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Eco de Maria Reina de la Paz 209 (Marzo-Avril 2010)

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“Nosotros hemos creído, según nues-
tros criterios humanos, que él nos
ocultaba su grandeza y su gloria,
mientras que en realidad nos revelaba,
mediante esta misma expoliación, la
auténtica grandeza, la verdadera glo-
ria divina.
Esta grandeza y esta gloria no tie-
nen nada que ver con nuestras grande-
zas y glorias humanas. Consisten
esencialmente en el señorío de un
amor que ignora todas las distancias y
triunfa en la comunión”.
Éloi Leclerc
Mensaje del 25 de enero de 2010:
“Queridos hijos, que este tiempo sea
para vosotros tiempo de oración personal,
para que en vuestros corazones crezca la
semilla de la fe, y pueda crecer en testimo-
nio alegre para los demás. Yo estoy con
vosotros y deseo exhortaros a todos: cre-
ced y alegraos en el Señor que os ha crea-
do. ¡Gracias por haber respondido a mi
llamada!”.
La oración es como
mantillo para la fe
“Dijeron los apóstoles al Señor:
Acrecienta nuestra fe. Dijo el Señor: Si
tuvierais fe tanto como un grano de mosta-
za, diríais a este sicómoro: Desarráigate y
trasplántate en el mar, y el os obedecería
(Lc 17, 5-6). Queridos hijos, que este tiem-
po sea para vosotros tiempo de oración
personal, para que en vuestros corazones
crezca la semilla de la fe,
nos exhorta
María. Este es el tiempo en el que el trigo y
la cizaña crecen juntos, es el tiempo de espe-
ra en el retorno de Cristo, tiempo en el que
somos llamados a custodiar y hacer crecer la
buena semilla de la fe. La fe es un don de
Dios de enorme magnitud y como todo don
que de El proviene, es ofrecido y no impues-
to; somos nosotros los que debemos acoger
y custodiar ese don o rechazarlo. Dios respe-
ta nuestra libertad, hasta el fondo, pero no
nos abandona y está siempre dispuesto a
socorrernos cuando nos dirigimos a El con
corazón sincero. Aunque no sepamos orar,
será el Espíritu Santo quien interceda por
nosotros (Rom 8, 26). Pidamos con toda
nuestra fuerza a Dios que no muera en noso-
tros la semilla de la fe; pidámoslo mas que
cualquier otra cosa del mundo; pidámoslo
para nosotros, para nuestros hijos, para
nuestros amigos, para nuestros enemigos,
para toda la humanidad. Pidamos la podero-
sa intercesión de María, que está con noso-
tros
, siempre dispuesta a apoyarnos; pida-
mos la intercesión de los Ángeles, de nues-
tros santos. Sea nuestra oración sencilla,
viva, confiada; sea elevación del alma a
Dios,
como enseña el Catecismo de la
Iglesia Católica. “Para mi la oración es
como un impulso del corazón, es una simple
mirada hacia el Cielo, un grito de agradeci-
miento y de amor en las pruebas y en las ale-
grías, es algo grandioso, sobrenatural, que
dilata mi alma y me une a Jesús” (Santa
Teresita del Niño Jesús MA 317). Lo que
Santa Teresita afirma es la experiencia que
yo, tu y todos podemos vivir, ¡si de verdad lo
deseamos!
La oración verdadera, la del corazón, es
comunión entre creatura y Creador, es
encuentro en Cristo entre el Padre y el hijo
que soy yo, que eres tu; precisamente por
esto la liturgia eucarística, la Santa Misa, es
el mas alto grado de oración. Acepta, oh
Padre, nuestra ofrenda en esta noche de luz,
y por este misterioso intercambio de dones,
transfórmanos en Cristo, tu Hijo, que ha
elevado al hombre a ti en la gloria.
Así ora-
mos en los ofrendas en la Santa Misa de la
noche de Navidad, y el fruto de esta oración
es llegar a ser en Cristo, un solo cuerpo y un
solo espíritu.
Nuestra fe nos debe llevar a
asimilar esto. Ahora el hombre ya no está
lejos del Árbol de la Vida, para que no
comiendo de él, viva para siempre (Gen 3,
22-24). Ahora el Árbol de la Vida es
Jesucristo y el hombre puede comer de él y
vivir para siempre, si lo hace con corazón
bien dispuesto. Así nuestra fe se convierte en
alegre testimonio para los demás y es tes-
timonio realmente eficaz porque transmite
no ya algo nuestro, sino a Aquel que vive en
nosotros, Jesucristo; y es portadora de ale-
gría ¡Porque El es la verdadera, la única y
eterna alegría! ¡Así es como crecemos y nos
alegramos en el Señor que nos ha creado
y que nos quiso como hijos en Su Hijo
Jesús!
Nuccio Quattrocchi
Mensaje del 25 de febrero de 2010:
“¡Queridos hijos! En este tiempo de
gracia, cuando también la naturaleza se
prepara a ofrecer los colores más hermo-
sos del año, yo os invito, hijos míos, a
abrir vuestros corazones a Dios Creador,
a fin de que El os transforme y modele a
Su imagen, para que todo lo bueno que se
encuentra dormido en vuestros corazo-
nes, despierte a una nueva vida y anhelo
de eternidad. ¡Gracias por haber respon-
dido a mi llamada!”.
Abrid vuestros corazones
a Dios Creador
Existe un periodo en el que la naturaleza
se despierta del sueño invernal y es un
periodo de gracia
porque es la gracia de
Dios quien la gobierna y la despierta. Así
sucede con toda la creación y sobretodo en
la creatura humana hecha a imagen Suya.
¡Queridos hijos! Os invito a abrir vues-
tros corazones a Jesús como se abre la flor
al sol,
nos ha dicho María el 25 de enero de
1995 y aún hoy nos repite: abrid vuestros
corazones a Dios Creador.
Dios es el
Creador. No lo fue sólo en el inicio de la his-
toria del mundo; lo fue entonces y lo es
todavía hoy porque Dios es la Vida, y la vida
está en El, y no existe sin El. El hombre no
puede ignorar a Dios. Lo que tienta y sedu-
ce al hombre es el engaño de la vieja ser-
piente que lo ilusiona haciendo que lo igno-
re, diciendo que puede vivir sin El, y hasta le
enfrenta contra El. Es la raíz del primer
pecado que todavía brota y dejará de brotar
sólo cuando Dios sea todo en todos. Como
todas las mamás hacen con sus hijos, María
nos despierta del sueño, nos llama a la Vida.
Abrid vuestros corazones a Dios Creador
a fin de que El os transforme y os modele
a Su imagen.
Esta es la Vida: vivir en Dios,
permitirle que siga Su Obra de creación en
nosotros, abandonarse a su Amor que nos
transfigura y nos asemeja a Jesús. María
insiste, no dejó de obrar desde muy joven,
cuando le dió su al ángel Gabriel, desde
que, acogiendo a Jesús en Ella, acogió en El
a todos nosotros para que cada uno de noso-
tros seamos Hijo único del Padre. Esta es la
creación de Dios; está siempre actuando
porque ésta es Su Obra. ¿Cómo podemos no
estar dispuestos a tanto Amor?
Esto, pues, digo y requiero en el Señor:
que no andéis como los otros gentiles, que
andan en la vanidad de su mente, teniendo
el entendimiento entenebrecido, ajenos de
la vida de Dios por la ignorancia que en
ellos hay, por la dureza de su corazón
(Ef 4,
17-18).
Renovaos en el espíritu de vuestra men-
te, y vestíos del nuevo hombre, creado según
Dios en la justicia y santidad de la verdad.
(Ef 4, 23-24) Este es el despertar al que
María nos llama y si seguimos leyendo en la
Marzo - avril 2010 - Editado: por Eco di Maria, por Eco di Maria, Via Cremona, 28 - 46100 Mantova (Italia)
A. 26, n. 3 - 4
"Poste Italiane s.p.a. - Spedizione in Abbonamento Postale - D.L. 353/2003 (conv. in L. 27/02/2004 n° 46) art. 1, comma 2, DCB Mantova
209
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carta de San Pablo a los Efesios hallaremos
consejos útiles también para hoy día, algu-
nos más que antaño, para que nazca en cada
uno de nosotros la Nueva Vida, la que
Cristo conquistó para nosotros con Su
Muerte y Resurrección. Hoy, como hace dos
mil años, la esencia de la vida sigue siendo
siempre y sólo Jesucristo y en El, y sólo en
El, podemos descubrirla, gustarla y vivirla.
No se trata de redactar un tratado sobre la
existencia, sino de vivir una experiencia. No
se trata de inventar algo nuevo, sino de vivir
la Nueva Vida que ya está presente en
Cristo y que se ofrece a cada uno de noso-
tros. Se trata solo de acogerla con corazón
sincero, sin hipocresía y sin ficciones.
Despertad del sueño de la incredulidad y
pecado, ya que éste es un tiempo de gracia
que Dios os da.
(25 .02.2000) Despertad del
sueño cansado de vuestra alma.
