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Eco de Maria Reina de la Paz 198 (Marzo-Avril 2008)

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Mensaje de María del 25 de enero de 2008:
“¡Queridos hijos! Con el tiempo cua-
resmal, os acercáis a un tiempo de gracia.
Vuestro corazón es como tierra labrada
preparado para recibir el fruto que crece-
rá con el bien. Hijitos, vosotros sois libres
de elegir el bien o el mal. Por eso os invi-
to: orad y ayunad. Sembrad alegría, y el
fruto de la alegría crecerá en vuestros
corazones para vuestro bien, y los demás
lo verán y lo recibirán a través de vuestra
vida. Renunciad al pecado y escoged la
vida eterna. Yo estoy con vosotros e inter-
cedo por vosotros ante mi Hijo. ¡Gracias
por haber respondido a mi llamada!”
Sembrad alegría
Si guardáis mis mandamientos, permane-
ceréis en mi amor, como yo he guardado los
mandamientos de mi Padre y permanezco en
su amor. Os he dicho esto para que mi ale-
gría esté en vosotros y vuestra alegría sea
completa.
(Jn 15, 10-11). Han pasado ya casi
dos mil años desde que Jesús pronunció estas
palabras; mientras, muchas cosas han cam-
biado en el mundo, pero la esencia de la vida
permanece intacta. A pesar de los éxitos de la
ciencia y de la técnica, a pesar de los sueños
de omnipotencia del hombre, éste sigue sien-
do una criatura necesitada de Dios, incapaz
de dar y de recibir alegría si no es por Él y en
Él. Permanecer en el Amor de Jesús es una
condición de la que no se puede prescindir si
queremos que su alegría esté en nosotros y
que nuestra alegría sea plena.
Existen otras alegrías, también lícitas y
buenas, pero son frágiles y pasajeras; son
alegrías parciales que no consiguen llegar a
ser alegría plena. Esta plenitud se experi-
menta sólo en la medida en la que nos aban-
donamos a Su Amor. Entonces la alegría no
será un bien efímero sino existencial, no
dependerá de nuestro estado de salud o de
bienestar, no será un sentimiento sino la
expresión de una vida injertada en la Vida.
Quien lo experimenta puede testimoniar que
nada podrá separarnos del Amor de Cristo
(cfr Rom 8, 35-39) y que el fruto de este
Amor es la alegría plena. Esta posibilidad se
ofrece a todos pero requiere la observancia
de todos los mandamientos de Dios; no se
trata de un precio a pagar: el Amor de Dios
no se compra; es un don gratuito a la espera
sólo de un corazón tierno, permeable y
capaz de acogerlo.
El tiempo cuaresmal es para ello, espe-
cialmente adecuado: es tiempo de gracia
ideal para transformar nuestro corazón en
humus acogedor y fértil. Vuestro corazón
es como tierra labrada preparado para
recibir el fruto que crecerá con el bien.
Este fruto es Cristo Jesús; Él es quien espe-
ra ser recibido por nosotros, Él es quien
espera poder crecer en nosotros. Jesús se
ofrece a nosotros, no se impone, sino que se
dona; tal como lo hizo hace 2000 años. A
nosotros nos toca pues, como entonces,
escoger. Vosotros, hijos, sois libres de ele-
gir el bien o el mal.
Mira: hoy pongo ante ti
la vida con el bien, la muerte con el
mal,.....escoge la vida para que vivas, tú y tu
descendencia
(cfr. Dt 30, 15-20).
Renunciad al pecado y elegid la vida eter-
na:
Él es nuestra vida y nuestra longevidad,
Él es nuestra vida eterna.
Por esto os invito: orad y ayunad. La
oración y el ayuno nos ponen en condiciones
de saber elegir el bien, y no se trata de una
elección humillante sino gozosa. Sembrad
la alegría y el fruto de la alegría crecerá
en vuestros corazones para vuestro bien,
y los demás lo verán y lo recibirán a tra-
vés de vuestra vida.
Es una invitación al
apostolado del amor; no con palabras, no
con adoctrinamientos, sino con ejemplos de
vida: Jesús no es una idea, no es un concep-
to; es el Viviente, la Persona a encontrar, a
conocer, a frecuentar, a vivir. No son nues-
tros labios sino nuestra vida la que debe
hablar de Él. Vivid alegres en la esperanza,
pacientes en la tribulación, constantes en la
oración; compartiendo las necesidades de
los santos, procurando practicar la hospita-
lidad. Bendecid a los que os persiguen, ben-
decidlos y no los maldigáis. Alegraos con
los que se alegran, llorad con los que lloran
(Rom 12, 12-15). Así se siembra y se cultiva
la alegría; así se testimonia y así se comuni-
ca a Jesús. Paz y alegría en Jesús y María.
Nuccio Quattrocchi
Mensaje de María del 25 de febrero de 2008:
“¡Queridos hijos! En este tiempo de
gracia, os invito nuevamente a la oración
y a la renuncia. Que vuestro día esté hil-
vanado de pequeñas y fervientes oracio-
nes por todos aquellos que no han conoci-
do el amor de Dios. ¡Gracias por haber
respondido a mi llamada!”
Por aquellos que no han
conocido el amor de Dios
Si conocieras el don de Dios y quién es
el que te dice: “Dame de beber”, tú le
habrías pedido a él y él te habría dado agua
viva
(Jn 4, 10). Estas palabras de Jesús pene-
tran en el alma, te despojan de toda defensa,
te recuerdan tu responsabilidad. Son al mis-
mo tiempo una urgente invitación y una
reprobación que, si no se escuchan, pueden
ser preludio de una condena. Y si alguien
escucha mis palabras y no las guarda, yo no
le juzgo… la palabra que he hablado, ésa le
juzgará en el último día
(Jn 12, 47-48). Si
verdaderamente conociésemos el don de
Dios
nuestra vida sería muy diferente, el
mundo sería radicalmente diferente. Tanto
amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo
Unigénito, para que todo el que cree en él
no perezca, sino que tenga vida eterna
(Jn 3,
16). El que cree en él no es juzgado; pero
quien no cree ya está juzgado
(Jn 3, 18a). El
don de Dios es Jesús, y Jesús es el Amor
hecho carne. La salvación está en creer que
Dios es Amor y en acoger esta verdad no
desde el punto de vista intelectual sino exis-
tencial, hasta convertirnos en fuente de agua
que salta hasta la vida eterna
(Jn 4, 14b).
Es el camino de la santidad al que María
nos invita desde siempre y en particular en
estos últimos tiempos. Es un camino com-
prometido, ciertamente no fácil, pero posi-
ble. Basta con decidirse por Dios, pero deci-
dirse seriamente; basta con dejarse alcanzar
por su Amor, abrir el corazón sin fingimien-
tos, en un abandono confiado e incondicio-
nal, según las sugerencias y las invitaciones
repetidas constantemente por María: oración
y ayuno integrados en una vida sacramental
siempre más consciente. En este tiempo de
gracia os invito de nuevo a la oración y a
la renuncia.
María ha recomendado siem-
pre la oración del Rosario, especialmente en
familia. Se trata e un arma potentísima ante
la cual Satanás no resiste quizás porque esta
oración tiene el perfume de la Virgen María,
el sabor de Su humildad, el esplendor de su
ser Inmaculada. El santo Rosario es una ora-
ción que gusta mucho a María y que los
pequeños aprenden a apreciar mucho antes
que los sabios, pero que a la larga gusta a
todos; es una oración universal. La renun-
cia,
a la que María nos invita hoy, incluye y
amplía el campo del ayuno. Es renuncia a
“Mirad que voy a hacer cosas
nuevas; ya despuntan,
¿no os dais cuenta?”
(Is 43, 19)
Marzo – Avril de 2008
- Editado: por Eco di Maria, C.P.
47 - 31037 LORIA (TV)
(Italia) - Tel / fax 0423. 470331
A. 24, N° 3-4; Esd.a.p. art.2,com.20/c, leg.662/96 filiale di MN-Autor.tribun.MN: 8.11.86, ccp 14124226
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Satanás, a todas sus obras, a sus seduccio-
nes, al pecado, a todo egoísmo y a todo mal.
Es renuncia a lo superfluo, a cualquier abu-
so, ofensa, prevaricación. Es sobriedad de
vida, y silencio.
Oración y renuncia son las vías del
camino que María nos propone, un camino
ágil, veloz y seguro para llegar al Corazón
de Jesús. Pero hay otra petición específica:
Que vuestro día esté hilvanado de peque-
ñas y fervientes oraciones por todos aque-
llos que no han conocido el amor de Dios;
que la incertidumbre al determinar quiénes
son éstos no nos lleve a infravalorar la invi-
tación de María.
Oremos para que todos, realmente todos,
podamos conocer el amor de Dios y tenga-
mos viva, en la mente y en el corazón, esta
invitación durante todo el día de forma que
nuestro día esté hilvanado por pequeñas y
ardientes oraciones
que secunden el deseo
de María y saquen de Ella la pureza necesa-
ria para convertirse en agua viva que fluye en
pensamientos, palabras y obras agradables a
Dios y que sacian la sed de aquellos con los
que nos encontramos a lo largo del día.
N.Q.
