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Eco de Maria Reina de la Paz 204 (Marzo-Avril 2009)

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Mensaje del 25 de enero de 2009:
“¡Queridos hijos! También hoy los
invito a la oración. Que la oración sea
como la semilla que pondréis en mi
Corazón, y que yo entregaré a mi Hijo
Jesús por vosotros, por la salvación de
vuestras almas. Deseo, hijos míos, que
cada uno de vosotros se enamore de la
vida eterna, que es vuestro futuro, y que
todas las cosas terrenales os sean de ayuda
para que os acerquéis a Dios Creador Yo
estoy tanto tiempo con ustedes porque
están en el camino equivocado. Solamente
con mi ayuda, hijitos, podrán abrir los
ojos. Hay muchos que al vivir mis men-
sajes comprenden que están en el camino
de la santidad hacia la eternidad. ¡Gracias
por haber respondido a mi llamado!”
La oración:
una semilla en el corazón
de Maria
Dios Espíritu Santo ha comunicado a
Maria, su fiel Esposa,sus dones inefables.
La escogió como dispensadora de todo lo
que posee: de manera que Ella distribuye a
quien quiere, cuanto quiere, como quiere y
cuando quiere todos sus dones y sus gracias.
Ningún don del cielo es concedido a los
hombres sin antes pasar por sus virginales
manos. La voluntad de Dios es precisamente
que todo se nos done a través de Maria.
(Tratado de la verdadera devoción a Maria,
tesis 25).
Estas palabras de San Luis Maria de
Montfort comentan por sí solas el actual
mensaje de Maria, por lo menos, en lo que
se refiere a Su función en la salvación de la
humanidad. Que la oración sea como la
semilla que pondréis en mi Corazón, y
que yo entregaré a mi Hijo Jesús por
vosotros, por la salvación de vuestras
almas.
Nuestra oración, depositada en el
Corazón de Maria, es como una semilla que
dará fruto seguro, traerá la salvación de
nuestras almas,
porque será Ella quien la
entregue a Jesús y El no rechaza nada de lo
que recibe de Ella. Nuestra oración, sembra-
da en el Corazón Inmaculado de Maria, flo-
rece limpia y pura, y portanto, grata a Dios.
Deseo, hijos míos, que cada uno de
vosotros se enamore de la vida eterna, que
es vuestro futuro, y que todas las cosas ter-
renales os sean de ayuda para que os
acerquéis a Dios Creador.
La vida eterna es
la vida en Dios, es el don de la salvación con-
quistado para nosotros por Jesús, es el
conocimiento de Dios a través de Jesús y la
vida en El (cfr. Jn 17, 2-3). Ya en esta Tierra
podemos acoger algo de la vida en El, pregus-
tar una primicia de esa vida eterna que vivire-
mos en plenitud en el Paraíso, y esto nos per-
mitirá enamorarnos de la vida eterna que
es nuestro futuro
y nos hará mas fácil orien-
tar todo lo que pertenece a nuestra experien-
cia terrenal según el orden querido por Dios.
Así, todas las cosas terrenales podrán ser,
con la ayuda de Maria, una ayuda para
acercarnos a Dios Creador
, y no será ya
más ocasión de alejamiento de El, o incluso
causa de pecado;tocar, usar todas las cosas
para el bien comun, y no usarlas para
aprovechamiento personal o como instru-
mento de poder o predominio sobre otros
hombres.
Promover la vida y defenderla de toda
clase de vejación,de violencia y de muerte;
esto es acercarse a Dios Creador, es decir, a
Dios que crea y suscita la vida y no quiere la
muerte. Debemos utilizar todas las cosas
terrenales
para acercarnos a Dios: la alegría
como el dolor, la salud como la enfermedad,
las gracias como las pruebas, los éxitos como
los fracasos, el secuestro amoroso como la
aridez espiritual, etc. Yo estoy tanto tiempo
con vosotros porque estáis en el camino
equivocado.
Esta es la respuesta que debería
hacer callar incluso a algunos religiosos y
consagrados, y a todos los que se escandal-
izan por esta “larga presencia de Maria”, tan
“anómala” como para llegar a considerarla
no verdadera. Lejos de temer que esta gracia,
precisamente por su excepcionalidad, pueda
resultar ser la última posibilidad de arrepen-
timiento y salvación ofrecida por Dios al
mundo entero, éstos, en lugar de callar y
seguir la opinión de Gamaliel, ¡Se arriesgan
a hallarse combatiendo contra Dios! (At 5,
38-39). Solamente con mi ayuda, hijos
mios, podreis abrir los ojos.
Y Su ayuda es
también esta Presencia Suya que ya está dan-
do fruto: hay muchos que al vivir mis men-
sajes comprenden que están en el camino
de la santidad hacia la eternidad.
Quiera
Maria que quien esté ya en este camino cor-
recto, proceda seguro y que quien esté aún en
el equivocado, se arrepienta pronto para que
así todos lleven en la frente y en el corazón
Su sello de salvación.
Nuccio Quattrocchi
Mensaje del 25 de febrero de 2009:
“¡Queridos hijos! En este tiempo de
renuncia, oración y penitencia, los invito
de nuevo: vayan a confesar sus pecados
para que la gracia pueda abrir sus cora-
zones y permitan que ella los cambie.
Conviértanse, hijos mios, ábranse a Dios
y a su plan para cada uno de ustedes.
¡Gracias por haber respondido a mi lla-
mado!”
Tiempo de renuncia,
oración y penitencia
para abrirse a Dios
El mensaje de hoy, miércoles de Ceniza,
está en plena sintonía con el tiempo de
Cuaresma: cuarenta dias de renuncia,
oración y penitencia
con los que la Iglesia
cada año se une al Misterio de Jesús en el
desierto
(Catecismo de la Iglesia Católica,
tesis 540). Tiempo de Cuaresma: tiempo de
purificación, de discernimiento, de vuelta al
Padre. Tiempo de liberarse de todo aquello
que es obstáculo a la comunión con Dios y
con los hermanos; tiempo pues de reconcil-
iación, de mutuo perdón, de redescubrir el
amor en el Amor, de inmersión en la Voluntad
del Padre, que es Amor puro y misericor-
dioso. Tiempo de importantes elecciones que
requieren seriedad y esfuerzo pero que per-
miten ese nacimiento desde lo alto, necesario
para poder ver el reino de Dios, ese
nacimiento de agua y Espíritu necesario para
poder entrar en el reino de Dios
(Jn 3, 3-5).
No nos sirve parecer justos a los hombres por
fuera, si por dentro estamos llenos de
hipocresía e iniquidad
(Mt 23,28).
También hoy, como entonces, debemos
saber distinguir entre ficción y realidad, entre
parecer y ser; debemos escoger entre la
Verdad y la mentira, entre la Vida y la muerte,
entre Dios y satanás; y hoy en dia, aún vivien-
do en la era de la imagen, es más dificil saber
elegir correctamente. Pero Tu, ¡Oh Madre!
estás con nosotros, y no nos abandonas:
¡Queridos hijos! En este tiempo de renun-
cia, oración y penitencia, los invito de nue-
vo: vayan a confesar sus pecados para que
la gracia pueda abrir sus corazones, y per-
mitan que ella los cambie.
Tomemos en serio esta invitación; no es
nueva, es la misma invitación de siempre y
ésta es una razón de más para tomarla muy
seriamente: no se trata de una exhortación
ocasional sino de una solicitud existencial;
se trata de una elección que no atañe a la
vida por un periodo de tiempo, sino por todo
su tiempo y más todavia, por la eternidad. Es
una elección que no puede tomarse sólo con
nuestras fuerzas; es necesario alcanzar la
gracia divina que nos asegura el sacramento
de la Confesión. Pero ¡Cuidado!: la confe-
sión no es la lista de los pecados que se pre-
senta al sacerdote para luego retirar el ticket
del pago realizado; ¡No estamos en el super-
mercado, sino delante de Dios! Debemos
“El ayuno es el alma de la oración
y la misericordia es la vida del ayuno,
luego, el que ora, que ayune.
Quien ayune, tenga misericordia.
Quien en su peticion desea ser satisfecho,
satisfaga a quien le pide.
Quien quiera hallar abierto
a sí el corazon de Dios
que no cierre el suyo a quien le suplica”
(De los Discursos de San Pedro Crisólogo)
Marzo - Abril
de 2009
- Editado: por Eco di Maria, Via Cremona, 28 - 46100 Mantova (Italia)
A. 25, N° 3-4; Esd. a. p. art. 2, com. 20/c, leg. 662/96 filiale di MN - Autor. tribun. MN: 8.11.86, ccp 14124226
204
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acercarnos al confesor con el arrepentimien-
to, con el amor y el temor del hijo que
decide volver al Padre (Lc 15, 18-19).
Debemos exponernos al Amor del Padre,
abrir a El nuestro corazón, nuestra mente y
nuestra alma, entrar en Su Corazón para
alcanzar la Vida Nueva.