(25.03.2001); así es como nos exhorta María
y ahora nos toca a nosotros, y sobre todo a
quien en la Iglesia tiene sus responsabilida-
des, aceptarlo o rechazarlo. Aún es posible,
pero…¿Hasta cuándo?
N.Q.
Noticias de África
Siempre existe el riesgo de “hacer como
si nada” y relegar con indiferencia en el olvi-
do de nuestra conciencia a un pueblo que
continuamente lucha no sólo por vivir, sino
a menudo por sobrevivir malamente. Un
pueblo sobre el que pesa el destino de ser
eternamente un “tercer mundo”, no un suje-
to con el que relacionarse “en igualdad”,
sino un tercero que queda marginado y al
que hay que ayudar.
Desde hace tiempo, en nuestro ECO
hacemos un hueco para dar voz a este conti-
nente, para que sea
protagonista de su
propia existencia; y es
la voz de los testigos,
de aquellos que por
razones diversas la
visitan, la habitan y la
aman…
En esta breve carta que nos llega a la
redacción, don ANDREA MESCHI, padre
general de la Orden de los Estigmatinos,
nos cuenta algo sobre esa tierra, para que
todos carguemos con “algo”, al menos a tra-
vés del ofrecimiento de nuestras oraciones.
“Queridos todos,
He regresado desde hace muy poco a
Italia…Me he encontrado con una Costa de
Marfil
(hacía como seis años que no la visi-
taba) en condiciones bastante preocupantes.
Es un país que en lugar de avanzar, está
retrocediendo alarmantemente. Se está ele-
vando rápidamente el número de personas
que no alcanzan niveles de supervivencia, y
que por la mañana, al despertar se preguntan
de inmediato si hallarán algo para comer
durante el día. La pobreza se expande. El
país tiene ciertas reservas propias, pero la
política disgregadora y corrupta del gobier-
no (siempre está latente la posibilidad de
que surja una revolución) y la presencia de
fuerzas multinacionales explotadoras, enví-
an a este país a la ruina.
Como estigmatinos, estamos ya presen-
tes desde hace 40
años y guiamos a
fervientes comuni-
dades parroquia-
les, obras de cari-
dad y de educación
dirigidas a los
jóvenes. Contamos
además con una
potente emisora de
radio como instrumento de catequesis para
divulgar entre los diversos pueblos de la sel-
va. Colaboran con nosotros laicos y monjas.
En Ayamé, me encontré, en el hospital que
vimos nacer, con un equipo de médicos del
Hospital San Mateo de Pavía, Italia, que
periódicamente viajan a África a ofrecer sus
servicios. En ese momento estaban compro-
metidos con varias operaciones de ojos.
Nuestros misioneros europeos son muy
pocos, sin embargo al día de hoy contamos
con casi una veintena de jóvenes estigmati-
nos del lugar que nos dan esperanza cara al
futuro, pero las necesidades económicas son
muy grandes también.
¡Esperamos que África levante cabeza y
camine!
Yo me llevé a mi casa con nostalgia sus
canticos, misteriosamente ritmados por el
tam-tam, y en los flecos de mi túnica algo de
esa “tierra roja” que ya no puedo olvidar”.
Don Andrea Meschi
D
ESDE
U
GANDA
Queridísimos,
Gracias de corazón por el envío del Eco
de María. A menudo me he propuesto escri-
biros pero la guerrilla que nos toca vivir me
lo ha impedido. Lo hago ahora…
Vivo en África desde hace muchos años;
al principio trabajaba en una escuela y aho-
ra lo hago en la pastoral juvenil para la pro-
moción humana, social y cristiana de los
jóvenes, con especial atención a los jóvenes
y ex-niños soldado. La Misión se encuentra
en el norte de Uganda. Durante veintidós
años he vivido con la gente la experiencia de
la guerrilla y he experimentado las horribles
atrocidades cometidas por los rebeldes de la
“Lord Resistent Army”, como el doloroso
Via Crucis de los niños que eran secuestra-
dos para luego formarse como soldados y
esclavos, sufriendo todo tipo de maltrato.
Ahora vivimos un periodo de paz, gra-
cias a Dios. Esto nos permite vivir más sere-
namente y por tanto, podemos trabajar más.
Distribuyo el Eco de María en lengua
inglesa entre los jóvenes de las varias escue-
las de la Misión. Los chicos lo leen con
entusiasmo e interés y os aseguro que de
verdad lo festejan al recibirlo, y luego, por
turnos, se lo van pasando unos a otros. En la
actualidad son diez las escuelas de las que
me ocupo, y por tanto ¡Grande es el recorri-
do que hace este valioso periódico! En todas
estas escuelas se recita el Rosario y en la
oración los jóvenes sienten muy profunda-
mente la presencia de María.
También yo leo con mucho agrado el Eco,
porque, en él, encuentro material para la pas-
toral juvenil y para reflexión mía personal.
Mi único pesar es no poder contribuir econó-
micamente con esta obra, y por tanto rezo
para que sea la Madre de Dios quien provea
para que “alguien” se ocupe de ofreceros una
suscripción para nosotros, misioneros. Y a ese
“alguien” vayan todas nuestras gracias espe-
ciales, las mías y las de los jóvenes, junto a
mi oración de agradecimiento por vuestra
generosidad. Invoco a Dios para que envíe
sobre cada uno de vosotros y sobre todos
vuestros lectores una generosa bendición.
Con afecto fraterno, sor Aurelia Pomra,
¡Caminad contra corriente!
“Estamos llamados continuamente a la
conversión, pero no siempre tenemos claro
lo que esto significa en realidad. Convertirse
significa cambiar de dirección en el camino
de la vida: pero no con un pequeño ajuste de
rumbo, sino con una verdadera inversión de
la marcha.
Conversión es ir contracorriente, donde
la “corriente” es el estilo de vida superficial,
incoherente e ilusorio, que a menudo nos
arrastra, nos domina y nos hace esclavos del
mal, o cuando menos, prisioneros de la
mediocridad.
Con la conversión, en cambio, nos enca-
minamos hacia la medida más alta de la vida
cristiana, nos encomendamos al Evangelio
vivo y personificado, que es Jesucristo. El es
la meta final y el sentido profundo de la con-
versión; El es el camino que todos estamos
llamados a recorrer en nuestra vida, deján-
donos iluminar por su luz y sostener por su
fuerza que mueve nuestros pasos.
Cada día es, para nosotros, momento pro-
picio y de gracia para ello, porque cada día
nos pide que nos entreguemos a Jesús, y que
tengamos confianza en El, que permanezca-
mos en El (…) aún cuando no falten las difi-
cultades y los esfuerzos, el cansancio y las
caídas. Incluso cuando estemos tentados de
abandonar el camino de Jesús para cerrarnos
en nosotros mismos, en nuestro egoísmo, sin
darnos cuenta de nuestra necesidad de abrir-
nos al amor de Dios en Cristo, para vivir la
misma lógica de justicia y de amor.
Renovemos pues nuestro esfuerzo de
seguir a Jesús, de dejarnos transformar por
su misterio pascual, para vencer al mal y
hacer el bien, para dejar morir a nuestro
hombre viejo ligado al pecado y hacer que
nazca el hombre nuevo transformado por la
gracia de Dios.”
Benedicto XVI
(Audiencia General del 17 de Febrero de 2010)
¡El cristianismo no es una moralidad!
“El cristianismo no es y no puede ser una
moralidad, no somos nosotros los que debe-
mos hacer todo lo que Dios se espera del
mundo, pero debemos, ante todo, entrar en
ese misterio: Dios se ofrece El mismo. Su
ser y su amar precede nuestro actuar, y en el
contexto de estar en El, identificados con El,
ennoblecidos con su Sangre, podemos tam-
bién nosotros actuar con Cristo”.
“A Dios no le pidamos una cosa pequeña o
grande, pidámosle el don divino, Dios
mismo. Debemos aprender continuamente lo
que podemos pedir en la oración y lo que no
debemos pedir en la oración, por ser expre-
siones de mi egoísmo. No puedo orar para
obtener cosas nocivas para los demás, no pue-
do orar para obtener cosas que ayuden a mi
egoísmo, a mi soberbia. De este modo la ora-
ción, ante los ojos de Dios, es un proceso de
purificación de nuestros pensamientos, de
nuestros deseos. Sólo en este proceso de len-
ta purificación, de liberación de nosotros
mismos y de la voluntad de tenernos a noso-
tros mismos, reside el verdadero camino de la
vida, se abre el camino del gozo”.
Ben. XVI
San Louis Marie Grignion de
Montfort escribió :
"El Rosario es el arma más
poderosa para tocar el Corazón
de Jesús, Nuestro Redentor,
quien ama a Su Madre".
2
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El sacerdocio
en primer plano
Predilectos
No nos sorprendamos si el Amor, que
da gozo al corazón, se asemeja a un fuego
encendido por una “madera especial”, hecha
de espinas, porque así le gustó al Padre. No
hay que andar buscándolo, porque segura-
mente se nos ofrece a diario: se trata sólo de
reconocerlo y de custodiarlo, y nunca des-
preciarlo. Tal vez no es difícil reconocerlo
porque se asemeja a esa madera que el Hijo
llevó hasta el monte Calvario, tras haberlo
recibido con prontitud del Padre. El Padre
gozó mucho de ello y sintió la necesidad de
expresar este gozo a los hombres cuando
dijo: Este es mi Hijo predilecto (el amado)
en quien tengo complacencia.
