

Sergio de Centurano de Caserta (I) - Os felicito por el volumen que recoge los 100 primeros números del Eco: ¡es bellísimo! Una "joya" que todos los amantes y discípulos de la Gospa deberían tener. Que el Altísimo os bendiga a vosotros y a vuestra obra.

Sor María Benedicta de Roma - Soy una hermana que lee con gran interés y provecho espiritual vuestra revista que me enviáis desde hace tantos años. Hago que otras la lean y la difundo porque estoy segura de que la devoción a María salvará el mundo y nos permitirá alcanzar la felicidad eterna junto a Ella y a Su Hijo.

El grupo de lectores "Eco de María" de Mathi agradece la bella publicación que recibimos puntualmente. Gracias a todos vosotros por vuestro trabajo.

Rosa Orsetto de Australia - Soy anciana y estoy enferma, pero cuando llega el Eco lo leo encantada, ¡son tan interesantes los mensajes de María SS.! y luego lo paso a otras personas. Unidos en oración…

Julianna Malaspina de Australia - Os pido que continuéis mandándome copias en italiano y en inglés de nuestro amado Eco. Que Dios os bendiga.

Lidia Deangelis de Australia - Recibo el Eco tanto en inglés como en italiano para distribuirlo en dos grupos de oración. A todos nos gusta leerlo y pasarlo a las personas que no pueden adquirirlo. Sólo deseo que continuéis enviándonoslo. Que Jesús y María os envíen bendiciones abundantes y os den una buena salud.

Mrs Whitten de Australia - Deseo agradeceros sinceramente por haberme enviado fielmente el Eco. Yo se lo paso a una amiga que a su vez lo pasa a sus familiares. Estoy muy agradecida y me gustaría continuar recibiéndolo. Tengo más de 80 años y leer el Eco me inspira, me da esperanza y paz, lo que me anima a rezar más y renueva mi fe. Dios es bueno.

p. Carlo Mondini de Argentina - Os escribo desde mi nueva misión: Alto Comedero de san Salvador de Jujuy, en el extremo norte de Argentina. Os agradezco por el envío ininterrumpido de la publicación. Siempre es muy útil leer los mensajes de la Virgen con sus comentarios y las variadas noticias de Medj. El conjunto me lleva allí donde he estado tres veces, antes de venir a Argentina y tengo la impresión de seguir respirando el clima de oración y de santidad característico de aquel lugar bendecido por la Virgen.

Sor Lydwina de Inglaterra - ¡Apreciamos muchísimo vuestra publicación! ¡Que Jesús y María bendigan vuestro trabajo para mayor gloria de Dios!

El Reverendo Morris de Sudáfrica - Gracias por vuestro fantástico boletín. Espero que se fortalezca cada vez más, también en donativos…

Padre S. John de India - He encontrado una copia del vuestro Eco por casualidad entre números viejos de varias revistas católicas y encuentro que es una fuente muy útil de inspiración para mi ministerio misionero. Me gustaría que me incluyerais en vuestras listas, aunque no estoy en condiciones de enviaros un donativo. Sin embargo celebraré S. Misas por vuestras intenciones.

Bernadette y Trevor de Nueva Zelanda - Recibimos el Eco desde hace varios años, es un maravilloso don espiritual que difunde las buenas noticias de Medjugorje…

G. Anakwue de Lagos, Nigeria - Me alegro con vosotros y con todo el personal por vuestra determinación profunda de difundir el mensaje de Medj. Recibo regularmente algunas copias desde hace más de 10 años y me he sentido espiritualmente rejuvenecido por los mensajes de nuestra Madre.

Sor Hadburg de Münster (G) - Os doy las gracias por haber podido recibir desde hace tantos años vuestro Eco, informativo y lleno de bendiciones. Lo distribuyo sobre todo a quien no lo conoce y espero que el Espíritu obre. Os incluyo en mi oración para que vuestro trabajo esté bajo la bendición del Altísimo. Yo sólo quiero ser un pequeño medio que sirve para darlo a los hombres.

El nacimiento para el cielo de un querido distribuidor del Eco

El pasado 19 de enero Ferrante Chiodo, tras una larga enfermedad cerró sus ojos pero nació para el cielo. Durante muchos años, tras haber acogido el mensaje de Medj. se había prodigado con entusiasmo para difundirlo distribuyendo miles y miles de "Eco de María" en toda la zona de Crema y Cremona. Fundó un grupo de oración en 1986 y llevó mucha gente a Medj. en numerosas peregrinaciones pero también a través de su testimonio siempre lleno de entusiasmo. En los tiempos de la guerra en Yugoslavia hizo muchos viajes con convoys de ayuda en colaboración con Alberto Bonifacio prestando camiones de su empresa. Desafió más de una vez a los francotiradores serbios ( y recibió también alguna bala) para poder llegar a las zonas más difíciles donde a los niños sólo se les daba caldo hecho con ortigas y trozos de silla "para dar más sabor". Donde regalando a un niño un cartón roto con un poco de leche en el fondo se te reconocía de una manera que te tocaba el corazón. Aún quería hacer mucho por María y el Señor, a través de la cruz de su enfermedad lo ha invitado a continuar su misión en el Cielo. Tal como ocurrió con el amigo don Angelo Mutti que tenía su mismo entusiasmo y deseo de gastar su vida por la Virgen.

* El Autobús directo Trieste-Medjugorje sale el jueves y el sábado a las 18.00. Para información y reservas: Tel. 040.425020

Fe de erratas

La entrada en Bosnia Herzegovina es posible sólo con el carnet de identidad; recomendamos sin embargo informarse en la comisaría de la ciudad porque lo cierto es que resulta poco clara la postura de las autoridades italianas.

En el Aniversario de la muerte de don Angelo,

Que tuvo lugar el 3 de marzo’00, rezamos para que "su" Eco continúe difundiendo bendiciones en todo el mundo, puesto que el desde el cielo es su mediador directo ante Dios. A menudo experimentamos cómo las dificultades inevitables, si las confiamos a su intercesión, encuentran siempre una feliz y rápida resolución. Se lo agradecemos y continuamos expresándole nuestro afecto fraterno y filial.

 

El personal del Eco

"Las armas del combate espiritual son nuestras: la oración, el ayuno, la caridad.

Don Angelo, al que recordamos después de tres años de su partida, interceda por los lectores del Eco para que encuentren en estos 40 días la frescura, la vitalidad y la luz de nuestro Bautismo.

Que el Señor nos bendiga".

 

 


 

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