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Eco de Maria Reina de la Paz 193 (Majo-Junio 2007)

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Mensaje del 25 de marzo de 2007
“Queridos hijos, os quiero agradecer
de corazón vuestras renuncias cuaresma-
les. Deseo incitaros a continuar viviendo
el ayuno con el corazón abierto. Con el
ayuno y la renuncia, hijitos, seréis más
fuertes en la fe. En Dios encontraréis la
verdadera paz, a través de la oración coti-
diana. Yo estoy con vosotros y no estoy
cansada. Deseo llevaros a todos conmigo
al paraíso, por eso decidíos cada día por
la santidad. Gracias por haber respondi-
do a mi llamada”.
Ayuno con el corazón abierto
Al iniciar la quinta semana de Cuaresma,
María abre su mensaje con un agradecimien-
to claro y explícito: ¡Queridos hijos! Os
quiero agradecer de corazón vuestras
renuncias cuaresmales.
La Cuaresma es un
tiempo de gracia especial, es tiempo de libe-
rarse de todo lo que apesadumbra las alas de
la fe, de todo lo que pesa en nuestro corazón
y hace que se encierre en sí mismo.
Es tiempo de purificación, de conver-
sión, de vuelta al Padre. Nuestra naturaleza,
marcada por el pecado, nos lleva a la disipa-
ción, a la dispersión, al fracaso y no sólo si
se abandona la casa del Padre, sino también
habitándola, trabajando y viviendo en ella
(Lc 15, 11-32). De hecho, no basta con el
simple respeto de la ley, es necesario absor-
ber el Amor del Padre, dejarse penetrar por
este Amor, dejarse invadir e inundar, hasta
que Cristo-Amor viva en nosotros. (cfr Jn 6,
20-26).
El ayuno es renuncia a todo lo que no
nos ayuda a elevarnos a Dios, a todo lo que
limita nuestras aspiraciones, satisfaciendo
sólo las necesidades corporales. El ayuno es
renuncia a todo lo que, en las pequeñas y en
las grandes cosas, tiende a posicionarnos en
el lugar de Dios, o en el lugar del prójimo.
El Profeta, tras citar las contradicciones de
un ayuno sólo exterior y formal, nos
dice:¿Sabéis que ayuno quiero yo?...Romper
las ataduras de iniquidad, deshacer los
haces opresores, dejar libres a los oprimi-
dos y quebrantar todo yugo; partir tu pan
con el hambriento, albergar al pobre sin
abrigo, vestir al desnudo, y no volver tu ros-
tro ante tu hermano. (Is 58, 6-7)
¿No es éste
acaso el ayuno con el corazón abierto al
que María nos invita? Desde la sobriedad
con los alimentos a la sobriedad de la vida
misma, del comportamiento austero a la
pureza de pensamiento, cuidando la sustan-
cia y no la apariencia, viviendo las biena-
venturanzas y rehuyendo de las maldiciones
(cfr Lc 6,20-26).
Hijos míos, con el ayuno y la renuncia
seréis más fuertes en la fe. Mientras que a
los bienes de este mundo, o mejor, lo que se
considera bienes en este mundo, se les suele
perseguir con el acaparamiento y a veces
con la apropiación más o menos indebida, la
fe, por el contrario, crece con la renuncia,
con el vaciarse uno mismo, con el despoja-
miento de uno mismo. La fe es descentrali-
zar el yo, para centrarse en Dios, es vaciarse
uno mismo para dar sitio a Dios: pues cuan-
do parezco débil, entonces es cuando soy
fuerte (2 Cor 12,10).
Nuestra fe permite a Dios poseernos, y
cuanto mayor es la fe, mayor la posesión de
Dios. Es plenitud de Espíritu y la sentimos
como paz profunda y suave, esa paz que el
mundo no conoce y no puede dar.
En Dios
encontraréis la verdadera paz, a través de
la oración cotidiana.
Rezar siempre, sin cansarse; no sólo por
un tributo debido sino por respuesta de amor
al Amor. También mientras se trabaja, man-
tener abierto el corazón a Dios, invocarle
con un simple suspiro de amor, llamarle en
Nombre de Jesús o de María o contemplarle
en su Santo Espíritu. Decir o pensar simple-
mente Jesús, Jesús, Jesús... hablarle o escu-
charle... con corazón abierto, siempre más
abierto. María está con nosotros y no está
cansada.
¿Cómo podemos nosotros cansar-
nos de Ella? Decidámonos cada día por la
santidad y Ella nos llevará consigo al
Paraíso.
Éste es Su deseo. ¿Cómo puede no
ser también el nuestro? Escuchemos las
invitaciones de nuestra Mamá celestial y
,por Su intercesión, resucitaremos cada día,
en Cristo nuestro Señor.
Nuccio Quattrocchi
Mensaje del 25 de abril de 2007
“Queridos hijos, también hoy os invito
de nuevo a la conversión. Abrid vuestros
corazones. Éste es un tiempo de gracia,
disfrutadlo mientras estoy con vosotros.
Decid: “Éste es el tiempo para mi alma”.
Yo estoy con vosotros y os amo con un
amor inconmensurable. Gracias por
haber respondido a mi llamada”.
Tiempo para el alma
En aquellos dias se presentó Juan el
Bautista predicando en el desierto de Judea,
diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los
cielos está cerca.
(Mt 3, 1). Tras la deten-
ción del Bautista, Jesús repite la misma invi-
tación (cfr: Mt 4, 17;Mc 1,15). La conver-
sión
a la que repetidamente también Maria
nos invita es la conversión del corazón:
abrid vuestros corazones y es muy necesa-
ria para nuestra salvación. No se trata de
creer que Dios existe (esto lo sabe también
satanás pero no se puede decir que se haya
convertido).Tampoco basta con creer en
Dios
si esta fe no cambia nuestra vida.
Podemos ser píos y religiosos sin habernos
convertido. La conversión es ante todo,
deseo ardiente de contemplar en Cristo el
Rostro de Dios, de descubrir en cada cora-
zón de criatura humana uno o más latidos de
su Corazón divino, en cada mirada una chis-
pa del Fuego del Espíritu.
Conversión es convergencia de miradas
entre criatura y Creador, es encuentro en el
Hombre-Dios Cristo Jesús. Conversión es
opción definitiva de comunión indisoluble
en Cristo. Conversión es vida en Cristo:
atravesar con Él y en Él los caminos del
mundo, con Él y en Él dirigirse al Creador
llamándole Padre, con Él y en Él llevar la
cruz por amor y con amor. Todos, converti-
dos y no convertidos, nos hallaremos tarde o
temprano en la encrucijada decisiva y la
elección de seguir a Jesús no es suscribir una
póliza de seguros para esta vida, sino garan-
tía de estar con Él en Su Reino. Las víctimas
que creó Pilatos en el Templo o las que cau-
só la torre de Siloé al caer no eran - dice
Jesús- más culpables o más pecadores que
otros pero - añade- si no os convertís, todos
igualmente pereceréis
(Lc 13, 1-5).
Tras la muerte ya no es posible la con-
versión. También Juan el Bautista, el más
grande de los nacidos de mujer,
y el mismo
Jesús padecen una muerte violenta y cruel
pero su muerte no cierra sino abre a la Vida.
Este es el tiempo para mi alma, es lo que
María nos invita a decir. El tiempo de nues-
tra vida es el único en el que podemos salvar
nuestra alma. Y además, este tiempo nuestro
está hoy bendecido en modo especial por
Dios, es tiempo de gracia porque María
está con nosotros y así será mientras esté
con nosotros.
Aprovechemos, saquemos fruto de este
la Madre de la
Eucaristia
Mayo - junio
2007
- Editado: por Eco di Maria, C.P.
47 - 31037 LORIA (TV)
(Italia) - Tel / fax 0423. 470331
A. 23, N° 5-6; Esd.a.p. art.2,com.20/c, leg.662/96 filiale di MN-Autor.tribun.MN: 8.11.86, ccp 14124226
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tiempo propicio; hoy es mas fácil porque
María nos asiste, nos protege y nos conduce.
Cierto, esto Ella lo hace desde el día en que
nos aceptó como don de Jesús moribundo,
pero hoy nuestra respuesta es más sencilla
porque el banquete está preparado y el Rey
quiere sustituir rápidamente a los invitados
que rechazaron la invitación, y manda llamar
a todos, buenos y malos, siempre que se pre-
senten con el hábito nupcial (Mt 22, 1-14). En
la parábola mencionada los siervos eran los
que suministraban la vestimenta nupcial a los
invitados; para nosotros es María quien teje y
nos entrega la vestimenta solicitada: está
hecha con la misma tela que la túnica de
Jesús, está tejida con el mismo amor, con Su
amor inconmensurable.