Después Dios
Padre pensó en donar a los hombres, a tra-
vés del Hijo, esa madera para que todos los
que la hubieran llevado experimentaran
Amor y Gozo.
Por esto, las pruebas de la vida, que nos
recuerdan siempre un poco a esa “madera”,
expresan la benevolencia del Padre, y no un
castigo. María, que con el anuncio del ángel
reconoció esa “madera”, se fue a visitar con
alegría a su prima Isabel para decirle:
“…desde ahora todas las generaciones me
llamarán bienaventurada.”
Por tanto la cruz
ha sido ideada por el Padre para donar bie-
naventuranza, y no sufrimiento. Si no fuera
así, María no hubiera ido a visitar a su pri-
ma para expresarle su beatitud. Sí, así como
la Cruz ha sido signo de predilección del
Padre hacia el Hijo y hacia la Madre, tam-
bién nosotros debemos ver nuestras penas y
sufrimientos como tal predilección. Y tal
como María acogió la cruz, con tanto amor
y abandono, sin llegar a comprenderlo del
todo, así también nosotros somos llamados
a acoger los sufrimientos de cada día, con
amor y abandono, aunque no siempre lo
entendamos. Si hacemos esto, tal vez expe-
rimentemos también nosotros la beatitud de
la Virgen; tal vez también nosotros podamos
sentirnos como los amados del Padre, sus
hijos predilectos, como Jesús y María.
Demasiado poco
En el paraíso terrenal, el hombre poseía
todo lo necesario para la vida porque era
“rico” de la riqueza de Dios, pero cuando se
alejó de ese lugar se empobreció y terminó
perdiéndolo todo. A pesar de sus esfuerzos,
no conseguía nada de lo necesario para
vivir. Entonces, Dios Padre se apiadó de la
infeliz situación en la que se hallaba el hom-
bre y pensó en devolverle lo que éste había
perdido, y mucho mas, porque le donó el
Tesoro mas grande que tenia: su propio
Hijo. De este modo, Dios Padre se privó del
Hijo para enriquecer al hombre.
Ahora, Dios Padre no “puede” donarnos
de nuevo a su Hijo, porque – por decirlo de
algún modo - no es ya suyo, sino nuestro, al
habérnoslo dado, y por tanto necesita de
nosotros, simples creaturas humanas, para
donar a su Hijo a los que lo han perdido.
Pero debemos poner atención, ya que pode-
mos perder ese Tesoro que llevamos en
jarrones de arcilla: si los rompemos, perde-
remos su contenido…
Tenemos una tarea importante en el plan
de Dios: llevar a Jesús al hermano, al próji-
mo. María es la espléndida creatura que nos
lleva siempre a Jesús, pero pide también
nuestra colaboración, como si necesitara de
nosotros para realizar su obra. Todos noso-
tros, si acogemos a Jesús, podremos
llevarLo a los demás porque El, que es man-
so y humilde de corazón,
se deja siempre
guiar sin poner resistencia. Tal vez esto es lo
que Jesús espera de nosotros: que Lo entre-
guemos intercambiándolo, que Lo donemos
al prójimo, sin distinciones, sin preferen-
cias, sobre todo a quien no sepa de haberlo
perdido, a quien ni siquiera lo busca.
Probablemente al final de nuestra vida Dios
Padre nos pregunte sólo esto: si hemos lle-
vado a Jesús a los demás. Por tanto, si no
damos a Jesús, damos demasiado poco…
La Madre Teresa de Calcuta lo recorda-
ba a menudo: damos demasiado poco si no
damos a Dios. De hecho, el hombre, incluso
cuando pide solo el “pan”, en realidad bus-
ca siempre a Dios porque, en el fondo de su
corazón, tiene siempre “hambre” de Dios.
Jesús nos lo ha recordado muchas veces.
Incluso cuando dijo: no sólo de pan vive el
hombre, sino de toda palabra que sale de la
boca de Dios,
quería decir que, sin Dios, el
“pan” es insuficiente para saciarse. Y tam-
bién cuando daba a las multitudes los panes
y los peces, con ellos también ofrecía la
palabra de Dios, para saciar verdaderamen-
te al hombre…Se nos pide pues que demos
siempre a Jesús a quien lo necesite, para no
dar demasiado poco. Y no nos preocupemos
si no nos sentimos capacitados para esta
tarea: María es nuestro modelo y nuestra
ayuda. Recurramos pues a Ella, y segura-
mente no fallaremos en llevar a Jesús a los
demás.
P
ENSAMIENTOS
S
ENCILLOS
de
Pietro Squassabia
¿Qué nos puede decir hoy
un santo de ayer?
El domingo 25 de abril será proclamado
Beato el padre carmelita Ángelo Paoli
(1642-1720). Hoy, después de tantos años,
¿Qué sentido tiene
glorificar a este hom-
bre que vivió hace
tanto tiempo?
¿Lleva
realmente su historia,
mostrada con la beati-
ficación, un mensaje
aún valido para la
Iglesia y el Carmelo,
entrados ya en el tercer
milenio? Con seguri-
dad, diremos que lo
que permanece de la vida y el ejemplo del
padre Ángelo Paoli es su servicio caritativo
basado en la contemplación del misterio de
Dios, amado y adorado sobretodo en la
Santa Eucaristía.
El Papa Benedicto XVI nos dice: “Los
santos alcanzaron su capacidad de amar al
prójimo, de manera siempre nueva, a través
del encuentro eucarístico con el Señor y de
manera reciproca, este encuentro ha adqui-
rido su realismo y su profundidad precisa-
mente en el servicio al prójimo.”
(Deus
Caritas est, nº 18). El padre Ángelo ha vivi-
do con verdad tangible su relación con Dios
permaneciendo unido a El en sus largas
horas de oración y siendo manifestación en
la historia de la presencia del amor de Dios.
El amor intenso hacia la persona de Cristo y
su Cruz, ha plasmado el recorrido de su vida
y ha sido para él una experiencia de unión de
pensamiento, de sentimiento y de voluntad
con el misterio divino, hasta el punto de lle-
gar a ver a los hombres y al mundo con los
ojos de Dios, y amar a los demás en Dios y
con Dios.
La beatificación del padre Ángelo llega
tras muchos años de espera y el Señor en su
Providencia, parece que quiera ofrecerla en
un tiempo especial. ¿Sera tal vez casualidad
que ésta se ofrezca a la Iglesia y al Carmelo
precisamente en el año que el Pontífice quie-
re dedicar al sacerdocio? En este Año
Sacerdotal, la beatificación del padre Ángelo
es de verdad una ocasión muy propicia para
despertar en todos los sacerdotes el amor por
la Eucaristía, por la Bienaventurada Virgen
María y por el servicio creativo de la caridad.
La hilaridad y el humorismo estuvieron
presentes en muchos momentos de su vida.
Con expresiones chistosas y simpáticas solía
encarar los momentos de dificultad, aceptan-
do también palabras duras que sonaban a
ataques, cuando no a insultos. Muchos casos
y anécdotas de su vida nos revelan la delica-
deza de ánimo de este hombre que, contem-
plando la Belleza de Dios, ha obrado para
devolver belleza a muchos de su entorno,
que eligieron, contagiados por su ejemplo,
colaborar con él como voluntarios en su
mismo servicio, o dejándose evangelizar en
la propia experiencia de enfermedad y de
pobreza.
La Iglesia se pregunta constantemente
cómo crecer en su comunión interna y como
crear lazos de unión entre presbíteros y lai-
cos que enseñen sobre la responsabilidad de
la evangelización. Padre Ángelo, que se reu-
nía tanto con gente de alta sociedad como
con simples artesanos, que responsabilizaba
a muchos y sabia sugerir a cada uno su per-
sonal manera de crecer en el amor, nos invi-
ta a todos nosotros, hermanos y hermanas de
hoy día, a que inventemos juntos maneras
nuevas y caminos para poder cuidar de los
pobres de nuestra sociedad y de los enfer-
mos, sobretodo de los que según Benedicto
XVI, sufren de aridez de alma.
Dios, a través de esta glorificación que
sucede en nuestros tiempos y no en el pasa-
do, a través de este sacerdote que ha vivido
su madurez humana y espiritual en Roma, es
probable que quiera decirle algo a la Iglesia
que hoy día vive en Roma, y a sus presbíte-
ros en particular.
Padre Giuseppe Midili, carmeli
San José, el más santo de los santos
Podemos decir, sin temor y sin ninguna
duda, que San José es el más santo entre los
santos y que, sin ser dogma de fe, con
mucha probabilidad, está ya con Jesús y con
María en cuerpo y alma en el Cielo. Los tres
corazones que estaban unidos en la tierra,
estarán ya para siempre reunidos en el Cielo.
Y es por esto que la intercesión de San José,
como padre de Jesús y esposo de María, es
tan poderosa. Nadie los amó como él, nadie
se ocupó de ellos con tanto empeño. José es
el hombre fiel, siempre dispuesto a la volun-
tad de Dios. Por esto, su vida es el centro de
la historia del mundo y de la salvación de la
humanidad. Sentir devoción por él, es algo
más que una simple opción.
