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Eco de Maria Reina de la Paz 210 (Majo-Junio 2010)

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“El mismo pensamiento de Cristo
nos penetre y guie nuestras decisio-
nes, promueva nuestras acciones y
nos conceda la sabiduría en cada
cosa, en cada evento e instante de
nuestra vida. El fruto será una exis-
tencia pacifica, profunda, reconci-
liada, libre…”.
Mensaje del 25 de marzo de 2010
“¡Queridos hijos! También hoy deseo
llamaros a todos a que seáis fuertes en la
oración y en los momentos en que las ten-
taciones os asalten. Vivid en la alegría y
en la humildad vuestra vocación cristiana
y dad testimonio a todos. Yo estoy con
vosotros y a todos os llevo ante mi Hijo
Jesús; El será para vosotros fuerza y apo-
yo. ¡Gracias por haber respondido a mi
llamada!
Jesus será para vosotros
fuerza y apoyo
El hombre no puede vivir sin Dios. La
tentación del que divide serpentea todavía en
la Creación y sigue halagando, engañando y
seduciendo a la humanidad. El viejo sueño
de poder vivir sin Dios no sólo no resuelve
los problemas existenciales del hombre sino
que altera el orden de la creación y siembra
en ella semillas de muerte, en lugar de vida.
En el plano cósmico, así como en el indivi-
dual, prescindir de Dios no ayuda a resolver
los grandes problemas de la existencia y
cada progreso de la ciencia propone de nue-
vo a la humanidad dos caminos: el de la vida
y el de la muerte (cfr. Dt 30, 15-20). La
libertad de elección entre bien y mal, con-
quistada por Adán y Eva exalta y a la vez
deprime al hombre; sin la contínua interven-
ción de Dios, la historia del hombre hubiera
terminado hace siglos. Pero Dios no abando-
na al hombre, sigue con su proyecto de amor
y, con el paso del tiempo, le reconcilia a sí
mismo en una comunión mucho más profun-
da que la ofrecida en el Edén.
La venida de Cristo al mundo no repre-
senta sólo una alianza nueva entre Dios y el
hombre, sino que hace del hombre nuevo
templo de Dios en la tierra. ¡Ahora el hom-
bre sabe que Dios puede habitar en el!
¡Mucho mas que esa proximidad entre crea-
tura y Creador que se dio en el Edén! Ahora
el hombre ya no es sólo imagen de Dios,
sino que, si quiere, ¡Puede ser hijo en Su
Hijo Jesus! ¡Dejémonos de evoluciones dar-
winianas! Con la Encarnación se le abre y se
le ofrece al hombre la evolución en Cristo!
Porque el resultado del pecado es la muerte;
en cambio, el don de Dios es la vida eterna
en Cristo Jesús, nuestro Señor (Rom 6, 23).
El hombre es llamado a un camino difícil
pero divino: el camino ya recorrido por Cris-
to que requiere libre aceptación de la volun-
tad de Dios (abandonarse a El), renunciar a
satanás y a sus promesas (siempre falsas y
basadas en la mentira), y decisión por Dios
(decidíos por Dios, nos ha dicho tantas veces
Maria).
Es el camino de la cruz, pero es el cami-
no que permite a Cristo estar presente en
nuestra vida, y dar así cumplimiento a todo
lo que, por su sufrimiento, falta en nuestra
carne (cfr Col 1, 24). Hoy deseo llamaros a
todos a que seáis fuertes en la oración y en
los momentos en que las tentaciones os
asalten.
¿Tenemos miedo? Refugiémonos
pues en Maria; en Ella, el tentador no podrá
alcanzarnos. Yo estoy con vosotros y a todos
os llevo ante mi Hijo Jesús; El será para
vosotros fuerza y apoyo.
Las pruebas de la
vida son a menudo duras y no se soportan
sin la ayuda del Señor; pero El está ahí,
siempre dispuesto a llevar nuestra cruz, a
llevarla junto a nosotros, incluso cargando
El mismo con ella; obtenemos de El fuerza
y apoyo
para tomar nuestra cruz y seguirle
(cfr. Mt 16, 24-26). Vivid en la alegría y en
la humildad vuestra vocación cristiana y
dad testimonio a todos.
La vocación cristia-
na viene a ser la llamada divina para seguir
a Jesucristo. No es una llamada al dolor que
destruye, sino al sufrimiento que nos alegra,
al dolor que pare el Amor, porque Jesús está
en nosotros, y Maria está junto a nosotros;
los ángeles y los santos están a nuestra dis-
posición, y todo esto lo sentiremos y lo
experimentaremos; debemos dar testimonio
para que la Cruz aparezca con su propia luz.
Con Maria, nos detenemos ante Jesús
para obtener de El ese antídoto contra el
veneno de la vieja serpiente. Detengámonos
con la necesaria humildad para dejarnos
penetrar por el Misterio salvador de su
muerte, para dejarnos inundar por su conso-
lación que genera alegría, esa alegría verda-
dera, la que no es efímera, que Dios asegura
a todo el que es humilde de corazón.
Nuccio Quattrocchi
Mensaje del 25 de abril de 2010
“¡Queridos hijos! En este tiempo,
cuando de manera especial oráis y buscáis
mi intercesión, os invito hijos a orar para
que a través de vuestras oraciones, yo
pueda ayudar a que muchos corazones
más se abran a mis mensajes. Orad por
mis intenciones. Yo estoy con vosotros e
intercedo ante mi Hijo por cada uno de
vosotros. ¡Gracias por haber respondido
a mi llamada!
Orad por mis intenciones
Este mensaje de Maria se abre con una
clara señal de agradecimiento por la oración
que Le ofrece todo el mundo católico en este
mes de Mayo que vamos a iniciar y Ella
enseguida nos fija el objetivo: Orad para
que a través de vuestras oraciones pueda
ayudar a que muchos corazones más se
abran a mis mensajes.
El mensaje se redu-
ce a esta invitación y esto subraya la impor-
tancia y la urgencia de nuestra abertura a los
mensajes que Ella nos da en Medjugorje. Su
presencia tan larga en el tiempo, su insisten-
cia sobre la necesidad de volver a Dios, de la
conversión, de abandonarnos a El, de la ora-
ción, del ayuno…son señales inequívocas de
una llamada decisiva dirigida a cada uno de
nosotros. ¿Será porque no se ha completado
tal vez el número de los llamados que se han
abierto a sus mensajes?
Este mensaje de Maria es una llamada
esplícita, vibrante y urgente a cerrar filas
entorno a Ella en este mes de mayo tradicio-
nalmente dedicado a Ella y a la oración del
Santo Rosario. Es una llamada que no ofre-
ce explicaciones en particular: Orad por
mis intenciones
. Todos nosotros que nos
consideramos católicos conocemos bien
cuáles son sus intenciones; tanto nosotros
que creemos en sus mensajes como los de
nuestro entorno que muestran perplejidad o
que niegan su autenticidad, todos sabemos
bien cuáles son sus intenciones. Desde la
llamada a la divina Maternidad, Ella siempre
dijo “si” a la voluntad de Dios; así fue en su
vida escondida, humilde pero atenta, en la
que Ella nunca alejó ni rechazó todo lo que
le iba ocurriendo, sino que Maria meditaba
todas estas cosas meditándolas en su cora-
zón”
(Lc 2, 19.51 b). Así fue durante la vida
de su Hijo, hasta el momento supremo de su
Pasión y Muerte, cuando a los pies de la
Cruz Ella acoge en silencio la voluntad del
Padre y a ésta le ofrece a Jesus y a Si misma.
Nosotros conocemos bien todo esto y
sabemos que somos hijos suyos, y que Ella
es Madre nuestra, desde que Jesus la enco-
mienda como tal al Apóstol que El amaba
tanto (Jn 19,27). Desde el principio su inten-
ción es hacer la voluntad del Padre y honrar
la voluntad del Hijo, que nos la ofreció
como Madre. Ella está llamada a interceder
por la salvación del mundo y a esto Ella se
ofrece de manera incesante, incansable y
con fidelidad: Yo estoy con vosotros e
Mayo-Junio de 2010
- Editado: por Eco di Maria, Via Cremona, 28 - 46100 Mantova (Italia)
A. 26, n. 5 - 6
"Poste Italiane s.p.a. - Spedizione in Abbonamento Postale - D.L. 353/2003 (conv. in L. 27/02/2004 n° 46) art. 1, comma 2, DCB Man-
210
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intercedo ante mi Hijo por cada uno de
vosotros.
Su Fiat, Su al Padre no se limita a
ciertos episodios de su vida: resuena ayer,
hoy y siempre; está escrito en la Eternidad
¡Porque está escondido en Dios y custodia-
do en El! ¿Y nosotros? San Luis Maria de
Montfort nos invita a entrar en este misterio
de amor llamándonos a una devoción a Ella,
de manera interior, tierna, santa, constante y
desinteresada. (Tratado de la verdadera
devoción a Maria,
tesis 106-110). Tratemos
de saber reconocer el tiempo de su presencia
aquí entre nosotros, este tiempo de gracia
tan especial, y cuidemos mucho nuestra pre-
paración en el día de nuestro glorioso retor-
no a Cristo. No importa si estaremos o no en
nuestro cuerpo mortal cuando El vuelva.
¿Acaso no tendrá importancia en el juicio de
Dios la calidad de nuestra espera de Su
retorno?