Tiempo de renuncia: renuncia a
satanás, a todo lo que proviene de el, a todo
lo que es fatuo, engañoso, inconsistente y
aparente; a todo lo que hiera al Amor, a todo
lo que crucifique al Amor.
Tiempo de oración: para respirar Su
Presencia, para apagar la sed de agua viva,
para renovar la esperanza, para amar al
Amor, para alabar, agradecer y bendecir a
Dios y ofrecerse a El en Cristo Jesús.
Tiempo de penitencia: para abrirse a la
misericordia de Dios, para reconocerse como
polvo del suelo y esperar el aliento que trans-
forma en ser viviente (Gen 2, 7) y partícipe
de la plenitud de Cristo, que es la cabeza de
todo principado y potestad
(Col 2, 10).
Convertirse, abrirse a Dios y a su plan
para cada uno de nosotros, para que cada
uno sea hijo único del Padre, en Su Hijo
Jesús y para que sea Dios en todas las cosas
(1 Cor 15,28).
N.Q.
L
A INVITACIÓN DEL
P
APA
EN ESTA
C
UARESMA
:
“El ayuno nos transforme
en tabernáculo viviente de Dios”
“Entonces, fue llevado Jesús por el Espíritu al
desierto para ser tentado por el diablo. Y habi-
endo ayunado cuarenta dias y cuarenta
noches, al fin tuvo hambre” (Mt 4, 1-2).
Ésta es la escena principal que se nos
presenta en este tiempo santo, tiempo
cuaresmal que precede ese gran e impor-
tante evento que es la Pascua; cuarenta lar-
gos dias que se nos ofrecen como tiempo de
gracia para entrenarnos junto a Jesús en esa
especie de “retiro”, similar al de los atletas
antes de una competicion deportiva impor-
tante, para la cual es básico estar en buena
forma y así, participar y ganar. En nuestro
caso, el desafío es contra la muerte, que será
derrotada en los dias de la Pasión, para
luego coronar la victoria con la gloriosa res-
urrección de Jesús, que este año festejare-
mos el 12 de abril.
Como de costumbre, el Santo Padre
ofrece a los cristianos un mensaje que les guie
en este “intenso entrenamiento espiritual que
prepara mejor a la Pascua y experimenta el
poder de Dios que derrota al mal, perdona
los pecados, devuelve la inocencia a los
pecadores y la alegria a los aflijidos. Disipa
el odio, dobla la dureza de los poderosos, y
promueve la concordia y la paz.”
E
L
S
ENTIDO DEL
A
YUNO
Este año, Benedicto XVI se para a
reflexionar sobre el valor y el sentido del
ayuno. Nosotros, que asistimos desde hace
años a la escuela de la Reina de la Paz
en
Medjugorje, hemos oído muchas veces la
invitación de la Madre: “¡Queridos hijos!
Hoy los invito a comenzar a ayunar con el
corazón. Hay muchas personas que ayunan
sólo porque todos los demás estan ayunan-
do... ¡Queridos hijos, ayunen y oren con el
corazón!” (Mens. 20 septiembre 1984).
Preguntémonos con sinceridad:
¿Somos capaces de responder a su llama-
da?
Muchos somos los que hemos comenza-
do con entusiasmo, pero luego por las mil
tentaciones cotidianas, nos hemos dejado
caer en la tibieza, justificando a veces esas
pequeñas concesiones a lo superfluo, que al
final han echado raices en nuestro corazón,
generando auténticas “junglas” de deseos y
pasiones, a menudo fuera de nuestro control.
Pero nosotros estamos llamados a la
libertad. Y entonces, podemos recomenzar
con renovado impulso. Para ello, la Iglesia
nos crea las condiciones favorables para
vivir nuestra renuncia en comunión con
todos los demás: “La unión hace la fuerza”,
dice un conocido refrán, pero en nuestro
caso se puede incluso decir “¡La comunión
te da la fuerza!”.
“Podemos preguntarnos que valor y que
sentido tiene para nosotros cristianos pri-
varnos de algo que en, si mismo, sería bueno
y útil para nuestro sustentamiento”, escribe
en el Mensaje el Santo Padre, “las Sagradas
Escrituras y toda la tradición cristiana
enseñan que el ayuno es de gran ayuda para
evitar el pecado y todo aquello a lo que éste
induce. Por esto, en la historia de la sal-
vación a menudo se nos invita a ayunar”.
He aqui pues nuestra primera ayuda a
nuestro propósito: no debemos ayunar porque
sea nociva la comida, nocivo es el pecado que
se asienta en nosotros, es más, es un auténti-
co veneno para todo nuestro ser. De hecho el
primer ayuno fue solicitado por Dios para
evitar el primer gran pecado, el pecado origi-
nal, cuando el Señor le pidió al hombre que se
abstuviera de consumir del fruto prohibido:
“...del arbol de la ciencia del bien y del mal
no comas, porque el dia que de él comiéres,
ciertamente morirás” (Gen 2,16-17).
En el Nuevo Testamento Jesús enfati-
za sobre la razón profunda del verdadero
ayuno, que nos hará comer de ese “ver-
dadero alimento” que es hacer la voluntad
del Padre (cfr Jn 4, 34). Por tanto, si Adán
desobedeció la orden del Señor “de no com-
er del fruto del arbol de la ciencia del bien y
del mal”, con el ayuno, el creyente desea
someterse humildemente a Dios, confiando
en su bondad y en su misericordia!”.
La fuerza del ayuno era ya conocida
por la primera comunidad cristiana, y
seguidamente también por los Padres de la
Iglesia, que la consideraban “capaz de fre-
nar el pecado, de reprimir la codicia del
“viejo Adán”, y abrir el camino a Dios en el
corazón del creyente”.
¿Y hoy en dia? “En una cultura marca-
da por la busqueda del bienestar material”,
escribe el Pontífice, “la práctica del ayuno
parece haber perdido un poco su valor espir-
itual y haber adquirido, sin embargo, el val-
or de una medida terapéutica para cuidar
nuestro cuerpo. Ayunar es ciertamente
bueno para nuestro bienestar físico, pero
para los creyentes es en primer lugar, una
terapia para sanarles de todo lo que les
impide conformarse a la voluntad de Dios.
Con el ayuno y la oración permitimos a El
venir a saciar el hambre más profunda que
experimentamos en nuestro interior: el ham-
bre y la sed de Dios. Visto en profundidad,
el ayuno tiene como finalidad última, segun
escribía el Siervo de Dios, el Papa Juan
Pablo II, hacernos un don total para Dios.”
Conversión es ...
Conversión es “volver a ser” cristianos,
mediante un constante proceso de cambio
interior y de avance en el conocimiento y en
el amor de Cristo.
Conversión no es algo que sucede una
vez y para siempre, sino que es un proceso,
un camino interior que dura toda nuestra
vida.
Convertirse significa buscar a Dios, ir
con Dios, seguir dócilmente las enseñanzas
de su Hijo, de Jesucristo.
Convertirse no es un esfuerzo por sen-
tirnos realizados, porque el hombre no es
arquitecto de su destino eterno. No somos
nosotros los que nos hemos creado.
Convertirse es materializar la invitación
del Maestro: “El que quiera venir en pos de
mi, niéguese a sí mismo, tome su cruz y
sígame” (Mc 8, 34)
porque la Cruz es la
revelación definitiva
del amor y de la mise-
ricordia divina tam-
bién para nosotros,
hombres y mujeres de
esta época nuestra,
demasiado distraída
por preocupaciones e
intereses terrenales y
momentáneos. Dios es
amor, y su amor es el
secreto de nuestra feli-
cidad. Pero para entrar
en este misterio de
amor no hay otra via
sino la de perdernos a nostros mismos, de
donarnos por entero, la via de la Cruz.
Conversión es, por tanto, valorar en
mayor medida la penitencia y el sacrificio,
para rechazar el pecado y el mal y así vencer
al egoismo y a la indiferencia. La oración, el
ayuno, la penitencia, las obras de caridad
hacia el prójimo son, de este modo, senderos
espirituales que debemos recorrer para así
volver a Dios.
Benedicto XVI (Apuntes tomados de la
Audiencia General del Miércoles de Ceniza)
El Papa, a los enfermos:
La respuesta al enigma del dolor y de la muerte esta en Cristo
“La vida del hombre no es un bien disponible, sino un valioso cofre a custodiar y cui-
dar con todas las atenciones...La participación a la Santa Misa nos adentra en el misterio de
Su muerte y de Su resurrección, y cada celebración eucarística es memorial perenne de
Cristo crucificado y resucitado, que ha vencido a los poderes del mal con la omnipotencia
de su amor. Es portanto en la “escuela” del Cristo eucarístico donde se nos enseña a amar
siempre la vida y a aceptar nuestra aparente impotencia ante la enfermedad o la muerte, y
ante el dolor que éstas dejan, en su significado, siempre insondable para nuestra mente.