BENEDICTO XVI,
HOMBRE DE ESPERANZA
(sobre la Encíclica Spe Salvi )
Benedicto XVI, un pontífice “maestro de
la fe”, que mira siempre a lo esencial y que
nos ayuda a comprender nuestra identidad
cristiana. Siendo hijos de Dios desde el
Bautismo, recibimos el don de la fe, estamos
salvados en la esperanza, y vivimos de la
caridad (amor). La fe, la esperanza y la cari-
dad (amor divino) son las expresiones de la
“vida nueva” de los bautizados, a los que el
Papa ha dedicado sus primeras encíclicas:
Fides et ratio; Deus caritas est, Spe Salvi.
A este nuestro mundo de “usar y tirar”,
quizás se le ha olvidado la importancia de
las palabras del Santo Padre sobre la espe-
ranza cristiana contenidas en la última encí-
clica Spe Salvi (“En la esperanza hemos
sido salvados” Rom 8, 24). De hecho, se tra-
ta de una enseñanza simple, que se basa a
menudo en ejemplos como la santa esclava
africana Bakita, el cardenal vietnamita Van
Thuan, San Agustín y su profunda experien-
cia humana y religiosa y en el ejemplo de la
misma Virgen María. Pero a veces el “maes-
tro” vuela más bien alto con sus análisis
sobre palabras griegas o con sus doctas cita-
ciones de antiguos filósofos, como Platón o
de los más recientes como Marx.
¿QUÉ ES LA ESPERANZA CRISTIANA?
Pero no debemos asustarnos, basta con
seguir un poco el razonamiento. Hay un hilo
conductor desde el inicio hasta el final del
documento y la pregunta es: ¿Qué es la
esperanza cristiana?
¿Qué podemos espe-
rar hoy? ¿Qué puede esperar el hombre de
siempre?
La primera parte de la carta está
dedicada precisamente a explicar qué es
la esperanza,
basándose sobre todo en tex-
tos de la Sagrada Escritura y de la doctrina
de la Iglesia primitiva. La esperanza
“Cristiana” nace de la fe en Dios, que ama
al hombre, lo redime del pecado y de la
muerte mediante la resurección de su Hijo
Jesús, lo hace hijo suyo en Cristo y le pro-
mete la vida eterna con Él. Luego la espe-
ranza es certeza, fundada en la promesa de
salvación de Dios, o sea de la vida eterna
con Dios y con la comunidad de los creyen-
tes. Por esto, el que cree en Dios Padre y en
su Hijo Jesucristo y vive en caridad (en gra-
cia de Dios, en el amor de Dios) está “salva-
do en la esperanza”, esperanza cierta, por
estar fundada en la fidelidad de Dios, en la
promesa y en la posibilidad de vivir eterna-
mente con él. La esperanza por tanto es
una razón de vida fundada en Dios
y la
diferencia con el mundo es que el mundo
vive “sin esperanza y sin Dios”.
¿QUEREMOS DE VERDAD
LA VIDA ETERNA?
Tras habernos dado explicaciones sobre
qué es la esperanza, el Papa se enfrenta a
otras preguntas: ¿Queremos de verdad la
vida eterna? ¿Qué es en realidad la vida
eterna? ¿Porque hoy día ya no interesa? Y
yendo mas allá : ¿Qué es lo que ha hecho
perder la esperanza al mundo? ¿Sobre qué
certezas se basa el mundo de hoy? ¿Qué hay
que hacer para dar nueva esperanza al mun-
do? ¿De dónde sacarla?
El Papa Benedicto hace un recorrido des-
de los inicios de la filosofía de los tiempos
modernos: desde Bacon, partidario de la cien-
cia y de la técnica, hasta el Iluminismo fran-
cés, que exalta la razón,: desde Kant, que ve
el peligro de un naufragio moral del mundo si
pierde el contacto con Dios, pero no sabe
como conciliar fe con realidad y razón, hasta
la confianza en el progreso confiado al resca-
te social de las masas, propuesto por Marx,
pero que no obtiene los resultados esperados;
para llegar a la conclusión de que el hombre
con sus propias capacidades no es capaz de
labrarse un futuro y una esperanza, pero
haciendo hincapié en que ese futuro y esa
esperanza existen: “La verdadera gran espe-
ranza del hombre, que permanece a pesar de
todas sus desilusiones, sólo puede ser Dios, el
Dios que nos ha amado y que todavía nos ama
“hasta el final”, “hasta el pleno cumplimien-
to” (Jn 13,1 y 19,30) (n.27).
“Quien es tocado por el amor comienza
a intuir el significado de la palabra “vida
eterna”, la verdadera vida, que por entero,
libre de amenazas y en toda su plenitud es
simplemente vida” (n.27). “Y Jesús, que
dijo haber venido para darnos vida y para
dárnosla en abundancia, nos dice también el
significado de esta vida: Esta es la vida eter-
na: que te conozcan a Ti y al que enviaste,
Jesucristo” (Jn 17, 3) (íbid.)
UN NUEVO PAGANISMO
El discurso continúa indicándonos “los
lugares” donde se puede cultivar la espe-
ranza cristiana:
en la oración, en la fatiga y
el sufrimiento de la vida cotidiana, en la
prospectiva del Juicio Final. El interés por el
documento ha sido escaso; incluso su eco
entre los medios de comunicación ha sido
muy flojo, tal vez porque la gente vive hoy
muy cerrada en sí misma y hay mucho
escepticismo. La definición de San Pablo
referente a los paganos, “gente sin esperan-
za”(Ef.2,12) es fiel reflejo del paganismo
que se vive en nuestros días.
Pero si lo leemos con la sensibilidad que
ha despertado en los corazones la Reina de la
Paz en Medjugorje, el documento resulta
muy interesante: es un vademecum, una guía
para el futuro de los cristianos y de los no
creyentes. Además, ¿para qué ha venido la
Virgen, sino para tomarnos de la mano, evi-
tar los peligros de la ruina total y para recon-
ducirnos por los caminos de Dios, que
hemos perdido?
ECOS DE MEDJUGORJE
Sería interesante comparar los men-
sajes de la Virgen con las palabras del
Papa.
El espacio no nos lo permite; pero si
uno ha aprendido en estos largos años de
gracia lo que dice y repite la Virgen Santa,
se hallará en perfecta sintonía con la encícli-
ca Spe Salvi. El primer mensaje que la
Virgen nos trajo fue: “Dios existe”, como
diciendo: el hombre, por sí solo, no basta; a
pesar del progreso a veces ambiguo, que
puede alcanzar; éste puede servir al bien o al
mal. Entonces es cuando la Virgen nos pide
que elijamos a Dios y que le pongamos en
primer lugar y nos alerta de la presencia y de
la acción de satanás. El mundo de la cultura
ha despreciado esta encíclica, tal vez porque
cuando se dice la verdad (p.ej. cuando se
menciona los límites de la ciencia y del pro-
greso) se pierden los amigos; les ocurre lo
mismo a aquellos a los que les molesta los
mensajes de la Virgen, tanto fuera como
dentro de la Iglesia misma.
LAS INVITACIONES DE MARÍA
Y una vez más: “¡Orad, orad, orad! “
nos dice la Virgen. ¿Por qué? No porque
quien reza sea correcto y meticuloso en sus
deberes: sino porque sin diálogo con Dios
no se comprende qué dirección debe tomar
la vida y cuál es el significado del presente.
Y además la Virgen nos invita a que nos
abandonemos a Dios y que nos pongamos
en sus manos, incluso en las pruebas y en el
sufrimiento; y a que abramos nuestro cora-
zón a la alegría y a la esperanza como forma
principal de testimonio cristiano. Porque
así, dice el Papa : “La medida de la humani-
dad se determina en la relación con el sufri-
miento y con el que sufre” (n.38). “Sufrir
con el prójimo, sufrir por los demás, sufrir
por amor a la verdad y a la justicia, sufrir
para llegar a ser una persona que ama de
verdad, estos son los elementos fundamen-
tales de humanidad, sin los cuales el mismo
hombre se destruye” (n. 39). Recordemos
también todas las ocasiones en que la Virgen
nos habla de la vida eterna y de la acción de
satanás para llevar al hombre a la ruina eter-
na: ¿No son las mismas peticiones que hace
el Papa, especialmente en la parte final?
Y la conclusión misma de la Encíclica
nos lleva a un fecundo acercamiento con
los eventos de Medjugorje.
La Virgen, en
los dos números conclusivos (n. 49-50) es
llamada y venerada como “Estrella del
mar”, mostrando a la humanidad, como los
astros a los navegantes, el rumbo a seguir en
el viaje por el mar oscuro y borrascoso de la
historia. Y así es como ora el pueblo cristia-
no: ¡Salve Reina, Madre de Misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra, Salve!
Don Nicolino Mori
2
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El Santo Padre comenta:
“Persiste aún una mentalidad machista,
que ignora la novedad del cristianismo, el
cual reconoce y proclama la igual digni-
dad y responsabilidad de la mujer respec-
to del hombre. Hay lugares y culturas
donde se discrimina a la mujer y se la
infravalora por el mero hecho de ser
mujer, donde se recurre incluso a argu-
mentos religiosos y a presiones familia-
res, sociales y culturales para sostener la
disparidad de sexos, donde se consuman
actos de violencia hacia la mujer hacién-
dola objeto de malos tratos y de utiliza-
ción en la publicidad y en la industria del
consumo y de la diversión. Ante fenóme-
nos tan graves y persistentes aparece cada
vez con mayor urgencia el compromiso
de los cristianos para que sean promoto-
res de una cultura que reconozca a la
mujer, con el derecho y en la realidad de
los hechos, la dignidad que le compete”.