¡Ven, Señor Jesus, ven pronto a salvar-
nos! ¡Ven, por la poderosa intercesión de
Maria, Madre Tuya y Madre nuestra!
N.Q.
El sacerdocio
en primer plano
EXPERIENCIAS DE AFRICA
En el ECO de Maria Reina de la Paz, el
boletín que distribuyo desde hace años en
diversas comunidades cercanas, en algunos
epígrafes leo testimonios de quien ha visita-
do tierras lejanas y narra sus propias sensa-
ciones y experiencias vividas. Pues bien, os
digo que acabo de regresar tras un mes de
voluntariado en un proyecto desarrollado en
la República de África Central, y precisa-
mente en una Mision Católica, en la periferia
de Bangui, que es la capital. Puedo afirmar
que esta nación es de las más pobres de Áfri-
ca, por su falta de medios y planes de desa-
rrollo, y por su posición geográfica al no
tener salida al mar; cada día lucha no solo
por vivir sino a menudo por sobrevivir a
duras penas. No existe prevención sanitaria y
por desgracia la mortalidad es elevada debi-
do al conocido virus del SIDA. El estado no
actúa, las escuelas, donde las hay son de
pago, aumentando así el analfabetismo: pare-
ce una tierra sobre la que pesa el destino de
ser siempre “tercer mundo”. Sin embargo la
gente que allí vive está deseosa de aprender,
de relacionarse con los demás: ¡Son gente
con sentido común! Existe la fe cristiana, que
tiene sus raíces en parte del territorio gracias
sobre todo a la obra de los Padres Misione-
ros, como los “Apóstoles de Jesus Crucifica-
do” ligados al Padre Pio de Pietrelcina. Una
gran contribución a este fin la dan también
las Monjas Combonianas, que tuve ocasión
de conocer y que ejercen su Misión cristiana
en los poblados ubicados en el interior de la
selva, con numerosas dificultades.
Considero que es hora ya de conocer
en profundidad todo lo que ocurre en esta
parte del mundo
, donde no existe, como les
decía, ningún tipo de prevención, escasean
los hospitales y casi no se tutelan a las per-
sonas; lugar donde los gobiernos existen
sólo documentalmente y se implican poco o
nada por sus habitantes, donde reina la
corrupción, la inercia y la ignorancia.
Todos debiéramos recordar que las perso-
nas, aún siendo de piel o etnias distintas,
poseen nuestros mismos sentimientos. Si yo
tengo dolor de cabeza, se que debo hacer
para aliviarlo; muchas personas aquí, en
cambio, no encuentran
una simple aspirina, ¡O
no se la pueden permi-
tir! El contacto directo
con algunas pobrezas
del mundo ha desper-
tado en mí un nuevo
sentido de cariño por la
vida, sea de quien sea,
precisamente como
nos indica el Evange-
lio.
Dino Forte
Maria, Madre
de todos los sacerdotes
En el contexto del Año Sacerdotal qui-
siera hablar del nexo entre la Virgen y el
sacerdocio. Es un nexo profundamente
enraizado en el misterio de la Encarnación.
Cuando Dios quiso hacerse hombre en su
Hijo, necesitó del libre “si” de una creatura
suya. Dios no actúa en contra de nuestra
libertad. Y sucede algo realmente extraordi-
nario: Dios se hace dependiente de la liber-
tad, del “si” de una creatura suya; espera ese
“si”. San Bernardo de Chiaravalle, en una de
sus homilías, explicó de manera dramática
este momento decisivo de la historia univer-
sal, donde el cielo, la tierra y Dios mismo
esperan oír lo que dirá esa creatura.
El “si” de Maria es por tanto la puerta a
través de la cual Dios pudo entrar en el mun-
do, y hacerse hombre. Así es como Maria se
ve envuelta real y profundamente en el mis-
terio de la Encarnación, de nuestra salvación.
Y la Encarnación, el hacerse hombre del
Hijo, tenía desde el principio la finalidad del
ofrecimiento de sí mismo; el ofrecerse en la
Cruz con mucho amor, para ser pan para la
vida del mundo. Así, sacrificio, sacerdocio y
Encarnación van juntos de la mano y
Maria, en el centro de este misterio.
Vamos ahora con la Cruz. Jesus, antes de
morir, ve bajo la Cruz a su Madre; y ve al
hijo amado y este hijo amado es ciertamente
una persona, un ser muy importante, pero es
más: es un ejemplo, una prefiguración de
todos los discípulos amados, de todas las
personas a las que el Señor ha llamado para
ser “discípulos amados” y, por consiguiente,
de manera especial, también sacerdotes.
Jesus encomienda a su Madre la protección
del discípulo. Pero dice también al discípu-
lo: “He ahí tu madre” (Jn 19,27). El Evange-
lio nos dice que desde este momento San
Juan, el hijo predilecto, acogió a la madre
Maria “en su propia casa”. Así es en la tra-
ducción a nuestro idioma, pero el texto grie-
go es mucho más profundo, mucho más rico.
Podríamos traducirlo como: cogió a Maria
en lo íntimo de su vida, de su ser, en la pro-
fundidad de su ser. Tomar consigo a Maria
significa introducirla en la dinámica de su
propia existencia – no es algo exterior- y en
todo aquello que contempla el horizonte del
apostolado.
El Concilio Vaticano II invita a los sacer-
dotes a mirar a Maria como modelo per-
fecto de la propia existencia,
invocándola
como “Madre del sumo y eterno Sacerdote,
Reina de los Apóstoles, Auxilio de los presbí-
teros en su ministerio”. El Santo Cura de Ars,
al que recordamos mucho en este año, amaba
mucho decir: “Jesucristo, tras habernos dado
todo lo que nos podía dar, quiere aun hacer-
nos herederos de lo más valioso que tiene, es
decir: su Santa Madre”. Esto vale para cada
cristiano. Para todos nosotros, pero de mane-
ra especial para los sacerdotes. Oremos para
que Maria, a pesar de los muchos problemas
del mundo de hoy, haga que todos los sacer-
dotes se formen a imagen de su Hijo Jesus,
dispensadores del tesoro inestimable de su
amor como Pastor bueno.
BENEDICTO XVI
(De la Audiencia general del 12 de agosto de 2009)
Las devociones populares:
caminos hacia el Cielo
En 1346 a Santa Brígida de Suecia, el
Señor le reveló unas oraciones que debían
recitarse cada día, durante doce años, y con
promesas muy especiales. Pero ¿Nos basta
con decir algunas formulas cada día para
poder obtener promesas y gracias de Dios?
¿Puede el Señor usar la medida humana del
Yo te doy si tu me das? Desde este punto de
vista tales formas de devoción esconden el
gran peligro de reducir nuestra relación con
Dios a un puro formalismo: el espíritu queda
ahogado por palabras preconfeccionadas.
¿Debemos pues descartar esta oraciones
que el Señor con tanta prontitud se dignó a
enseñarnos a través de los místicos y de los
santos de todos los tiempos? Que cada uno
lo medite según su conciencia. Debemos en
cambio comprender el valor pedagógico
ligado a estas oraciones: éstas nos hacen
entender ante todo que no podemos crecer
espiritualmente si no hallamos tiempo para
dedicar a Dios cada día.
Es un camino. Y la meta es el diálogo
intimo con Dios, saber saborear su presen-
cia, una cercanía que ya no necesita pala-
bras; así, las formulas son como esos cum-
plidos que usamos al iniciar un discurso, o
cuando nos encontramos de repente con un
amigo y no sabemos bien que contarle o pre-
guntarle, sintiendo a la vez deseo de estar
con él horas y horas. Es un camino…
B.G.
UNA VOZ QUE GRITA
“La enseñanza a la que el sacerdote está llamado a ofrecer, las verdades de la fe, deben
ser interiorizadas y vividas en un intenso camino espiritual y personal. La voz del sacer-
dote, a menudo, puede parecer “voz de uno que grita en el desierto” pero precisamente en
esto consiste su fuerza profética: el no estar nunca homologado, ni homologable, a ningu-
na cultura o mentalidad dominante, sino en mostrar la única novedad capaz de obrar una
autentica y profunda renovación del hombre, es decir, enseñar que Cristo es el Viviente,
es el Dios cercano, el Dios que obra en la vida y para la vida del mundo, y nos dona la
verdad, la manera de vivir”.
“Nadie elige el sacerdocio por si mismo, no es una elección para conseguir seguridad
en la vida o para conquistar una posición social: nadie puede concedérselo, ni buscarlo por
si mismo. El sacerdocio es la respuesta a la llamada del Señor, a su voluntad, para ser
anunciadores, no de una verdad personal, sino de Su verdad.”
Benedicto XVI (de una homilía)
2
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Ese hombre
de la Sábana Santa
Se debe hacer cola para entrar. Una cola
larga y ordenada, y a medida que te vas
acercando, siempre más recogida y silencio-
sa, porque el momento en el que contemplas
a pocos metros de distancia la Sábana Santa
es realmente solemne. Esa sabana que
envolvió a Jesus tras su muerte y que tiene
grabadas entre las fibras del tejido de lino
milenario las marcas de su cuerpo, los sig-
nos de la pasión, los hechos detallados de la
crucifixión.