Escuchemos Su invitación, reconocien-
do y diciendo: Este es el tiempo para mi
alma,
Maria, y quiero que sirva para elevar
mi alma a Ti y a Jesús, para obtener de Tu
Corazón Inmaculado y del Santísimo
Corazón de Jesús, la fuerza y la capacidad
de ofrecerme al Padre sin reservas y sin mie-
do, con ansiado gozo, tal como Tú hiciste, y
como hizo Jesús. Si, Padre, totalmente Tuyo
en Jesús y María; se cumpla en mí Tu
Voluntad.
N.Q.
El 80 cumpleaños del Papa
Los cumplió el pasado 16 de abril, des-
pués del domingo in albis. También domin-
go de la Divina Misericordia, por voluntad
de Juan Pablo II, tal como Jesús lo pidió a
Santa Faustina. Y es precisamente en el sig-
no de la Misericordia,
que Benedicto XVI
ha festejado su cumpleaños “revisando” los
ocho decenios de su propia vida a la luz de
la bondad de Dios, ante una plaza de San
Pedro radiante de luz solar y pascual. El
Santo Padre recordó con emoción y gratitud
el amor de Dios, sobre todo en aquellos
pasajes de su vida que le llevaron a una
introducción cada vez más profunda en el
misterio cristiano, hasta llegar a la fase
máxima de Pontífice: “Venid y escuchad
vosotros que teméis a Dios y os narraré
cuanto ha hecho en mí,
dice el Salmo
(65,16)… Siempre he considerado un gran
don de la Misericordia Divina que mi naci-
miento y renacimiento me fueran concedi-
dos al mismo tiempo, por así decirlo, bajo el
signo del inicio de la Pascua. Así en un mis-
mo día, nací en mi propia familia y en la
gran familia de Dios”, exhortó el Papa en su
homilía, queriendo indicar que recibió el
bautismo el mismo día de su nacimiento.
En un tiempo en que la familia sufre gra-
ves ataques a causa de la mentalidad de este
siglo, cada vez más orientada a una falta de
interés y de compromiso, el Papa agradeció
la posibilidad de haber podido experimentar
“el significado de la familia” y de haber
podido gozar del amor de los suyos: “he
podido experimentar qué quiere decir pater-
nidad, de manera que la palabra sobre Dios
como Padre me ha resultado comprensible
ya desde mis inicios; mi experiencia huma-
na me llevó a descubrir el gran y benévolo
Padre que está en el cielo”. También tiene
palabras de agradecimiento para sus otros
familiares: “ he podido experimentar con
profundidad el significado de la bondad
materna, siempre abierta a quien busca refu-
gio y hacerme sentir así la libertad. Doy gra-
cias a Dios por mi hermana y mi hermano
que, con su ayuda me han sido fielmente
cercanos en el transcurso de mi vida…”.
Las etapas de su existencia todas impor-
tantes en la vida de cada hombre, contem-
plan además, las diferentes consagraciones
en el ministerio del orden: diácono, sacerdo-
te, obispo, cardenal y finalmente el papado.
Indudablemente un más allá de la Gracia,
cuyos frutos han sido abundantes y de gran
beneficio para los demás: “veo con gozo y
agradecimiento a todos cuantos me sostie-
nen con su oración y que con su fe y su amor
me ayudan a desarrollar mi ministerio; que
son indulgentes con mi debilidad, recono-
ciendo también en la sombra de Pedro la luz
beneficiosa de Jesucristo.
Expresiones de afecto de todo el mundo
coronaron estos días de fiesta que entre tan-
tos regalos le fue ofrecido un concierto de
música clásica dedicado a él, llenándole de
gran alegría. No todos conocen la pasión por
la música del Papa Benedicto que a su vez
hace sonar en un viejo piano, también él
situado en las estancias vaticanas: “Mirando
atrás en mi vida, doy gracias a Dios por
haberme dado la música que ha sido para mí
como una compañera de viaje y en la cual he
hallado siempre tanto consuelo y gozo…
Doy gracias también a todas aquellas perso-
nas que desde los primeros años de mi infan-
cia, me acercaron a esta fuente de inspira-
ción y de serenidad”. Por ello expresa tam-
bién su reconocimiento por “aquellos que
unen música y oración en una armoniosa
alabanza a Dios y a sus obras: ellos nos ayu-
dan a glorificar al Creador y Redentor del
mundo, obra maravillosa de sus manos”.
Red
Un Congreso Mundial
para la Misericordia
La primera cita está prevista para el ani-
versario de la muerte del Papa Juan Pablo II:
el 2 de abril de 2008, en el Aula Pablo VI del
Vaticano. “No hay otra fuente de esperanza
para la humanidad, si no es en la misericor-
dia de Dios”, decía el viejo Papa Woytjla.
Es bien conocida su devoción por Sor
Faustina Kowalska, la religiosa y mística
que fue por él canonizada en el año 2000,
anunciando ese mismo día al mundo entero
que el Segundo Domingo de Pascua pasaría
a denominarse Domingo de la Divina
Misericordia. Por ello, hacer coincidir las
dos fechas, es casi “de obligación”.”Muchos
creyentes han acogido como una señal del
Señor el hecho de que Juan Pablo II haya
muerto en la Vigilia del Domingo de la
Divina Misericordia”, ha explicado el
Cardenal Schönborn, arzobispo de Viena.
El evento tendrá una componente inte-
rreligiosa a través de la participación de
judíos, musulmanes y budistas: “El
Congreso será un puente hacia las demás
religiones, pero también hacia los agnósti-
cos y los ateos” ha añadido el prelado. La
Iglesia es a menudo criticada por sus “res-
tricciones doctrinales” y su “rigidez moral”.
Por este motivo, ha dicho, el primer
Congreso de la Misericordia tratará de dar
“un estímulo muy radical “ a descubrir de
nuevo “el corazón del Evangelio, o sea la
Misericordia”. (Más información en
www.worldcongressmercy.org ).
Benedicto XVI a los jóvenes:
“¡No os conforméis!”
Los jóvenes eran una prioridad en la
mente de su “amado predecesor”. Pero en el
corazón de Benedicto XVI los jóvenes ocu-
pan igualmente un lugar privilegiado. De
hecho, el Santo Padre se dirige a menudo a
ellos con palabras de Verdad, capaces, como
hacen los faros, de atravesar la niebla que el
mundo hoy impone, y que oscurece el Sol.
Juventudes recién brotadas, como flores
frágiles y delicadas, están expuestas a la agre-
sión de un sistema que desafia, provoca, des-
nuda y niega una respuesta hasta a sus pre-
guntas más elementales. “No os conforméis
con lo que todos piensan, dicen y hacen...”,
ha dicho el Papa a los cerca de 50.000 jóve-
nes de Roma y de otras ciudades del mundo
que se reunieron para celebrar la Jornada
Mundial de la Juventud que este año se ha
celebrado a nivel diocesano. En las miradas
perdidas de los jóvenes, enmascaradas por
una ostentadora y falsa seguridad, se hace
evidente una ausencia: Cristo Jesús. Sí, por-
que cuando Él está, muchos interrogantes
reciben respuesta inmediata, y sobre todo el
Amor impide a otros “amores” venenosos
contaminar los ánimos sensibles de quien,
hasta ayer, era sólo un niño. ¿Qué significa,
en concreto, seguir a Cristo?, se ha pregunta-
do el Papa en la homilía. Se trata de una
mutación interna de la existencia- ha respon-
dido-. Requiere que deje de encerrarme en mi
yo y deje de considerar mi autorrealización
como la principal finalidad de mi vida. Se tra-
ta de la decisión fundamental de dejar de con-
siderar el lucro, los beneficios, la carrera y el
éxito profesional como objetivo principal de
mi vida, y de reconocer en cambio como cri-
terios auténticos, la verdad y el amor.
Se trata de elegir entre vivir para mí mis-
mo o el donarme para la cosa más grande.
Fijémonos bien de que verdad y amor no son
valores abstractos; en Jesucristo se han
hecho persona. Siguiéndole entro en el ser-
vicio de la verdad y del amor. Perdiéndome
me reencuentro...”
Redacción
DE LAS PALABRAS DEL PASTOR:
“El Infierno consiste
en cerrarse al amor de Dios”
“Si es verdad que Dios es justicia, no
debemos olvidar que Él es, sobre todo, amor:
si odia el pecado, es porque ama infinitamen-
te cada persona humana.... nos ama a cada
uno de nosotros y su fidelidad es tan profun-
da que no se desanima ni siquiera cuando le
rechazamos. Jesús ha venido a nosotros para
decirnos que nos quiere a todos en el Paraíso
y que el infierno, del que poco se habla en
este nuestro tiempo, existe y es eterno para
aquellos que cierran el corazón a su amor.
Comprendamos que nuestro verdadero
enemigo es el apego al pecado, que puede
conducirnos al fracaso de nuestra existencia.
Sólo el perdón divino y su amor, recibido
con corazón abierto y sincero, nos dan la
fuerza de resistir al mal y de “no pecar más”,
de dejarnos golpear por el amor de Dios que
pasa a ser nuestra fuerza.”