Padre Ángel Peña
3
Eco 209
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Reflejos de luz
desde la
tierra
de
Maria
de Stefania Consoli
Resaltar
los
sucesos
Es normal cuando se vive lejos, querer
saber noticias de tu propia casa. De este
modo participamos, aunque a distancia, de
los acontecimientos de la familia, de los
amigos… Es un poco lo que les sucede a los
que vuelven a sus respectivos países, tras
haber visitado Medjugorje: esperan hallar
siempre en algún sitio noticias de los últi-
mos sucesos, que los hagan sentir más cer-
canos a ese lugar.
Durante largo tiempo hemos seguido
contando, con pequeños paréntesis, aconte-
cimientos, resúmenes de visitas importan-
tes, y simples sucesos del lugar…Pero, nos
preguntamos hoy día: ¿Tiene eso sentido
todavía? Pudiendo en internet hallar noticias
en vivo, en tiempo real, - si las escribiéra-
mos serian ya agua pasada – nos hemos
también preguntado si no debiéramos cam-
biar esa aproximación hacia esa realidad
que a muchos nos ha tocado en lo profundo
de nuestra vida.
A diario, los medios de comunicación
nos “bombardean” con informaciones de
todo tipo y muy a menudo los hechos son
contados de manera mediocre, en algunos
casos como cotilleos; de esta manera se
sacia solo una banal curiosidad que se ali-
menta de sensacionalismo y nos acostum-
bramos a leer con superficialidad nuestro
tiempo. Podemos pues comprender mejor, a
la luz de esto, que no necesitamos saber esas
“cosillas” que suceden en Medjugorje para
estar al día de todo, si no mas bien, y lo mas
importante, conocer lo que poco a poco
sucede en las almas que se dejan transfor-
mar por la gracia recibida en ese lugar y que
sigue obrando donde quiera que se encuen-
tren. Tendré pues noticias de Medjugorje si
sabré mirarme a mi mismo, en mi interior, si
sabré descubrir los frutos de un caminar que
se alimenta de las palabras de María, de su
presencia en mi jornada, de su ejemplo en
estos largos años de apariciones… De esta
manera la noticia de Medjugorje podré ser
yo mismo… Y si dejaré obrar libremente al
Señor y a su Madre, ¡Habrá novedades
todos los días!
Un proyecto
que supera
toda
expectativa
Nos acercamos poco a poco a un nuevo
aniversario de las apariciones; en junio se
cumplirán 30 años de la presencia de María
entre nosotros. Una historia larga… Hay
quien se pregunta a veces: ¿Cuánto va a
durar todavía? ¿Qué es lo que aún debe
suceder?
En el pasado, muchos episodios asom-
brosos han marcado la vida de Medjugorje y
de sus protagonistas: signos, eventos, testi-
monios clamorosos, y luego están los diez
secretos que aún permanecen ocultos por los
videntes… “Hijos míos, no olvidéis que
todos vosotros sois importantes en este gran
plan que Dios guía a través de Medjugorje.
Dios desea convertir el mundo entero y lla-
marlo a la salvación y al camino hacia El,
que es el principio y el fin de todo ser. De
manera especial, hijos míos, os invito a
todos desde la profundidad de mi corazón:
abriros a esa gran gracia que Dios os da a
través de mi presencia aquí…”,
nos decía
María el 25 de junio de 2007. Se trata pues
de un gran plan que no puede ser cerrado a
nuestras previsiones o expectativas. No
podemos seguir escrutando el horizonte
para anticipar los eventos, ni tampoco mirar
hacia atrás lamentándonos de lo que fue y
de lo que debía haber sido… según noso-
tros!
El plan de Dios no sólo es grande, es
grandísimo, porque se trata de la salvación
del mundo entero: no sólo de los hombres
sino de la entera creación y de cada ser vivo,
para que sea restablecido el bien para todos,
tal como lo fue al inicio de cada especie. No
perdamos tiempo entorno a nuestros peque-
ños proyectos, y sobre todo no rehuyamos
de nuestra responsabilidad en el éxito del
plan de Dios: todos somos importantes.
Tratemos pues de descubrir, en serio, que es
lo que debemos hacer y hagámoslo, hasta el
final.
El
AYUNO
nos ofrece
un
alimento mejor
Parece como si las plantas en los largos
meses de invierno no tengan ninguna nece-
sidad. Permanecen quietas, casi adormeci-
das en sus funciones vitales, y a quien aún
no las conoce demasiado, pueden parecerles
muertas. Sin embargo su vida es intensa,
palpitante, solo que está concentrada hacia
el interior para protegerse de la rigurosidad
invernal, pero también para prepararse a cre-
ar nueva vida, nuevos colores y aromas. Se
trata pues de un tiempo importante para
regenerarse y dar después lo mejor de sí
misma. De vez en cuando requieren un poco
de agua, tal vez un poco de abono, pero el
resto de los días… ¡Ayunan!
No es descabellado hablar del ayuno en
estos términos. La idea del ayuno está a
menudo sólo relacionada al concepto de la
penitencia, del sacrificio, de la expiación:
“Convertíos a mí con todo vuestro corazón,
con ayuno, lloro y lamento. Rasgad vuestro
corazón, y no vuestros vestidos, y convertí-
os a Jehová, vuestro Dios; porque misericor-
dioso es y clemente, tardo para la ira y gran-
de en misericordia, y que se duele del casti-
go” (Joel 2, 12-13), es lo que oímos leer el
primer día de Cuaresma en las iglesias. Pero
debemos hacer experiencia personal de esta
práctica para comprender que el ayuno del
cristiano tiene un valor totalmente distinto.
Volvamos a nuestras plantas, para descu-
brir que el tiempo de su ayuno de alimentos
– incluso de los esenciales – no sólo no les
causa muerte, sino que las refuerza de tal
manera que en primavera la floración es más
abundante y generosa. El periodo de su ayu-
no
representa un vacío, pero vislumbrando
luego un lleno, una ausencia que anticipa
una presencia…
Mi alimento es hacer la voluntad del Padre
El ejemplo más brillante de ayuno, vivi-
do como preparación a una acción más
intensa, nos lo da Jesús mismo, cuando
antes de iniciar su ministerio público, se
retira al desierto durante cuarenta días, sin
comer alimento alguno. En el silencio, en
oración, ha tenido así ocasión de crear en sí,
el espacio para el encuentro con el Padre y
escuchar bien su voluntad, para luego anun-
ciarla al pueblo. Este es el verdadero senti-
do del ayuno, ese ayuno al que estamos
todos llamados: a hacer espacio dentro de
nosotros para encontrarle con mayor liber-
tad, comprender su pensamiento y traducir-
lo en vida.
El libro de los Hechos de las Apóstoles
narra que los creyentes ayunaban antes de
tomar decisiones importantes (Hechos 13,4;
14,23), lo cual nos da a entender cómo la
intención del ayuno es apartar nuestra mira-
da de las cosas de este mundo, para en cam-
bio, concentrarnos en Dios.
Maria…¿Una madre que deja en ayunas
a sus hijos?
Sabemos bien que en Medjugorje la
Virgen nos presenta el ayuno como uno de
los cinco pilares de su llamada. Un pilar
sobre el que apoyar el edificio de nuestra
vida espiritual. Pero, ¡Cuidado!, Se trata
sólo de un pilar de sujeción, ¡No representa
en sí la vida con Dios que debemos buscar!
Sería demasiado poco detenernos en ese
medio que nos ayuda a encontrar al Señor,
¡Para luego no entrar en comunión con El!
No nos engañemos. No nos conformemos
con las prácticas religiosas, sin llegar a
penetrar en el misterio de Dios que se nos
ofrece continuamente. En el fondo, es sólo
un modo de hacer callar nuestra conciencia
y que ilusiona nuestro ego, haciéndonos cre-
er que estamos bien sólo porque hemos
cumplido con los rituales previstos por
nuestro credo religioso. Si este es nuestro
caso personal, entonces significa que nos
alimentamos todavía con la levadura de los
fariseos…
Comiendo con los santos
El ayuno que han vivido los santos
durante siglos y el que hoy día María nos
pide, son radicalmente distintos. El ayuno
que nos pide María es una poderosa arma
espiritual que nos ayuda a distanciarnos de
la dependencia de todo bien, por muy nece-
sarios que estos sean. Si llenamos nuestros
vacios interiores con comidas y bebidas que
estimulan nuestro apetito continuamente; si
nos llenamos la cabeza de imágenes, soni-
dos y retransmisiones televisadas y de todo
tipo de distracciones para así rehuir de ese
“desierto interior” tan necesario, de esas
4
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T
ODAS LAS
M
UJERES SON
M
ADRES
,
Todas las mujeres son madres,
Porque dan vida al ser humano,
Que sin su maternidad,
Sería inhumano.
Ellas dan vida a la humanidad
Con su propio amor,
su propia belleza y ternura,
y lo alimentan con generosidad y bondad.