Diez años después de la última exposi-
ción (en ocasión del Jubileo del 2000) ha
sido expuesta nuevamente al público la
Sábana Santa, la reliquia más importante
de la cristiandad (en Turín, del 10 de abril al
23 de mayo). Llega una riada increíble de
peregrinos desde todas las partes del mundo
para ver con sus propios ojos a ese hombre
que milagrosamente dejó su rastro en un tro-
zo de tela, una fotografía perfecta – en nega-
tivo – impresa de una manera aún descono-
cida. El Dios nacido de
mujer
posee unos rasgos
precisos que se dejan con-
templar para venir así a
nuestro encuentro, a nuestra
necesidad de visualizar el
Misterio sin recurrir a la
imaginación, que podría
alejarnos de la verdad.
Jesus tiene un rostro,
Jesus tiene un cuerpo y
nosotros los podemos con-
templar.
Es una gracia por
la que sólo podemos mos-
trar gratitud. Impresiona
realmente ver hasta que
punto fue martirizado el
cuerpo del Cordero: signos
de flagelación por todo el
cuerpo; ni un solo centíme-
tro de su piel se libró del
castigo. Un auténtico estra-
go. La medida del dolor que
Cristo padeció sin decir
palabra alguna la observa-
mos en los arroyuelos de
sangre que bajan desde los
puntos en los que los clavos
y las espinas han traspasa-
do, sin piedad alguna, la inocencia de la car-
ne; la misma que El había recibido de
Maria, la Madre Inmaculada. El Crucificado
no es narración antigua, la Sabana Santa nos
Lo ofrece de manera actual…
Pero aún hay más, además de la Pasión,
sobre esa tela blanca (que por desgracia
sufrió quemaduras y manchas antiguamente
en un incendio). Está también la Pascua del
Resucitado, esa increíble energía de vida
que liberándose del cuerpo inerte de Jesus se
proyectó sobre la tela y quedó en ella mar-
cada, para siempre. Fuerza de vida, fuerza
de luz, asombrosa fuerza de resurrección
(según algunos estudios recientemente
publicados, un rayo de luz ha irradiado
sobre el tejido una imagen que la ciencia
aún hoy no consigue reproducir ni expli-
car…).
Cuando te vas del lugar, te queda muy
grabada una presencia viva que te sigue allá
donde vayas y te recuerda que Jesus está
vivo
, ahora como entonces, y te pide que
vivas con El cada instante de tu vida, para
que el reflejo de su rostro sea reconocible en
el nuestro; para que, al igual que la Sábana
Santa, también nosotros podamos ser evi-
dencia
de la Verdad: imágenes visibles de
ese hombre, muerto y resucitado para que
sea siempre Pascua para la humanidad.
Stefania Consoli
“¿Quién eres para mi?”
“Para mí, contemplar la Sábana Santa es
como encontrar a Jesus en el momento en el
que Maria Magdalena se lo encuentra aque-
lla mañana de Pascua, en el jardín, sabiendo
con certeza que “es el Señor” y no otro.
En la Sábana Santa, tam-
bién denominada Santo
Sudario, contemplamos el
hecho de que “El Autor de
la vida”
(At 3,15) se ha
hecho hombre; el hecho de
que el “Verbo de la vida”
(1 Jn 1,1) se hizo carne
nuestra; el hecho de que la
vida de cada hombre no
será nunca abandonada.
Ahora nosotros testimo-
niamos lo que ocurrió, sin
testigos, en aquel establo
de Nazaret, de lo que
sucedió sin testimonios en
el sepulcro de Jerusalén,
porque el cuerpo del Suda-
rio es el cuerpo concebido
por Maria en Nazaret, es
el cuerpo nacido de Ella
en Belén, es el cuerpo
resucitado de entre los
muertos en Jerusalén (...).
Mientras nuestro intelec-
to intuye que el misterio
del Santo Sudario nos lle-
va ineludiblemente al mis-
terio mismo de Cristo, por
un lado quedamos fascinados al comprobar
que éste tiene el poder de tocar lo más hon-
do de la persona humana. Por el otro, no nos
atrevemos a hacer lo que transformaría el
estupor de la mente en alegría de un autenti-
co encuentro con Cristo vivo y resucitado:
responder con libertad y verdad a la pregun-
ta real: “¿Quién eres para mí?”
P. Angelo Favero
Ser místicos
para ser el futuro
“El cristiano del futuro será un místico,
un hombre que habrá experimentado algo,
de otro modo no podrá serlo nunca”, dijo el
gran teólogo alemán Karl Rahner. Pero, ¿Es
tal vez Medjugorje hoy día, según el plan
divino, una escuela de mistica para la Iglesia
y para la humanidad entera? Nos urge de
verdad plantearnos esta pregunta cada vez
que nos encontramos con jóvenes que en
Medjugorje han reencontrado la “razón de
sus vidas”.
En nuestro tiempo tal vez se abusa a
menudo de la mistica. Cualquier tipo de abe-
rrante anomalía del espíritu humano se la
califica como “mistica”. Difícil es ya hallar
materias donde la mistica no tenga ya su
hueco. Se la considera ya de hecho la super-
religión, la más moderna y la más esencial.
Existen místicas de todo tipo…
Experimentar el Misterio
En el discurso sobre la mística relaciona-
da con Medjugorje, es importante considerar
como medimos la mística cristiana. La mís-
tica puede considerarse como “una expe-
riencia de Dios en la intimidad del propio
ser”.
Se trata de una relación de “unión” con
Dios, se trata de una experiencia llena de
misterio con Dios. Mística es el encuentro
con aquel en el que creemos. La verdadera
mística está centrada en el amor. El amor, el
que se vive, es el objetivo principal de los
principales mensajes de Medjugorje. La
mistica cristiana tiene además algo que
debemos resaltar: es radicalmente abierta.
Solo en una abertura radical experimentare-
mos a Dios. Es condición indispensable para
pertenecer al Grupo de oración en Medju-
gorje (guiado por la Virgen a través de los
Mensajes a Jelena n.d.r.) el ofrecimiento
total, la total abertura a Dios. Mistica no sig-
nifica tranquilidad. En Medjugorje se habla
siempre de camino. Medjugorje no es una
meta, sino una llamada, una solicitud, un
constante volver a empezar, un fiel y cons-
tante interrogatorio acerca de nuestra dispo-
nibilidad ante la acción de Dios sobre el
alma (…).
Vidente entre los ciegos
El místico es como un vidente entre los
ciegos: el vive la verdadera realidad. Por el
contrario, el que no es místico vive como un
pez en un acuario. Su limitado recipiente de
agua constituye su mundo. Esta contento de
estar en el ya que no conoce otro mejor. No
sabe que existen lagos, mares, océanos,
enormes continentes y una infinita variedad
de creaturas… A través del cristal puede
observar el perfil de los seres humanos, se
retrae asustado al no comprender su natura-
leza, ignora otras formas más desarrolladas
de vida, no las puede entender.
Así es como se contrapone lo místico y
lo no místico. El primero es muy consciente
de tal diferencia, el segundo no lo es y per-
severa satisfecho y saciado en su aislamien-
to artificial. Pero el místico tiene la esperan-
za de que también “ el pez”, el no místico,
obtendrá un día esa gracia de abandonar el
acuario para conquistar el indescriptible e
ilimitado tesoro del otro mundo, para ser
introducido en el “Misterio del Amor”, en la
felicidad de la vida divina (..).
“Una unción silenciosa, imperceptible y
escondida nos hace degustar la vida de
Dios en la intimidad de nuestro espíritu.
Esta es la Pentecostés que se prepara para
abrirse, como brote de primavera, de la
semilla de la resurrección plantada en
nosotros el día de Pascua, semilla de vida
nueva, semilla de liberación. Un gran rui-
do caracterizó la primera Pentecostés. El
silencio acompaña la perenne pentecostés
que acompasa la abertura gradual de las
almas que se entregan continuamente a
Dios”.
Tania Motta
“Hay que obedecer a Dios antes que a
los hombres. El Dios de nuestros padres
resucitó a Jesus a quien vosotros disteis
muerte colgándole de un madero. A este le
ha exaltado Dios con su diestra como Jefe
y Salvador, para conceder a Israel la con-
versión y el perdón de los pecados. Noso-
tros somos testigos de estas cosas, y tam-
bién el Espíritu Santo que ha dado Dios a
los que le obedecen.”
(Hechos de los Apóstoles 5, 29)
3
Eco 210
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Desde lo
Alto
¡Renacemos!
de Antonio Gacioppo
Nicodemo era un fariseo del tiempo de
Jesus. Un hombre culto y sin embargo lo
suficientemente humilde como para buscar,
entre sus numerosas incertidumbres, la ver-
dad a través de aquel que todos considera-
ban un Maestro venido de Dios .Ve una serie
de interrogantes, de perplejidades en el
intento de comprender…” ¡Os es necesario
nacer de nuevo!”, oye que Jesus le responde
con firmeza (Jn 3,7).
Pero, ¿Que significa esta invitación
que hoy día vale también para nosotros?
¿Qué es lo que debemos hacer realmente?
En estas palabras parece que oímos de nue-
vo esa incesante llamada que en Medjugorje
la Virgen hace a cada uno de nosotros:
“Queridos hijos ...os invito a todos a la con-
versión”.
Sin esta conversión, que es en rea-
lidad nacer de nuevo, es difícil comprender
los tiempos que vivimos.
Nuestro Señor Jesus nos ha donado la
posibilidad de nacer de nuevo a través de
su Madre.