Mensaje de María del 2 de Abril de 2007
a Mirjana:
“Queridos hijos, no endurezcáis el cora-
zón hacia la Misericordia de Dios que os
dona tanto tiempo. En este tiempo especial
de oración, permitidme transformar vuestros
corazones para ayudar a que mi Hijo resuci-
te en todos los corazones y que mi corazón
triunfe.Gracias.”
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“¿Cómo? ¿No has oído nunca hablar de
la Virgen del Pilar? ¡Pero si es la patrona de
toda España! Prepárate, mañana temprano
iremos allá...” Fue así como tuve conoci-
miento de una historia fascinante e impor-
tante, gracias a una estancia primaveral en
Madrid, porque el episodio que dio origen al
importante santuario de Zaragoza no es una
de las “habituales” apariciones marianas. De
hecho, la aparición tuvo lugar en el año 40
después de Cristo, tiempo en el que María
estaba aún viva. Pero veamos qué sucedió
realmente.
La primera aparición de María
La tradición cuenta que Santiago el
Mayor se hallaba en la península ibérica
para desarrollar su apostolado de evangeli-
zación, pero sus intentos de predicar no
siempre eran bien recibidos por la gente
pagana de la región. Así, Santiago cayó en
una gran desolación.
Una noche, mientras se hallaba en
Zaragoza, a orillas del río Ebro, para orar
con algunos secuaces, recibió la visita de la
Virgen María en alma y cuerpo mortal. Fue
transportada hasta allí por algunos Ángeles
que la trajeron de Jerusalén, donde en aquel
tiempo vivía.
En realidad, María misma tuvo, poco
antes, una aparición de su hijo Jesús que la
advertía de que “la obra de los apóstoles
había que defenderla por el mundo y por el
bien del género humano”, y la invitaba a
visitar a Santiago en Zaragoza para confor-
tarle y pedirle que edificara para Ella un
templo en honor a su mismo nombre.
El Santuario Mariano más importante
del mundo
Fue así como el apóstol, confirmado en
su misión, construyó la primera capilla de lo
que con los siglos ha llegado a ser el más
importante Santuario Mariano del mundo: la
basílica-catedral del Pilar.
¿Por qué del pilar (o columna)? También
ésta llegó desde Jerusalén de la mano de los
Ángeles. La Virgen se posó sobre ella y lue-
go le pidió a los Ángeles que colocaran la
columna en un lugar determinado, poniendo
su santa imagen encima.
Fue así como la Virgen indicó a Santiago
el punto donde edificar el templo. Los
Ángeles trasladaron de nuevo a la Virgen a
Jerusalén, pero uno de ellos, por voluntad
divina, se quedó allí para custodiar el Santo
lugar, del que empezaron a emanar abun-
dantes gracias. La columna, o pilar, se que-
dó en esa misma posición como prueba de la
visita de la Virgen y prenda de su protección
perpetua sobre España.
El beso del pilar
Desde hace siglos, un río desbordante de
peregrinos ha visitado el Santuario de
Zaragoza. Muchos han deseado besar un
punto dejado al descubierto del pilar, hecho
de alabastro, que sirve como base para el
icono de la Santa Virgen: a través de un oval
se ve la piedra rosada, muy desgastada ya
por las manos de los devotos. No es el obje-
to lo que tiene valor, ya que tan solo es már-
mol... ¡sino la fe con la que te acercas que lo
hace muy valioso!
El peregrino Woytjla
No podía faltar a la cita con su María en
esa tierra de España que tanto amaba. Y así
en noviembre de 1987, Juan Pablo II pere-
grinó a la Basílica de Zaragoza: “Hoy he
cumplido mi deseo de arrodillarme, como
hijo devoto de María, frente a su sagrada
columna” -dijo el Papa en aquella ocasión-
“los cristianos de España han visto en el
pilar una clara analogía con aquella colum-
na que guió la peregrinación del pueblo de
Israel a la Tierra prometida (cfr. Nm 14,14).
Sí, tenemos como guía una columna que
acompaña al nuevo Israel, la Iglesia, en su
peregrinación a la Tierra prometida, que es
Nuestro Señor Jesucristo. La Virgen del
Pilar
es el faro resplandeciente….El Pilar
está considerado “el símbolo de la firmeza
de la fe de los españoles”, y es en su conjun-
to, una indicación del camino que lleva al
conocimiento de Cristo mediante la predica-
ción apostólica.”
El día de la hispanidad
La fiesta de la “pilarica” del 12 de octu-
bre es el día de la hispanidad, o sea de
España y de todas las Naciones de lengua y
cultura española. El motivo de tal difusión
se remonta al tiempo de la unificación de
España, que tuvo lugar por obra del Rey
Católico de Aragón y de su esposa Isabel,
que dieron a este culto una importancia
nacional. Pero fue Cristóbal Colón quien
trajo consigo tal devoción (una de las tres
carabelas se llamaba “Santa María”), y - por
coincidencia realmente sorprendente- la
fecha del descubrimiento del continente
americano coincidió justo con la fecha de la
fiesta del Pilar: ¡el 12 de octubre!
El milagro más maravilloso
Fue en 1640 cuando un joven de dieci-
siete años, guiando un carro, se cayó y fue
embestido por la rueda del mismo carro,
quedando herido gravemente, hasta tener
que amputarle la pierna derecha. Antes de la
operación, el pobre chico fue al santuario
del Pilar para encomendarse a la Virgen, y lo
mismo hizo tras la amputación, para agrade-
cerle por haberle salvado la vida. No estaba
ya en condiciones de poder trabajar y desde
entonces mendigaba en la entrada de la
Iglesia. Entre tanto, cada vez que se renova-
ba el aceite de las lámparas encendidas de la
capilla de la Virgen, él se frotaba sus llagas
con el aceite, aún habiéndoselo desaconseja-
do el cirujano...
De vuelta ya en su pueblo, una noche,
tras haber invocado a la Virgen del Pilar, se
quedó dormido. Al despertarse, le esperaba
una sorpresa enorme: ¡Miguel volvía a tener
las dos piernas! Y además, la “recrecida” era
su misma pierna, la misma que le fue ampu-
tada dos años y medio antes. El caso llamó
la atención de todos y una comisión institui-
da para el caso pidió que se desenterrara la
pierna que había sido enterrada en el cemen-
terio del hospital, pero la pierna... ¡Ya no
estaba! La noticia se divulgó por toda
España y fue el motivo de la realización del
grandioso santuario actual, meta de peregri-
nos de todo rango y clase social que de la
Patrona de España - colocada desde hace
dos mil años sobre su pilar - hallan consue-
lo, amor y bendición.
S.C.
María, sobre una columna, protege a España
La Mujer vestida de sol
(pensamientos sencillos)
de Pietro Squassabia
A veces, en las noches veraniegas, se
suelen ver mariposas atraídas por la luz de
las farolas: quedan como encantadas por
esas fuentes luminosas; una y otra vez se
dejan iluminar y casi transformar por esa
claridad. ¡Igual debiéramos de hacer noso-
tros, dejarnos iluminar y transformar por la
luz, por la verdadera!
Todos estamos llamados a ser luz. Esto
es lo que ha hecho la mujer vestida de Sol
(Ap 12,1): se ha dejado atraer por el Sol has-
ta el punto de ser envuelta completamente y
transformada. El Sol es Jesús, que ha venido
a visitarnos como el astro que surge de lo
alto (Lc 1, 79).
Este sol resplandece siem-
pre: parecía apagarse en ese día de la Pasión
en el que las tinieblas cubrieron toda la tie-
rra (Lc 23, 44),
pero no es así. Las tinieblas
no pueden vencer a su luz.
¿Y quién es esa mujer vestida de Sol?
Es la Iglesia, pero sobre todo es María, la
Madre de la Iglesia. Ella es la Mujer vestida
de Sol, la Mujer que gracias al Sol pasó a ser
pura y santa, toda Ella luz y fuego de amor.
Su Señor la transformó así. María no es el
Sol, pero es espléndida como el Sol, porque
se ha dejado iluminar completamente por el
Sol. Por esto ver a María es como ver a
Jesús, hablar con María es como hablar con
Jesús, cuando María nos visita siempre nos
trae a Jesús. Ella nos lleva siempre a Jesús.
Aquí es donde está toda su grandeza. María
está toda Ella incendiada por Jesús, por su
amor, hasta convertirse en otro Jesús.
¡Cómo no quedar maravillados frente
a tal criatura que posee la belleza de Jesús,
o sea de Dios! ¡Qué gran regalo nos has
dado, Jesús, al habernos donado a tu Madre:
bendita esa cruz desde la que dijiste: “Mujer,
he aquí a tu hijo” señalando a Juan como a
todos nosotros! ¡Cómo debiéramos pues
agradecerTe por habernos dado una Madre
así! Tal vez el mejor modo para agradecerTe
es ponernos a tu disposición, confiarnos a
Ti, como hizo Ella.