E
L
A
RMA
I
NVENCIBLE
La verdadera oración es el motor del
mundo, porque lo mantiene abierto a Dios.
Por esto, sin oración no hay esperanza, sólo
hay ilusión.
Sin la dimensión de la oración, el ser
humano acaba cerrándose en sí mismo, y la
conciencia, que debiera ser eco de la voz de
Dios, puede reducirse al espejo del yo, y el
coloquio interior se vuelve monólogo dando
entrada a mil autojustificaciones.
La oración es garantía de apertura
hacia los demás; quien se hace libre para
Dios y sus exigencias, se abre simultánea-
mente al prójimo, al hermano que toca a la
puerta de su corazón y pide ser escuchado,
pide atención, perdón, e incluso corrección
pero siempre en la caridad fraterna.
La verdadera oración nunca es ego-
céntrica sino siempre dirigida a los demás.
Cuanto mayor sea la esperanza que nos ani-
ma, tanto mayor será la capacidad de sufrir
por amor a la verdad y al bien, ofreciendo
con alegría
las pequeñas y grandes fatigas
de cada día e introduciéndolas en la gran
com-pasión de Cristo.
Benedicto XVI
La mujer es
una misión
que genera la Iglesia
Es lo que se destaca en los trabajos de un
congreso muy valioso titulado: “Mujer y
varón, el ser humano en su integridad”,
que tuvo lugar en el Vaticano al comienzo
del pasado mes de febrero. Hace veinte años
la bellísima Carta Apostólica del Papa
Wojtyla, Mulieris dignitatem, arrojó luz
sobre la figura de la mujer. Hoy, el deseo de
profundizar en el conocimiento de la mujer
como parte imprescindible del hombre en su
integridad (“varón y mujer los creó” Gn 1,
27), es lo que ha motivado este congreso y
ha dado muchas luces a los conferenciantes,
la mayor parte de ellos mujeres.
Juan Pablo II, al indicar el valor del
genio femenino había proporcionado un
punto de partida importante: el “genio feme-
nino” es esa capacidad de “ver más allá”,
“intuir” y “ver con los ojos del corazón”,
afirmó Paola Bignardi – una pedagoga lla-
mada a reflexionar sobre la responsabilidad
y sobre la participación de la mujer en la
edificación de la Iglesia y de la sociedad.
“Esta capacidad propia de la mujer hace que
en ella la vocación pase a través del amor y
que su contribución principal esté en edificar
una Iglesia que también sea maternal, testi-
moniando una Iglesia que ama, que sabe
expresar la sinfonía de un amor que da sen-
tido a la vida”.
Generar la vida es una de las expe-
riencias fundamentales de la mujer, no
sólo físicamente sino también espiritual-
mente.
Lo vemos en muchas mujeres que
viven plenamente su maternidad a través de
los canales invisibles del Espíritu, que a tra-
vés de ellas genera almas para Dios y rege-
nera situaciones que han quedado sin vida o
corren el riesgo de perderla (“La generación
es primero un dato del alma que del cuer-
po”, afirma a este respecto Dª Bignardi). El
papel de la mujer en el seno de la Iglesia la
mayor parte de las veces se contempla des-
de la óptica del servicio, un aspecto funda-
mental que valora esa parte de la mujer
capaz de entregarse de forma incansable y
sin cálculos. Pero si nos limitamos a esto,
corremos el riesgo de reducir drásticamente
las potencialidades de la mujer, privando a
la humanidad de una contribución impor-
tantísima que en cambio Dios sí tenía pre-
visto. “Para la mujer vivir la propia identi-
dad en la Iglesia significa contribuir a gene-
rar la Iglesia” continúa en su discurso la
pedagoga, “la Iglesia está generada por el
Espíritu pero humanamente necesita ser
generada y creo que la mujer la puede gene-
rar en su maternidad, contribuyendo a hacer
de modo que la Iglesia sea verdaderamente
también ella madre”.
¿Qué significa para la Iglesia, en reali-
dad, ser madre? Significa que quien busca
pueda encontrar una “Iglesia que acoge, una
Iglesia que confirma la libertad de la propia
vida, que sabe perdonar, que hace sentir que
siempre se puede volver a empezar”.
Entre las intervenciones especialmente
relevantes la de la polaca Alicia Kostka, que
ha hecho su tesis doctoral sobre la dignidad
y la vocación de la mujer desde la perspecti-
va del padre Josef Kentenich (1885-1968).
“El Padre Kentenich describe la mujer como
imagen de Dios”, afirma, “debemos ser
¿Un nuevo dogma
mariano?
Es la petición de cinco Cardenales en
una carta al Papa para que se declare un
quinto dogma mariano que proclamaría a
María como Madre Espiritual de toda la
Humanidad, corredentora con Jesús
Redentor,
mediadora de todas las gracias
con Jesús, único mediador, abogada con
Jesucristo a favor del género humano”. Los
purpurados señalan la urgencia en este tiem-
po, de concretar la función de la Madre del
Redentor y su “cooperación única en la obra
de la Redención, así como su función en la
distribución de la gracia y en la intercesión
por la familia humana.”
Una de las razones que ha motivado esta
petición se basa en un plan de compromiso
ecuménico al “servicio de clarificación a las
demás tradiciones religiosas y para procla-
mar la plena verdad cristiana de María”.
Según uno de los firmantes ha llegado “el
momento de la definición papal sobre la
relación de la Madre de Jesús con cada uno
de nosotros, sus hijos terrenos, en su papel
de corredentora, mediadora de todas las gra-
cias y abogada: “Proclamar solemnemente a
María como madre espiritual de todos los
pueblos quiere decir reconocer plena y ofi-
cialmente sus títulos, y por lo tanto activar,
llevar a una vida nueva las funciones espiri-
tuales, de intercesión, que ofrecen a la
Iglesia para la nueva evangelización, y para
la humanidad en la delicada situación que
vive actualmente”.
Redacción
El sacrificio de Cristo,
don de un corazón purificado
En este tiempo en el que nos hemos prepa-
rado para la Pascua, el término sacrificio ha
resonado constantemente en nuestras iglesias
y en las reflexiones que hemos hecho cada
uno. Sin embargo esa palabra todavía hoy
resuena en nosotros espontáneamente con
una acepción negativa, mientras que en el
sentido religioso tiene en cambio un signifi-
cado muy positivo: “Sacrificar no significa
privar, significa convertir en sagrado, al
igual que santificar significa convertir en san-
to, simplificar hacer simple”, dijo el card.
Vanhoye, el predicador de los ejercicios espi-
rituales al Santo Padre y a los miembros de la
curia romana.
En el Antiguo Testamento la intención del
sacrificio era la de cambiar la disposición de
Dios, para obtener sus favores, a cambio de
los dones ofrecidos. Otra cosa ocurre con el
sacrificio cristiano cuyo objetivo es el de
cambiar la disposición del hombre, no las
disposiciones de Dios: “Su objetivo es el de
dar un corazón purificado y dócil a Dios”,
especificó el cardenal.
Pero para establecer el contacto, la plena
comunión con Dios “al pecador tiene que
ayudarle un mediador que no sea pecador”.
Por esto el Padre nos ha dado a su Hijo, que
ha sido una “víctima digna y sacerdote capaz.
Víctima digna porque tenía una perfecta inte-
gridad moral y religiosa, era sin mancha, san-
to, inocente, inmaculado. Fue sacerdote
capaz en cuanto que estaba pleno de la fuer-
za del Espíritu Santo”.
También a nosotros nos es dado partici-
par de este sacrificio y gozar plenamente del
contacto con Dios que restablece el sacrificio,
esa comunión plena de la que todos estamos
sedientos. El lugar por excelencia donde todo
esto acontece es la Eucaristía: “Cuando cele-
bramos la Eucaristía y comulgamos, recibi-
mos en nosotros este intenso dinamismo de
amor, capaz de transformar todos los eventos
en ocasión de victoria en el amor”. Por lo tan-
to, el sacrificio es un acto muy positivo y
fecundo “que valora inmensamente el
ofrecimiento”.
conscientes también en nuestra vida cotidia-
na que el hombre y la mujer representan a
Dios, cada uno a su modo. La doctrina de la
Iglesia aún se esfuerza por demostrar que la
mujer como persona – que ama, que piensa,
que actúa – refleja a Dios.
Pero en su discurso el sacerdote alemán
muestra de modo más concreto que la mujer
es imagen de un Dios que es también Madre
en su entrega desinteresada: “El servicio
desinteresado como don natural de la mujer,
como potencia de la mujer, es reflejo de un
Dios que nos sirve, porque es fuerte y por-
que es amor. ¡Ser mujer es una misión!”
S.C.
3
Eco 198
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Los títulos que intentaré describir proce-
den de la Sagrada Escritura, en concreto del
Antiguo Testamento.