Ella es la que nos sumerge en el
amor del Padre y del Hijo para regenerarnos
en nuestra dignidad de hijos de Dios. El per-
dón y la paz son los primeros frutos que
podemos experimentar.
Toda esta narración del Evangelio que
hemos citado (Jn 3, 1-21) nos da importantes
ideas que nos ayudan a poner mayor atención
sobre lo que la Madre esta “abriendo y gene-
rando” a través de sus hijos que se ofrecen
incondicionalmente a Ella: “De cierto, de
cierto te digo, que el que no naciere de nue-
vo, no puede ver el reino de Dios”(Jn 3,3).
El punto de partida de todo renacer es
morir a sí mismo para ser generados por el
Espíritu Santo.
Normalmente quien viene a
Medjugorje trae consigo el peso de su propia
cruz o prueba, y la Madre, puntual siempre,
nos hace sentir su presencia y su consuelo.
Pero no se limita sólo a esto. El descanso, la
gracia que Maria nos dona, es la ayuda que
nos permite dar un paso más profundo:
morir a nosotros mismos. Son precisamente
las cruces la que nos liberan, nos desnudan;
solo así nos vemos obligados a buscar sólo
lo que es realmente necesario para vivir y no
para sobrevivir.
Encontrarnos con la Madre es encon-
trarse a sí mismo en la verdad, pero sobre-
todo ser abrazados por el amor materno de
Dios que nos ama tal como somos y en ese
amor El nos regenera, nos sana y nos libe-
ra…
Medjugorje no es esquivar la cruz, sino
subir a ella como el Hijo de Dios nos ha
enseñado, y como El mismo ha hecho. Med-
jugorje es aceptar la cruz con-en el-por amor
de Jesus: morir entregando de nuevo todo en
las manos del Padre y entrar en el silencio
inmaculado de Maria. No es un silencio
cualquiera, sino un silencio inmaculado,
donde todo ruido que nace del yo herido es
silenciado por la fe, por la esperanza pero
sobre todo por el amor.
Lo que se experimenta es algo indes-
criptible, es la resurrección, porque lo que
muere en la cruz es el hombre corruptible, el
pecado, lo superfluo; ¡Es la liberación de la
mordedura mortal de satanás! Si en las prue-
bas estamos abiertos a Dios y buscamos la
comunión con El, el Espíritu Santo nos
Puntos de referencia para el mundo
El mundo del mañana no escuchará al
cristiano, como individuo. Se dirigirá en
cambio a esos místicos y a esas comunida-
des cristianas que hayan descubierto el
camino hacia los infinitos espacios de la
experiencia de Dios. Los místicos viven un a
relación sana e imperturbable con el mundo
(…) Un cristiano pues, que aun viviendo en
el mundo, no pertenece al mundo… A esto
nos invita la Virgen en Medjugorje.
Medjugorje es el nuevo éxodo en este recién
estrenado milenio, es la invitación a abrirse
a través de un camino, a dejar atrás nuestras
falsas seguridades, para acercarnos a Dios y
vivir su experiencia, la experiencia del eter-
no amor,
para avanzar armados de vigor
hacia la “tierra prometida” (el futuro) por
donde fluye leche (la vida) y miel (el espíri-
tu), y donde el destino de la humanidad se
acerca más a su cumplimiento.
Alfons Sarrach
(de: “El camino profético de Medjugorje”)
genera como creaturas nuevas y nos dona su
vida, su luz, una comprensión nueva de sus
leyes y una visión de la creación. En el fon-
do todo esto pertenece a la realidad bautis-
mal y Maria nos enseña, en su sencillez, que
si queremos nacer de nuevo y permitirle al
Espíritu Santo manifestar su poderío, es
indispensable entregar la propia vida a Dios
a través de su Corazón inmaculado y alejar
de nosotros todo aquello que obstaculiza el
triunfo de la vida del Resucitado.
Pero hay otro aspecto que debemos
considerar: Maria nos hace renacer en el
proyecto de Dios.
Esto nos obliga a salir de
todo egoísmo (como la pretensión de doble-
gar a Dios ante nuestra voluntad), de toda
falsa interpretación de Dios y nos coloca en
la comunión del cuerpo místico de Cristo.
Sin esta abertura interior a los espacios infi-
nitos de Dios podríamos reducir la gracia a
una devoción y vivir una espiritualidad que
llena con vino nuevo los odres viejos.
Cuando es tocada por la gracia de
Dios, toda la persona queda envuelta en
una novedad
que el Espíritu Santo poco a
poco desvela al alma. Como lo fue para
Maria, así será también para cada uno de
nosotros, según nuestra originalidad. El dis-
curso de Jesus a Nicodemo nos lleva a un
punto en que no valen restricciones menta-
les: “No te maravilles de que te dije: Os es
necesario nacer de nuevo. El viento sopla de
donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes
de donde viene, ni a donde va; así es todo
aquel que es nacido del Espíritu.” (Jn 3,8).
Son palabras fuertes que chocan contra la
pasividad y el estancamiento de un alma o
de un grupo de ellas. Cuando Maria acoge el
anuncio del ángel, se abre a la novedad, a
una generación que va mas allá de las leyes
humanas. En esta abertura la Virgen ha sido
fecundada por el Espíritu; cada uno de sus
“si” fue siempre fresco, virginal y abierto al
misterio de Dios.
La invitación de la Reina de la Paz – la
de ponernos en actitud de escucha y de
oración
para poder comprender su venida y
el proyecto de Dios en este lugar santo – es
siempre actual y nos acerca al que dirigió
Jesus a sus discípulos en el Getsemaní,
“Orad que no entréis en tentación” (Lc
22,40). Las tentaciones son múltiples. Tam-
bién sobre este punto el Evangelio antes
citado es muy claro: “Lo que es nacido de la
carne, carne es y lo que es nacido del Espí-
ritu, espíritu es” (Jn 3,6), por tanto es muy
importante aprender a discernir lo que nace
del Espíritu de Dios de lo que nace del pro-
pio yo. Maria Santísima nos ha enseñado
que este discernimiento debemos practicarlo
cotidianamente, ofreciéndolo todo al Espíri-
tu Santo y permitiendo a su luz que ilumine
nuestro yo, para liberarlo del interés perso-
nal, del egoísmo y sobretodo del miedo a
perder nuestra propia vida.
Estamos en un tiempo litúrgico ilumi-
nado por la luz de Pentecostés.¡ Pidamos a
la Madre Inmaculada que nos ayude a que
guardemos mas sitio en nuestra vida al Espí-
ritu del Señor resucitado! Ella nos ha dona-
do instrumentos sencillos, que nos permiten
sumergirnos en la acción poderosa del Espí-
ritu y así renacer como creaturas nuevas,
pero sobretodo Maria está presente como
Madre que forma el nuevo pueblo sacerdo-
tal, despertado y nacido de nuevo, para un
nuevo Pentecostés que en el silencio de
nuestras almas el Padre está ya preparando.
De Maria aprendemos que debemos
estar abiertos a la novedad para acoger
la unción del Espíritu.
No se puede
pedir al Espíritu que nos renueve, que
nos guie, que unja con su amor todo
nuestro ser y a la vez permanecer cerra-
dos a sus impulsos que nos conducen
hacia la novedad.
Este punto es muy importante para
vivir una vida espiritual que no se adap-
ta a la mentalidad de este siglo, sino que
se transforma y modela su propio pensa-
miento según el de Cristo (Cfr Rom
12,12).
A.G.
4
No tengo tiempo...
“Por aquellos días, se fue él al monte a orar
y se pasó la noche en la oración de Dios.”
(Lucas 3,21)
Estrictamente hablando, el tiempo no lo
“encontramos”. Tampoco lo “hacemos”, ni
lo “perdemos” o lo “recuperamos”. El tiem-
po marcha inexorablemente y debemos ele-
gir cómo lo llenamos. La pregunta es: ¿En
qué vale la pena gastar nuestro tiempo? Y la
respuesta dependerá de nuestras prioridades.
Si no las fijamos sabiamente, seremos
responsables de nuestros fracasos y lo
lamentaremos aun más, sabiendo que toma-
mos decisiones equivocadas.
Hay que gastar nuestro tiempo sabia-
mente como individuos y como familia. El
pasaje evangélico de Marta y María (Lc 10,
38-42) contiene una lección que debemos
aprender. Jesús visitaba su casa y Marta se
quejó de que su hermana, María, sentada a
los pies de Jesús para escucharlo, la había
dejado sola con todo el trabajo. Jesús apre-
ciaba la hospitalidad de esta familia a la que
visitaba a menudo. Pero le dijo a Marta:
“María escogió la mejor parte y nadie se la
quitará.”