Te alabamos, María, por ser tan lumi-
nosa. Te alabamos porque nos das siempre a
Jesús, que es la Luz. ¿Cómo es posible
temer la oscuridad de la noche con semejan-
te esplendor? Haznos capaces, María, de
acoger siempre la Luz, para ser un poco
como Tú, que eres el ejemplo más bello de
Jesús: así nosotros podremos asemejarnos
un poco a Él y transmitir la Luz a los demás,
a nuestros hermanos. Tal vez así experimen-
taremos el esplendor del Paraíso ya en esta
tierra, y con nosotros, muchos otros tam-
bién.
3
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¡Santos como Yo!
de Stefania Consoli
¿Es un simple consejo o mandamiento
exigente el que nos propone Jesús en el
Evangelio “Sed santos porque Yo soy santo?
Seguramente se trata de una motivación más
que válida: ser santos sólo porque Dios lo
es… Aunque aquí no obstante, surge otra
cuestión: ¿pero nosotros podemos conse-
guirlo solos? Nosotros, técnicos, expertos
en todo ¿podemos asegurarnos la santidad?
Me parece que la idea de santificarnos
con nuestras propias fuerzas sea solo una ilu-
sión. El Señor ha deseado compartir con
nosotros este don tan precioso –la santidad-
sin el cual es imposible gozar de los bienes
eternos del Paraíso. Quiere a sus hijos con El
y los quiere felices eternamente. Por ello ha
enviado a su Hijo que dejándose abrir el cos-
tado nos dio el Espíritu que nos hace santos.
¡Éste es el secreto! Poseer el Espíritu de
Dios, cuya eficacia no depende de nuestro
buen hacer, sino de nuestra disponibilidad
para acoger su aliento vital, que nos ayuda a
preferir la virtud antes que el vicio, educan-
do nuestra voluntad y purificando nuestro
corazón. Solo así podemos esperar ser san-
tos. Solo así se nos abre el camino hacia el
Cielo.
Un don que ya nos ha sido concedido
El don lo recibimos gratis en el bautis-
mo. No debemos “procurarnos” el Espíritu
porque ya habita en nosotros. Pero tenemos
una gran responsabilidad: el uso de la liber-
tad que nos permite escoger al Espíritu Santo
y dejarle la opción de actuar en nosotros, o
preferir otros espíritus, sabiendo lo que ello
comporta. Hay muchísimos espíritus que
nacen de las tinieblas y que nos conducen a
la tiniebla,
despertando en nosotros bajos
apetitos:
sed de poder, de supremacía, de
mando, de dinero, de placer y de autocom-
placencia. Todos ellos espíritus al servicio de
nuestro yo, para satisfacer nuestro egoísmo,
pero también para alejarnos del agua viva,
aquella que emana de la Verdad, del costado
de Cristo abierto por la lanza, emanando
continuamente sobre cada altar para darnos
Su misma vida, santa e inmaculada.
“Si uno no renace de lo alto, no puede
ver el reino de Dios” decía Jesús a
Nicodemo (Jn. 3,3), pero ante la perplejidad
del docto fariseo Jesús añade: “… si uno no
nace del agua y del Espíritu, no puede entrar
en el reino de Dios”. Este renacer pues, nos
viene en virtud del bautismo, para que per-
manezcamos vivos en Dios y no caer en el
pecado que nos inclina al mal; debemos
“escoger” pues el Espíritu de Dios, es decir,
decidirnos por Dios.
Una decisión firme
Nos lo ha dicho muchas veces María en
Medjugorje: “Decidiros por Dios… ponedlo
en el primer lugar de vuestra vida”. ¿Qué
quiere decir en concreto? Significa dejarlo
entrar en nuestro día a día, en nuestras
pequeñas cosas, permitirle que Su pensa-
miento penetre nuestros pensamientos y los
oriente hacia cosas concretas. Ante las dife-
rentes opciones de nuestra jornada, sabre-
mos siempre cuales escoger, a medida que
la divina voluntad se posesionará de la nues-
tra. O mejor, seremos nosotros en dejar que
El realice nuestras acciones.
Recordemos cuantas veces después de
haberle pedido a Dios que nos acompañe
durante nuestra jornada, nos encontramos
en querer hacer por nosotros mismos las
cosas aún viendo que no nos salen bien, para
darnos cuenta luego que lo mejor es dejar a
Dios que actúe por nosotros. Estas “inspira-
ciones” tácitas de la mente, pero muy sono-
ras al oído del alma y a la inteligencia del
corazón, son fundamentales para dirigir
nuestros pasos según la Sabiduría Divina.
Pero para escuchar bien, debemos ante todo
acallar otras voces que acuden a nuestra
mente: las de nuestra lógica, las de nuestros
razonamientos, las de nuestro sentido de la
justicia y de las ofensas. Las voces de nues-
tras preocupaciones, de nuestros miedos e
incertidumbres. Las voces del orgullo y de
la soberbia que nos empujan a querer tener
siempre “la última palabra”. También aque-
llas voces que nos parecen sagradas y san-
tas: aquellas que tomamos
prestadas de los libros, de los
filósofos y o de los diversos o
presuntos “carismas” que
poseemos y que si los usamos
al servicio de nuestro yo,
dejan de ser dones y se con-
vierten en auténtica desgracia
para todos.
Tener la valentía del silencio
Callar, pues, hacer silen-
cio interior. Tener la valentía
del vacio de palabras y de discursos interio-
res. Vencer el miedo de la ausencia de soni-
dos que a menudo nos aturden y desconcier-
tan (la sociedad nos bombardea de ruidos, lo
sabemos, aunque muchos prefieren ensorde-
cerse para no sentir el aguijón de la sole-
dad). Si creamos una buena base a través de
la oración, el Espíritu nos hablará, pero no
con un lenguaje humano. Su susurro es
“suave como la brisa”, nos sugiere el profe-
ta Elías. Pero debemos combatir la tentación
de quererlo interpretar. Dejemos nuestro
espíritu libre para acoger Sus impulsos y
actuar en consecuencia. En pocas palabras
¡obedezcámosle!
Para hacerlo, debemos ser también dóci-
les, es decir, disponibles a cambiar nuestros
proyectos si necesario fuera y adherirnos a
una voluntad diversa de la nuestra. Ponerla
en práctica y traducirla en hechos, emplean-
do nuestras facultades con generosidad y
confianza, sin querer ver los resultados
demasiado deprisa y los frutos de nuestra
actuación. Es como entregar un cheque fir-
mado en blanco al Espíritu Santo, un cheque
que nos reportará un bien que aún no vemos
pero que es seguro. Dios no nos deja solos,
no nos abandona en un deambular en el
vacío de la duda, ¡debemos creerlo! El ven-
drá con el bien prometido, pero sólo cuando
estemos preparados para recibirlo. Es nece-
sario por tanto, avanzar según los tiempos
de Dios que como suele decirse “no son
nuestros tiempos” y esperar. Así obtendre-
mos la paciencia, virtud fundamental para
conquistar la santidad.
¡La santidad es para los que se atreven!
La audacia es fundamental para aquellos
que quieren seguir las propuestas de Dios,
aunque parezca que superen nuestras pobres
fuerzas (“Amaos como Yo os he amado,
perdonad a vuestros enemigos…! Cuántas
situaciones en nuestra vida nos perecen
imposibles!). Es entonces cuando debemos
invocar el don del Espíritu Santo, porque sin
Su poder nosotros no podemos hacer nada.
La fuerza divina no se hará esperar, pero
Dios también nos pedirá que demos noso-
tros el primer paso, que ejercitemos nuestra
voluntad como motor de arranque, para la
acción del Espíritu. Este acto de voluntad
purifica nuestro corazón y nos capacita para
nuevos pasos.
La entrega evita los fallos
En este punto suponemos que hemos
hecho cuanto habíamos previsto, pero de
resultados ni siquiera una sombra. Entonces
podemos optar por desalentarnos o bien
seguir por senderos humanos, que son más
anchos, donde nuestra justicia humana pue-
de abrirse camino y reportarnos inmediatas
y gratificantes soluciones o resonantes reac-
ciones que nos lleven a un reconocimiento
público. Así actúa el mun-
do. Pero a nosotros ¿qué se
nos pide?
En la entrega está el reme-
dio, en nuestro sí incondi-
cional a Dios y en nuestra
aceptación de quedarnos al
margen, de aparecer como
perdedores, vencidos y
humillados, sin que por ello
tengamos la tentación de
quedarnos contemplando
nuestras humillaciones,
con un complaciente senti-
miento de víctimas. Esto sería como caer en
tierras pantanosas quedando inmovilizados
por el fango movedizo que nos arrastraría en
el arroyo de la depresión y de la autocompa-
sión.
Ofrecerse quiere decir en este caso,
abandonarse totalmente, sin pensar en los
resultados, buenos o menos buenos y dispo-
nernos solo a adorar a Dios, reconociendo
su bondad, su señorío en nuestra vida y su
amor.