El Evangelio, muestra a Jesús que ahuyenta a los malos espíritus con su palabra y sana
a los enfermos” (Mt 8, 16), indicando el camino de la conversión y de la fé como condicio-
nes para obtener la sanación del cuerpo y del espíritu. La luz que viene “de lo Alto” nos ayu-
de a comprender y a dar sentido y valor tambien a la experiencia del sufrimiento y de la
muerte. Pidámos a la Virgen que dirija su maternal mirada hacia todos los enfermos y a sus
familias, para ayudarles a llevar con Cristo el peso de la Cruz”.
(Síntesis del Mensaje a los enfermos 2009)
2
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Que emoción hallar una flor en el desier-
to... Una flor perfecta en su estructura y en
el color, y además, perfumada. Pero ¿Qué
hace alli? ¿Cómo pudo salir de tanta aridez?
Y antes de hallar respuesta a las preguntas,
nos sentiremos maravillados.
Si nos hallaramos ante un precioso
jardin, lleno de maravillosas flores, no sería
lo mismo. Naturalmente su indiscutible
belleza nos conquistaría, además verlos a
menudo, es lo mas normal. Esa sensación de
estupor, capaz de transfigurar nuestro ánimo,
nace en cambio de ese binomio único e
imprevisible de desierto y brote .Nos deja
atónitos. Para nacer y crecer, la flor segura-
mente ha tenido que derrotar a muchas
fuerzas contrarias que, generalmente, en un
lugar tan árido, obligarian a la semilla a per-
manecer cerrada en si misma. Sólo una tenaz
voluntad es la que permite que florezca. Es
un imposible que nos deja boquiabiertos.
También a nosotros se nos ofrece una
ocasión para afrontar el desafío y florecer
partiendo de una tierra quemada por tantas
condiciones favorables y beneficiosas. Se
nos da un tiempo propicio para experimen-
tar un auténtico desierto, eliminando de
nosotros mismos elementos que enriquecen
el jardín de nuestra existencia, pero que no
siempre son esenciales para una vida ver-
daderamente fecunda. Sólo reduciendo al
minimo los medios externos podremos
experimentar el poder escondido en los
niveles mas recónditos de nuestro ser; esa
innata capacidad de dar fruto usando sólo
los recursos que Dios nos ha dado.
La Cuaresma es este largo tiempo que
se nos concede como ocasión privilegiada
para reducir al mínimo la esfera de nuestras
exigencias y comprender que sólo necesita-
mos de El: de un Padre que quiere donarnos
la semilla de su Palabra, el agua del Espíritu
y el alimento del Cuerpo de su Hijo para que
demos fruto. Será luego el manto de Maria
el que nos proteja ante las adversidades que
podrían dañar ese capullo por florecer.
Una cosa puede ayudarnos a vivir este
tiempo de frugalidad: La sobriedad. En
todo. Es decir, la sencillez, la pequeñez, la
pobreza... Saber vivir de pequeñas y grandes
renuncias es medio infalible para
adueñarnos de nosotros mismos, para
retomar el dominio de nosotros mismos y
quitarle potestad a las pasiones que a
menudo, muy a nuestro pesar, gobiernan
con despotismo nuestras acciones y nos
esclavizan. Si luego se hacen costumbres,
resulta difícil desarraigarlas.
Cuarenta dias de ejercicio paciente y
atento, en el que podemos probar nuestra
voluntad de ser espirituales, debilitando la
prepotencia de nuestro ser carnal, viciado
por mentalidades opulentas y consumistas
en las que hemos crecido. Todo puede ser
bueno, pero sólo en su justa medida y en su
manera adecuada.
Tendemos siempre a acumular, a
veces llenando nuestras habitaciones con
tantas cosas que, a la larga, pueden ahogar
los ambientes. Y, como afirman los psicolo-
gos, si la casa es el simbolo de nuestra inti-
midad, entonces el peso de ese cúmulo, tar-
de o temprano, se dejará sentir también en
nuestro interior.
Hagámos la prueba. Comencemos a
vaciar un cajón, a aligerar un armario, a
desalojar un trastero y a tirar esos montones
de papeles inútiles que apilamos aquí y allá...
Sentiremos una sensación de ligereza, como
si respiraramos mejor. Si luego nos ponemos
a sacar ese polvo olvidado tras los muebles y
vamos mas a fondo con el trapo, nos parece-
rá que en la casa, y tambien en nuestra alma
, entra mas luz. Las mujeres de antaño esto
lo saben bien, y con las “limpiezas de prima-
vera” eliminan el hollín invernal para acoger
mejor las brisas de la nueva estación.
También las iglesias en Cuaresma se
privan de ornamentos, incluso alguna lle-
ga a la extrema austeridad; pero quieren con
ello mostrar el camino hacia ese “mínimo
necesario” que hace bien al alma, en contra-
ste con el “máximo consentido” que el mun-
do continuamente promociona. Es pues
sabiduría antigua, comenzar desde el exte-
rior para mejorar también lo interior: hacer
orden para liberar el corazón cegado por
deseos y placeres; y luego la mente, cargada
de recuerdos, escrúpulos, pensamientos,
pero también de ruidos, sonidos, ocupacio-
nes... Y al final el alma, a veces atenazada
por las telas de los repetitivos pecados y por
ello difíciles de extirpar.
En nuestra vida, secada por el ayuno,
más vigilante por el sacrificio, liberada de
todo lo inútil, nacerá una flor solitaria,
única por su belleza, por haber brotado de
allí donde nos parecía imposible. Nos deja-
rá atónitos y maravillados porque, de la
nada que somos, Dios hará brotar el bien, lo
bello, y lo bueno...Y nos hará creaturas nue-
vas, preparadas para consumar con El la
Santa Pascua.
Nel deserto nasce
di Stefania Consoli
l’impossibile
En la enfermedad
canto mi Magnificat
Mi “si” al Señor en el sufrimiento, que
me acompaña desde mi nacimiento, aún hoy
me sorprende. ¡No se como he podido decir-
lo! Es siempre nuevo y dona siempre cosas
nuevas en las que se te llama a comprome-
terte, a vivir tu unión con El, por amor suyo
y del prójimo. Es una cosa que te invita y te
atrae y tu , aún estando limitado, pero con
total confianza en Dios, te reafirmas y vives
porque en el fondo sólo tienes que fiarte. Es
un “si” que te invita a no mirarte ya a ti
misma sino a todo lo que te rodea y a mirar-
lo con aquella luz con la que pudo florecer
tu “¡aqui estoy!”.
¿Quien soy? Fui una persona siempre
descontenta, hasta que descubrí el sentido
de mi vida. Y el sentido lo encontré hace ya
algunos años cuando descubrí una Obra en
la cual mi enfermedad es casi un privilegio,
porque a través de mi ofrecimiento, puedo
cooperar en la salvación de muchas almas
que tienen necesidad, no de dinero, de casas
o de bienes terrenales, sino de tu andar por
delante, incluso en medio de tantas dificul-
tades. Recuerdo cuando fuí por vez primera
a un curso de Ejercicios Espirituales en la
Comunidad de los “Obreros Silenciosos de
la Cruz”, todo me parecía negro entorno a
mi, no porque lo fuera en realidad, sino por-
que yo no sabia mirar mas allá de mi misma.
Fué la semana en la que rompí con mi
vision personal, para regalarme una visión
nueva sumamente bella, más clara, más ade-
cuada a mis expectativas. Fué la semana en
la que descubrí que en mi habia una riqueza
que hasta entonces nunca valoré: era Dios,
que me llamaba para que ofreciera mi enfer-
medad. Recuerdo que fué como renacer,
hallarme en el mundo de la alegria, incluso
con mi enfermedad.
Renuevo cada año mi “sí”, que el Señor
siempre cambia renovándolo con su amor.
Incluso cuando llevo junto a El la Cruz, allí
también debe estar mi “sí”. Pero, ¿Qué es en
realidad la Cruz ? Es algo doloroso, sin
duda, pero te desconecta del mundo que no
te pertenece y te une a Aquel que un dia te
atrajo porque es Amor verdadero, y a través
tuyo quiere llegar a los de tu entorno. Así es
como la vida misma, cuando es ofrecida, se
vuelve apostolado”.
Hermana Nazarena Cimarelli
* Los Obreros Silenciosos de la Cruz
viven su consagración a través de una pro-
funda espiritualidad mariana, dedicados por
entero al servicio de los enfermos que
sufren, con la finalidad de colaborar en su
promoción integral , y con el objetivo de
resaltar el valor de la persona, activando
todas sus cualidades y sosteniendola en la
busqueda del sentido del sufrimiento.
Junto a esta Comunidad, el fundador,
Mons. Luigi Novarese , ha creado también
otras, entre las cuales el Centro
Voluntarios del Sufrimiento,
que nace ante
todo como respuesta concreta al drama del
sufrimiento humano, que muy a menudo
conduce al hombre a alejarse de Dios. El
Centro ve en el sufrimiento ofrecido por el
enfermo una participación de éste en el
misterio pascual de Cristo que lo hace apó-
stol y portanto, primicia y profecia para la
valoración de todo tipo de sufrimiento en la
vida del hombre.