El punto es que nosotros no comenzare-
mos realmente a orar –en lo personal y como
familias– hasta que no decidamos conscien-
temente dedicar tiempo a la oración—a
pasar diariamente un tiempo a los pies de
Jesús, escuchándolo y hablando con Él.
background image
Esa
gracia
Ha dado ya la vuelta al mundo la noticia
que pronto, una Comisión internacional
del Vaticano
iniciará una investigación
sobre los eventos de Medjugorje (“con rigu-
rosa confidencialidad, según el comunicado
oficial). Las cifras que manejarán los encar-
gados son muy grandes: veintinueve años de
apariciones, millones de peregrinos, miles
de mensajes, innumerables conversiones y
quien sabe cuántas llamadas a la vida consa-
grada, a la vida ofrecida, a la vida resucita-
da…. Estos son ya datos de hecho que
muchos consideran más que validos; pero
las cifras, ya se sabe, no son una opinión
(¡Aunque tal vez si hayan sido las que atra-
jeron la atención!) Se deberá mas bien valo-
rar la calidad de la gracia que ha transfigu-
rado la vida de muchos, una gracia que no se
conforma con despertar la fe de las almas,
sino que las quiere llevar una vida profunda
en Dios, a la comunión plena con la Santísi-
ma Trinidad, a la concienciación viva de
sabernos hijos de Dios, y por tanto herede-
ros….
Medjugorje lleva
indeleblemente el
sello de la Madre,
y como tal, se
imprime sobre los
hijos de manera
directa, inmedia-
ta, sin que medie
la racionalidad
que caracteriza al
hombre. Hablan-
do más claro, no
pasa por la mente,
sino que nace del
corazón libre de
una creatura que
se ha adherido a
Dios sin cálculo
alguno, sin valoraciones maquinadas, sim-
plemente diciendo “si”, por fe y por amor.
Con esta misma inmediatez, Maria nos
transmite en Medjugorje esa gracia: una
“leche espiritual” que nos llena y nos ali-
menta, nos hace crecer, nos hace adultos en
la fe sin agobiarnos con preguntas de cómo
y cuándo… Nos explica sólo el porque: “No
sois conscientes del gran amor con el que
Dios os ama. Es por eso que El me permite
estar con vosotros, para instruiros...”
(Mens. del 25 de marzo de 1988).
La mejor manera para testimoniar el
inmenso valor de Medjugorje en este tiempo
nuestro no radica en maquillarse para estar
más presentables, más elegantes, en conso-
nancia con los cánones de nuestra sociedad
humana (ocultando tal vez bajo la alfombra
lo que consideramos impresentable), sino en
vivir con apasionada convicción esa gracia
allí donde cada uno se encuentre. Será la
gracia misma la que se comunique a través
de las invisibles vías del Espíritu. Quien
desee comprenderla deberá sencillamente
acogerla, con disponibilidad y sinceridad.
No nos será difícil valorar su alcance y su
caudal.
¿Testigos
o perennes
visitadores
?
En estos últimos años en muchos lugares
del mundo se han escrito miles de páginas
sobre Medjugorje: sucesos, relatos, investi-
gaciones ,reflexiones, algunas de ellas muy
profundas desde el punto de vista espiritual
y teológico. En teoría deberíamos ser un
pueblo ya formado, consciente de la impor-
tancia de este evento, para poder testimoniar
con madurez y responsabilidad los años
transcurridos junto a la Reina de la Paz.
Deberíamos resplandecer como estrellas en
la oscuridad de una humanidad confundida,
a menudo carente de referencias, de ideales
constructivos, replegada en si misma. Tras
muchos años de camino, es el momento de
la cosecha. Si los frutos están de verdad
maduros, sin duda convencerán y darán
razón de esa enorme entrega de la Madre de
Dios y de aquellos que por Ella ofrecieron
su vida, su reputación, y mucho mas…Sin
embargo, siempre nos acecha el riesgo de
quedarnos flotando en la superficie, perma-
neciendo en los niveles iniciales de este des-
cubrimiento.
Si tras 29 años vemos nuevos rostros
en Medjugorje significa que alguien ha
sido eficaz en su testimonio y ha indicado a
los demás el camino correcto; ¡Cuánto nue-
vo estupor podemos observar! Pero no nos
detengamos en el entusiasmo de las prime-
ras visitas, no permitamos tampoco que
nuestras visitas rápidas y superficiales nos
hagan permanecer en la periferia. La Madre
de Dios ha venido a tomarnos para condu-
cirnos hacia un largo camino de conversión,
de sanación, de santificación; un camino
que tiene varias etapas, recorridos de todo
tipo: empinados, llanos, resbaladizos… pero
debemos perseverar hasta el final, sobre
todo cuando afrontamos las pruebas.
Se requiere convicción, y se requiere
fidelidad, incluso cuando aquello en lo que
habíamos esperado tanto, haya caído o falla-
do. Debemos permanecer libres interior-
mente de cualquier conclusión humana,
para poder ser el don que Maria quiere ofre-
cer hoy a la Iglesia: personas que saben fiar-
se de Dios, seguras de que Dios guía cada
cosa con perfección; personas que con bue-
na voluntad están dispuestas a abandonar lo
viejo
y a acoger lo nuevo que el Espíritu le
pone ante sí.
Vivimos
sólo
de amor
Hay dos motivos para mirar a los ojos a
una persona. Para descubrir algo escondido
tras el velo de las apariencias o bien para
comunicar sin palabras algo importante que
llevamos dentro. “Jesus, mirándole, le
amó…”, hemos leído hace poco. En el evan-
gelio de San Marcos hay también otra histo-
ria de un joven, pero no en fuga sino en bús-
queda. Le pide a Jesus indicaciones sobre su
futuro y el Maestro con su mirada le entrega
lo que más vale, más allá de cualquier otra
petición: el amor.
Sin amor, morimos. O mejor, logramos
sobrevivir porque las funciones vitales per-
“Quien va a Medjugorje a ver algo podría
ahorrarse el dinero del viaje y quedarse en
casa. Pero quien va para avanzar en el
camino hacia la verdad, hacia la profundi-
dad de su propio interior, puede estar
seguro de que Dios, habiéndole llamado,
nunca le abandonará. Cuando por la tarde
el sol se oculta hacia poniente en Medju-
gorje, y el cielo sobre los montes asume
las tintas del amor, aquel que ora sabe que
se halla muy cerca de la meta de sus sue-
ños más íntimos, del Amor Eterno. Este es
el mensaje de Medjugorje para este mile-
nio y para todos los tiempos”.
Alfons Sarrach
(de: El camino profético de Medjugorje”)
El Único
Era ya casi mi turno para pagar en la
caja. Hacía la cola distraídamente, cuando
sin quererlo, escucho conversar a dos
dependientes: “¡Puede que a la boda vaya,
pero a la iglesia no voy a ir!”, dice uno de
ellos con decisión. Su colega se queda algo
perpleja y con sencillez responde: “¿Y por-
que? ¿Qué más te da? …¡Es solo una
boda!”. “No, yo no puedo entrar…”, con-
cluye el joven. Y así termina. Pago y me
marcho.
Pero hay algo que no me da paz. En rea-
lidad no me acontento con esa respuesta
que escuche por casualidad. ¿Porqué ese
joven “no puede” entrar en la iglesia? ¿Qué
o quién se lo impide? ¿Es acaso su con-
ciencia quien le acusa de eventuales peca-
dos? ¿O es tal vez una actitud contra la ins-
titución eclesial? ¿Es la elección de otros
espíritus presentes en el que podrían “reac-
cionar” en contacto con la gracia? ¿O tal
vez otra cosa que desconozco?
Seguía preguntándomelo pero no halla-
ba respuesta. No la encontraba. Se quedó
en la intimidad de ese joven. Pero yo no me
quedaba en paz: ¿Cómo puede uno “que-
darse fuera” mientras que “dentro” esta el
Único que no ve la hora de encontrarnos
para darnos su gracia? ¡El Único dispuesto
a borrar toda acusación que hace nuestros
pecados pesados como el plomo! El Único
que ha soportado la infamia de la cruz para
desmoronar la formalidad rígida del Tem-
plo y devolver la dignidad a los últimos, a
los más pobres, a los más pequeños, a los
rechazados. El Único que con una simple
mirada ahuyentaba a los demonios que
tenían sometidas a las personas… Si todo
esto es verdad, ¿Qué hace ese joven “ fue-
ra” de la iglesia?
La respuesta es suya. Yo solo ofrezco
una oración: “Haz , Señor mío, que ese
joven que está en la calle pueda reconocer
al Único que puede alcanzarlo fuera de la
iglesia, en la frialdad de su indiferencia, en
la mordedura de sus miedos, en los aguijo-
nes de sus prejuicios, en el infierno que lo
oprime…””Entonces, Jesus, mirándole, le
amó” (Mc 10,21). Pero, ¿Por qué es El el
único que sale a fuera, mientras los demás
permanecen sentados cómodamente en sus
asientos? ¿Quién sabe?, tal vez solo sea
esto lo que debamos preguntarnos.
Reflejos de luz
desde la
tierra
de
Maria
de Stefania Consoli
5
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manecen activas, pero quedamos vacios por
dentro, desmotivados, sin luz, sin impulsos
creativos… El amor nos hace personas, nos
dice que somos importantes, nos tranquiliza
si estamos inseguros, nos hace de espejo si
no entendemos ya quienes somos… El amor
da color a nuestro día que a menudo nos
aparece en blanco y negro, doblega a la sole-
dad que enfría nuestro corazón y devuelve la
sonrisa a los rostros apagados y aburridos.
Hoy día necesitamos mucho de el. No
busquemos ningún otro remedio porque
todos los demás son ficticios, transitorios y
desaparecen enseguida: una vez apagados
los reflectores que dan luz a la sensación del
momento, nos quedamos igual que antes y
sin perspectivas...”Queridos hijos, reflexio-
nad sobre todo lo humano, sobre todo lo
que no os permite estableceros en mi Hijo –
en la transitoriedad, la imperfección y la
limitación – y luego pensad en mi Hijo, en
su infinitud Divina…”
(Mensaje del 2 de
abril de 2010 a Mirjana).