Sin la mujer-madre
El mundo estaría más desierto
que el desierto
Y más frio que el hielo.
Dios escogió a la madre
como directa colaboradora
y con ella continuó la creación
del hombre y del mundo.
Cuando el hombre, con su pecado,
rompió su vinculo con Dios
escogió a ella como colaboradora
para su salvación (Gen 3, 15).
Sin la madre, el mundo
Sería imperfecto
Y el hombre hubiera permanecido polvo
o a él hubiera vuelto innoblemente
La mujer nos sacó del Edén,
la Madre nos llevó de nuevo a él.
En su seno
Nos llevó hacia Dios
Y, como a un Padre,
a El nos entregó con un beso.
La Madre es nuestro destino.
En nosotros y con nosotros
No hay nada que no sea suyo.
Murió cuando ya nos donó todo,
cuando no tenía ya más para darnos.
Ya antes de morir
Murió a si misma
Para poder vivir en nosotros,
con nosotros y por nosotros.
(de: La madre – L. Rupcic)
Tengo miedo de decir que sí
“¡Tengo miedo de decir que si, Oh
Señor! ¿A dónde quieres llevarme? Tengo
miedo de aventurarme, tengo miedo de fir-
mar en blanco, tengo miedo del sí que
reclama luego mas sí…..Pero Tu, Oh
Señor, me dices: “Necesito de tu sí, así
como necesité del sí de María para venir a
la tierra, porque debo estar en tu trabajo,
debo estar en tu familia, debo estar en tu
barrio. Necesito de tu sí para estar contigo
y bajar a la tierra. ¡Necesito de tu sí para
seguir salvando al mundo! Oh Señor,tengo
miedo de tu exigencia, pero ¿Quién puede
resistirte? Para que venga tu reino y no el
mío, para que se haga tu voluntad y no la
mía, dame la fuerza de responderte con un
gozoso a tu llamada, a tu proyecto de
vida sobre mi…”
(Michel Quoist)
tranquilas noches que necesitamos para la
purificación y el reforzamiento de nuestro
espíritu; si nos ceñimos a dialogar de cosas
superficiales con alguien que nos hace com-
pañía, con tal de no estar solos... si nos ocu-
rre todo esto, ¡Significa que debemos
comenzar seriamente a ayunar! Sólo de esta
manera podremos retomar el dominio de
nosotros mismos sobre las pasiones, que aún
haciéndonos felices, nos atan a sí mismas
como droga invisible. Nos percatamos de
esto cuando comenzamos a privarnos de
ellas, cuando resistimos a su llamada per-
suasiva, cuando sentimos los retortijones del
hambre, de la sed, de la necesidad…
Ayunando pues, podremos ponerle barrera
al mal, ese mal que anida en nuestro corazón
a través del pecado, que a menudo es una
forma de glotonería.
Una ventana abierta sobre el alma
Hay otra imagen que nos ayuda a cono-
cer mejor el ayuno. Imaginémonos una ven-
tana abierta sobre nuestra alma: hace pene-
trar la luz del exterior y nosotros podemos
notar ese polvo que se ha depositado, y que
antes no conseguíamos ver, como sucede
con los objetos de una habitación en la que
de improviso dejamos que entre el sol. De
este modo, un estilo de vida más sobrio,
menos sujeto a las diversas llamadas exter-
nas que captan nuestra atención, nos abrirá
interiormente y eso nos permitirá ver el
Misterio que vive en nosotros, en lo más
profundo de nuestro ser, y que es la verdade-
ra Luz que nos muestra las cosas en su ver-
dad. Si dejamos que se creen estratos en
nuestro interior, se acumularán con el tiem-
po y se endurecerán, impidiéndonos percibir
a Dios con claridad, sus impulsos, y sus
deseos para nuestra vida. De este modo la
imagen divina impresa en nuestra alma no
podrá nunca emerger y mostrar esa identi-
dad que nos hace únicos ante Dios y origi-
nales, sin tener que depender de estereotipos
externos que complacen sólo a nuestra nece-
sidad de seguridad.
Prisioneros de lo invisible
¿Nos hemos preguntado alguna vez por-
que hay hoy día tantas personas con sobrepe-
so, y entre ellos, tantos niños? Tal vez porque
el mundo no ofrece ya a Dios como alimen-
to indispensable, completo, capaz de soste-
ner nuestro caminar en la vida y donar ale-
gría y gusto al corazón. Es sensato pues, que
acojamos el ayuno como un bien valioso que
nos pone de nuevo en contacto con el templo
interior de nuestra alma, para luego donarla
a Dios, en la certeza de que El usará ese
espacio de la mejor manera: llenándonos de
Si mismo, transmitiéndonos sus bienes a tra-
vés de canales más puros, mas despejados y
dispuestos a dejarse invadir por El. De este
modo, podremos comprender que es Dios
quien nos da vida y que no debemos proveer
nosotros mismos, con nuestra avidez, llenan-
do nuestros cuerpos con provisiones y
“reservas” innecesarias. Restableceremos así
la correcta relación de dependencia del Padre
y podremos apreciar mejor cada don que
nuestra costumbre, generalmente, nos pre-
senta como un derecho.
Más fuerte que un ejército
Muchas veces, María nos lo ha repetido:
con la oración y el ayuno podemos detener
incluso las guerras. Es verdad. Tal vez deba-
mos empezar a creerlo…Sin embargo sólo
será posible si nuestra alma pasa a ser ese
punto en el universo en el que se detienen
los conflictos entre las tendencias opuestas
del espíritu y de la carne y todo se pacifica,
mientras se restablece la armonía prevista en
el principio de la creación.
¡Para mi,
Medjugorje es mi casa!
Para mi, Medjugorje… Ante todo ha sido
el lugar de mi despertar espiritual a través de
un encuentro extraordinario con Jesús, a tra-
vés de la fe. Hablo de encuentro extraordina-
rio, porque he experimentado profundamen-
te no sólo la sensible presencia de Cristo en
mi corazón, como hermosa penetración del
Amor purísimo, incandescente espiritual-
mente y humanamente desconcertante que
lleva a descubrirte como creatura amada por
Dios, sino también la certeza de una llamada
nueva y sorprendente para mi, casada y
madre de tres hijos; para mí, comprometida
como voluntaria en un hospital; para mí, que
iba con prisas a todos los lados; para mí, que
era muy activa, para mí, que vivía muy segu-
ra…¡De mi misma!
De repente me encontré sola, con mi
espíritu sumergido en la tiniebla, enorme-
mente asustada y sin ningún tipo de seguri-
dad; presa de temores angustiosos, llena de
dudas y de pensamientos terribles…En todo
este desierto interior solo comprendía una
cosa: que Dios me estaba ofreciendo su amor
y su bendición, que en mi desierto espiritual
Jesús estaba libre y me daba su palabra de
misericordia que me sugería permanecer
tranquila en la prueba porque Dios estaba
tocando interiormente mi corazón, mi espíri-
tu, para sanarme y enseñarme a orar con fe.
Sí, éste fue el regalo tan grande que recibí: la
gracia de una oración profunda que me ayu-
da a permanecer silenciosa mientras rezo en
lo secreto
de mi alma. Humanamente, me
siento incapaz de expresar algo bueno, pero
permaneciendo sumergida en mi silencio
interior siento que de mi corazón sale amor
para todos y se convierte en adoración...
En Medjugorje encontré de verdad a
Dios y desde ese momento mi vida ha cam-
biado. He aprendido a ser más dócil murien-
do cada día a mí misma, perdonando a quien
me hace daño, ofreciendo mi vida a Dios,
pidiendo por los que sufren y por los pobres,
por los humillados y despreciados… agrade-
ciendo todos los días al Señor por su amor
infinito. Mi vida ha cambiado profundamen-
te, ¡Pero sólo tras permitir a Dios que me
sanara!
En Medjugorje, he vivido – y cada vez
que vuelvo lo revivo – ese pasaje espiritual
que llamamos simplemente Pascua: el dis-
tanciamiento de las tinieblas por medio de la
Luz divina, una puerta secreta por descubrir
a través de la fe. Y es precisamente esta
puerta la que se ha abierto a mi mirada inte-
rior, tras haber pedido en secreto a Dios que
acogiera mi deseo de ofrecerLe mi vida sin
reserva alguna, aún en mi debilidad humana,
para llegar al sacrificio de amor por Jesús.
En Medjugorje he encontrado el Amor
divino en el estado más puro; ¡En ningún
otro lugar he respirado espiritualmente tanta
paz! He visitado muchos santuarios pero
sólo en Medjugorje he sentido de manera
clara la presencia viva de Jesús como amigo
fiel, cercano a los hombres y a sus sufri-
mientos. Es una verdadera fuerza de amor
muy especial…
En mi jornada cotidiana no me faltan las
pruebas, los disgustos, las preocupaciones,
pero vivo confortada por la oración y por la
certeza de que el Señor acoge mi “pequeño”
ofrecimiento… ¡Como si fuera un gran rega-
lo de amor hacia El! Sólo amando a Dios
5
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Sin demora
Cuando nos sentimos llamados por el
Señor, cuando experimentamos su presen-
cia, no podemos evitar seguirle y hacer lo
que nos pide, sin demora.