Éste es el espacio que debemos darle
para que Él pueda actuar en nuestra vida y
así en nuestra nada se manifestará su todo y
lo que antes era opaco y sin valor, de pronto
adquirirá una nueva luz que iluminará nues-
tro futuro.
Consagrados a la Toda Santa
Si Jesús está en nosotros, si le dejamos
actuar libremente a través de su Espíritu,
todo cuanto nos dice en las bienaventuran-
zas, que por antonomasia constituye la
Carta magna de la santidad, se hará realidad
en nosotros, a través de nuestra propia
manera de ser, en nuestra vida diaria, en el
tiempo que se nos ha dado, con sus estacio-
nes y sus claroscuros, sus más y sus menos.
¡Sed santos porque Yo soy santo! Será
fácil si nos hacemos sabios. Consagremos
nuestra jornada a Jesús y a su santísima
Madre.
Consagrarse quiere decir convertir en
sagrado todo pensamiento, acción y reac-
ción… Que nuestro acto de consagración no
se limite solo a una oración recitada, sino
que sea la expresión de nuestra voluntad de
sacrificar el propio modo de afrontar la jor-
nada. Sagrado significa esto: sacrificar cual-
quier cosa para que Dios pueda disponer de
ella, con la certeza de que no quedará sin
fruto. Al final de nuestra vida podremos
ofrecer al Padre del cielo: santidad abundan-
te en acción de gracias por el don de su
Espíritu que es santo y que nos hace santos.
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A c o n t e c e e n M e d j u g o r j e . . .
Una mirada de cerca a los pequeños y
grandes sucesos que tienen lugar en la
pequeña población de Herzegovina. Allí
donde la Gospa con paciencia y fidelidad
materna continua visitando a sus hijos desde
hace ya 26 años, a los que allí viven y a los
que llegan como peregrinos alternándose en
los bancos del Santuario y en las piedras de
las montañas.
Es la mirada de Sor Halina, una joven
consagrada de la República Checa pertene-
ciente a la Comunidad “Kraljice Mira”, y
que viviendo en Medjugorje capta con cal-
ma sus rumores más escondidos, la respira-
ción de una realidad pequeña pero compues-
ta por ser cosmopolita y multilingüe, ade-
más de ser punto de unión entre el cielo y la
tierra. Pequeñas pinceladas que nos permi-
ten ver cuanto allí sucede.
ANTES Y DESPUÉS DE PASCUA
En la preparación de la Cuaresma
Medjugorje está sumergida en una
atmósfera de tranquilidad y de silencio, bajo
el signo del recogimiento y de la conversión
personal de la parroquia; pero sobre todo de
los peregrinos (aunque no estén hoy en
grandes masas).
Es verdad que este tiempo es llamado
también “tiempo fuerte” –porque nos guía
en la travesía de las sombras de la muerte a
la luz de la vida
en la medida en que nos
abrimos a la vida en todas sus dimensiones.
Por eso pueden verse en Medjugorje gran-
des colas de fieles para confesarse.
Se nota
en ellos “el encuentro con el Dios justo,
pero sobre todo con el Dios misericordioso”
y un deseo renovado y encendido por Dios,
así como un gozo lleno de confianza y de
agradecimiento.
Abrid vuestro corazón a la misericor-
dia de Dios en este tiempo cuaresmal. El
Padre celestial desea liberar de la esclavi-
tud del pecado a cada uno de nosotros…”
(mensaje del 25-2-2007)
Así mismo la Santa Misa vespertina es
como “un soplo que reanima el fuego de la
vida divina que quiere habitar libremente en
los corazones abiertos” a través de las lectu-
ras de estos días y de la Eucaristía.
El Krizevac es un signo fuerte donde uno
puede ir a retirarse en oración y a contem-
plar el misterio de la salvación. El compor-
tamiento de la gente es verdaderamente muy
serio, profundo y silencioso y aunque se
observen rasgos de sufrimiento en sus ros-
tros, prevalece en ellos una paz y una fuerza
que los mueve a seguir adelante.
“Yo, a mis discípulos les reprochaba solo
dos cosas: el miedo y la tristeza”
(de una
mística anónima).
Los que deciden subir al Krizevac a pri-
meras horas de la mañana (y son muchos),
van acompañados e inspirados por una natu-
raleza tan expresiva en sus signos que pare-
cen una invitación a hacer de esta subida
una elevación hacia la resurrección, hacia la
vida de la luz:
con la creación que parece despertarse cuan-
do las sombras de la noche se retiran;
con el sol que surge y con sus rayos que
tocan, calientan e iluminan a todo ser;
con la brisa fresca y perfumada de la alegría
por la vida…
“¿No debía Cristo sufrir todo esto y entrar
en su Gloria?” (Lc 24,26)
18 de marzo: Aparición anual a Mirjana
Éste es seguramente un acontecimiento
muy importante para Mirjana, acompañado
casi siempre por lágrimas de gozo, aunque
también de un cierto sufrimiento. Más de
mil peregrinos se reunieron en torno a ella.
Es el cumpleaños de la vidente y la Virgen
al término de sus apariciones diarias, le
había prometido que durante toda su vida se
le aparecería en el día de su fiesta. Así lo ha
hecho también este año, dejándole el
siguiente mensaje:
“Queridos hijos, vengo a vosotros como
Madre que os trae dones. Vengo con amor y
misericordia.
Queridos hijos, en Mí hay un
corazón grande. Deseo que estén en él vues-
tros corazones purificados por el ayuno y la
oración. Deseo que juntos, por medio del
amor, nuestros corazones triunfen. Deseo
que a través de este triunfo veáis la auténti-
ca verdad, el verdadero camino y la verda-
dera vida. Deseo que podáis ver a mi Hijo.
Os doy las gracias”.
Completó sus dones con su bendición,
un regalo preciosísimo. Aunque quiso preci-
sar que la suya es solo una bendición mater-
na y pidió oraciones cotidianas, para aque-
llos (palabras textuales de la Virgen) “que
mi Hijo ha escogido y bendecido” – es decir
los sacerdotes, añadió Mirjana.
Anunciación del Señor
La montaña de nuestra “Madre celeste” des-
pués de varios días de una lluvia intensa,
finalmente fue tocada por los rayos de un
sol caliente que hizo desaparecer con rapi-
dez el fango, haciendo menos costosa la
subida de los peregrinos en este día de la
fiesta de la Anunciación del Señor (26 de
marzo).
Lo que es evidente es que María, Sierva
humilde del Señor, ha tenido y tiene siempre
como centro de su vida a su Dios, su Hijo y
nuestro Señor Jesucristo. Ella nos guía
siempre al Señor y es por ello que nos hace
vivir en esta atmósfera aquí en Medjugorje.
Y la paz que “la Reina de la paz” nos da,
bien puede expresarse con el salmo 131 que
nos da una imagen de su humildad y de su
apertura para servir a Dios:
“Señor, mi corazón no es orgulloso
Ni mis ojos altaneros;
No voy buscando grandezas
Superiores a mis fuerzas
Yo estoy tranquilo y sereno
Como un niño en el regazo de su madre
Mis deseos son parecidos a ese niño.”
¡Siempre más!
A medida que se acerca la Pascua,
Medjugorje va llenándose de peregrinos,
cada día más, como si fuese una Jerusalén
de nuestros tiempos. Los muros de la iglesia
parroquial ya no pueden contener tal multi-
tud de gente…
La semana santa
La disponibilidad y la generosidad de
los franciscanos de la parroquia de
Medjugorje en su servicio a los fieles y a
todos los peregrinos que llegan aquí, es dig-
na de admiración y de agradecimiento.
este lugar se ha convertido en un confesio-
nario para los corazones abatidos y humilla-
dos y sinceros en su arrepentimiento…
continuamente se celebran Misas para la
multitud de gente a fin de que todos tengan
la posibilidad de participar en estos días en
la vida de nuestro Salvador de modo digno
y concreto.
“Ofrece tu vida como María, a los pies
de la cruz y serás siervo para los demás,
siervo por amor, sacerdote de la humani-
dad”
dice un canto italiano. Es lo que en
estos días se respira.
Pascua
“Despierta ¡oh! Tú que duermes, leván-
tate de los muertos y Cristo te
Iluminará” (Ef. 5,14)
Esta es la fuerza a la que el Resucitado
nos llama, esta es la invitación para cada
día, para cada situación de nuestra vida coti-
diana, esta es la “Santa noche, la Gran
noche”… sobran ya las palabras.
Este es nuestro gozo y nuestro canto que
se eleva desde cada rincón de esta bendita
tierra: “Regina Coeli letare” – en toda len-
gua, de la boca de las generaciones de nues-
tro tiempo, de modo libre y vivo, que nos
acompañará por cincuenta largos días…
(anotaciones de sr. Halina)
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Padre Jozo:
¡Pon la Biblia en tu altar
!