El Amor nos ha creado y a el volvemos
como un rio en crecida, empujados por
corrientes que no se pueden detener por
estar escritas en nuestro ser: “¡Queridos
hijos! Hoy os invito a amar con todo vues-
tro corazón y con toda vuestra alma. Orad
por el don del amor, porque cuando el alma
ama, llama a si a mi Hijo. Mi Hijo no
rechaza a aquellos que lo llaman y que
desean vivir según El. Orad por aquellos
que no comprenden el amor, que no com-
prenden lo que es amar. Orad para que
Dios sea un padre para ellos y no un juez.
Hijos míos, sed vosotros apóstoles míos, sed
mi rio de amor. Yo os necesito .¡Gracias!”
Estas son las palabras que la Virgen
Maria dirigió a Mirjana el día de su cumple-
años, el 18 de marzo pasado. Palabras senci-
llas, directas y fáciles de entender. Pero si
bien es fácil comprender la invitación de la
Madre, difícil es en cambio ponerla en prác-
tica en nuestra vida, porque somos egoístas,
quien más quien menos…
¡Pero podemos orar por el don del
amor! Así podremos ver a Dios en el próji-
mo, donde El se manifiesta de manera única
e irrepetible. Contemplémosle. Escuché-
mosle. Respetémosle dejándole libre de ser
quien es, sin intentar cambiarle según nues-
tra imagen de El. ¡Entonces seremos noso-
tros ese rio de amor que dará sentido y paz
a quien cree que Dios es juez y no padre!
¡Fiémonos siempre
del Señor!
Vivo la jornada como si estuviera en el
limbo, con la esperanza de hallar lo que he
olvidado o perdido, eso que siento que me
falta; esa falta que me ha llevado a perder
los nervios, a sentir un gran vacío, que poco
a poco me va desgastando… Pero en reali-
dad, ¿Qué es lo que estoy buscando? ¿Qué
es lo que me ha dado la fuerza de reaccionar,
de seguir respirando cuando me veía ahoga-
do por la desesperación?
Preparamos las maletas, sin pensarlo dos
veces… y partimos. Pido conducir yo pri-
mero. Encontramos niebla, hielo, viento y
lluvias de tormenta… mi estado de ánimo es
fiel reflejo de la naturaleza de este mes de
enero.
¡Medjugorje! Al bajarme y poner pies
en ese lugar me invadió una profunda sensa-
ción de paz. Quedo estupefacto, y sin decir
nada. Observo las sonrisas que me dirigen
personas desconocidas mientras me acogen
en la casa donde me hospedaré. Sin tan
siquiera cambiarme, me tumbo sobre la
cama y me quedo dormido, exhausto tras 11
horas de viaje.
Y llega el nuevo día. Con mucha lluvia,
cayendo ininterrumpidamente. Es todavía
oscuro, es muy temprano. Nos dirigimos a la
iglesia, imponente con sus dos campanarios.
Vamos mas allá, hasta una plaza. Una multi-
tud de sillas llaman mi atención. Y allí
vemos, imponente y con sus brazos abiertos
como si te fueran a abrazar, la figura del
Cristo Resucitado… Una intensa sensación
de paz invade todo mi ser. Por un instante,
esbozo una sonrisa, sorprendido…
Llueve y y mi mente no termina de com-
prender que sucede en ese lugar. Entramos
en la iglesia, y oímos misa en croata. Yo sigo
allí con mis pensamientos y cabizbajo. De
vuelta a la casa, cenamos, las personas eran
todas sonrientes y me esfuerzo por recam-
biarles pero sigue “lloviendo”…
A la mañana siguiente no miro por la
ventana. Ya lo sé. Llueve. Vamos a la Misa,
de nuevo en croata. Para mí resulta ser como
un zumbido incesante en mi cabeza. Luego
por la tarde, en un momento de sencilla ora-
ción, junto a un bloque de piedra en el que
se ve esculpido un “Cordero inmolado”,
ocurre algo… Un rayo, un corte profundo,
una caricia sincera… ¿de quién? Me pre-
gunto… ¿A mí? ¿Por qué? Quedo trastorna-
do por esa fulminación física, como si se
tratase de una espada que te traspasa de la
cabeza a los pies, pero no una espada que te
da dolor sino paz. ¿Cómo es posible eso?
¿Dios? ¿Eres tú?... y sigue lloviendo.
Al día siguiente, en cambio, de lejos veo
salir el sol, lo siento como algo dentro de
mí, siento que no soy yo quien me acerco,
sino que vamos los dos al encuentro…
”Convertíos y creed en e Evangelio” dice el
salmo que recitan en la Misa y siento un
escalofrío en mi espalda… un escalofrío
agradable, otra caricia mas… y de repente
me entran ganas de leer algo de la Biblia,
lleno de curiosidad por lo que hasta ahora he
llamado casualidades.
Paso toda la tarde en mi habitación,
leyendo todo el Génesis… ¡Nosotros somos
hijos suyos! El nos ama, nos pone a prueba
siempre, pero nos Ama, con A mayúscula.
Casi bromea con Abrahán, sorprendido por
el hecho de que se disponía a sacrificar a su
único hijo por El. Parece como si le dijera:
¿Estás loco? ¿Crees que te pediría esto? Yo
te amo, solo quiero el bien, lo mejor para ti
y tu familia. Todos sois iguales ante mis
ojos, todos iguales pero os equivocáis. ¡Y os
equivocáis de mucho! Pero si lo compren-
déis, yo lo olvido y os Amo incluso más que
antes… Me quedo sorprendido, incrédulo,
¡Mi Dios me Ama! ¡Solo me pide que crea,
que me fie y nada más!
Las ganas de confesarme se me hacen
naturales, instintivas: me siento preparado,
Señor, a acogerte en mi corazón pero deseo
purificarme, quitarme todo lo sucio, y que
termine esta lluvia… Pero el Señor quiere
de mí todavía un esfuerzo más, porque no
hay ahora confesores. Estoy disgustado por
ello, pero creo que Dios proveerá. Hasta
ahora El ha pensado en todo, ¿verdad?
Un nuevo despertador. Estoy impacien-
te. Paso la jornada pensando en los momen-
tos de mi vida, en las elecciones que hice, en
los sufrimientos, en las desilusiones, en las
añoranzas, pero no siento infelicidad, no
siento tristeza… El Señor solo quiere que
reflexione bien, que haga un adecuado exa-
men de conciencia… y como siempre, tiene
razón. Necesitaba de esta jornada. Tengo
preparada mi “mochila”. La debo llenar de
todas estas cosas e ir luego a vaciarla, para
poder llenarla de nuevo de cosas extraordi-
narias que hallaré, porque AHORA soy
consciente de que éstas llegarán. ¡El Señor
me ama!
Afuera, junto a la iglesia, en la plaza de
los 15 confesionarios. Hielo, más lluvia, y
ningún confesor en lengua italiana…No me
desanimo, ¡No me muevo de aquí hasta que
haya vaciado mi Mochila! Tras una hora de
espera sin éxito, paseo, con el rosario en la
mano, arriba y abajo… tengo la sensación
de que quieran obstaculizarme, desanimar-
me, pero nada podrá detenerme, ni evitar
que encuentre a un sacerdote al salir de la
Misa… y este deseo mío se concreta… paro
a un sacerdote: ¡Es italiano! Me acerco, muy
sereno y preparado. Me coge las manos y ya
me siento mejor… me da su bendición, y de
mi corazón brota felicidad: la siento física-
mente.
Salgo del confesionario con una sonrisa
en mi rostro, quisiera saltar de alegría, gri-
tar… Soy feliz… ¡Qué necesidad tenía del
calor de un abrazo tan profundo! Los brazos
dispuestos del sábado pasado ahora me
abrazan fuerte… que sensación más estu-
penda, ¡Qué momento más inolvidable!
¡EL SOL! Me siento vivo, me siento
vivo en este mundo. Ya no me siento como
uno entre muchos, aburrido, intolerante, me
siento vivo. Me siento un privilegiado….¡El
Señor me Ama! Ha llegado la hora de darle
las gracias a la Virgen. Aquí, el centro neu-
rálgico del nuevo mundo está aquí. Aquí uno
llega cargado para luego volver a casa con
“sobrecarga”,¡Pero en positivo!. ¿Hay acaso
algo mejor que eso?
Subo al Podbrdo con Elena, mi esposa,
que comparte conmigo esta maravillosa
estancia en Medjugorje. La colina de las
Apariciones, la paz sobre la tierra. He deci-
dido agradecerle a la Virgen porque es
madre, guía, porque ella nos ha guiado hacia
Dios, por estar Ella siempre ahí, a los pies de
la Cruz, porque siempre creyó en nosotros.
TESTIMONIANDO
...
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El don de la oración
Nunca agradecemos lo suficiente a Dios por el don de la oración. La capacidad de orar
no nos pertenece, es un don que se nos da desde lo Alto porque “que hemos de pedir como
conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inde-
cibles (Rom 8, 26).