TORRE DE DAVID
Este título dirigido a una persona se uti-
liza en el Libro del Cantar de los Cantares,
pero no encontramos referencia a ninguna
construcción particular. Podemos pensar en
la ciudadela de David que era la parte más
alta y fortificada de Jerusalén que David
había elegido como su propio hogar, pero no
en una torre particular.
Para comprender mejor esta letanía hay
que comprender la importancia que tenían las
torres, y su función específica en tiempo de
guerra. Servían como baluarte de defensa,
eran puestos para poder escrutar el horizonte
y divisar al enemigo desde lejos, la torre era
la última defensa donde refugiarse. Las torres
servían para poder comunicarse, a través del
fuego o del humo, con otras torres lejanas.
Cuando refiere a María adquiere todo un
significado espiritual. María es defensa del
pueblo cristiano contra los ataques del
maligno. Ella es un óptimo “observatorio”
para poder contemplar la belleza de Dios. La
Virgen es un punto de referencia óptimo a lo
largo del difícil camino de la vida para no
perder de vista la meta. María, para muchos
cristianos que por circunstancias graves no
pueden acercarse a la Eucaristía y al sacra-
mento de la reconciliación, es la única “tabla
de salvación” que les permite permanecer
unidos a Dios. Porque permanecer con
María es permanecer con Dios. Dar a María
el título de torre es reconocer en ella que es
la óptima cristiana capaz de desenmascarar
los planes maléficos de Satanás y su presen-
cia devastadora. En la historia de la Iglesia
los periodos de fuerte crisis de fe o en los
momentos de ataques de los enemigos, se ha
superado las dificultades siempre gracias a
la intervención de María o de santos que se
han dirigido a Ella.
TORRE DE MARFIL
También está letanía está sacada del
Cantar de los Cantares donde el esposo
admira y exalta la belleza de la esposa. Si en
la letanía anterior la torre recordaba una
construcción para los tiempos de guerra,
aquí la torre se convierte en símbolo de
belleza, signo de potencia que atrae y fasci-
na y que no pasa desapercibida.
En el Medievo las torres en las ciudades
(Siena, Bolonia, Pisa…) daban un aspecto
de elegancia y de riqueza. Servían como lla-
mada a los peatones, a los peregrinos y aho-
ra a los turistas. También nuestros campana-
rios tienen la misión de recordar y señalar la
presencia de la casa de Dios que, como el
marfil, es bella y preciosa.
CASA DE ORO
La Virgen Santísima aquí está parango-
nada a una casa de oro. La casa es para cada
persona el lugar donde está a gusto. Donde,
cuando afuera hay tormenta, se está salvo y
seguro. En la casa se conservan los afectos
más queridos, se viven los momentos más
El perdón
Si deseas mantener la paz en las pruebas de la vida, perdona. Si deseas alegría y no
tristeza, perdona. Si deseas amar de verdad, perdona.
Pero los hombres, después de huir del Paraíso, ya no podían perdonarse mutuamente, ni
eran capaces de pedir perdón al Padre, porque el demonio los tenía como esclavos, dándo-
les un corazón de piedra y lleno de pecado. Entonces el Hijo, viendo que los hombres ya no
eran capaces de pedir perdón, pensó en hacerse hombre, pensó en tomar Él un cuerpo huma-
no, naciendo de mujer, tomar sobre sí todo rostro humano, tomar sus sentimientos, y pedir-
le perdón al Padre como hombre, en representación de los hombres, tal como hizo. Entonces
el Padre donó a los hombres un corazón de carne en lugar del de piedra y abrió las puertas
de su Corazón, e hizo entrar en el Cielo a muchas personas que satanás tenía atadas en la
tierra. Por esto se dice que el hombre ha sido salvado por un estupendo juego de amor de
Dios, que se ha hecho hombre para que ese hombre diga lo que no era capaz de decir:
“Padre, perdona” (Lc 23, 33).
Siempre haciendo referencia al perdón, el apóstol Pedro un día le preguntó a Jesús si es
suficiente con perdonar siete veces al hermano que peca. Pero Jesús responde que hay que
perdonar no siete, sino setenta veces siete, o sea siempre, dándonos a entender la importan-
cia del perdón. Otras veces Jesús ha dicho que hay que perdonar: “Amad a vuestros enemi-
gos, haced el bien a los que os odian” (Lc 6,27).
De estas palabras se entiende que el perdón está estrechamente ligado al amor: sí, no se
puede amar sin perdonar. Cierto es que podemos perdonar sólo si vemos a la persona como
un don, si consideramos como un don cada vivencia que nos ofrece la vida, incluso las mas
difíciles, como hizo María. De hecho, cuando le dicen que debe huir de noche porque quie-
ren matar al Niño, no juzga esta circunstancia como una desgracia, sino como un don.
Cuando Jesús responde a sus padres que su madre, su padre y sus hermanos son los que
hacen la voluntad del Padre, María no se queda resentida, sino que considera esas palabras
como un don. Cuando le matan al Hijo, y lo ve morir en la cruz, continúa amando conside-
rando esa muerte como un don.
El ejemplo de María es para nosotros una gran enseñanza y nos empuja a hacer como
Ella, que siempre ha sabido ver el don. Entonces, pidámosLe que también nosotros seamos
capaces de ver el don en nuestra vida. De esta manera, tal vez, nuestra vida podrá ser un
agradecimiento al Padre por los dones recibidos y, sobre todo, por el Don recibido: Jesús.
De esta manera, tal vez, morará en nosotros constantemente un gran deseo de perdonar, que
nos permitirá amar a toda persona, a toda la creación, con el amor de Jesús.
Como uno que sirve
¿Cómo es posible que un dios venga a la tierra a servir? Sin embargo, el Hijo, que es
Dios, ha venido entre nosotros para servir, como Él mismo dijo:”Yo estoy entre vosotros
como uno que sirve” (Lc 21,21). Pero Jesús lo ha dicho, sobre todo, con su vida. Él puso de
verdad en práctica sus palabras:”El que entre vosotros quiera llegar a ser grande, sea vues-
tro servidor” (Mt 20, 26).
Jesús nos invita también a nosotros a hacer como Él hizo, que lavó los pies a los após-
toles, nos invita también a nosotros a elegir la parte del siervo, la parte mejor que nadie
podrá quitarnos. Jesús nos invita a servir. Pero, ¿qué significa servir? ¿ por qué Jesús nos
pide que sirvamos? Tal vez servir quiera decir perder algo nuestro, perder algo para donár-
selo al prójimo, privarnos de algo que nos pertenece.
Sirviendo, es como si nuestro corazón se vaciara parcialmente, dejando un espacio
vacío. Y ese espacio, nadie sabe cómo, se llena de inmediato del amor de Dios, de Dios mis-
mo. Por tanto servir no significa perder, o mejor, es perder algo nuestro para acoger el amor
de Dios, para acoger una realidad infinitamente más valiosa que la que perdemos. Por esto
Jesús se ha hecho siervo: para hacer abundante espacio al Amor del Padre.
Satanás sabe bien que el hombre esta llamado a servir y sabe también que si el hombre
no se pone a servir, obrará siempre el mal, porque su corazón no deja espacio al Amor. Por
este motivo le incita siempre a no servir, como él hizo. Escojamos pues la parte del siervo,
como nos pide Jesús, porque solo así podremos acoger el Amor.
También María escogió el servir, como Ella misma declara:”He aquí la esclava del
Señor, hágase en Mi según tu palabra.” Por esto María se llenó del Espíritu Santo hasta el
punto que todas las generaciones la llamarán bienaventurada. Dejémonos pues educar por
María para ponernos en todo al servicio del plan de Dios. De esta manera, en nuestro cora-
zón dejaremos un amplio espacio para acoger el Amor. Así, tal vez, nuestro corazón estará
lleno de gozo, como el de María. Así, tal vez, comprenderemos que también el Padre es un
Dios de Amor, porque es como uno que sirve. Así, tal vez, comprenderemos que el hombre
existe sólo porque su Dios es como uno que sirve.
L
AS
L
ETANIAS
...
P. Ludovico Maria Centra
íntimos y más importantes de una familia y
personales. Por eso es bello sentirse en casa
en el Corazón materno de María en el que se
puede encontrar a su hijo Jesús y el auténti-
co rostro del Padre.
La preciosidad de la casa: el Oro habla de
la belleza de las virtudes de María y es quizás
por esta razón que a lo largo de todos los
siglos los cristianos han querido embellecer
las iglesias dedicadas a la Madre de Dios y
sus imágenes con objetos de oro y los dona-
tivos procedían en general de los más pobres.
En conclusión, María es sin duda “la
casa” porque está siempre dispuesta a aco-
gernos a nosotros sus hijos y a estrecharnos
a su corazón.
P
ENSAMIENTOS
S
ENCILLOS
de Pietro Squassabia
4
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Dios, que se hizo cordero,
nos dice que el mundo
es salvado por el Crucificado
y no por los que crucifican.
El mundose redime
por la paciencia de Dios
y se destruyepor la impaciencia
de los hombres.