Cuando leemos la
Biblia, el Espíritu y la
vida de Dios entran y
actúan en nosotros
con mayor fuerza. La
lectura de la Palabra
de Dios es uno de los
fundamentos de la
vida espiritual. Si nos
falta este fundamen-
to, nuestra vida ten-
drá bases frágiles,
débiles, y será inútil y
no dará fruto. La
Virgen ha intervenido
ya en muchas ocasio-
nes, para que la Biblia esté presente y visible
en nuestra casa. Ese lugar visible es nuestro
“altar familiar” en el salón, donde la familia
se reúne a diario, se relaja, conversa y mira
la televisión. Tenemos necesidad de asumir
un nuevo compromiso: la familia cristiana
debe tener un “altar” entorno al cual se pue-
da reunir cada día para escuchar la Palabra
del Señor y orar en familia.
Sobre esa pequeña mesilla del salón,
pon ante todo, la Cruz, el Crucifijo, el
Maestro del amor, del cual ha nacido la
familia como Sacramento. La Cruz nos
enseña qué es el amor; que el amor es dar la
propia vida por los demás y sacrificarse por
los demás; que es perdonar a todos, espe-
cialmente a nuestros enemigos; que es res-
ponder al Padre como ha hecho el Señor:
“¡...no se haga como yo quiero, sino como
quieres tú!” (Mt 26,39).
Junto al Crucifijo, pon una estatua o
una imagen de la Madre, la Beata
Virgen.”¡He aquí tu Madre! (Jn 19,27), es el
testamento que continúa a través de la histo-
ria y en el futuro, ya que atañe a cada uno de
nosotros. Debemos tomar a la Madre con
nosotros, porque sin Ella no podemos derro-
tar al astuto enemigo. Así, tu familia hallará
el camino más breve hacia Dios.
Sobre tu altar familiar, pon además la
Biblia familiar, la Palabra viva de Dios.
Cada vez que la tomes del altar podrás escu-
char la voz del Padre, como la oyeron los
Discípulos en el Monte Tabor: “Éste es mi
hijo amado; escuchadle” (cfr Mt 17,5).
Sobre tu altar pon un Rosario familiar
que usa quien guía la oración. Sobre el
altar pon además agua bendita y bendice tu
casa y tu familia al menos una vez a la sema-
na. Nosotros lo hacemos periódicamente los
sábados, al final de la semana. Puedes tam-
bién poner sobre el altar tu libro de oracio-
nes y una vela.
Enciende la vela cuando leas la Biblia,
ya que es la luz en nuestro camino de fe.
Reunirse cotidiananmente entorno al altar
familiar es una práctica importante. Bien
pronto, toda la familia sentirá una fuerza que
mantiene a la familia unida y en paz. Este
altar, incluso después de tu muerte, quedará
como un signo para tus hijos, que lo consi-
derarán una experiencia y una seguridad
inolvidable. Podrán siempre decirse a sí
mismos que conocen donde sus padres han
recibido la fuerza y hallado la paz. Sabrán
que también ellos pueden seguir las huellas
de sus padres.
de grabación)
Las “Comidas de María”:
alimento para los niños mas pobres
En el próximo mes de junio, en Medjugorje, del 11 al 15, habrá una conferencia sobre
las ayudas a los pobres para agradecer a la Gospa especialmente por el trabajo de “Mary’s
Meals”,
una iniciativa humanitaria nacida de una fuerte experiencia vivida justamente en
Medjugorje. La asociación de caridad, registrada en Escocia, asegura a niños pobres de
varios lugares del planeta una comida diaria. Los lugares escogidos para la invitación son
siempre locales de escuelas. De este modo se atrae a los niños a las aulas y así además de
la comida, los pequeños reciben también educación- su única esperanza para salir de la
pobreza incluso en edad adulta.
La iniciativa nació en 2002 en Malawi, con la preparación de comidas para 200 huérfa-
nos. Hoy día ese número se ha literalmente “desorbitado”: son ya 170.000 niños, mayorita-
riamente de Malawi, pero también de Uganda, Liberia, Kenya, India, Filipinas, Albania,
Ucrania, Rumania, Bosnia, Bolivia y Haití, los que son nutridos con una comida diaria y
reciben clases en la escuela.
Mary’s Meals (literalmente Comidas de Maria) es fruto de una asociación caritativa que
organiza ayudas de primera necesidad a países extranjeros - La Scottish International Relief,
o SIR (Ayudas Internacionales desde Escocia)- y está conducida por Magnus MacFarlane-
Barrow. Desde que en 1983 los padres de Magnus iniciaron sus peregrinaciones a
Medjugorje con todos sus hijos, sus vidas han cambiado en profundidad, tanto que han tras-
formado su pequeño hotel, Craig Lodge, en una casa de retiros espirituales.
En 1992 Magnus y su hermano, no pudiendo ignorar el sufrimiento de los refugiados de
Bosnia, lanzaron una llamada a la caridad y con un todoterreno lleno de víveres y ayudas
fueron a Medjugorje. El público ha continuado desde entonces a sostener el trabajo de los
MacFarlane-Barrow, ofreciendo muchísima ayuda. Así, de este primer acto de caridad nació
SIR, que goza del sustento de muchísimas personas de varios lugares del mundo.
El proyecto está dedicado a la Virgen, y aun no habiendo sido registrado como asocia-
ción cristiana, nos parece muy apropiado que el encuentro internacional de colaboradores,
dependientes y representantes de proyectos extranjeros, tenga lugar en Medjugorje, allí don-
de nació todo. Quien desee participar y obtener mayor información puede contactar con:
info@sircharity.org.
Red .
Encuentros
en Medjugorje
P
ARA
S
ACERDOTES
El 12º seminario internacional para
sacerdotes tendrá lugar en Medjugorje del 2
al 7 de julio del 2007 y el tema será: “Con
María en el Cenáculo en espera del Espíritu
Santo”.
El ponente será el P. Rainiero
Cantalamesa. Los que quieran participar
pueden solicitarlo a la siguiente dirección e-
mail: seminar.marija@medjugorje.hr, o bien
al siguiente número de fax 00387 36 651
999 (a la atención de Marija Dugandzic).
Invitamos a todos los sacerdotes a que se
busquen ellos mismos el alojamiento en
familias de Medjugorje y a que nos indiquen
en su solicitud, el nombre apellidos y núme-
ro de teléfono de aquellas familias que los
alojen. Los sacerdotes que no tengan la posi-
bilidad de procurarse el alojamiento, pueden
comunicarlo en su solicitud y se lo procura-
remos nosotros. Los gastos del seminario se
cubrirán con cinco intenciones en las Misas.
P
ARA LOS
J
ÓVENES
El 18º encuentro internacional de los
jóvenes “ALADI fest” tendrá lugar en
Medjugorje del 1 al 6 de agosto del 2007. El
tema del encuentro será: “Como Yo os he
amado, amaros también así los unos a los
otros”.
Del mensaje de la Virgen María del
25 de marzo 2005: “Queridos hijos, hoy os
invito al amor. Hijitos, amaos con el amor
de Dios. Jesús resucitado estará con voso-
tros y vosotros seréis sus testimonios”.
P
ARA
M
ATRIMONIOS
El 18º seminario internacional para
matrimonios tendrá lugar en Medjugorje del
31 de octubre al 3 de noviembre del 2007. El
tema será: “Diálogo en familia”. Como nos
decía la Virgen María: “Queridos hijos, os lo
ruego: comenzad a cambiar vuestra vida en
familia. Que vuestra familia sea una flor
armoniosa que Yo deseo dar a Jesús”. El
seminario se desarrollará en el salón, cerca
de la iglesia y las solicitudes deberán dirigir-
se a la dirección y teléfono arriba indicados.
Por exigencias de espacio nos vemos obliga-
dos a limitar el número de los participantes,
por lo que os exhortamos a enviar vuestras
solicitudes lo más pronto posible, como muy
tarde antes de finales de septiembre.
Ten ánimo
para los grandes dolores
de la vida
y ten paciencia
para los pequeños;
y cuando hayas cumplido
laboriosamente
tus deberes cotidianos,
duerme en paz.
Dios permanece
despierto”.
Víctor Hugo
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“¡Ofreced vuestras vidas!”
Más allá de la muerte
de Stefania Caterina
Parecerá tal vez extraño preguntarse
por qué nos ofrecemos, qué motivo nos
empuja a recorrer este camino.
Partiendo
de mi experiencia personal puedo decir que
el ofrecimiento comienza del sincero deseo
de no vivir ya para uno mismo, sino para
Dios. La verdadera razón que empuja al
cristiano al ofrecimiento de sí mismo como
“sacrificio viviente, santo y grato a Dios
(cfr Rm 12,1),
debería ser la de permitir a
Dios que viva y actúe en él y a través de él.