El hombre por sí mismo no sabe orar, no sabe lo que pedir, que decirle a su Señor, no
sabe alabarle. Cuando el Espíritu ora en nosotros, entonces oramos de verdad y se crea la
comunión con Dios, en una relación de amistad, de amor. Es importante, pues, orar según
el Espíritu. No nos damos siempre cuenta de esta gracia que es la oración, por la cual el
Padre ofreció a su Hijo. Sin la oración, ¿Qué seria Dios para nosotros? ¿Cuál sería nuestra
relación con El?
Con la oración podemos hablarle para contarle “nuestras cosas”, para conocer su pensa-
miento, pero sobre todo para descubrir su amor. Con la oración, Dios se pone a nuestra dis-
posición para escucharnos y para manifestarse a nosotros. La oración es un encuentro, un
estar con Dios, en el que podemos vislumbrar su belleza. ¡Qué regalo tan grande! ¡Cómo no
vamos a agradecerle! Por esto la oración no está tan ligada a las palabras, a ritos o funcio-
nes especiales: esta está siempre ligada al don que Dios hace siempre a sus amigos, “inclu-
so en el sueño”. Y así podemos nosotros orar siempre, siempre que acojamos ese don.
Entonces todo lo que hagamos podrá convertirse en oración, incluso lo que no tuviera apa-
riencia de oración. Gocemos y agradezcamos este don especial que puede transformar toda
nuestra existencia, incluso cuando se hace más pesada. Maria nos lleve de su mano para que
todo sea oración, como lo fue para Ella. Así sabremos ver siempre el amor de Dios en los
demás y en la creación.
Modelo de Novedad
También nosotros caemos a veces en esa misma tentación del pueblo judío cuando, en
el desierto, se lamentaba de lo inhóspito del lugar, siempre igual, en el que siempre comía
lo mismo: el maná. Decía siempre estar cansado y hastiado de ese lugar en el que la vida
era monótona y rutinaria, sin ninguna novedad. En realidad el suyo no era un problema de
lugar o de comida, sino de corazón, de su distanciamiento de Aquel que “hace florecer has-
ta el desierto”, de Aquel que renueva cada cosa. No era capaz de liberarse de tal opre-
sión...El Padre se apiadó de su pueblo y dijo: “Yo estoy por hacer algo nuevo” (Is 43,19) y
envió a la tierra “algo” realmente nuevo y bello: a su Hijo. De El aprendieron que la vida,
aún formada por hechos que se repiten a diario, puede ser siempre nueva y siempre bella.
Con El descubrieron que ya no estaban en un lugar inhóspito y monótono: todo había cam-
biado, todo era resplandeciente, incluso allá donde antes había sólo tiniebla. Todo se hizo
armonioso en ellos y entorno a ellos, dejaron de lamentarse y comenzaron a agradecérselo
a su Dios.
Así también nosotros, cuando sentimos que nuestra existencia se hace insípida y tal vez
monótona, miremos de inmediato a Jesus, encomendémonos a El, para no caer en esa mis-
ma tentación que padeció ese pueblo en el desierto. Entonces, también a nosotros se nos
aparecerá esa luz, que antes no podíamos ver; también a nosotros la realidad se nos hará más
bella, en lugar de gris y monótona; también nosotros desearemos agradecerle a nuestro
Dios.
No olvidemos dirigirnos en confianza a la Madre, el más bello Modelo de Novedad,
semejante a su Hijo toda Ella, para que también nosotros seamos signo de novedad; como
Jesus y como Maria. Tal vez haya quien espera esto de nosotros.
P
ENSAMIENTOS
S
ENCILLOS
de
Pietro Squassabia
Una nueva cita al día siguiente: vamos a
donde está el “gran Jefe”. La subida al Krize-
vac nos recuerda que cada paso es duro, es
fatigoso, lleno de peligros, pero si tenemos la
mente abierta, el corazón abierto y la ora-
ción, entonces no habrá nada que nos impida
llegar hasta la cumbre. Esta Cruz imponente
nos deja sin palabras. Quedamos como
encantados, todo el silencio del entorno nos
ayuda a reflexionar sobre nuestro esfuerzo
realizado, sobre el esfuerzo que nos espera,
pero nos invita a pensar también en el final,
en la cima esta la Cruz que nos libera de
todo, esta Jesus que nos devuelve la Paz.
He aquí la palabra, el significado de
Medjugorje… Conversión, física, pura, inte-
rior y exterior. Dios me ha devuelto un poco
de esa conciencia que hemos perdido siendo
tentados en el jardín del Edén. Me siento así,
así de agraciado. Dios quiso hacerme un
regalo, pequeño para algunos tal vez, pero
muy grande para mi, y haré de el un gran
tesoro.
La vida aun traerá muchas tentaciones,
nos pondrá ante pruebas que nos parecerán
insalvables, pero será una vida que gozará
de un arco iris, aun cuando llueva.
En el viaje de vuelta un amigo no cesaba de
repetirme en mi dialecto de Brescia:
“FIDAS, FIDAS SEMPER”… Fiémonos
siempre del Señor. El no nos decepciona
nunca.
Giovanni Saiani
EL RENACER
La sensación de ser huésped querido y
bien recibido es instantánea. Me siento
como en casa, acogida, mimada y amada. Se
respira paz, tranquilidad, alegría, justo lo
contrario de mi estado de ánimo. Me cuesta
retener mi llanto y a veces mis esfuerzos son
inútiles. Me siento agobiada por el sufri-
miento, perdida y debilitada. Enseguida asu-
mo la sensibilidad de ánimo de los que me
rodean: ejemplos de vida, de conversión y
de fe. Esto y mucho más me lo ha dado
Medjugorje,
con sus lugares donde Dios te
da cita, a través de su Madre… Hay algo que
literalmente explota dentro de mi cuando
estoy frente al Cristo Resucitado, ante la
estatua de la Virgen donde la Cruz Azul, en
el Podbrdo, sobre el Krizevac, tras la Confe-
sión y en la Iglesia…
Estoy en mi casa desde hace dos días, y
las dificultades y problemas son ya una rea-
lidad. Aun así soy feliz porque llevo al Señor
en mi corazón, la Virgen me protege y la
oración me fortalece. Esta descripción de
Medjugorje del Padre Ljudevit Rupcic expli-
ca con palabras lo que yo he experimentado
en realidad: “Medjugorje no es solo un pue-
blo donde la Virgen se apareció a algunos
jóvenes, a donde llegan algunos millones de
peregrinos, donde suceden algunas cosas
insólitas, sino que es una inagotable fuente
de gracia, una actuación constante de Dios,
a través de Su Madre. Es una llamada ininte-
rrumpida y al mismo tiempo es el ofreci-
miento de la vida divina y de la paz a través
de la fe, la conversión y la oración, con con-
secuencias imprevisibles para la Iglesia y
para el mundo entero. En Medjugorje brota
la gracia que purifica a los pecadores,
devuelve la vista a los ciegos, fortalece a los
débiles, sana a los enfermos, agita a los
adormecidos y despierta a la nueva vida a
los que se les apagó el respiro”.
Elena Casucci
Una mano abierta
A mí y a mi marido Nicola nos esperaba
un fin de semana de esos que te dejan huella.
Naturalmente, tratándose de Medjugorje, la
huella es positiva. Esta vez, la Virgen ha
enviado su invitación a través de una querida
amiga, que me telefoneó una tarde lluvio-
sa… Hacia días que estaba yo con la moral
por los suelos, me sentía sola, perdida y aba-
tida; me veía como una perso-
na/madre/esposa fracasada, inútil. Ese día,
poco después del enésimo llanto en solitario,
me llama Stefania y me pregunta si quiero ir
algunos días a Medjugorje, a finales de abril.
Era Maria quien en realidad me invitaba, lo
percibí de inmediato. Y le dije que iríamos,
si era esa la voluntad de Dios.
Según se acercaban los días del viaje, la
preocupación por dejar en casa a los niños
se hacía más profunda, pero, según lo pre-
visto, la Virgen no iba a dejar que los temo-
res nos detuvieran, ni que nada se torciese.
De hecho así fue: el viaje fue tranquilo, los
niños muy contentos de estar en casa con los
abuelos y nosotros por fin algo concentrados
sobre nosotros mismos.
Fueron tres días muy intensos, sobre todo
para mí: también en Medjugorje lloré, como
suelo ya hacerlo a menudo en casa. Pero allí
mi llanto fue liberatorio, como si eliminara
toxinas venenosas de mi alma y de mi cora-
zón. Esas toxinas volverán, es algo normal y
hacen parte de la vida cotidiana. Pero en
Medjugorje la Virgen me ha recordado que,
por supuesto, no estoy nunca sola, sobre todo
cuando cargo con esas pequeñas grandes cru-
ces de la vida, cuando tropiezo y cuando el
mundo se me viene encima o se hace feo.
No estoy sola, porque Ella está conmigo.
La Virgen, en Medjugorje, se muestra siem-
pre en todas las estatuas con una mano
abierta, tendida hacia adelante. Esta es la
mano que me impresiona cada vez que la
miro, porque la ves que está ahí, dispuesta a
estrechar la tuya para llevarte por el camino,
como hago yo siempre con mis dos niños.
Mi Mamá de Medjugorje me ha dado su
mano también esta vez, y sé que me la vol-
verá a dar siempre. ¡Gracias!
¡Y gracias al que se ha hecho mensajero
suyo… y por habernos ofrecido también su
mano durante el breve pero intenso recorri-
do espiritual que pudimos vivir allí!