Demorarse significa estar dividido ante
dos llamadas: la que está anclada en la vida
cotidiana, en nuestros apegos, en nuestros
afectos, en nuestros proyectos y esa otra de
mayor respiro, que nos pide que vayamos
mas allá de todo esto.
Entonces, empezamos a calcular si nos
conviene retrasar nuestra respuesta al Señor
por miedo a lo desconocido o seguirle de
inmediato, sin demora.
Los pastores, al oír el anuncio del ángel,
se sintieron tan profundamente llamados en
alma y cuerpo que no se detuvieron a sope-
sar si valía o no la pena de alejarse de la gru-
ta en la que estaban descansando y correr el
riesgo de dejar sin custodia su rebaño, y “sin
demora acudieron al encuentro y hallaron a
María, a José y al Niño”.
Sin demora…Los pastores pues, partie-
ron, hallaron al Niño y luego contaron lo
que habían visto, provocando estupor en
todo aquel que los escuchaba; todo esto les
llenó tanto de alegría que “regresaron glori-
ficando y alabando a Dios”. También José
respondió con prontitud a la exhortación del
ángel que, apareciéndosele en sueños, lo
invitaba a “no temas en tomar a María como
tu esposa, porque…” Humanamente hablan-
do, debió ser muy difícil para él creer en un
evento tan extraordinario e inaudito, como
el que protagonizó María, una concepción
por obra del Espíritu Santo…pero José se
fió y partió sin demora hacia lo desconoci-
do. Si ante la invitación celestial nos para-
mos a reflexionar, a ponderar, nuestro cora-
zón estará siempre dividido y no podremos
hallar gozo y plenitud de vida.
También nosotros hemos recibido una
llamada en Medjugorje: algunos han res-
pondido, otros, tras un primer momento de
entusiasmo, se han dejado absorber por la
cotidianidad de la vida con todos sus afanes,
por la mentalidad del mundo que los rodea,
por las dudas, por las incertidumbres y han
tomado el camino de la tristeza, de la oscu-
ridad (conozco a muchos), mientras que
otros tantos han acogido sin reservas la invi-
tación de María, abandonándose a Ella, fián-
dose de Ella.
Han elegido el camino que desde el ini-
cio es más dificultoso, afrontando todas esas
incomprensiones y sufrimientos que siem-
pre se sufren cuando no se sigue la mentali-
dad del mundo, pero luego han recibido y
reciben gracia tras gracia, sobre todo la de la
paz, la del amor incondicional hacia los
demás, y la del gozo que no se apaga ni con
el dolor.
Sin demora… No se puede servir a dos
señores, a Dios y al dinero. Cuando vivimos
en comunión con Dios el corazón automáti-
camente se dilata participando en el dolor
del mundo, sufriendo por los errores de
quien nos ama y de quien no nos ama y sen-
timos que en nuestro corazón nace el
deseo de ofrecer nuestra vida por aque-
llos que están en el error,
para que también
ellos, sin demora, abandonen el camino del
error y tomen el del amor. Sin detenerse a
hacer cálculos, y… sin demora.
Cecilia Appugliese
podremos ser Iglesia; sólo amando gratuita-
mente se entra en comunión verdadera con
el Señor y con los hermanos. ¡Pero debemos
permanecer en una escucha profunda para
poder servir a los hermanos según Dios y no
según mi! Precisamente en Medjugorje he
comprendido que el verdadero bien es fruto
de la voluntad divina y no de la voluntad del
hombre; por esto debemos despojarnos de
todo, hacernos pobres de todo lo que nos
esclaviza y ser obedientes a Dios, olvidán-
donos de nosotros mismos y de nuestras
razones. Nos bastará con un poco de sinceri-
dad ante El, y El nos cubrirá de gracias y
bendiciones…
Vuelvo a menudo a Medjugorje porque
allí me siento como en casa y me siento
miembro vivo del Cuerpo místico, de la
Iglesia universal, completamente unida a
Cristo por medio del Espíritu Santo. Es un
gran misterio lo que acontece en
Medjugorje: no hay nada bello que visitar,
es más, a veces parecen incluso faltar sim-
ples comodidades a las que estamos acos-
tumbrados; un lugar privo de atractivos y en
el que se sufre mucho el calor durante el
verano y el frio en invierno…
El misterio de gracia que se vive en
Medjugorje viene de lo Alto y ¡Sólo se com-
prende en la medida en que abramos nuestro
corazón a Dios! Es justo en ese momento
cuando Medjugorje es el “lugar más bello
del mundo”, es un lugar “lleno de todo”, un
lugar inolvidable. Si te dejas conquistar por
el misterio divino presente en Medjugorje,
ese lugar será como tu casa, será para ti
reposo, será para ti Madre. ¡Pero es un mis-
terio que se puede comprender sólo en la fe!
Grazia, de Milán
Cuando pensamos en Maria, madre de
Dios, Dios se hace concreto, se hace vivo,
presente entre nosotros e increiblemente
familiar y accesible. A través de esta
mujer, la encarnación de Dios, la Cruz, el
perdón de los pecados, la esperanza de la
Vida eterna, tuya y mia, todo se hace plau-
sible y deseable. Sin Ella, el cristianismo
se vuelve vago, teórico, hipotético, inodo-
ro, moralizador, y puede ser inverosimil,
en todo caso, poco amable.
La Virgen está toda en Dios por elección
y por gracia, se hace toda nuestra por su
naturaleza y por su raza, por su inaliena-
ble perfume de hija nuestra que es.
R.P. Bruckberger
Pequeños grandes milagros
Muchas veces las cosas llegan a su fin,
no se sabe porque, pero terminan. Nos enfa-
damos y solemos enrabietarnos con todo y
con todos; pensamos que siempre es culpa
de los demás o de los eventos inesperados:
“Si no hubiese pasado aquello….si esa per-
sona no se hubiera entrometido…..todo
hubiera ido sobre raíles”, pensamos noso-
tros. Pero desgraciadamente no es así.
Una cosa, sin embargo, es cierta: el
demonio actúa insinuándose en nuestras
vidas y en nuestras familias para dividirlas y
llevarlas a la ruina. Y si le dejamos que
domine, la luz no podrá entrar. Sin embargo,
basta con que miremos a nuestro alrededor
para darnos cuenta de que, si bien pequeña,
siempre hay una rendija por la que pasa aire
limpio y algo de luz.
Debo contarles una breve historia que
conlleva un gran milagro. La familia de una
amiga mía, desde hace dos años se ha lite-
ralmente deshecho. No había motivo apa-
rente, o mejor, había muchos como suele
ocurrir en todas las situaciones de este tipo,
pero no había una vía de salida, una solu-
ción; solo había una rendija de aire puro: la
oración. Y efectivamente sólo a través de la
oración, mi amiga pudo superar la desespe-
ración que se había adueñado de ella; a la
oración le confió la esperanza de reencon-
trarse con la luz y de reconstruir así algo que
parecía completamente destruido.
Por amor a su pequeño hijo, y para
sobrevivir, ha intentado con el tiempo man-
tener una relación, por lo menos, civilizada
con su ya ex –marido; así pudieron acompa-
ñar juntos a su hijo tras la separación, a una
fiesta de carnaval, que también yo presencié
junto con mi familia.
Normalmente suelo llevar en mi cuello
una cadenita con la Medalla Milagrosa (de
la Virgen María). Mi amiga me la vió y me
dijo que también ella tenía una, pero que la
había perdido. “¡Pero yo tengo otra!
Exclamé. “Le tengo mucha devoción porque
me la regaló un desconocido al salir del hos-
pital, donde di a luz a mi segundo hijo,
Luca…” Comprendí en seguida que en ese
momento le servía mucho más a ella. En el
fondo, esa medalla me llegó a través de un
ángel, precisamente con la finalidad de pro-
teger a mi familia. Entonces, con la misma
intención, ¡Se la regalé a mi amiga!
Los milagros no se hacen esperar. Esa
misma noche les propuse quedarse a cenar
en nuestra casa. Entre la sorpresa y los cum-
plidos, terminaron aceptando. Hemos cena-
do y charlado amigablemente mientras los
hijos jugaban. Ella tenía los ojos muy bri-
llantes y él una sonrisa que le marcaba el
rostro…..El pequeño Lorenzo estaba visi-
blemente contento y la mirada de ese niño
feliz, sintiéndose seguro al estar de nuevo
con papá y mamá, espero les hay dejado
huella…Tres días más tarde tuvimos otra
cena juntos, pero esta vez solos…
Dentro de un mes iremos juntos a
Medjugorje. Creo sin embargo, que con esto
no termina todo. Estoy segura de que María
hará aún más grande ese pequeño milagro
que nos trajo su Medalla, para que la felici-
dad de ese niño y de sus padres sea cada vez
más duradera y verdadera. Ayudadme a orar
por ellos; yo ya lo estoy haciendo.
Cinzia Vinchi
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Los lectores
escriben
Martine, desde Barcelonette
(Francia): Queridos amigos en Cristo, ¡Que
alegría recibir de nuevo el Eco! ¡Os aseguro
que el Eco es un don de Dios para todos
nosotros! Ánimo, no estáis solos, aunque
muchas hayan sido las trabas encontra-
das….¡Que nuestra oración sea apoyo para
todos vosotros!