Sin esta fundamental decisión por Dios,
nuestro ofrecimiento se presenta vago e
infructuoso, no encuentra terreno. La Virgen
en Medjugorje en muchos de sus mensajes
nos ha invitado a poner a Dios en el primer
lugar, y creo que esto significa que Dios
debe gobernar nuestra vida, debe ser la úni-
ca fuente de nuestro ser y actuar.”El debe
crecer y yo, en cambio, disminuir”(Gv 3,
30).
Nos ofrecemos para ser de Dios, para
estar en Dios, y para ser purificados de todo
egoísmo y rebeldía, triste heredad del peca-
do original.
Ofrezcamos nuestra vida para ser
transformados.Libres de cualquier apega-
miento y de toda adversión, despojados de
nosotros mismos y de nuestras ambiciones,
seamos criaturas nuevas, que confiadas, se
abandonan a Dios. El Señor necesita de nue-
vas criaturas para formar un pueblo nuevo,
esa Iglesia que vive segun las leyes divinas
del amor y que anuncia a los pueblos la sal-
vación.. Dios puede formarnos así sólo si
somos puros. Creo,de hecho, que es imposi-
ble anunciar la salvación cuando nos queda-
mos apegados a nosotros mismos, llenos de
ideas y proyectos que nacen de nosotros.
Nos arriesgaríamos a transformar la viña del
Señor,en la que estamos llamados a traba-
jar,en un triste escenario de nuestra vanida-
des.
Liberados del egoismo, nos sentimos lle-
nos del deseo de ponernos a disposición de
Dios para cumplir sus proyectos.No podría
ser de otro modo, ya que quien ama desea
donarse y donar la vida al prójimo.
Nos ofrecemos para dar testimonio de
la vida. ¿Cómo? Pues manifestando en
nosotros la vida que hemos, a su vez, recibi-
do y que otros nos han testimoniado, “lo
que hemos oído... visto con nuestros ojos, lo
que hemos contemplado y lo que nuestras
manos han tocado...”(1Jn,1).
Tras las huellas de los apóstoles también
nosotros pasamos a ser testigos y anuncia-
dores del Verbo de la vida; con generosidad
donemos las riquezas que Dios nos regala,
seamos hombres y mujeres de fe, esperanza
y caridad. Esto remueve las conciencias, lla-
ma a la vida a todos los que están cansados
y que desconfían. Nuestro anuncio será cre-
íble en la medida en que pueda testimoniar
una vida vivida auténticamente. Creo que
nuestra sociedad está demasiado llena de
falsos anuncios y de promesas vacías y tie-
ne una urgente necesidad de auténticos tes-
tigos de la verdad. El ofrecimiento sincero
de nosotros mismos nos hace creíbles.
Existe además un motivo aún mas
profundo que nos lleva a ofrecer nuestra
vida: nos ofrecemos nosotros mismos
para ser participes de de la obra de la
Redención.
Acogiendo de lleno a Jesucristo
en nosotros y ofreciéndonos por completo a
Él, seremos sus miembros vivos. Él nos lla-
ma a compartir con El, sobre nuestras cru-
ces, el dolor del mundo, para elevar al Padre
el grito de toda la humanidad. Pero nos lla-
ma también para manifestar la fuerza de la
Resurrección. Así podremos ser luz de
Cristo, la luz pascual que atraviesa cualquier
tiniebla y derrota a la muerte.
Jesús nos quiere cerca de su Corazón,
quiere contar con nosotros, quiere darnos
confianza. Nos llama para trabajar por el
bien y la salvación de muchas criaturas, a
que levantemos nuestra mirada más allá de
la vida terrena, quiere introducirnos en el
misterio de la salvación. Puede hacerlo sólo
si le donamos nuestra vida, si le dejamos
que actúe en nosotros.
Es su amor el que nos empuja a
donarnos y nada podemos sin Él. Pero
donándonos con sinceridad y confianza,
veremos crecer nuestro amor hacia Dios y
hacia el prójimo. De este modo, a través del
ofrecimiento de la vida, entramos en comu-
nión entre nosotros y con toda la Iglesia.
Siendo uno con Dios, somos una sola cosa
los unos con los otros, porque juntos forma-
mos un solo Cuerpo. Nada, ni siquiera la
muerte, rompe nuestra comunión con Cristo
y en Cristo.
Ofreciéndonos, gozaremos ya en esta
tierra de la dulzura de la vida bienaven-
turada.
Así nuestra existencia adquiere el
sentido mas profundo y su dignidad, y sere-
mos criaturas “vivas”, incluso cuando la
experiencia cotidiana nos ponga frente al
mal o la muerte, porque se nos permitirá ir
incluso mas allá de la muerte.
Personalmente, estoy enormemente
agradecida a Dios por haberme mostrado
este camino, por haberme llamado a reco-
rrerlo, y por haberme dado la fuerza de res-
ponder. No veo para mí otra posibilidad de
realizarme, fuera de la vida ofrecida. Sólo
deseo responder continuamente a una llama-
da que es interminable e imprevisible en sus
infinitos matices, como también es intermi-
nable el amor de Dios, e imprevisibles son
sus caminos que conducen siempre a la ver-
dadera felicidad.
(4.continua)
La fragilidad
de mi cuerpo
por Ana Glasnovic
Plugo a Dios plasmarme como un jarro
grácil y delicado “para dar a conocer la
riqueza de su generosidad con los que eran
objeto de su amor, los que El predispuso
para la gloria” (Rm. 9,23).
La fragilidad de
mi cuerpo me ha llevado a menudo a experi-
mentar el dolor físico. Acostumbrada a una
salud viva y serena, me fue difícil conciliar-
me con el sufrimiento y a hacer de él el sen-
tido de mi vida. Mis primeras reacciones
fueron de miedo, repugnancia e inhibición
en los modos más disparatados. En mi
desesperación, juzgaba el sufrimiento como
un enemigo o un ladrón que venía a robarme
lo más preciado: la salud. De este modo el
sufrimiento no aceptado se convirtió en un
peso insoportable que poco a poco me iba
destruyendo.
Yo sabía que Dios me amaba infinita-
mente y que solo El podía ayudarme y sacar-
me de una situación sin salida, desde el pun-
to de vista humano. La difícil situación en
que me encontraba me llevó a orar intensa-
mente con la esperanza de que Dios me
sanase y me liberara de aquel peso.
Pasaba el tiempo pero mi salud no mejo-
raba, hasta que se apoderó de mí un extraño
temor, pensando que Dios me había olvida-
do. En realidad Dios no se olvida nunca de
nosotros, pero no escucha las oraciones y los
deseos egoístas. Más tarde comprendí que
Dios se había escondido solo un poco, a fin
de que mi fe, mi esperanza y mi amor que
eran débiles, se fortalecieran. Dios como
buen padre, en su gran bondad nos da mucho
más de cuanto nosotros podamos pretender.
Lo que sucede es que nosotros no lo com-
prendemos y lo rechazamos. Ni yo misma
había comprendido el plan de Dios, hasta
que no me sometí con humildad a Su volun-
tad. Cuando me rendí completamente a Su
voluntad, me embargó una gran paz y con
ello entendí que Dios me daba una clara res-
puesta.
Sucedió así: Un día estaba orando en mi
habitación teniendo la Biblia entre mis
manos, donde a menudo había encontrado
consuelo. La abrí y mi mirada se puso sobre
el capítulo 11 del evangelio de Juan.
Asombrada por la sorpresa leí los siguientes
versículos “Señor tu amigo está enfermo.
Jesús al oir esto dijo: Esta enfermedad no es
de muerte, sino para que resplandezca la
gloria de Dios y la gloria del Hijo de Dios”
(Jn. 11, 3-4).
Aún sabiendo claramente que
aquel fragmento del evangelio se refería a la
resurrección de Lázaro, en aquel momento
tuve la certeza de que aquellas palabras iban
dirigidas a mí. Comprendí enseguida lo que
Jesús quería realizar en mí a través de su
Palabra operante, capaz de abrir las tumbas
y vencer los lazos de la muerte.
Una felicidad inexplicable invadió todo
mi ser. Sentí como si realmente por las pala-
bras de Jesús se hubieran abierto mis sepul-
cros, los del miedo, los de las resistencias,
los de la rabia y los de las frustradas espe-
ranzas e impaciencias. Mi alma se liberó de
todo lo que le impedía elevarse a Dios para
permanecer en El, colmada y satisfecha
porque grande conmigo es tu misericordia:
me has arrancado de la profundidad de los
abismos” (Sal. 86,13).
Amar es tan sencillo, pero son raros los hombres que conocen este secreto,
incluso entre los consagrados. Hay amor verdadero donde hay olvido de sí.