Todo esto en un espíritu de profunda
adhesión a las peticiones de oración y de
penitencia propias de la espiritualidad
mariana de Lourdes y de Fatima.
A los pies de la Cruz, el apostolado del
CVS reconoce pues su propia identidad,
considerando al mundo del sufrimiento
como “tierra” de su propia misión y propo-
niendo a cada hombre una elección de vida
abierta a la salvación.
3
Eco 204
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La Eucaristia latirá
en el corazón de Jerusalén
En la tierra que lo vió nacer, crecer,
predicar y justamente en la ciudad que asisi-
tió a su ofrecimiento sacerdotal - culminado
sobre el Calvario para luego desembocar en
la gloriosa resurrección - Jesús vuelve con
vestidura eucarística
de manera más
estable y visible. Será el 24 de Marzo, en la
vigilia de la Anunciación, dia en el que en
Jerusalén se iniciará de manera solemne la
Adoración Perpetua del Santísimo
Sacramento.
El lugar destinado a este fin -
una pequeña capilla junto a la Cuarta
Estación del Via Crucis, lugar en el que por
tradición Jesús, cargando con la cruz, cruza
su mirada con la mirada afectuosa de Su
Madre - es especialmente significativo, ya
que fue precisamente Ella quien inspiró esta
iniciativa, Maria, que en Medjugorje desde
hace años sigue repitiendo: ·”Hoy os invito
a enamoraros del Santisimo Sacramento del
altar. Adoradle, hijos mios, en vuestras par-
roquias y asi estaréis unidos con todo el
mundo”
(Mens. 25 septiembre 1995).
Nos lo explica Piotr Ciolkiewicz, el
joven laico polaco, promotor de este impor-
tante proyecto en vias de realización: “Hace
dos años me encontraba en Medjugorje pere-
grinando, y mientras estaba en oración en la
pequeña capilla de la Adoración me vino a la
mente un pensamiento: llevar esta práctica a
la tierra de Jesús. Despues, en ocasión de un
viaje a Jerusalén, me encontré con un fraile
franciscano conventual, p. Kazimierz
Frankiewicz
, que habitualmente desarrolla
la pastoral en la Basílica de la Resurrección y
con él nació la idea de organizar un
movimiento de adoración perpetua”.
De este encuentro nació la “Comunidad
Reina de la Paz”, una asociación de la que
Piotr es el presidente y que se propone crear
una cadena de corazones que abracen toda
la Tierra a través de la oración de adoración
para llevar la paz a Tierra Santa y al resto
del planeta.
“Su finalidad principal es la difusión del
culto Eucarístico. Los miembros son invi-
tados a promover toda actividad por la paz y
reconciliación entre los hombres”, explica
Piotr, y luego añade: “Deseo especialmente
recalcar que la Asociación lleva el nombre
de Reina de la Paz, porque contiene un men-
saje importante: Confiándonos a Maria,
queremos con Ella adorar a Cristo,
Principe de la Paz”
.
Viene pues de manera natural, el acer-
camiento entre Medjugorje, donde Maria
desde el inicio de las apariciones no hace
sino repetir esta invitación, y Jerusalen -
Yerushalaim, la “Ciudad de la Paz” - contin-
uamente castigada largos años por conflic-
tos, en el delicado tejido de la paz.
Pero, ¿Porqué sorprende esta iniciativa?
Porque de algun modo constituye una
novedad para Tierra Santa. De hecho, la
práctica de la adoración eucarística nace en
Europa, con San Basilio Magno (siglo IV) y
se consolida de manera mas estable en
Francia al comienzo del siglo XIII.
También en los Estados Unidos este tipo de
oración tuvo mucho consenso, prueba de
ello es que las Hermanas Franciscanas de
la Adoración Perpetua
siguen orando sin
interrupción desde el 1 de agosto de 1878. Y
en cambio, precisamente allí, donde el Hijo
de Dios se ha hecho hombre, la adoración
Eucarística no es habitual porque la presen-
cia del Señor se venera sobretodo a través
del culto de los santos lugares.
Pero para que el proyecto fuera de ver-
dad completado, hacía falta una custodia
que diese a la iniciativa la importancia que
merece. Ha sido el representante de la
Iglesia Católica de los Armenios, Mons.
Raphael Minassian
quien tuvo la idea de
realizar un retablo en forma de triptico que
contuviera la custodia, y hace justo un año,
el proyecto total obtuvo la plena aprobación
de los patriarcas.
La Jerusalén Celestial
Este es el nombre de la obra realizada
por el artista polaco, Mariusz Drapikowski,
famoso sobretodo por la ejecución del vesti-
do de ámbar brillante para la Imagen
Milagrosa de la Madre de Dios en el
Santuario de Czestochowa en Jasna Góra -
realizada como voto de agradecimiento por
la vida y pontificado de Juan Pablo II.
El pasaje...
Vale la pena detenerse un rato sobre la
descripción de esta obra, que nos conduce a
un pasaje simbólico desde la Vieja a la
Nueva Alianza a través de un portón. Visto
desde el exterior, de hecho, el triptico parece
un gran armario de bronce, con ciertas fig-
uras en relieve que ilustran la Jerusalén ter-
rena. En el centro, Jesús Crucificado, y a su
lado Juan Pablo II celebrando la Eucaristía -
el sacrificio que es también promesa de vida
eterna. En la parte alta, la Parusía de Cristo
Sumo Sacerdote, su segunda venida.
“Yo soy la puerta: si uno entra a través
mio, se salvará.” Realizando el pasaje, se
accede al Cordero Inmolado, puesto en el
centro sobre el libro de los siete sellos ya
abiertos, en medio de unas estelas de carám-
banos de cristal:
“El Angel me
mostró luego un
rio de agua de
vida, clara
como el cristal,
que salía del
trono de Dios y
del Cordero”
(Ap 22,1).
La Luz y los testigos
Abriendo el triptico realizamos nuestro
pasaje a través del Cristo-Puerta y entramos
en la Jerusalén Celestial. Enseguida se nota
el ambiente de la Tierra Nueva, del Cielo
Nuevo, iluminada interiormente por una
fuente de luz - elemento importante en la
visión de San Juan.
Sobre las alas del triptico abierto los Dos
Testigos, representados por dos olivos y dos
lámparas
recuerdan la vocación y el deber
de todo cristiano de dar testimonio legible y
verdadero del proprio credo, es decir, confe-
sar firmemente la fe en Cristo frente al mun-
do. El rechazo de tal testimonio dará lugar a
uno de los motivos del juicio final sobre el
mundo. El destino de los testigos es similar
al destino de su Señor, porque son el signo
de contradicción y cumplen el sacrificio de
la vida, pero reciben de Dios una vida nue-
va y la participación a Su gloria.
La Mujer vestida de ... ambar
En la parte central del triptico, final-
mente, esta la custodia. Su forma nos
recuerda el aspecto de la Mujer abrazando al
Cristo Eucaristico. La Mujer - Maria,es la
Madre del Redentor y del Pueblo de Dios de
todos los tiempos; pero es también el simbo-
lo de la Iglesia que a lo largo de la historia,
entre grandes dolores, siempre pare contin-
uamnente a Cristo. La Mujer sufriente - la
Iglesia perseguida - parece como una mag-
nifica Esposa en medio del cálido reflejo del
ambar que la rodea.
Maria es el anuncio de la Nueva
Jerusalén donde ya no hay más lagrimas ni
llanto, la Jerusalén que forma la nueva
visión del nuevo mundo transfigurado, ilu-
minado por la gloria de Dios: “La ciudad no
necesita de luz solar, ni de la luz de la luna,
porque la gloria de Dios la ilumina y su lám-
para es el Cordero (Ap 21,23).
San Juan, al final de su libro, expresa su
último deseo y su espera: ¡Ven, Señor Jesús!
(Ap 22,20). También nosotros queremos
retomar la oración del “vidente de Patmos”
que junto al cristianismo naciente, gritaba:
¡Ven, Señor Jesús! ¡Ven y transforma el
mundo! ¡Ven hoy y vence con la paz!
Bendecido por el Papa
Está casi todo preparado, estamos ya
casi en la vigilia de la inauguración de este
nuevo “lugar santo” en Jerusalén, un lugar
que esperamos atraiga a todos los peregri-
nos que recorriendo la via dolorosa, querrán
encontrar el rostro del rey de la Paz, que será
expuesto dia y noche. Pero en su viaje a la
Tierra del Santo, el triptico ha hecho etapa
en Roma
para recibir la bendición del Santo
Padre. Fue acompañado por todos los miem-
bros de la Asociación, junto a los organi-
zadores y a los obispos de sus ciudades. Un
momento de gracia que hemos podido vivir
también nosotros, los de Eco, en nombre de
la “Reina de la Paz”.
“La Eucaristía es realmente un trozo de
cielo que se abre sobre la tierra. Es un
rayo de gloria de la Jerusalén celestial,
que penetra en las nubes de nuestra histo-
ria e ilumina nuestro camino”.
(JUAN PABLO II Ecclesia de Eucharistia, 19).
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Sucede en Medjugorje
...