Benedicto XVI
¡La cruz
no es una meta!
de Stefania Consoli
¡Cuántas reflexiones sobre la cruz hemos
hecho en tiempo de cuaresma! ¡Cuántas ora-
ciones y pías devociones a Jesús que subía el
Calvario...! Pero ¿cuántas han sido las veces
que en realidad hemos pensado que el ins-
trumento de muerte que llevó a sus espaldas
era sólo un vehículo y no la meta del trayec-
to? Un vehiculo que lo iba a transportar más
allá de la barrera de la muerte, donde le
esperaba la resurrección y la vida eterna.
A diario afrontamos situaciones en las
que nos sentimos crucificados, obligados a
vivir algo que no nos parece un bien, y que
nos causa dolor. Son situaciones en las que
sentimos impotencia, frustración o derrota.
¿Cómo afrontamos estas cruces? ¿Las
vivimos pasivamente dejando que su peso nos
aplaste? ¿Las combatimos enfadándonos o
evitándolas? ¿Reivindicamos nuestro derecho
al bienestar y buscamos una salida que nos
distraiga, esperando que el problema desapa-
rezca por arte de magia? Y si todo esto no
sucede, cabe preguntarse: ¿Qué sentido tiene
la cruz? ¿Por qué Jesús nos la propone?
El sentido lo he encontrado escrito en
una frase de un hombre totalmente inmovili-
zado, obligado por su enfermedad a vivir en
su cuerpo como si fuera un capullo de larvas
cerrado. Interiormente en cambio, su ser iba
transformándose, con vitalidad, lentamente
en mariposa, lista para volar libremente
cuando los colores de su alma se hubieran
completado armoniosamente para el cielo.
Un hombre atado a una cama que con valen-
tía usaba la boca para escribir palabras de
esperanza, dirigidas a algunos que, si bien
podían moverse, vivían parálisis interiores
que les impedían acercarse a Dios.
LUIGI ROCCHI, ahora Siervo de Dios,
escribía: “¡No se debe amar la cruz, sino
que se debe amar a riesgo de la cruz!”.
He aquí el secreto escrito sobre esa
madera que Jesús nos propone “abrazar”. He
aquí su verdadero sentido. El objetivo es el
amor
, esa es la meta final. Un amor capaz
de superar cualquier dentellada de dolor. Un
amor capaz de cruzar más allá de esas “espe-
sas cortinas” que nos trae la prueba, que
como un filtro, sabe retener todo lo que es
impuro y grosero, para a su vez, dejar pasar
lo que está destinado a permanecer. Por todo
ello seremos juzgados al final.
Amar a riesgo de la cruz significa
entonces impulsarnos hasta lo imposible;
significa “desafiar al amor” cuando todo nos
dice que no lo hagamos: las antipatías, las
heridas, las ofensas recibidas, los resenti-
mientos, los rencores, los juicios humanos
que por un lado nos convencen de que tene-
mos razón, pero que en cambio nos traen
amarguras, inquietud y mal humor.
Amar en estas circunstancias cuesta
mucho de verdad, sangra nuestro corazón; nos
crea disgusto porque requiere renunciar a
nuestras ideas, a nuestra mentalidad e inclina-
ciones. Nos obliga a salir de nosotros mismos,
renunciando a defender una falsa dignidad,
fruto del amor propio y de nuestro orgullo.
Amar al enemigo, amar al adversario,
amar incluso al amigo que nos traiciona y
decepciona, amar sólo por amor al Amor.
“¡Padre perdónales, porque no saben lo que
¡COMIENZA DE NUEVO SIEMPRE!
No te rindas nunca:
ni cuando
la fatiga aparezca.
Ni cuando
tu pie tropiece.
Ni cuando
tus ojos estén cargados.
Ni cuando
ignoren tus esfuerzos.
Ni cuando
te abata la desilusión.
Ni cuando
el error te aflija.
Ni cuando
la traición te hiera.
Ni cuando
el éxito te abandone.
Ni cuando
la ingratitud te turbe.
Ni cuando
la incomprensión te rodee.
Ni cuando
todo parezca vacío.
Ni cuando
el peso de los pecados te aplaste.
Invoca a “tu” Dios,
aprieta los puños,
sonrie... y
¡Comienza de nuevo!
Padre, ¡perdónalos!
El cristiano es tal sólo si acepta esta con-
dición de su Maestro, perdonar a tu herma-
no tal como a ti se te ha perdonado.
Si hoy el
cristiano no es capaz de dar el perdón, a
veces incluso en el seno de la propia familia
o comunidad, es porque todavía no se ha
abierto plenamente al perdón de Dios, un
perdón que es medicinal, que es curativo,
capaz de sanar cualquier herida. Sentirte per-
donado por Dios es una explosión interior,
una explosión que hace que sientas “entregar
la vida” como una exigencia. Y ahora Jesús
en aquella cruz está diciendo al Padre: perdó-
nalos.
Esto es: haz que sientan este amor
desmesurado que tienes hacia ellos, infunde
en ellos este óleo sanador y liberador capaz
de realizar una nueva creación, una recrea-
ción.
Sí, Jesús desde esta palabra, y aún antes
con los gestos y las palabras de la última
cena nos revela el sentido de su pasión y de
su muerte en la cruz: Padre perdónalos…
Padre, vuelve a crearlos… hazlos nuevos… a
nuestra imagen como los habías querido al
inicio de la creación.
Allí, pues, donde hay sufrimiento y
muerte, allí, donde está la cruz y todo nos
habla de un final, en realidad, se está cum-
pliendo un inicio.
Mirad que voy a hacer cosas nuevas;
ya despuntan,
¿no os dais cuenta?
(Is 43, 19)
Sí, por ti hoy el Señor está cumpliendo
cosas nuevas, por tu familia, por esta socie-
dad nuestra confusa y desorientada. De esa
cruz está floreciendo la vida. No cierres los
ojos, no huyas de este dolor, no te hagas sor-
do a la oración de Jesús; él, esa oración la
está dirigiendo al Padre por ti, y repite:
Padre, perdónalos porque no saben lo que
hacen.
Sí, aún hoy, de esa cruz, un grito se alza
hacia el cielo, es el grito desesperado de la
oración del Señor: Padre perdónalos. ¡Hay
verdaderamente mucho de lo que todos
debemos ser perdonados! Sin excluir a
nadie, quien más quien menos, todos necesi-
tamos ser “liberados por el perdón de Dios”.
Su perdón tiene este poder liberador, nos da
esa libertad que anhelamos, aunque a veces
vayamos por caminos equivocados.
Todavía hoy lo estamos ofendiendo.
Leyes de los estados continúan burlándose
de Jesús, guerras despiadadas continúan
atando sus manos y sus pies, violencias y
abusos continúan perforando su cuerpo ino-
cente, pero la oración de Jesús, la dulce ora-
ción de Jesús es siempre la misma: Padre
perdónalos porque no saben lo que hacen.
p. Gabriele Pedicino
hacen!”(...) Palabras del Crucificado.
Palabras de perdón y de misericordia.
Palabras de un amor que permanecerá eterno,
mientras que la cruz será solo un recuerdo.
He venido a traer fuego a la tierra, y cómo
quisiera hallarlo todavía ardiendo”.
En esa
hora, en el Calvario, como un pedernal,
Jesús fue golpeado para generar una chispa
y luego una llama. Una madera, su cruz, des-
tinada a consumirse para mantenerla viva.
He aquí pues el sentido de nuestras
cruces: troncos echados en el horno de
nuestra vida, para que arda el amor que el
Espíritu infundió en vosotros con vuestro
bautismo.
“Al amor que te arrastra, no le pregun-
tes adónde va”, escribía Luigi, “ así yo no
pregunto nunca a Dios adónde me lleva mi
cruz. Sé que Él me ama y esto me basta”.
“¿De dónde vengo? Del Amor. ¿Qué
hago? Amo. ¿Adónde voy? Al Amor.
¿Por qué tanto sufrimiento?¿Qué mal he
hecho?¿Por qué, Jesús? Sentí entonces
la mirada del Nazareno, del Hijo de
Dios, que me turbó y me dijo: “Ni una
sola lágrima se perderá. La vida pasa a
través de la muerte, la alegría a través
del dolor”.
“Desde entonces mi vida no fue sólo
dolor, el dolor se hizo vehículo de ale-
gría, de amor, de vida. Estoy seguro que
también vosotros os habéis preguntado
esto, que también vosotros buscáis la
alegría: ésta depende de vuestra volun-
tad de amar a los que sufren, para que el
Reino de Dios venga al corazón de los
hombres, a aquellos inocentes que, a tra-
vés de su sufrimiento, preparan la nueva
venida de Jesús. No os canséis de soste-
ner un poco la cruz, de secar sus lágri-
mas, de mantener encendida la esperan-
za de la resurrección, cuando haya “cie-
los nuevos y tierra nueva” para todos.
Dios os bendiga.”
Luigi Rocchi
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Murió el mismo año en que comenzaban
las apariciones de la Reina de la Paz en
Medjugorje. Amaba mucho a la Santísima
Virgen y como Ella, se adhirió a la voluntad
divina de manera profunda, incluso cuando
el proyecto de Dios le requirió una inmola-
ción al límite del soportar humano.