Maria Rosselli
7
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Villanova M., 13 de mayo 2010
Resp. Ing. Lanzani - Tip. DIPRO (Roncade TV)
Queridos lectores de Eco,
Nosotros, los de la familia del
Eco, somos conscientes de que este
“pequeño periódico”, como solía
llamarlo su fundador, Don Angelo
Mutti, representa un instrumento
espiritual nacido del Corazón de la Reina de
la Paz al servicio de la gracia de Medjugor-
je, para transmitirla a todos los lugares, físi-
cos y espirituales, donde hayan corazones
abiertos y dispuestos a acogerla.
Por motivos de recientes cambios legis-
lativos, ya desde el primero de abril de este
año, las tarifas postales que gravan los enví-
os de revistas y boletines se han casi quintu-
plicado, generando un enorme gasto para la
Asociación de Eco, que podría comprometer
el ya frágil equilibrio económico que vive, y
por consiguiente pudiendo llegar al cese de
su publicación.
En el intento de preservar la continuidad
editorial de Eco, nos vemos pues obligados
a una restructuración, desde este momento,
en los envíos, reduciendo al mínimo el envío
de ejemplares individuales y buscando en la
medida de lo posible en cada ámbito territo-
rial, nuevos centros de distribución, even-
tualmente aumentando el número de copias
enviadas para los distribuidores, para que
estos colaboren haciendo así llegar el Eco
impreso en papel a todos los interesados en
recibirlo. Siempre permanecerá la posibili-
dad de acceder a Eco, allí donde haya cone-
xión a la red de internet, pudiéndolo bajar la
versión multilingüe para leer y/o imprimir si
se desea.
Confiando en vuestra comprensión por
estos problemas, estamos seguros de que la
Reina de la Paz sabrá transformar también
esta prueba en una mayor ocasión de gracia
y de comunión para todos.
Por nuestra parte, os aseguramos desde
ahora mismo nuestro esfuerzo personal para
garantizar la continuidad de una obra que se
nos confió gratuitamente y a la que quere-
mos servir.
El equipo de Eco
¿N
OS
D
ETENEMOS AQUÍ
,
O ES SÓLO UN
N
UEVO
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ESAFÍO
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Esta vez el peligro de tener que “echar el candado” a nuestra obra se hace más real que
nunca. El desafío nos llega de la oficina de Correos italiana que nos ha encarecido los enví-
os individuales de nuestro periódico ¡Un 480 %! En la práctica, nos cuesta casi cinco veces
más enviaros a casa el periódico por correo postal…Y ¿Cómo podremos continuar? El
ECO no tiene beneficios, porque como es sabido, no tiene precio de venta. Vive solo de los
donativos de sus lectores. Sabemos que la actual crisis está afectando a todos, por tanto no
deseamos pedir esfuerzos comprometedores a quien con afecto y estima nos sigue desde hace
años. Pero como los problemas se suelen resolver en familia, entonces os queremos hacer
participes de ello a vosotros, familia en el espíritu de la Reina de la Paz... ¿Qué hacemos?
Varias son las hipótesis. ¿Tal vez cerrar ahora y estar agradecidos por esos 26 años en
los que tuvimos el periódico? ¿Hacerlo trimestral y por tanto hacer dos envíos menos al
año? ¿Mandarlo en bloque a las ciudades importantes para que alguien se haga cargo de
reenviarlo a todas las direcciones? ¿Organizar colectas para poder cubrir los nuevos cos-
tes?...o tal vez ¿Alguien tiene alguna proposición mejor? Siempre hemos pensado que si
Maria desea el Eco, con seguridad no nos dejará solos. La Providencia siempre nos ha ayu-
dado y si quiere, seguirá haciéndolo. Oremos, oremos con fe, pidamos al Señor la luz y los
recursos para seguir sirviéndole con este pequeño instrumento, tan esperado en el mundo
nuestro (hace algunos días nos llego un mensaje desde Costa de Marfil: “Somos una comu-
nidad de 90 personas, enviadnos el Eco porque nos ayuda a reflexionar sobre los mensajes
de la Reina de la Paz y nos sirve para nuestra formación espiritual…”). En realidad, no dese-
amos “abandonarlo todo” , pero el problema se ha hecho muy serio.
Mientras tanto damos salida a esta edición y “saltamos” la de julio-agosto, tal como
tuvimos que hacer el año pasado. Esto nos permitirá ahorrar algo para poder salir de nuevo
en septiembre. Tendremos además tiempo para reflexionar sobre la gestión, para rezar y
poder escuchar las sugerencias del Espíritu y para recibir vuestras propuestas. Nuestra, y
también vuestra, es la responsabilidad de afrontar de la mejor manera este nuevo desafío.
¡No faltará la fantasía , la creatividad y la iniciativa de todos nosotros, hombres y mujeres
de buena voluntad! Gracias de corazón.
La Redacción de Eco de Maria
Nosotros somos la actuación de los
secretos, porque de nosotros dependen los
desenlaces buenos o malos de los eventos.
El corazón de Maria está preparado para
darnos todo, si le abrimos el nuestro. Y
entonces su proyecto de salvación se cum-
plirá
”.
don Angelo
La única
y verdadera muchacha
La Santa Virgen no obtuvo triunfos, ni
milagros. Su Hijo no le permitió que la glo-
ria humana la rozara, ni tan siquiera con el
suave soplo de su ala salvaje.
Nadie ha vivido ni sufrido, ni ha muerto
de manera tan humilde y en una ignorancia
tan profunda de su propia dignidad, una dig-
nidad que la eleva, por tanto, por encima de
los ángeles. Por que, finalmente, ella nació
sin pecado, ¡Que asombrosa soledad! Un
manantial tan puro y tan limpio, tan limpio y
tan puro, en el que no puede ni reflejar su
imagen, hecha para gozo del Padre – ¡La
sagrada soledad!
La astucia y el orgullo, esos antiguos
espíritus, familiares al hombre, maestros y
siervos a la vez, terribles patriarcas que con-
dujeron a Adán en sus primeros pasos hacia
las puertas del mundo maldito, quedan siem-
pre muy alejados de esta creatura milagrosa,
situada fuera de su atención, invulnerable y
desarmada.
Georges Bernanos (1888-1948)
Carta a la redacción
“Leo desde hace ya 25 años el Eco
de Maria, creado y fundado por Don
Angelo Mutti y lo distribuyo a todos
los amigos del grupo de oración de
Nola, que precisamente este año feste-
ja sus bodas de plata con la Reina de la Paz,
la cual nos ha guiado incansablemente con
sus mensajes en este ultimo cuarto de siglo.
Precisamente tal como os ocurrió a vosotros
con el Eco, comenzamos sin preveer este
gran crecimiento que tuvimos, llegando a
donde estamos, con tantas personas que
siguen orando y visitando esa tierra bendita
que es Medjugorje.
Tengo aun muy vivo en mi mente mi
encuentro con Don Angelo en su parroquia
de Villanova Maiardina en diciembre de
1995, adonde fuimos junto a una representa-
ción de personas para mostrarle nuestra cer-
canía y nuestro afecto (con este propósito os
adjunto copia de una de las numerosas car-
tas que solía enviarme en esos años)
por su
gran iniciativa que usaba para llevar adelan-
te el Eco, ahora ya quizás uno de los perió-
dicos católicos mas leídos del mundo. Sentí
una emoción muy grande al conocerle en la
Catedral de Sidney, Australia, en 1997 y en
la Basílica de la Virgen de Coromoto, en
Caracas, Venezuela, en 1998. Siempre me
sentí muy halagado por haber contribuido
con humildad a divulgar este periódico tan
querido por Maria. Carece de publicidad
alguna y carece de financiación, salvo la que
se obtiene de los donativos de sus lectores.
Estoy contento yo y todos los amigos del
grupo de oración en este año – ¡Jubilar para
nosotros!- por el camino que hemos recorri-
do juntos. No añado más, también porque
leo siempre los agradecimientos que os lle-
gan de todas partes; solo os digo que lo lee-
remos y lo divulgaremos hasta el último ins-
tante de nuestra vida, sabedores de aconten-
tar a una persona que nos cuida desde el cie-
lo desde hace tiempo. Estoy seguro que Don
Angelo goza ya de su merecido premio en el
El Eco de María
vive sólo de donativos
que pueden hacerse
por VÍA BANCARIA:
Associazione Eco di Maria
Banco de Valencia
(Grupo BANCAJA)
IBAN: ES59 0093 0999 1100 0010 2657
CUENTA CORRIENTE Nº:
0093 0999 11 0000102657
Para nuevas suscripciones o para
modificaciones en la dirección escribir a la
Secretaría del Eco
ECO DI MARIA
Via Cremona, 28 - 46100 Mantova -
Italia
E-MAIL: eco-segreteria@ecodimaria.net
Eco en Internet: http://www.ecodimaria.net
E-mail redacción: ecoredazione@infinito.it
Paraíso, deseando reencotrarse algún dia, no
tan lejano, allí con nosotros. Allí también
encontraremos a nuestra Madre Celestial
que siempre nos protege bajo su manto, con
el deseo de salvarnos.
Con estima y simpatía, os deseo a voso-
tros y a todos vuestros colaboradores que
podáis recoger el céntuplo de lo que hayáis
sembrado, para Gloria de Dios.
Gennaro Caccavale
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