¡Que la Virgen
se aparezca en privado!
El Obispo de Mostar ha pedido que las
apariciones del dia 2 de cada mes no se rea-
licen más en público.
Sabemos que hasta
ahora la Comunidad del Cenáculo acogía a
la vidente y un enorme numero de personas
se reunía desde el amanecer para acompañar
con la oración ese momento de gracia.
Unámonos espiritualmente a Mirjana, que el
dia 2 de cada mes recibirá la aparición de la
Virgen en su casa juntos a sus familiares.
Mensaje de la Reina de la Paz
a Mirjana
2 de marzo de 2009
“¡Queridos hijos, estoy aquí en medio de
ustedes. Veo en sus corazones heridos e
inquietos. Ustedes se han perdido, hijos míos.
Sus heridas del pecado se están volviendo
cada vez mayores y los están alejando siem-
pre más de la auténtica verdad. Buscan la
esperanza y la consolación en los lugares
equivocados, mientras yo les estoy ofrecien-
do la sincera devoción que se nutre de amor,
sacrificio y verdad. Les doy a mi Hijo.”
****
Queridos hermanos,
Que el Señor Jesús reine en sus corazo-
nes y los haga rebozar de su Santo Amor
Doy gracias a Dios Nuestro Padre por el
regalo que nos hace en María Santísima,
esta Madre bondadosa que se preocupa por
todos sus hijos, en especial por los que esta-
mos más necesitados de la Misericordia
Divina.
Gracias a Dios por esta obra que ha per-
mitido en nuestro tiempo para salud y salva-
ción de los hombres, es decir, para impulsar
la redención al mayor número de almas...
Yo soy un beneficiario de esta bondad de
Nuestra Señora, he seguido desde hace unos
11 años los mensajes de María en
Medjugorje, a ella le debo mi vida en Dios y
la Vocación Sacerdotal que Dios me ha rega-
lado.
Quiero agradecerles por ser instrumen-
tos en las manos de Nuestro Señor para ayu-
dar, a través de esta publicación, a tantas
almas sedientas, gracias por que, a lo largo
de estos 11 años, no he dejado de recibir con
gozo El Eco, bendito sea Dios...
Mauricio A. González Zapata
(Bogotá - Colombia)
Un año sabático para
el Padre Jozo Zovko
Siroki Brijeg, a 9 de febrero de 2009
“Con la presente notificación deseamos infor-
marles que, por razones de salud, y por necesidad
de descanso y convalecencia, así como debido al
comienzo de las obras en la zona de Badija
Croacia), el Padre Jozo Zovko ha solicitado a sus
superiores el permiso para residir fuera de su
Provincia (religiosa), solicitud que ha aceptado la
Administración de su Provincia.
Por esta razón se han suspendido todos los
programas previstos para el año en curso.
Rogamos a todos nuestros coordinadores y cola-
boradores, así como a los organizadores de pere-
grinaciones a Medjugorje, a los organizadores de
encuentros y cursillos de oración, así como a todos
los Centros de Medjugorje, y a los peregrinos que
tengan en cuenta esta información, y que no pro-
gramen ni soliciten encuentros con el Padre Jozo
durante este período de tiempo
Les agradecemos su comprensión, y permane-
cemos unidos fielmente en oración a Jesucristo”.
(en nombre del Padre Jozo) Vesna Cuzic -
International God-Parenthood for the Herceg-
Bosnian Child”)
Sor Emmanuel
nos escribe sobre este tema:
“Cuando el Señor permite que se cree un
vacío, un agujero, una ausencia dolorosa, El
sabe el motivo y tiene Su plan. La petición a
Abraham de renunciar a su hijo Isaac, fué
para hacerle más fecundo, pero él debia
pasar ante ese aparente incumplimiento de
la promesa de Dios. Cuando San José creyó
tener que renunciar a casarse con Maria, fue
para reencontrarse más con Ella, pero debia
atravesar esa agonía para ensanchar su cora-
zón. Cuando....
Si la ausencia del Padre Jozo es una
dolorosa renuncia para los peregrinos y para
cada uno de nosotros, debemos acoger este
hecho positivamente, no verlo como un
desastre sino como un don, del cual el Señor
se servirá para obtener un bien mayor.
Puede que este cambio de ritmo le permita
asumir otros aspectos del plan de Maria para
Medjugorje y transmitirlos mas adelante en
el tiempo. Estamos seguros de no equivocar-
nos al acoger esta prueba con confianza y
agradecimiento, porque esto permitirá a
Dios obtener todo su fruto en el tiempo y en
la eternidad.”
("Enfants de Medjugorje" - www.enfantsdemedjugorje.co
A Medjugorje
para aprender a ayunar
Es una escuela infalible la de Maria en
Medjugorje, para quien desea llevar a la
práctica las invitaciones más repetitivas de
sus mensajes: la oración y el ayuno. Para
ello, se organizan anualmente Seminarios en
diversos idiomas, para vivir de manera más
profunda y responsable estas peticiones de
la Reina de la Paz (Casa Domus Pacis - para
las fechas segun la nacionalidad: consultar
la pagina web oficial de la Parroquia :
http://medjugorje.hr.nt4.ims.hr/).
Anna Fasano, organizadora del
Seminario para los italianos, nos cuenta lo
siguiente: “Cada año tenemos ocasión de
vivir un retiro en Medjugorje,caracterizado
por una poderosa acción de gracia que lava y
purifica los sentimientos desordenados que
permanecen ocultos en nuestro corazón. A
menudo, estos sentimientos velan nuestra
alma: son las celosias espirituales, el protago-
nismo, la vanagloria... matando a la caridad
en nosotros y en el corazón del prójimo. Si
conseguimos abandonar todo esto y entrar en
este retiro con apertura y disponibilidad, el
amor verdadero caerá como un rocío sobre
nuestros corazones: Jesús lo revertirá abun-
dantemente sobre nosotros, hasta el punto
que se nos hará inevitable donarlo a los
demás. Podríamos hacer muchas peregrina-
ciones, encuentros, reuniones, pero a menudo
sólo los recordamos como bellas y conmove-
doras experiencias, ¡No producen amor!
Sólamente Jesús en la Eucaristía se revela en
nuestra intimidad; revela su Rostro y la
Verdad irradiada por el poder de su Amor.
El quiere hacer de nuestro corazón un
altar donde se quema el incienso de la
oración y del silencio adorador del amor
ofrecido.
Este amor ofrecido es como la
blanca nieve que blanquea, recubre todo y
refleja solo la luz. Esta luz de los corazones
sube a Dios.
Ésta es la Medjugorje de Maria, Reina
de la Paz. Debemos ser testigos del amor,
vivir la caridad para dar alegría a los
demás... ser alegría donde hay tristeza, ser
verdad y justicia. La contaminación de la
caridad es la crítica; en general,todos esta-
mos dispuestos para criticar y menos dispue-
stos para enseñar y para amar. El amor es la
fuerza del corazón humano, es el Rostro de
Dios en nosotros y a través nuestro brilla
sobre la tierra. Si dejamos que se apague el
amor en nosotros, ¿Que sucederá?
Las palabras ya no convencen, debe-
mos vivir los mensajes que la Madre nos
sugiere.
El silencio casi siempre ilumina mas
que la palabra y en el largo silencio nace la
verdadera palabra; nos lleva a la contempla-
ción de la Palabra del Dios y a la liberación
de los ídolos. Si al corazon lo bombardeamos
con ídolos, entonces la lengua habla, habla y
habla, pero si en cambio,el amor de Jesús
esta en el corazón, entonces prevalece el
silencio y el estupor de las maravillas de
Dios.¡Es precisamente en el silencio cuando
el Espíritu Santo nos dona el aleteo de Su
canto! Si hay demasiado regocijo, no hay
oración cristiana. Dios hace cosas grandes en
la sencillez, en la pequeñez.
El silencio es renuncia a la palabra
para ser grito en el desierto, canto, poesía,
liturgia, éxtasis; es guardián de la Palabra
de Dios y lugar privilegiado de las nupcias
divinas. Quien experimenta a Jesús-
Eucaristia, desea dejarse evangelizar por El
en silencio, quiere dejarse arrastrar por su
estela de luz para no corromperse en el habi-
tual mal cotidiano.
En este retiro estamos llamados “cara a
cara” para ponernos frente al gran Misterio
Eucarístico: Jesús en un Trozo de Pan nos
empuja a profundizar en este gran Misterio
y a consolidar nuestra unión con El, para
verle y amarle más intensamente. Ésta es
una necesidad de nuestra alma.
La oración Eucarística, ayunando en
el silencio y en la escucha de la Palabra, es
muy poderosa
y nos refuerza en la fé, por-
que junto a El seremos fortaleza, como una
roca...”Si os dicen que estoy aquí o allá, no
vayáis, porque será vuestro amor el que me
atraiga y yo vendré a vosotros”. Jesús nos
invita a salir de nuestra cárcel, a poner nue-
stra mano en la Suya para llevarnos allí don-
de El va.