Crucificada con el Cristo en la cruz, se dejó
consumir por la salvación de las almas. Ésta
fue su misión, éste el camino que la llevó a
la santidad.
Más imitable
que admirable
Toda la perfección está
en el amor, toda la santi-
dad está en la humildad”.
Es lo que afirmaba
MARTHE ROBIN, la mís-
tica francesa conocida por
su vida recogida y de sufri-
miento, una mujer extraor-
dinaria que ha testimoniado
cómo, con la ayuda de la
Gracia, se puede vivir sólo
de amor y de ofrecimien-
to.
Nacida en 1902 en un
pequeño pueblo francés,
Marthe es la última de seis
hermanos. Desde pequeña se mostró muy
propensa a servir; dotada de una naturaleza
alegre y vivaz, tras el colegio ayudaba a sus
padres en la casa y en el campo. Es a través
de esta vida cotidiana que descubre la pre-
sencia de Dios, y poco a poco, una profunda
atracción hacia Él. Su fe de niña se persona-
liza profundamente: “Mis hermanas no que-
rían que rezara tanto, pero yo rezaba sobre
todo en mi cama. Rezaba a la Virgen María,
más que nada le hablaba. Siempre tenía mi
rosario en el bolsillo y lo rezaba caminando
por la calle...Rezaba mucho más pensando
que hablando...”
Marthe es sobre todo cons-
ciente de ser amada de manera especial, con
un amor verdadero, fuerte y al mismo tiem-
po tierno.
“Oh Señor, os bendigo por la prueba....”
A la edad de 16 años la joven inicia un
camino de sufrimiento que culminará sólo
con su muerte: queda paralizada por dos
años y medio sin comer y sin poder ver, por-
que sus ojos no pueden soportar la luz. En
este tiempo se le aparece por primera vez la
Virgen María. Esta primera enfermedad se
revela como una preparación secreta a su
largo camino de soledad en su habitación.
Es el momento en el que descubre también
el valor del silencio...”en el que se escucha
a Dios”.
En 1921 Marthe se recupera y pue-
de salir y caminar de nuevo con la ayuda de
un bastón. Es el momento en el que confía a
la Virgen su personal deseo de entrar en el
Carmelo. Se siente muy cercana a Santa
Teresita del Niño Jesús, y como ella, quiere
“donárselo todo a Dios”.
Unida a la Pasión de Jesús
Bien pronto su salud se deteriora nueva-
mente. Muchos médicos intentan ayudarla
pero con poco éxito. Todo esto la lleva a
ofrecerse totalmente a Dios
“ en un acto
de abandono y de ofrecimiento al amor y a
la voluntad de Dios” -
el 25 de marzo de
1925 - “Dios eterno, amor infinito, oh Padre
mío!...En este día me dono y me consagro a
Ti por entero y sin retorno…”.
Ella com-
prende que aún siendo laica, está llamada a
vivir su ofrecimiento con Jesús crucificado
por la Iglesia y por el mundo.
Tres años más tarde se le paralizan las
piernas, y a los pocos meses, la parálisis se
extiende hasta los brazos. Deja de comer y
de beber, e incluso de dormir: el único ali-
mento material es la Eucaristía.
En 1930
Jesús le pregunta: “¿Quieres ser como yo?
Marthe responde: “...que yo me muera con
tal de que ellos tengan vida...”.
A partir de
ese momento comienza a vivir la Pasión de
Jesús. Cada semana, hasta su muerte, ella
revivirá misteriosamente las etapas de la
Pasión: “Experimento lo
dulce que es amar incluso
el sufrimiento, y diría que
sobre todo en el sufrimien-
to, porque el sufrimiento es
la incomparable escuela
del amor verdadero....”
Un amor especial
por María
Sobre todo ama rezar el
rosario. Un libro de
Grignon de Montfort - “El
secreto de María” - la ayu-
da a entrar en una impor-
tante familiaridad con la
Virgen. El autor escribe: “Cuando el Espíritu
Santo, su Esposo, ha encontrado a María en
un alma, vuela hacia ella, entra en ella de lle-
no y se le comunica abundantemente...”
La joven “santa”, así la llaman en su
pueblo, se prepara con años de oración, de
renuncias y de sufrimiento para una misión
que pronto germina en su parroquia. A tra-
vés de ella, Jesús pide al párroco crear una
escuela católica para chicas jóvenes, pero el
hombre no dispone de medios para hacerlo.
Marthe insiste: “Lo que Dios pide, Él lo
da”.
En 1934 la primera escuela católica de
Châteauneuf-de-Galaure abre sus puertas.
El Hogar de Caridad
Jesús había además confiado a la joven
de querer fundar en la parroquia un “Foyer
de Charité”
(Hogar de Caridad) donde Él
obraría prodigios: “Estos hogares se espar-
cerán por todo el mundo, hasta en los sitios
mas recónditos de la tierra”.
Más que nunca, Marthe se siente hija de la
Iglesia, quiere actuar en consonancia con su
párroco, consciente de que su sacerdocio
laico puede ejercitarse sólo a través del de
su presbítero. Pero el párroco no se siente
preparado para esta obra. Dios entonces le
promete que le mandará un sacerdote esco-
gido, como ella, justo para esta vocación.
Un 10 de febrero, vigilia de la fiesta de
la Virgen de Lourdes, Marthe recibe la visi-
ta del abad Georges Finet, un sacerdote que
divulgaba la espiritualidad mariana según
San Luis María Grignon de Montfort. Al
final del encuentro la mística le comunica al
abad que él debe convertirse en su “Padre
espiritual”
y el Padre del primer hogar. El
proyecto tiene una grandeza tal que atemo-
riza al ingenuo sacerdote, pero ¿cómo no
ver la obra del Espíritu Santo, en un alma
tan humildemente unida al Señor y tan cer-
cana a María, a la que él mismo amaba con-
fiarse como un niño? Y así, el abad se puso
a su disposición.
Atados por el amor de Cristo
El Hogar es una comunidad de bautiza-
dos, hombres y mujeres, que reúnen todos
sus bienes materiales, intelectuales y espiri-
tuales. Ellos viven, trabajan y oran en un
estilo de vida familiar organizado según las
necesidades del servicio.
“El Señor os ha llamado para grandes
cosas, la primera de todas, vuestro abando-
no personal”
, les dirá Marthe. No están ata-
dos por los votos, sino que es el amor de
Cristo el que los ata los unos a los otros y
con este amor acogen a todas las personas
que acuden a revitalizarse.
Marthe, inmóvil en su cama, práctica-
mente ciega, lleva en su oración a los sacer-
dotes, a los miembros del Hogar y a todos
aquellos que lo frecuentan, misteriosamente
atraídos hacia ella: “Mi adorable Jesús, vos
que vivís dentro de mí, vos que me dirigís,
instruid, haced que todo aquel que se me
acerque, quede consolado cuando llora,
reanimado cuando esté apesadumbrado, y
permanezca sereno durante muchos días, a
través del recuerdo de una palabra, de una
mirada o de una sonrisa”.
Dispensadora de esperanza
Los pequeños, los pobres de corazón, los
pecadores y las almas en busca de verdad y
de luz: éstos son los que se le acercan y se
dejan colmar por su acogida y por sus pala-
bras, tan simples y verdaderas. Marthe, a
pesar de todo, no da nunca soluciones. Ella
escucha y calla, ora e invita a la oración.
Ofrece como tesoro más valioso una palabra
de Jesús que sale de su corazón.
Sobre todo comprende y se compadece
en un silencio donde el prójimo encuentra la
esperanza, sintiéndose amado, respetado,
capaz de ser perdonado y de ser el santo que
Dios quiere que sea. Se preocupa sólo de
dirigir a los pecadores hacia el sacerdote
que les ofrecerá, en la confesión, toda la ter-
nura de Dios.
A los que sufren y a todos, les recuerda
el valor del ofrecimiento que ella misma
vive:
“cada alma que ama deberá darle a
su vida y a sus penas un valor apostólico, un
valor de redención, un valor de eterni-
dad....Nunca como ahora el mundo necesita
de almas santas y generosas que, como hos-
tias vivas,
se dedican por entero al sacrifi-
cio, a la inmolación y al amor.”
La pequeña Marthe sufrió ataques del
demonio, cada vez más violentos, pero la
presencia de María la impregnaba de una
dulzura, signo de la resurrección ya vivida
en el corazón de la Pasión.
El grano caído....
“Si el grano de trigo no cae en tierra y
muere, quedará solo; pero si muere, dará
mucho fruto”
(Jn 12,24)... El viernes 6 de
febrero de 1981
Marthe vuelve a Dios
Padre
después de una última y frenética
lucha contra el demonio. Hoy sería feliz si la
miráramos como ella misma amaba mirar a
María, “más imitable que admirable”. Su
habitación es hoy lugar de oración donde ya
han sucedido diversos milagros.
Irma Heller
RETRATOS DE SANTIDAD
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Ayuno y oración
en Medjugorje
Desde el próximo 30 de marzo al 6 de
abril en Medjugorje, en la Domus Pacis,
tendrá lugar el seminario de oración, ayuno
y silencio para los italianos. Como todos
sabemos, estos seminarios se realizan por
indicación de la Virgen. Los inició el p.