Sor Marie Benoît y todas las herma-
nas de la Comunidad (Monasterio de las
Benedictinas de la adoración perpetua de
Craon, Francia):
Queridos amigos del Eco
de María, ¡Gracias por el envío de vuestro
periódico! Ha sido como la visita de un vie-
jo amigo que llevamos siempre en el cora-
zón…
Anne, desde Francia: ¡Gracias por el
maravilloso trabajo que estáis realizando!
Continuad con la publicación del Eco, que
trae mucho bien…
Marie Céline, desde Francia: mi agra-
decimiento por vuestra fidelidad. Recibo
desde hace mucho tiempo vuestro periódico
que distribuyo entre los de mi grupo de ora-
ción. Vuestra fidelidad me ha dado mucho
apoyo en mis dificultades. Gracias de nuevo
a todo el equipo de Eco, y que la Virgen os
cubra con su gracia.
Carla Benedetto, desde Mathi, Turín,
Italia: Como de costumbre, sigo distribu-
yendo el Eco de María en el pueblo donde
vivo, Mathi, a 30 kms de Turín. A través de
nuestro donativo, queremos expresar nuestra
gratitud y alegría por seguir recibiendo y
leyendo el Eco...
Anna Gambino, de Saronno, Italia:
Gracias de corazón por vuestro tan querido
Eco de María. Os adjunto mi habitual y
pequeño donativo. Que María os siga bendi-
ciendo y premiando por todo el bien que
hacéis….
Marta Vega, de Androgué, Argentina:
Os estamos muy agradecidos por el envío
bimestral del Eco, cuyo contenido nos per-
mite enriquecernos espiritualmente y per-
manecer en contacto con nuestra Madre del
Cielo a través de sus mensajes. Dios bendi-
ga a todos los que trabajan para difundir
todo lo que María nos dice con su infinito
amor.
El ruido como desahogo
“¡Parece como si las personas necesitaran
del ruido! Nos hemos hecho esclavos de los
sonidos… ¡El continuo aumento del ruido
ensordecedor es síntoma de una cultura que,
buscando huir de sí misma, a menudo se refu-
gia en la torpeza de una situación que le lleva
a olvidarse de los problemas de cada día!”.
Consideraciones muy apropiadas para
nosotros que vivimos en una sociedad meca-
nizada bajo todo punto de vista, en todos los
ambientes, pero sobretodo en las grandes
ciudades, en las metrópolis superpobladas
y,en ciertos aspectos, difícilmente habita-
bles. Y es precisamente el Arzobispo de la
gran Rio de Janeiro, Monseñor Tempesta,
quien las escribe en un comunicado difundi-
do por la Conferencia Nacional de los
Obispos de Brasil: “Hoy día vivimos en un
mundo rodeado de sonidos y ruidos, y esto
hace muy difícil experimentar el silencio.
Tenemos la tendencia de estar siempre escu-
chando uno o más aparatos electrónicos al
mismo tiempo, para no pensar demasiado en
la vida y estar así distraídos con las amargu-
ras cotidianas. Estamos empujados constan-
temente a la búsqueda incesante de dinero;
corremos siempre para acumular bienes y
más bienes y en esa búsqueda estamos
envueltos entre los ruidos de coches, faxes,
timbres, bocinas, radios, televisores, teléfo-
nos móviles, música ensordecedora, gritos y
agitaciones. El silencio es necesario para el
equilibrio personal, y sobre todo para encon-
trar a Dios y a nosotros mismos”.
La necesidad del silencio es cualidad del
hombre, hace parte de su naturaleza mas
Íntima, allí donde se encuentra a sÍ mismo y
a Dios, “Trinidad que habita el silencio”. A
propósito de esto, el Arzobispo nos recuerda
que “también Jesús es muy claro hablando
de la necesidad de la oración interior, cuan-
do subraya la importancia del silencio para
que la figura del Padre pueda resplandecer
en nosotros, y por esto Jesús nos aconseja:
cerrar la puerta de la habitación, decir pocas
palabras, y permanecer en silencio en Su
presencia. Este “estar con el Padre” viene a
ser la oración de la tranquilidad, en la que
hay plenitud de gozo solo por el hecho de
estar ante nuestro Dios.
Nuestra vida necesita de este equilibrio
de silencio, que clama la paz… El silencio
cristiano está lleno de la Palabra de Dios e
ilumina nuestras vidas. Debiéramos darnos
cuenta de la importancia del silencio en la
oración y en la vida, una actitud que pro-
mueve la contemplación de las verdades
eternas y favorece la búsqueda del rostro de
Dios”.
No está aquí…
Los hombres pensaban que Dios fuera
inalcanzable, pero se engañaban. Dios estaba
muy cerca de sus creaturas, y para conven-
cerles de ello, Dios se hizo hombre entre los
hombres, hijo, hermano y amigo…Vivía en
Galilea, una región en los límites de la anti-
gua Palestina; encrucijada por naciones,
entre paganismo y licencias. Desde lo alto de
la santa Jerusalén solía hablarse de ello con
desdén, pero fue precisamente en esa tierra
donde Jesús quiso crecer, predicar y mostrar
el verdadero rostro del Padre….Se habían
habituado pues a un Dios lejano que ejercía
su propio señorío a través de un poder que
atemorizaba y El, en cambio, ha escogido
estar con nosotros; ha eliminado esa antigua
concepción, mostrando una soberanía hecha
sólo de amor. Precisamente en virtud de este
amor que superaba cualquier otro amor – por
estar capacitado para el sacrificio – abando-
nó Galilea y se encaminó subiendo hacia la
ciudad del Templo, que lo esperaba para con-
denarlo y crucificarlo. Más allá de las mura-
llas, para no mancharse…
Sus discípulos, obedientes, le acompaña-
ban, si bien con cierta perplejidad.
Intentaban ser fieles, a pesar de que la ten-
sión subía con celeridad entre juicios y dis-
putas; mientras que El, con serenidad,
seguía siendo soberano.
Después, varias despedidas en pocos
días, les cogieron por sorpresa, a contra-
pié…Ese extraño discurso del jueves de
Pascua, no lo comprendieron: “¿Qué es esto
que nos dice: Dentro de poco ya no me
verán, y poco después, me volverán a ver?
(Jn 16,17). Esto les confundía, como tam-
bién ese gesto de lavarles los pies. No pare-
cía que fuera ya el Maestro: parecía más
bien un siervo…
Algunas horas más tarde, en el silencio
de la noche, se alejó: “Permaneced aquí,
vigilad...”, mientras que Jesús, entre los oli-
vos dormidos sudaba sangre y bebía del
cáliz de la amargura. Luego, fue el amanecer
y un beso los que lo arrebataron. Más tarde,
en medio del gran susto, solo pudieron salir
huyendo.
“Todo se ha acabado… ¡Esta muerto!...
No, ¡Esperad!: No está aquí, porque ha resu-
citado!...Y vayan enseguida a decir a sus
discípulos: Ha resucitado de entre los muer-
tos, e irá antes que ustedes a Galilea; ¡Allí lo
verán!” (Mt 28, 6-7). ¡Cuántos eventos, y
cuantas sorpresas! Todo tan deprisa y tan
inesperado. Y al final, otro adiós más…
Una cita en Galilea….Pero, ¿Por qué
precisamente en ese lago, escenario de su
primer encuentro? ¿Por qué deseaba verlos
allí?
Escribe Eloi Leclerc (en Pascua en
Galilea): “Galilea era su pequeña Patria. Allí
abajo es donde todo se inició. El “choc” de
la resurrección, en el espíritu de los discípu-
los, podía llegar a arrancar a Jesús de nues-
tra humanidad, de nuestra historia, y proyec-
tarlo en un universo mítico, de magnitud fas-
cinante y a la vez espantosa.
Era necesario y urgente enlazar el even-
to de la resurrección a todo lo vivido antes
en Galilea, a los humildes paseos del
Maestro acompañado por sus discípulos.
Ellos debían de comprender que no había
ruptura entre el Jesús de la historia y el Jesús
de la Gloria. Y que el vencedor de la muerte
era precisamente ese hombre tan cercano,
tan maravillosamente humano que ellos
pudieron conocer y frecuentar. (…)
Jesús no renegó en absoluto de su huma-
nidad. Siempre fue ese hombre humilde y
cercano a sus discípulos. Vuelve hacia sus
hermanos con la misma sencillez y con la
misma dulzura. Y ellos lo hallan más vivo
que nunca y más verdadero que nunca en su
contexto familiar, a orillas del lago (Jn 21).
Y las llagas de sus manos, de sus pies y de
su costado son signo de nuestro destino de
debilidad y sufrimiento, de humillación y de
muerte. El Señor no rechazó ese destino. Lo
asumió en su propio corazón para llenarlo
de su luz (…).
Allí abajo, en Jerusalén, en la casa don-
de se escondían, temblorosos de miedo, la
resurrección del Señor podía parecerles sólo
un evento agobiante, desconcertante, en
contraposición con todo lo que habían vivi-
do con Jesús de Nazaret y,por tanto, sin sen-
tido alguno. El evento iba mucho más allá
de su capacidad de comprensión.