Preparemos con el ayuno la aurora de
Su venida, para que nuestra nulidad ofreci-
da, pueda ser incienso purificador para
nosotros y para los demás y nos haga testi-
gos de la verdad y de la luz del Resucitado.
Gracias, Madre, por interceder constan-
temente para que podamos amar a Jesus en
la Eucaristia. Tu, que eres tabernaculo
viviente,
transfórmanos en altar que quema
el incienso de amor por la venida de Jesús.
Ven pronto, Señor, a instaurar tu reino en
todos los corazones. Para siempre. Anna
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Las poesias del alma:
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UNDO DE LOS
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ALMOS
EN
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USQUEDE DE
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IOS
Resuenan en el corazón de la Iglesia, en
todos los idiomas, a veces cantados en grego-
riano, recitados en coros alternos o simple-
mente susurrados, para alabar cada dia a Dios.
Es bello pues poderse aventurar un poco en el
mundo de los Salmos para comprender el ori-
gen y seguir sus trazados en la historia y
sobretodo en el alma de quien los reza.
Son auténticas poesías. Además de en
el Salterio, los Salmos se hallan en varios
libros bíblicos. Esto nos da a entender que la
oración de alabanza, de súplica y de procla-
mación ocupaba un lugar importante entre
los héroes de la historia, en la palabra de los
profetas y en la reflexión de las obras maes-
tras. La verdadera oración sálmica, sin
embargo, expresa sobretodo la acogida de la
maravillosa presencia de Dios que salva a su
pueblo, que quiere salvarlo, y que puede sal-
varlo, si el feligrés le ora. Los salmos son,
portanto, una llamada a Dios hecha por
hombres diversos, en diversas situaciones
historicas, pero son también la respuesta de
Dios al hombre, o mejor, su revelación a
través de la oración. El viejo israelita acom-
pasaba su vida con la oración, que le com-
prometía tres veces al dia: “Por la noche, al
amanecer y a mediodia yo lloro y suspiro; El
escucha mi voz” (Sal 55,18). El Dios de
Israel era un Dios lejano en su santidad,
pero cercano en su misericordia, un Dios
siempre presente, cada dia.
Los gemidos secretos
entregados al Templo
Los Salmos recogían las súplicas de las
personas y ofrecían a cada una de ellas, una
forma común de lenguaje y de profunda
teologia. En aquel entonces las oraciones
personales se llevaban al Templo y se entre-
gaban al sacerdote, quien las analizaba y las
conservaba. Pero, alguna, se utilizaba en la
liturgia junto a las otras. Asi nació, con el
tiempo, el texto liturgico de Israel.
El Salterio forma un amplio continente
de 150 composiciones poéticas, que son en
concreto, los Salmos. Actualmente esta divi-
dido en cinco libros, como cinco son tam-
bién los libros del Pentatéuco. Se puede
decir por tanto que al Pentatéuco histórico
(la Torah) se yuxtaponía el pentatéuco orante
del salterio, una respuesta bendiciente y ben-
dita del hombre al Dios liberador.
Hacia una explosión de júbilo
Vale la pena dar una mirada a los temas
que diferencian a estos cinco grupos. El
primer libro (1-41) esta dedicado a los
Salmos que narran la comparación entre el
justo creyente y el impío. En el segundo (42-
72) los Salmos describen el deseo de Dios
puesto en el corazón del israelita en exilio.
El tercero (73-89) es un libro denominado
“cojín”: insiste en el culto y medita sobre el
pasado, y al mismo tiempo, expresa la
espera de los últimos tiempos. El cuarto
libro (90-106) es la celebración del poder
del Señor, Pastor de su pueblo. Y, final-
mente, el quinto (107-150) es el libro de la
alabanza que el creyente expresa tras haber
alcanzado la cima de la montaña de Dios; en
definitiva es el libro de la explosión de júbi-
lo hacia el Señor, como conclusión del
entero salterio que revela cómo cada cosa
debe alabar y reconocer a Dios.
La oración cristiana por excelencia
Tras haber visto la variedad y riqueza de
los Salmos, sería obligado analizarlos en su
relación con y en la cristianidad. La Iglesia
desde sus origenes, ha considerado el salte-
rio como su libro de oración, lo ha entrega-
do a las comunidades de todas las lenguas y
pueblos. Los Salmos, por tanto,constituyen
la oración cristiana por excelencia, si bien
permanecen como patrimonio compartido
con los hermanos judíos.
Pero ¿Qué hace tan autenticamente
“cristiana” esta oración? ¡El simple hecho
de que los Salmos eran la oración de
Jesucristo!
Jesús dejaba oir “el grito” hacia
el Padre desde su interior como creyente,
usando los Salmos con gran libertad, mien-
tras éstos esclarecían su misión.
Pero, atención, los Salmos no eran la
oración de Jesús como judío pío, sino
porque El era el Cristo, el Mesías encargado
de donarnos el acceso al Padre a través de la
oración.
Jesús dona a la espera expresada en los
Salmos su finalidad, su culminación. Si el
salmista pedía al Señor que le mandara la
luz y la verdad, en Cristo nosotros tenemos
al que es Luz y Verdad, aquel que camina y
guia hacia la morada del Padre. Los salmos
, pues, pasan de la sinagoga a la Iglesia,
siendo de este modo, la “Oracion de las
horas” cotidiana y, visto que en el bautismo
hemos pasado a ser “una sola cosa con
Cristo”, también la oracion de Cristo se ha
hecho nuestra oración.
¿La lectura y la oración
de los salmos de hoy?
Los Salmos se deben adaptar a los tiem-
pos y a la cultura. Suprimirlos no conviene,
porque los Salmos traen siempre una
novedad en si mismos que sorprende y ali-
menta al hombre. Debemos sólo evitar el
formalismo y una lectura mecánica de los
Salmos. para poder vivir cada vez la búsque-
da de Dios que es típica de este tipo de
oración. “Siendo una teología de la oración,
los Salmos son sobretodo una implícita
reflexión sobre el encuentro con Dios”, por-
tanto son un diálogo vivo con el
Señor.Concluyendo, en los Salmos se halla
un Dios del que se experimenta el amor, la
fidelidad, la confianza, la intimidad. A
través de la experiencia empática que nos
ofrecen los Salmos, Dios se da a conocer, de
manera esposal, a su Pueblo, a la Iglesia y a
cada individuo orante:
“Elohim, tu eres mi Dios;
a ti te busco solícito
sedienta de ti está mi alma;
mi carne languidece en pos de ti
como tierra árida, sedienta, sin aguas.
¡Cómo te contemplaba en el santuario vien-
do tu fuerza y tu gloria!
Porque es tu piedad mejor que la vida.
Te alabarán mis labios. (Sal 63)
Buscar a Dios no significa poseerlo, para
nosotros la vida tiene sentido si buscamos a
Dios. Y el lugar privilegiado es la oración.
P
ietro Di Mattia
Las manos tendidas: preguntar
“Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y
se os abrirá” (Mt 7,7)
“Todo lo que pidáis en la oración, confiad en
haberlo obtenido y os será concedido” (Mc 11,24)
La oración de petición, si bien a menudo
utilizada e incluso abusada, es siempre legíti-
ma, autorizada personalmente por el Maestro
de Nazareth, con garantia de acogida y con-
sentimiento si cada petición dirigida a Dios
Padre es presen-
tada por medio
de su Hijo.
Cualquier peti-
ción de gracias
materiales o
espirituales pue-
de ser presenta-
da, cuidándonos
de armonizarla
según los pro-
yectos trinita-
rios, siguiendo
la linea del prin-
cipio fundamental codificado en el Padre
Nuestro: “hágase tu voluntad”. Mi petición es
valida si no intento, ni pretendo, doblegar a
Dios a mis voluntades (¡Cosa más que impo-
sible!), sino que siento el deber de hacerlo por
la importancia extrema de lo que pido.
“Pedir” parece fácil....en realidad ningu-
na oración es fácil, porque no basta con abrir
la boca y considerar “oración” a una serie de
peticiones. Cada oración, de hecho, es un
acto que va más allá de las capacidades natu-
rales. Se basa en la fe, nace de la esperanza,
y manifiesta el amor confiado a Dios. Es un
acto teologal inspirado por el Espíritu Santo,
animador de toda inicitaiva cristiana.
Todo esto nunca es en vano, especial-
mente en la oración en la que tendemos la
mano para pedir. Puede ser fácilmente dis-
torsionado y aislado del contexto general de
las relaciones con Dios. Si entrevistamos al
hombre de la calle, noventa y nueve veces
sobre cien me dirá que “orar” significa
“pedir” algo que sólo Dios - si existe- puede
conceder. Alto pues es el riesgo de que nue-
stra petición se convierta en pretensión.
¡Pretensión, no oración! A menudo con
el agravante que, en caso de no respuesta, de
no ser satisfecha, el hombre de la calle se
reafirma en su falsa convicción de que es
inútil perder tiempo en la oración, porque
“¡Al final, no cambia nada!”. ¡Que triste
conclusión!