Demasiado a menudo no hacemos más que amarnos a nosotros mismos
a través de aquellos que creemos amar”
Gaston Courtois
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Un mensajero de María
¿Sabéis que el Eco llega, inexplicable-
mente, a muchos países, incluso muy leja-
nos? Se lee en Oceanía, en las Américas, en
Asia, África y Europa, en muchos países de
cada continente. Por esto se traduce en
diversos idiomas, en decenas de idiomas. A
muchas localidades llegan los mensajes de
María, a través de este pequeño periódico,
que viene a ser un poco como un mensajero
de Maria. Lleva las palabras de la Madre
hasta tierras donde las voces espirituales lle-
gan con mayor dificultad. Tal vez María
goce de que este periódico lleve palabras de
esperanza, de consuelo y de fe a muchos de
sus hijos, manifestándose con su Corazón de
Madre.
Esta obra se realiza también gracias a
ti, a tus oraciones y al apoyo que das a este
mensajero. Pidamos a María por sor
Stefania, que pone tanto empeño y amor en
la redacción del Eco. Tal vez así la Madre
nos agradezca por colaborar un poco entre
todos en la realización de Su plan en el mun-
do. Maria nos bendiga y nos proteja.
Pietro Squassabia
Los lectores escriben
A todos cuantos reciben el Eco les
hemos pedido que nos confirmen si desean
seguir recibiéndolo. Algunos nos han escrito
con frases de aprecio que deseamos compar-
tir con vosotros en señal de gratitud por el
afecto con que nos seguís.
En este contexto, aprovechamos para
decir que unas sesenta personas aproxima-
damente nos han enviado su respuesta SIN
ESPECIFICAR EL NOMBRE, por lo que
no nos es posible saber si desean o no seguir
recibiendo el boletín. Rogamos nos lo pue-
dan confirmar lo más pronto posible.
Pedimos perdón por nuestra insistencia,
pero por la necesidad de eliminar gastos nos
vemos obligados a mantener en lista sola-
mente a aquellos que verdaderamente dese-
en seguir recibiendo el Eco.
Maria Vaglio de Italia: Tengo 81 años y
andar empieza a pesarme un poco, pero a
pesar de ello dos veces al año voy a Correos
para enviaros mi donativo. Hace 14 años
que estoy completamente sorda y a menudo
me desmoralizo y vuestro boletín me ayuda
mucho, lo recibo con mucha ilusión.
Rossella de Italia: El Eco me es ya
indispensable y cada vez más crece en mí el
ansia de recibirlo.
Sr. Rosanna de Turín: Gracias de todo
corazón; a mí me encanta recibir el ECO
pero no tengo dinero, pero mis sacrificios y
oraciones no os faltarán. Perdonad este
escrito pero he sentido la necesidad de daros
las gracias, porque me es de mucha ayuda.
Noemí de Udine: Gracias por vuestro
trabajo, ahora que ya no puedo caminar,
cada vez que recibo el ECO es como una
nueva peregrinación a Medjugorje. Lo leo y
lo releo y me consuela – estoy pendiente de
una importante intervención quirúrgica. Os
lo agradezco y os enviaré mi donativo en
cuanto me sea posible.
Don Giuseppe Grasso de San Vito dei
Normanni (Brindisi): Comprendo las difi-
cultades económicas pero a pesar mío debo
recurrir al papel para recibir el ECO. Os ase-
guro mi donativo varias veces al año y sobre
todo de orar por vosotros.
Maria Cavallini de Buti (Pisa):
“Querido ECO… soy huérfana de padre y
madre, tengo 39 años y vivo con mi gatita.
Os ruego de todo corazón que sigáis envián-
dome vuestro ECO que espero siempre con
ansia… No deshecho NUNCA vuestro bole-
tín porque es bellísimo y enseña tantas
cosas…”
W.J. Allan de Canadá: Me reservo
siempre un momento de calma durante el día
o (sobre todo) de la noche para poder absor-
ber lentamente los bellísimos mensajes
expresados en vuestra preciosa publicación.
Bendigo a los lectores por su devoción a
María.
Sr. Dalila, misionera en el Camerún:
deseo daros las gracias por enviarme siem-
pre el Eco de María por Correo o bien por
Internet. He tenido la posibilidad de vivir
tres años en Medjugorje y por tanto recibir
Te doy gracias Señor porque me has
dado mucho más de cuanto te pedía, has
sanado mi alma y has preparado mi cuerpo
para que sea un digno altar para Ti, sobre el
cual, junto a Tu sacrificio puro, ofrecer tam-
bién el mío. Gracias porque te glorificas en
mi cuerpo: “Tú no has querido ni sacrificios
ni ofrendas, un cuerpo en cambio me has
preparado” (Heb. 10,5).
Cuando Dios nos revela su plan de salva-
ción, entonces comprendemos que nuestro
cuerpo tal como es –enfermo, débil, pecador
y limitado- ha sido creado para glorificarle.
Aceptar el sufrimiento significa liberarse
de la propia voluntad egoísta, para unirse a
la de Dios que da sentido a nuestro dolor. La
unión de nuestra voluntad con la voluntad de
Dios, nos lleva siempre a la verdadera paz y
a la verdadera alegría, llenándonos de felici-
dad, aún cuando debamos abrazar nuestra
cruz y afrontar cara a cara el sufrimiento.
Podemos cantar victoria sobre el sufrimien-
to sólo cuando muere en nosotros el último
deseo de liberarnos de él. Entonces el sufri-
miento no significa una pérdida negativa,
sino un gran e inestimable beneficio.
No puedo decir:
Padre nuestro
No puedo decir PADRE si no hay un
espacio en mi vida para los demás y sus
necesidades.
No puedo decir NUESTRO si yo no vivo
esta relación en mi vida cotidiana.
No puedo decir QUE ESTAS EN EL
CIELO si todos mis intereses y actividades
están en la tierra.
No puedo decir SEA SANTIFICADO
TU NOMBRE si yo que llevo su Nombre no
soy santo.
No puedo decir VENGA TU REINO si
no quiero renunciar a mi soberanía y aceptar
la justicia del reino de Dios.
No puedo decir HAGASE TU VOLUN-
TAD si no acepto la voluntad de Dios en mi
vida o me irrita hacer Su voluntad.
No puedo decir ASI EN EL CIELO
COMO EN LA TIERRA si no estoy decidi-
do a ponerme ya a Su servicio.
No puedo decir DANOS HOY NUES-
TRO PAN DE CADA DIA si no me esfuer-
zo para ganarlo y si finjo no conocer las
necesidades de los demás.
No puedo decir PERDONA NUESTRAS
OFENSAS COMO NOSOTROS PERDO-
NAMOS A NUESTROS DEUDORES si
sigo manteniendo rencor contra alguien.
No puedo decir NO NOS DEJES CAER
EN LA TENTACION si por mi voluntad
permanezco en una situación en la que pro-
bablemente seré tentado.
No puedo decir LIBERANOS DE
TODO MAL si no estoy dispuesto a luchar
en el reino espiritual con el arma decisiva de
la oración.
No puedo decir TUYO ES EL REINO
sino obedezco como un súbdito fiel.
No puedo decir TUYOS SON EL PODER Y
LA GLORIA si tengo miedo de lo que los
demás puedan decir de mí.
No puedo decir POR LOS SIGLOS si mi
afán es sólo por los acontecimientos de cada
día.
No puedo decir ASI SEA si no puedo
decir sinceramente “esta es mi oración a
toda costa”.
(recibido del Padre A. James Thamburaj, SJ India)
vuestro boletín me es muy importante, por-
que leyéndolo me siento más cerca de esta
tierra bendita y de un modo particular a la
Virgen. Repito mi agradecimiento de todo
corazón y que María os bendiga.
Teresa o Farrell dall'Argentina: El
Eco de Marìa me encanta, es fabuloso. Lo
leo, lo releo y luego, lo paso. A mì me lo
pasa una amiga. Los felicito y que Dios los
bendiga. Yo fuì a Medgugorje el 14 de Julio
del 2001.
Villanova M., 25 de mayo de 2007
Resp. Ing. Lanzani - Tip. DIPRO (Roncade TV)
“Que el Señor os bendiga y os proteja.
El Señor haga brillar su rostro sobre
vosotros y os sea propicio.
El Señor dirija a vosotros su rostro
y os conceda la paz”.
El Eco de María es gratuito y vive sólo de
donativos que pueden hacerse
por CORREO:
en este número de cuenta:
141 242 226 a nombre de
Eco de María
CP 47 - 31037 LORIA (TV)
por VÍA BANCARIA:
Associazione Eco di Maria
Banco de Valencia
(Gruppo BANCAJA)
IBAN: ES59 0093 0999 1100 0010 2657
Gracias por la ayuda para
difundir el mensaje de María
Para nuevas suscripciones o para modifi-
caciones
en la dirección escribir a la
Secretaría del Eco
CP 47 31037 LORIA (TV) Italia
http://www.ecodimaria.net
Agradecemos de todo corazón a quien ya
se ha hecho instrumento de la providencia
para el Eco enviando su donativo. Que el
Dios de todo bien recompense vuestra gene-
rosidad con el céntuplo en gracia y bendición.
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