Slavko Barbarie, continuó el padre Ljubo
Kurtovic, y este año los dirigirá el padre
Miljenko Steko.
María en Medjugorje nos invita a cola-
borar en el proyecto salvífico de Dios, reali-
zado por Jesús en la cruz y que continúa
hasta su venida a través de nosotros. Ella
nos llama para que nuestra vida dé el mismo
fruto que la de su Jesús, “Pan y vino para la
salvación del mundo”. En el silencio y en la
soledad, lejos de nuestra cotidianeidad, des-
cubrimos qué es lo verdaderamente impor-
tante, esencial para nosotros. Andamos por
nuestro desierto en los brazos de la Madre
para participar de su designio.
El ayuno no se ve con los ojos de la car-
ne, con el sufrimiento, con la privación del
cuerpo, sino con la certeza de entrar en una
dimensión de luz espiritual que ilumina una
parte de nosotros que no depende del cuer-
po. Sólo hay que dejarse guiar por Ella, “la
llena del Espíritu Santo”, para intentar tener
dominio sobre todo nuestro ser y entregarlo
a los demás.
Cinco días que nos transforman en ora-
ción, silencio y adoración día y noche. Si
amamos a la Madre, esta donación se con-
vierte en gozo que transfigura. Puede procu-
rarnos también sufrimiento, tentación de no
hacerla, pero será precisamente este sufri-
miento agradable a Dios que Él transforma-
rá con Su Sabiduría y Omnipotencia. Quien
cree en Él no quedará decepcionado: “Ésta
es la riqueza de los pobres”.
El retiro es nuestro tiempo con Dios,
abrazados a la Madre, para reflexionar,
meditar, esperar, descubrir que nada es
casual. Descubrir sobre todo que somos
grandes a los ojos de Dios Padre porque en
nuestra interioridad, en la profundidad de
nuestros corazones, nos espera la mirada de
Dios que nos dice: “Te amo hijo, quiero ins-
taurar Mi reino en tu corazón, transmítelo a
los demás”.
El estupor y el gozo de haber gustado la
presencia de Jesús nos lleva a responder: “El
pan que he comido estos días, fruto de una
semilla y del trabajo del hombre, me sacia
de Ti, oh mi Amor infinito”. Transformemos
esta maravilla nuestra en reconocimiento.
Transformémonos en chispas danzantes
como alabanza eterna y agradecimiento a Ti,
Señor del cielo y de la tierra. Gracias Madre
por habernos trazado con tu dedo el camino
a recorrer.
Info: Anna Fasano
Móvil: 335 5780090
E-mail: liveloveuniversal@libero.it
Dirección luz
Creados por amor por Aquél que es el
Amor, hemos sido creados a su imagen y
semejanza; llevamos en nosotros la plenitud
de la vida recibida al comienzo de nuestra
existencia, cuando estábamos sólo en el pen-
samiento de Dios.
Sin embargo, por causa del pecado, la
plenitud de origen de algún modo se ha
escondido, como una semilla, en la intimi-
dad de nuestra alma. Sí, una semilla que lle-
va en sí el misterio de la vida. En ello se
encuentra el núcleo de lo que somos.
“Te doy gracias porque me has hecho como
un prodigio:
tus obras son maravillosas,
bien lo sabe mi alma.
No se te ocultaban mis huesos
cuando en secreto iba yo siendo hecho,
cuando era formado
en lo profundo de la tierra.
Todavía informe, me veían tus ojos,
pues todo está escrito en tu libro,
mis días estaban contados,
antes que ninguno existiera.”
Salmo 138
Cuando se siembra una semilla en un
campo, improvisadamente se encuentra bajo
tierra, sepultada. El terreno hace que repose
pero al mismo tiempo el peso de la tierra
crea una presión sobre ella hace morir lo
“viejo” para que nazca lo “nuevo”.
Sepultados en el bautismo, también noso-
tros vivimos este reposo, en la fe y en la espe-
ranza, en Dios nuestro Padre que nos conoce
hasta el fondo y lo rige todo con sus manos.
Sin embargo, al mismo tiempo, la presión
ejercitada sobre nosotros por las pruebas, las
tentaciones y por nuestras cruces cotidianas
nos impulsa hacia el amor, la entrega y el
ofrecimiento, que hacen disminuir nuestro
ego y que despierte la vida nueva.
Hay una imagen que me asombra y atrae:
la semilla desaparece para convertirse en la
ocasión en que explote una vida nueva que
dé fruto el treinta, el sesenta, o el ciento por
ciento.
El brote crece hacia arriba en la direc-
ción de la luz, y si en su trayecto encuentra
una piedra, aunque sea mucho más grande y
pesada que él, es capaz de desplazarla y
levantarla para encontrar la luz, para sumer-
girse en ella, nutrirse de ella y asumirla.
La naturaleza conoce perfectamente la
dirección, pero ¡cuánto más debería cono-
cerla el hombre (creado a imagen de Dios
que da la vida en plenitud)! Y no sólo cono-
cerla, sino también saberla recorrer con
amor, de modo libre y natural. Incluso las
montañas se moverían; éste es el misterio de
la vida, el misterio de la gracia de Dios que
no se nos quita nunca, el misterio del paso
pascual para cada uno de nosotros. La piedra
de nuestro sepulcro seguro que se retiraría.
“Ya no soy yo quien vive, sino que es
Cristo que vive en mí”.
San Pablo
El Señor hace que despunte una vida
nueva en nosotros y, por medio nuestro,
influye también en todo lo que nos rodea, en
todos los que Él pone en el camino de nues-
tra cotidianeidad. De la misma manera que
un brote agujerea la tierra y aparece afuera
como una cosa nueva, viva y bella, así la
novedad de la vida de Dios dentro de noso-
tros se manifiesta como una realidad nueva,
viva, concreta, que irradiándose toca los
corazones de los demás.
Halina Wiszczor
Daniele Pasini
MI MÚSICA AL SERVICIO DE LA FE
“Como muchos jóvenes procedo de una familia que frecuenta la
Iglesia. He cultivado siempre en mi interior, de distintas maneras, una pro-
funda relación con Jesús, por ello no puedo hablar de verdadera y auténti-
ca conversión: de hecho no he dudado nunca de la presencia de Dios de la
que habla la Iglesia Católica y he tenido hacia ella siempre una atracción
especial. Además no han faltado nunca las ocasiones de frecuentarla, pues
mi padre (organista) ha tocado siempre en la Iglesia y me ha llevado siem-
pre con él para tocar en Iglesias tanto en Italia como en el extranjero.
He vivido una vida aparentemente tranquila, pero en el fondo de mi
corazón he vivido periodos muy atormentados, en los que he atravesado
graves momentos de depresión alternándolos con momentos en los que
hubiera querido acabar con la vida. No hubiera tenido nunca la valentía
de hacerlo, pero lo pensé. En realidad esto ocurría por el hecho de que no
había encontrado todavía una auténtica relación con Jesús. Incluso cuando pensaba que
rezaba bien, reconozco que rezaba mal. Yo era hipercomplicado (aún lo soy, de hecho):
Jesús nos quiere sencillos y la Mamá del Cielo aún más quiere que con sencillez nos aban-
donemos en sus santas Manos.
Sin embargo es verdad que cuando estamos metidos en problemas más grandes que
nosotros, en una depresión amenazadora, quizás seamos presa del pánico, de una gran incer-
tidumbre y de tantos sentimientos extraviados, pero… no olvidemos NUNCA que la Palabra
de Dios nos dice que las cruces que Él permite estamos siempre en grado de llevarlas, por
pesadas que sean. Por lo cual, a la luz de la Palabra Divina, el suicidio no tiene nunca sen-
tido. Es una contradicción espiritual.
Sin embargo, a pesar de todos los problemas en los que estaba metido, el Señor y la
Virgen me han rodeado de personas que literalmente me han soportado ( y no es que los
afectos hayan faltado en mi vida, sino que por el contrario he sido demasiado mimado y
viciado) y me han ayudado en las situaciones más disparatadas de la vida. Entre éstas la gra-
cia enorme de lanzarme a los estudios universitarios (aunque yo fuese recalcitrante) y de
descubrir que tenía muchas cualidades escondidas que nunca imaginé que poseía.
¡Cuánto nos quiere Dios! Yo no me tenía en ninguna estima, mientras que él no espe-
raba nada más que me abandonase en Sus Manos, para que comprendiese cuánto me ama
(¿estaremos en grado algún día de comprenderlo?). ¡Dios nos ama demasiado! ¡Está com-
pletamente loco por nosotros! Pero ¿cómo?, diría alguno, Él que es el Creador del Universo,
¿qué le importamos nosotros pobres pecadores? ¡Mucho, mucho! En mi caso, Él ha girado
mi vida haciéndome conocer una chica especial, que ha utilizado para llevarme a
Medjugorje y sanar mi corazón
, en ese momento enfermo por una marea de problemas.
A pesar de eso, el Señor, en el Monte Krizevac, me dio la inspiración del fragmento que
introduce mi primer trabajo discográfico. Y ¿cómo no alabarlo y agradecerle por esta gra-
cia? Hacía años que deseaba realizar este trabajo discográfico… ¡y ahora ya está realizado!
¡Dios me ha ayudado a coronar este bellísimo sueño!”