Me viene a la mente la tecnica del cirio
votivo. Al encenderlo, hay quien sostiene
que firmas un contrato bilateral con Dios (o
con la Virgen o con algun Santo): yo pago, y
tu debes darme una compensación. Vista de
esta manera, la antigua tradición devocional
de la vela encendida trastorna la intuición
original del gesto. La llama que va lenta y
silenciosamente extinguiéndose, es el signo
sustitutivo de mi presencia, de mi invoca-
ción orante, de mi disponibilidad a aceptar
el veredicto divino. Pero el hombre de la cal-
le no lo sabe. La mayoria de las veces asume
el aspecto de una delegación apresurada
(“tengo tantas cosas por hacer...no tengo
tiempo para detenerme”). Así, espera que
ese cirio encendido ejercite una presión con-
tinuada para inducir a Dios a satisfacer la
A
PRENDER LA
O
RACIÓN
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Don Tonino Bello escribia:
Santa Maria, mujer ferial,
ayúdanos a comprender
que el capitulo mas fecundo de la teología
no es el que te sitúa en el interior
de la Biblia o de la patrística,
de la espiritualidad o de la liturgia,
de los dogmas o del arte.
Sino el que te coloca
en el interior de la casa de Nazaret,
donde entre ollas y telas,
entre lágrimas y oraciones,
entre ovillos de lana
y rótulos de Escrituras,
has experimentado, en todo el espesor
de tu natural feminidad,
alegrías sin malicia,
amarguras sin desesperación,
partidas sin retorno.
petición realizada.Tal vez, en cambio, debié-
ramos decir antes de alejarnos: “Señor, no
puedo quedarme aqui ahora, pero dejo aqui
mi corazón... acoje esta llama como presen-
cia mía simbólica, como acto de confianza
en ti, y obra después como creas oportuno!”.
También en el ambito de la oración de
petición resuena la invitación segura a buscar,
tocar y pedir. Jesús pone incluso en juego la
reputación del Padre Celestial. Nos da a
entender que la infalible sabiduria divina ha
establecido una verdadera relación entre peti-
ción y concesión de la gracia. Cuando pido lo
que, según recta conciencia, considero nece-
sario o muy útil al fin de mi supervivencia
eterna, es seguro que se me concederá.
(de: “Incansablemente” de Lorenzo Netto)
3. Continua
Don de libertad
Jesús vino a la tierra no para traernos obligaciones e imposiciones, sino para ofrecernos
libertad. Si comprendiéramos plenamente la importancia de este don, tal vez, se lo agrade-
ceriamos siempre con gozo a nuestro Señor. Incluso cuando Jesús dijo: “Os doy un manda-
miento nuevo: que os améis los unos a los otros, como Yo os he amado”,
no nos dió una
nueva prescripción a añadir a tantas otras que el pueblo judio debía respetar, sino que ha
ofrecido un don de libertad, ya casi completamente perdido. Es decir, el don de poder amar
a los enemigos y a aquellos que nos odian, en lugar de estar obligados, como antes, a odiar-
los. El don de poner la mejilla a quien te da en la otra, en lugar de recambiar ojo por ojo,
diente por diente.
Luego, con este mandamiento, no nos ha impuesto en verdad una obliga-
ción, sino que nos ha ofrecido una posibilidad: la de amar a todos, como hizo El.
¡Que don tan grande éste, que no debemos subestimar! Lo grande que es el don de la
libertad que se nos ofrece, nos lo dice el precio pagado: la vida de Jesús, la vida de un Dios.
Acojamos pues el don y agradezcamoslo siempre, sin lamentarnos, porque El nos hizo ami-
gos suyos, y ya nunca más amigos del diablo, que son incapaces de amar por estar obliga-
dos a odiar.
Con el don de la libertad, Jesús no abolió la antigua ley, sino que la ha renovado, y con
ella nos ha renovado a nosotros y a toda la creación. Nos ha donado ojos nuevos para con-
templar libremente la creación con los ojos de Dios.Y así se le ha dado al hombre la capa-
cidad de ver el “cielo” ya desde esta tierra. Maria es la creatura nueva que ha visto y ve de
manera nueva, todas las cosas porque las contempla y las ama con el corazón de Dios.
Aprendamos pues de Ella, confiémonos a Ella porque estos parecen ser los tiempos en los
que Ella lleva de la mano a sus hijos de manera especial, para enseñarles a ver con ojos nue-
vos. Tal vez sean estos los tiempos en los que Maria quiera alejarnos de cualquier miedo y
darnos a entender lo bello que es amar a todos, sí, a todos, con el amor de Dios. Tal vez sean
estos los tiempos en los que Maria quiera mostrarnos las maravillas que el Padre ha realiza-
do y sigue realizando en nosotros y en los demás, para alegria de muchos.
Luces... de misericordia
Sólo con sentimientos de misericordia podemos alejar el mal de nuestra vida y de la de
los demás. Sólo con sentimientos de misericordia puede ser vencido el pecado del mundo.
Por esto, no se puede vencer al odio con el odio, ni la violencia con la violencia, ni el orgul-
lo con el orgullo, porque esta manera de hacer no va acompañada por la misericordia, no
contiene misericordia.
Jesús nos dió el ejemplo: El venció al pecado y toda forma de maldad con la misericor-
dia, y con nada más. Sabemos que la misericordia es una sola cosa con el Amor. También
Maria obra siempre con misericordia. Sólo así puede hacer nuestro bien.
En la estupenda oración de “Salve Regina” la Iglesia invoca a Maria como “Madre de
Misericordia” de la que desciende “vida, dulzura y esperanza nuestra”, es decir, que de su
misericordia derivan todos los otros dones. También nuestro hacer, nuestro hablar y nuestro
escribir, sólo si son expresión de misericordia, son bienes que duran para siempre, porque
se hacen eternos como la misericordia, como el Amor. Nuestra vida es siempre un perder:
lo saben quienes esten en edad avanzada porque han perdido la salud, las fuerzas, la belle-
za fisica de su juventud, pero incluso el joven puede experimentarlo porque, a diario, todos
afrontan situaciones de dolor, por pequeño que sea, que constituyen siempre una pérdida.
Incluso un resfriado o una simple gripe son motivos de dolor y portanto una pérdida.
Tambien una pequeña falta de amor es una pérdida. Pero cada pérdida nuestra, si acompa-
ñada de misericordia, se vuelve como una lampara que ilumina nuestro camino y el de los
demás. Esta luz es importante para la vida porque ésta se presenta siempre como un cami-
nar por la noche, en el que la luz es indispensable para proceder.
Jesús, cuando murió, encendió una gran luz en el mundo porque acogió la pérdida de la
“vida” con mucha misericordia. Ciertamente el fulgor de la Resurrección deriva de la luz de
esa pérdida, acogida con inmensa misericordia. Por esta luz de misericordia los hombres
fueron iluminados y salvados, no por otra cosa. Luego, actuemos nosotros también siempre
con sentimientos de misericordia para iluminar la vida con muchas luces... de misericordia.
Invoquemos a la Madre de Misericordia y se nos concederá un corazón misericordioso.
Así, tal vez, nada podrá hacernos daño porque tendremos luz para distinguir lo bueno de lo
malo. También nuestro pequeño periódico Eco podrá ser luz para nuestro camino y, tal vez,
para el de muchos otros, si estará acompañado por la misericordia de quien lo escribe, lo
publica, lo ditribuye y lo lee.
P
ENSAMIENTOS
S
ENCILLOS
de Pietro Squassabia
Santa Maria, mujer ferial,
libéranos de las nostalgias de la epopeya,
y enséñanos a considerar la vida cotidiana
como el astillero donde se construye
la historia de la salvación.
Afloja las amarras de nuestros miedos,
para que podamos experimentar como tu
el abandono a la voluntad de Dios
en las arrugas prosaicas del tiempo
y en las agonías lentas de las horas.
Y vuelve a caminar sencilla con nosotros,
oh creatura extraordinaria,
enamorada de normalidad,
que antes de ser coronada
Reina del Cielo
has tragado el polvo
de nuestra pobre tierra.
Queridos amigos de Eco:
En España tenemos un grupo de
“Intercesión por la Iglesia y por el Mundo”,
llamado “Manos Alzadas”, que se reúnen
periódicamente para orar. Su fundador es el
P. Marcelino Iragui (O.C.D.).
El año pasado (verano) estuvieron en
Medjugorje para hacer, allí, un “retiro de
oración e intercesión”. Este año tienen pre-
visto, de nuevo, hacer otro retiro en
Medjugorje, al que pueden inscribirse
todas las personas que deseen participar con
el fin de orar, como pide nuestra Madre.
RETIRO DE INTERCESIÓN
UNIVERSAL POR LA IGLESIA
Y POR EL MUNDO (“Manos alzadas”)
DEL 21 AL 28 DE JULIO 2009
EN MEDJUGORJE
Para Inscripciones: María Luísa Cotrina
Sánchez: tlfs. 980 51 50 88 y 696 37 31 96
Información ¿qué es “Manos Alzadas”?