Pero en su Galilea, a orillas del Lago,
bajo ese cielo limpio y puro, se les ofrecía
ese reencuentro con el Maestro en su huma-
nidad. El evento no tenía ya mas ese aspec-
to espantoso. Sin perder nada de su grande-
za, parecía en sintonía con su sencillez. Dios
iluminaba de repente sus corazones, mos-
trándoles en la gloria del Resucitado, el sen-
tido de lo que habían vivido siguiendo a
Jesús de Nazaret. Ese hombre que los discí-
pulos conocieron y siguieron es el mismo
que el que se revela hoy como Señor de la
Gloria. Y aun siendo Señor, es también her-
mano en humanidad.”
S.C.
7
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Villanova M., 8 de marzo de 2010
Resp. Ing. Lanzani - Tip. DIPRO (Roncade TV)
Don Ángelo,
diez años de felicidad
en el cielo
Parece que fue ayer pero han pasado ya
diez años desde que DON ÁNGELO aban-
donó su cuerpo aquí en la tierra y se ha enca-
minado por los senderos que llevan al cora-
zón de la Santísima Trinidad, en el cielo. La
enfermedad lo había mermado desde hacía
tiempo, reduciendo sus músculos y su movi-
lidad, hasta quitarle la respiración. Pero hasta
el final estaba presente, siempre atento para
cumplir lo que el Señor le había encomenda-
do en su última etapa terrenal: abandonarse
cada vez más a la voluntad de Dios, a su guía,
a su iniciativa, en todo los aspectos.
Fue un hombre de estilo de vida sobrio,
disciplinado, tanto en la fe como en lo
cotidiano; un hombre acostumbra-
do a la renuncia y al sacrificio,
capaz de auto-controlarse y de
guiar a los demás con autori-
dad. Sin embargo, en sus últi-
mos meses de vida supo cam-
biar esta actitud un tanto rigu-
rosa por una total docilidad,
para dejarse plasmar sin la
menor resistencia, porque se
fiaba, conocía a ese Dios que lo
llamaba a sí y que deseaba perfec-
cionarle antes de su pasaje definitivo.
Quien lo conocía bien experimentó
su bondad, su generosidad, la total dedica-
ción hacia los demás y a la misión que el
Señor le había encomendado: la parroquia
de Villanova Maiardina (Mántua, Italia) y el
Eco de María. En la sencillez de una casa
parroquial rural, rodeado de personas senci-
llas, sin pretensiones, a veces necesitadas,
Don Ángelo transmitía vida a sus creaturas
sin exhibicionismo, con humildad, si bien
quedaba claro a todos que era él quien lleva-
ba el timón y que se debían respetar ciertas
normas…
Era un poco huraño y sin embargo, tierno
como sólo un buen padre puede ser. Nuestro
Pietro Squassabia, desde muy joven alumno
de la “escuela” de don Ángelo y que estuvo
junto a él hasta su último respiro, nos recuer-
da: “Una de sus distracciones preferidas de
niño era descubrir nidos de pajaritos entre la
tupida arboleda de su jardín. También siendo
adulto sentía esta pasión: “¡Mira!, Este es un
nido de ruiseñor”, decía,”… y aquel otro es
de un mirlo; este en cambio no lo sé, tal vez
sea de un pinzón”.
De adulto, pocas eran las
cosas que podían estorbar su oración, tal vez
ninguna: a veces hacía una breve pausa,
durante la oración, para escuchar al ruiseñor
que cantaba desde las ramas próximas a la
casa parroquial.
Su búsqueda por lo auténtico y verdade-
ro lo llevó a comprender la importancia de la
oración y de manera especial, la que se dice
ante el Santísimo Sacramento, como prolon-
gación o anticipación de la celebración
Eucarística. Ante Jesús expuesto solía pasar
largas horas: nos decía a nosotros jóvenes
que pusiéramos nuestro corazón junto al de
Jesús, y que esperáramos junto a El. Recibía
de esta oración una fuerza que transformaba
su ser y difundía luz a los de su alrededor”.
Su amor por María era grandísimo.
Sobre todo desde que peregrinó a
Medjugorje por primera vez en 1984, los
Mensajes de la Virgen fueron auténticos
faros de luz para sus pasos y para los que
seguían su camino. Gracias a la petición
recibida de comentar para “los suyos”
dichos mensajes, cobró vida – y con el tiem-
po, cuerpo cada vez mas formado – el
pequeño Eco de Medjugorje: al principio un
simple folleto ciclostilado y más tarde, el
boletín que hoy día conocemos... Decir que
la mano providencial de María lo ha guiado
en todo, es demasiado poco. Don Ángelo
puso toda su inteligencia, su disponibilidad
incondicional, su sabiduría y su tiempo;
pero era María quien hacia el resto…
Imagino que habrá sido Ella misma la que el
3 de marzo de 2000 lo fue a buscar al lecho
de su enfermedad para llevarlo a Jesús, tras
más de cincuenta años de sacerdocio, a ima-
gen de Cristo.
Sigue luego Pietro, recordándonos esos
momentos: “Los últimos tres años de su vida
fueron los más fecundos de su vida terrenal,
porque al comenzar a fallarle sus
fuerzas sobre las que una perso-
na activa y dinámica como
Don Ángelo había confiado,
su ánimo se iba purifican-
do cada vez más y presta-
ba más atención a las rea-
lidades del cielo. La
enfermedad realizó en
él la obra más grande.
En lugar de volverlo taci-
turno y apagado, lo había
transformado en una perso-
na cada vez más serena: los
últimos días, cuando la enfer-
medad le privó ya de toda fuerza,
incluso del habla, fueron los más ricos y lle-
nos de enseñanzas para nosotros que le
seguíamos… Estaba muy cercano a las rea-
lidades celestiales. Oía a los santos que le
llamaban continuamente, y esto era lo que
nos decía: “Creo que no volveré ya mas a
Villanova porque oigo a los santos que me
llaman desde allí arriba, me llaman para
que vaya hacia ellos”.
A su enfermedad no
la consideraba como desgracia sino como un
plan providencial y se lo repetía continua-
mente a todo el que le visitaba: “Vosotros
me preguntáis como estoy, pero no es impor-
tante como yo me encuentre. Hago todo lo
que los médicos me dicen, pero no buscando
la sanación, porque es Dios quien quiere mi
enfermedad, porque Dios llama a algunas
personas a que estén más cerca de Él y a
participar en el sufrimiento de la cruz por la
salvación del mundo”.
¡Enhorabuena, Don Ángelo! Es muy
bello, tras diez años de tu partida de aquí,
poder desearte una plenitud de vida siempre
mas verdadera, luminosa y gozosa en Aquel
que te ha creado y que a través de ti ha podi-
do transmitirse a tantas personas de este
mundo, que hoy, leyendo el Eco, te recuer-
dan con agradecimiento y te bendicen.
Stefania Consoli para la redacción,
junto al Equipo de “Eco de María”
Solo por amor
Solo por amor podemos darlo todo, sin
esperar nada a cambio. Solo por amor la
semilla muere sin saber si dará fruto. Solo
por amor se puede concebir el sacrificio
como acto posible, razonable y rico de sen-
tido, aún cuando no vislumbremos, ni de
lejos, la promesa.
Un fracaso, una inversión de éxito
incierto, una firma en blanco… Ésta debiera
ser la actitud constante del cristiano que
siente la llamada de Dios a donarse a Él sin
reservas, para ser un sí ante la voluntad divi-
na que nos llama y que a menudo permane-
ce escondida en el misterio, para luego reve-
larse paso a paso mientras caminamos.
Solo por amor podemos sostener el peso
del sacrificio que requiere nuestra renuncia a
los bienes y no al Bien; nuestra mortifica-
ción y no la muerte; nuestra disposición a
vivir en pérdida y no como perdedores; por-
que en esta docilidad seremos espacio abier-
to a Dios, que luchará, en nosotros, contra el
Mal, y como siempre, saldrá victorioso.
Solo por amor, porque el Amor nos atrae
y nos enamora, nos invita a perder de vista
todo lo pasajero, sin esperar recuperarlo,
para entregarnos luego tesoros que no se
oxidan…
Solo por amor, porque no somos héroes:
es un camino que nos cuesta sangre, que
acumula lágrimas y que nos obliga a supli-
car…
Solo por amor; porque no hay lógica que
admita comparación alguna, porque se pier-
de la cabeza cuando la razón calla, y damos
la palabra solo a Él, al Amor.
S.C.
«Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.
Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha».
(Salmo 15)
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E-mail redacción: ecoredazione@infinito.it
Permanecer unidos a Ti
en la pobreza,
permanecer unidos a Ti
en la obediencia,
permanecer unidos a Ti
en la humildad.
Esto dará mucho fruto.
Permanecer unidos a Ti
en la incomprensión,
Permanecer unidos a Ti
En la persecución,
Permanecer unidos a Ti
En el fracaso,
Cuando no veamos ningún fruto
Eso dará mucho fruto.
anónimo
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