7
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El último
tren
“No pido nada para mí misma, sino que
lo pido todo para la salvación de vuestras
almas”.
(Mensaje del 25.10.88). “Queridos
hijos, vosotros no sois conscientes de los
mensajes que Dios os manda a través de mí.
Os está dando grandes dones y vosotros no
lo comprendéis”.
(Mensaje del 8.11.84)
No desea forzar a nadie a hacer lo que no
siente y no desea. Sólo una parte muy
pequeña ha aceptado los mensajes, al princi-
pio eran muchos más, para otros sin embar-
go parece que se trate de algo ordinario.
En 1986 fui a Medjugorje por primera
vez con mi mujer. Creí entonces en la pre-
sencia de María y hoy aún creo. Reconozco
este don gratuito que se me ha dado, este
impulso inderogable a cambiar. Momentos
estupendos y dolorosos para crecer en el
amor. Después de veinte años de ese fervor
inicial del que nunca me he desligado, me ha
invadido sin embargo una especie de “tibie-
za” debida a nuestra naturaleza humana,
pero siempre un don en el que la fe es pro-
bada, en cuanto que ya no se sostiene por
ayudas tan fuertes como las del principio.
¿Por qué estas consideraciones? Me sur-
ge espontáneamente hacer un paralelismo
con la historia de nuestro “Eco de María”.
Este don de María y de la Providencia. Un
impulso inicial en el que el “Eco” en pocos
años ha alcanzó una tirada de 380 000
copias para la edición italiana. También aquí
ha llegado una especie de “tibieza”, que
hace que ahora publiquemos 160 000 ejem-
plares de cada número. También para el
“Eco” estamos viviendo el tiempo de la
prueba. Si lo sabemos comprender éste es el
tiempo favorable para crecer, para ser testi-
monios. María no quiere excluirnos de esta
posibilidad de difundir sus mensajes. Al
principio nos nutrió con su leche y sus curas
para hacernos crecer, ahora nos quiere fuer-
tes para convertirnos en adultos en la fe.
“Vosotros no podéis comprender qué
importante es vuestro lugar en este plan de
Dios. Yo estoy con vosotros para realizarlo
plenamente”.
¡Acojamos esta invitación,
María está con nosotros! Seamos apóstoles
de la Reina de la Paz
, no nos guardemos
para nosotros el don, sino que hagamos par-
tícipes también a nuestros hermanos que aún
no conocen esta realidad. Se ha dicho que
éstas son las últimas apariciones para la
humanidad, y esto es seguramente verdad
para aquellos que desde el inicio de las apa-
riciones (1981) a hoy han terminado su vida
terrena, y han podido sacar fuerza de esta
fuente de gracia. Para aquellos que sin
embargo no la han conocido, han estado pri-
vados de la presencia dulce y viva de María
en sus corazones. No perdamos el último
tren de nuestra salvación y la de nuestros
hermanos. Ciertamente también yo tengo
temores al proponer el “Eco” a sacerdotes o
a amigos, no es fácil ser malentendidos o
rechazados y compadecidos, ¡pero las pala-
bras de Jesús me dan valentía! Alegraos
cuando os persigan por mi causa.
Por ello amigos del “Eco”, María nos
pide que hagamos oir su voz a través de
este pequeño pero gran instrumento.
Nuestros miedos o timideces no nos deben
detener para difundirlo con amor y humil-
dad, porque es cuando soy débil que soy
fuerte. María y Jesús están con nosotros.
Mario Sfriso
Los lectores escriben
R. Vitt de Alemania: Espero siempre
con mucho gusto la llegada del Eco de
María. Es un diamante para el alma, que nos
hace revivir Medjugorje. Con mucho placer
y gratitud puedo decir que mis tres hijos y
yo hemos estado en Medjugorje. Como
sacristán fui en peregrinación el año pasado
con nuestros pastores a Asís…
Arq. Salcedo, Ecuador: Recibo regular-
mente el Eco de María cada dos meses. Es
una publicación muy bella e importante que
me ayuda mucho. Aquí en Cuenca tenemos
algo parecido. La Bienaventurada Virgen se
aparece como Guardiana de la Fe desde
agosto de 1988, así que este año se cumplen
20 de estas apariciones. El arzobispo actual
ha declarado el lugar como santuario. Se
celebran misas todos los sábados y domin-
gos. Este último sábado, primero de mes,
cerca de 500 personas llegaron al santuario
tras una peregrinación a pie. Los peregrinos
salieron a las 6 de la mañana a pesar del frío
y del hielo de aquel día – ¡sí, porque el Jardín
está a 3600 metros sobre el nivel del mar!
Leo el ECO entero, lo comparto con amigos
y sacamos conclusiones importantes.
Señor
enséñame…
a agradecer
“Enséñame, Señor, a agradecer, que es el
primer, el más grande, el más fecundo deber
de quien sabe y reconoce haber recibido
todo: a agradecerte tus inefables dones. Tú
me has creado en el seno de mi madre y has
escuchado con amor infinito la primera pal-
pitación de mi vida naciente y te has inclina-
do sobre mí para acogerme entre tus criatu-
ras, para que fuese junto al resto del univer-
so honor y gloria de tu nombre.
Tú has defendido la vida que me diste,
desde el seno materno, cuando hombres que
olvidan tu ley habían decidido suprimirla
antes de que viese la luz, suprimirla, decían,
para salvar la que estaba en peligro de mi
madre. Tú, en cambio, Señor, que velabas
paternalmente sobre una y sobre la otra, sal-
vaste a las dos, a través de la piedad de mis
parientes, de mi padre sobre todo, y la
honestidad de un hombre que puso su cien-
cia al servicio de la vida, no de la muerte.
Gracias, Señor, ¡tú eres la misericordia y
tus juicios son inefables! ¿Pero quién podrá
agradecerte suficientemente? Tu bondad no
tiene límites, tu sabiduría sin número”.
p. Agostino Trapè o.s.a.
(2. continua)
Villanova M., 1 de marzo de 2008
Resp. Ing. Lanzani - Tip. DIPRO (Roncade TV)
Que nos bendiga Dios Omnipotente,
el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
Amén.
El Eco de María vive sólo de donativos
que pueden hacerse
por CORREO:
en este número de cuenta:
141 242 226 a nombre de
Eco de María
CP 47 - 31037 LORIA (TV)
por VÍA BANCARIA:
Associazione Eco di Maria
Banco de Valencia
(Gruppo BANCAJA)
IBAN: ES59 0093 0999 1100 0010 2657
Agradecemos de todo corazón a
quien ya se ha hecho instrumento de la
providencia para el Eco enviando su
donativo. Que el Dios de todo bien
recompense vuestra generosidad con
el céntuplo en gracia y bendición.
UN ROSARIO POR LA VIDA
“Toda vida humana, en cuanto tal, merece y
exige ser defendida y promovida siempre.”
Papa Benedicto XVI Ángelus, Roma
“Queremos reivindicar, la presencia de
Cristo, ya en el seno materno, presencia que
resitúa la realidad del niño por nacer. Aquí
se fundamenta nuestro sí a la vida.”
Cardenal Jorge Bergoglio,
Con la bendición del Arzobispo Primado
de la Argentina, Mons. Jorge Mario
Bergoglio, el grupo "Nazaret es Vida" invita
a rezar el quinto “ROSARIO POR LA
VIDA” el 25 de Marzo, Martes de Pascua,
“Día del Niño por Nacer”. Nos uniremos en
oración mariana en Ntra. Señora del Pilar,
Junín 1898 de la Ciudad Autónoma de
Buenos Aires, a las 18.
El Santo Rosario es un contínuo acto de
fe, esperanza y amor. Rezarlo unidos fortalece
el espíritu ante el dolor provocado por los ata-
ques a la vida y las graves asechanzas que se
ciernen sobre la seguridad de los más débiles,
los niños por nacer. Hoy una avalancha de
leyes, tanto a nivel nacional como internacio-
nal, tratan de imponer la Cultura de la Muerte
sobre la de la Vida, atacando al hombre en sus
momentos de mayor vulnerabilidad y debili-
dad, cuando está aún indefenso en el vientre
de su madre y en el ocaso de su vida.
Proponemos que todos los hombres y
mujeres de buena voluntad se unan a noso-
tros para rezar por el respeto al Don de la
Vida. Estamos seguros de que unidos en la
oración junto a María, cuando la ponemos
como intercesora y abogada, contamos con
una aliada poderosa contra el mal que se
cierne sobre la frágil vida de los indefensos.
“UN ROSARIO POR LA VIDA” lleva la
intención de poner bajo la protección de la
Virgen Santísima la “Vida del Niño por
Nacer”. Recuerda que la Santísima Virgen
junto a los más pobres de los pobres, “los
niños por nacer”, esperan tu presencia para
que tu voz se alce en oración de amor frater-
no y petición por la protección de quienes no
pueden defenderse.
nazaretesvida@gmail.com
Para nuevas suscripciones o para modifi-
caciones
en la dirección escribir a la
Secretaría del Eco
CP 47 31037 - LORIA (TV) Italia
http://www.ecodimaria.net
Eco en Internet: http://www.ecodimaria.net
E-mail redacción: ecoredazione@infinito.it
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