Sor Teodora Gómez:
Tlf. 987 69 60 83
E-mail: olga250971@hotmail.com
Responsble del retiro: P. Marcelino Iragui
Muchas gracias y que la Reina de la Paz les
bendiga
María Lourdes Palau Fuster
(Distribuidora de Eco en España)
7
background image
Villanova M., 8 de marzo 2009
Resp. Ing. Lanzani - Tip. DIPRO (Roncade TV)
Conviertenos a ti,
oh Padre y salvación nuestra,
y fórmanos en la escuela de tu sabiduria,
para que el compromiso cuaresmal
deje huella profunda en nuestra vida.
La Pascua es la fiesta
de las piedras removidas
Es la fiesta del terremoto...
Por la mañana del dia de Pascua
las mujeres,
llegando al huerto,
vieron la piedra removida del sepulcro.
Cada uno de nosotros tiene su piedra.
Una gran piedra
puesta en la embocadura del alma,
que no deja filtrar el oxígeno,
que oprime como mordaza de hielo;
que bloquea cada rayo de luz,
que impide la comunicación con el hermano.
Es la piedra de la soledad,
de la miseria, de la enfermedad,
del odio, de la desesperación, del pecado.
Somos como tumbas enloquecidas,
cada una con su sello de muerte.
La Pascua, pues, sea para todos
el rodar de esa piedra,
el fin de las pesadillas, el inicio de la luz,
la primavera de las nuevas relaciones.
Y si cada uno, saliendo de su sepulcro,
se esforzará en remover
la piedra de su vecino,
se repetirá finalmente el milagro
que señaló la resurección de Cristo.
Don Tonino Bello
¡Todo se ha cumplido!
H
ISTORIA DE UN
P
RISIONERO QUE NO
SE DEJO ROBAR LA
L
IBERTAD
Según el concepto cristiano, los hombres,
hasta el momento de la muerte, son llamados
a cumplir la voluntad de Dios Padre, y la
muerte es el último acto, el definitivo y deci-
sivo, en el cumplimiento de esta voluntad.
Jesús nos lo enseña en la cruz. Él es una obra
concluida de Dios Padre. ¡Es la obra más bel-
la! ¡Y no se dejó sin concluir! Nosotros nos
arriesgamos a menudo a ser “obra sin
concluir”!
cada vez que le damos la espalda
a Dios y a su llamada. El nos llama a la vida
y nosotros preferimos contemplar nuestra
muerte. El nos llama a la alegria, pero noso-
tros preferimos llorar. El nos llama a la san-
tidad y nosotros preferimos permanecer
empantanados en el fango de nuestros peca-
dos y de nuestras inconsistencias.
Cuando, en cambio, el hombre se deja
modelar por Dios, cuando deja que éste
artista culmine su esplendida obra, asistimos
a un verdadero prodigio, el prodigio de la
santidad que puede llegar hasta el testimonio
extremo: el don de la vida... el martirio.
Tal vez sea desconocido para muchos,
pero hubo un hombre que en este aspecto tie-
ne mucho que enseñarnos. Se trata de un reli-
gioso carmelitano holandés, Tito
Brandsma,
un profesor de filosofía y de
“historia de la mística” en la Universidad
Católica de Nimega. Era la época del nazi-
smo y el profesor Brandsma acusaba abierta-
mente a los nazis... Naturalmente fue arresta-
do por la Gestapo, procesado y encarcelado.
En una página de su diario escribe: “La voca-
ción por la Iglesia y el sacerdocio me han
enriquecido de tantas dulzuras y de tantas
alegrias que ahora acepto de buena gana todo
lo que pueda parecerme amargo...Claro que
me falta la Misa y la Comunión, pero a Dios
le siento muy cerca, en mi, y conmigo...”
El Viernes Santo de 1942, los guardias
que vigilaban el campo enloquecieron en su
maldad. Pusieron una corona de espinas,
hecha con alambres, sobre la cabeza de un
sacerdote y obligaron a los prisioneros a
cantar el himno: “Oh cabeza coronada de
afiladas espinas”
Durante la noche de ese
terrible día, el padre Tito mantuvo en secre-
to una meditación sobre el misterio del sufri-
miento. Un testigo nos lo explica así:
“Entorno a él, los prisioneros estaban sobre
los catres formando tres filas.Todo el barra-
con apestaba a zuecos podridos, a vestidos
sucios y sudados. Esos hombres de cabeza
rapada le miraban con ojos apagados y algo
siniestros... y justo ante mi, de pie y sobre
una caja vacia de patatas, el profesor Tito
nos habló de la Pasión de Cristo... las pala-
bras, que le salían directamente del corazón,
tuvieron profundo calado entre nosotros. Y
todo el barracón permanecía en silencio. El
silencio se hizo casi opresivo. Cada cual
luchaba con sus problemas(....) y sus mise-
rias, pero el padre Tito dió a todos una solu-
ción: nuestro amor por Dios... Y luego, aña-
día: “en este día debe haber entre nosotros
un ambiente de agradecimiento, porque
podemos ver la Pasión de Cristo unida a
nuestro sufrimiento”.
Otro de sus oyentes
nos narra: “Volvimos en silencio a nuestros
barracones; nadie hablaba: el Espiritu de
Dios nos había acariciado”. Los guardias
vigilantes intuyeron algo de esta extraña
reunión y a la mañana siguiente el padre car-
melitano fue castigado.
El 19 de junio del mismo año ingresó
en el campo de Dachau, y allí inició su
verdadero calvario.
El primer encuentro
fué con un gendarme que odiaba especial-
mente a los religiosos. Comenzó a pegar-
le con una madera y durante el desfile se
divertía dándole patadas en los talones
hasta que le sangraron. Cada día tenía
reservado para él este trato. Un día, un ofi-
cial de las SS, viéndolo en penosas condi-
ciones, le dijo que no se preocupara por-
que pronto festejaría su Ascensión al cie-
lo, pasando antes por el horno crematorio.
El trabajo era durísimo, infinitas eran las
humillaciones, muchos los golpes, pero
para él siempre por partida doble, hasta el
punto que los demás decían que le trata-
ban como al Cristo flagelado.
Pero nun-
ca se le escapó una critica hacia sus negre-
ros. Se confiaba a sus amores: la Virgen
del Carmelo y la Eucaristía. Muy valioso
fué para él el apoyo de la Eucaristía que
conseguía tener casi a diario gracias a los
sacerdotes alemanes prisioneros en el
campo, a los que se concedía algo más de
libertad. En la funda de sus gafas llegaba
a custodiar un pequeño trozo de la
Sagrada Forma, hasta el dia siguiente; con
la restante parte, comulgaban hasta diez
prisioneros, corriendo cada vez el riesgo
de ser castigados severamente. Por la
noche, a menudo no conseguía dormir, y
Tito pasaba largos ratos adorando ese tro-
cito de Sagrada Forma que le quedaba,
confiándole el sufrimiento de todos los
prisioneros.
Luego llegó el fatídico dia en el que el
padre Tito, al igual que Jesús, dijo: ¡Todo
se ha cumplido!
Estaba tan extenuado que
los compañeros de prisión lo mandaron al
jefe de la sección hospitalaria, para que lo
ingresaran. El médico se mostró demasia-
do dispuesto a ayudarles. A Tito se lo lle-
varon y ya no lo vieron más.
Todo lo que aconteció después, lo
sabemos por un testigo de excepción...
Fue ella quien mató a Tito y llegó a con-
vertirse, precisamente porque el recuerdo
de éste sacerdote nunca la abandonó.
Entonces era una joven que ejercía como
enfermera, pero que obedecía, por mie-
do,a las ordenes inhumanas del oficial
médico... Esta mujer nos ha explicado
cómo se le grabaron las palabras del padre
Tito mientras sufría esos maltratos tan ter-
ribles: “Padre, no se haga mi voluntad,
sino la tuya”.
Todos los enfermos la insul-
taban y la odiaban; este sacerdote, en
cambio, con la delicadeza y el respeto de
un padre, le dijo: “¡Qué pobre mujer es
usted! ¡Yo rezaré por usted!”.
Le regaló
también su corona del Rosario. Ella le
dijo que no la sabía rezar. El, le contestó:
“No hace falta que digas toda la Ave
Maria, basta con que digas: ¡Ruega por
nosotros, pecadores!”
Fue precisamente ella quien el 26 de
julio de 1942 le inyectó acido fénico.
Mientras esa mujer inyectaba ese suero
mortal en las venas del Santo martir, el le
transmitía con su bello testimonio la ter-
nura del amor de Dios y la fé.
¡Todavia hoy, Cristo sigue sufriendo
en su cuerpo que es la Iglesia! ¡Cuántos
frutos de redención genera todavía su
Pasión! Ante el “todo se ha cumplido” de
Jesús y del beato Tito, preguntémonos
seriamente: ¿Y yo, donde estoy?¿Qué
hago en mi vida?¿Esta muriendo la semil-
la en mi, para dar luego su fruto?
p. Gabriele Pedicino o.s.a.
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