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Eco de Maria Reina de la Paz 188 (Julio-Agosto 2006)

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Mensaje del 25 de mayo de 2006:
“¡Queridos hijos! También hoy os
invito a poner en práctica y a vivir los
mensajes que os doy. Decidíos por la san-
tidad, hijitos, y pensad en el paraíso. Sólo
así tendréis paz en vuestros corazones,
que nadie podrá destruir. La paz es el don
que Dios os da en la oración. Hijitos, bus-
cad y trabajad con todas sus fuerzas para
que la paz triunfe en vuestros corazones y
en el mundo.¡Gracias por haber respon-
dido a mi llamada!”
Para que reine la paz
Señor, haz de mí un instrumento de tu
paz. Donde haya odio ponga yo amor.
Donde haya ofensa, lleve yo el perdón.
Donde haya discordia ponga yo unión.
Así
empieza esta sencilla oración, atribuida a
San Francisco.
La paz es un bien precioso y raro; es difí-
cil encontrarlo en el mundo y cuando parece
que se ha encontrado, pronto se quiebra en
las manos de quien lo acoge. Así es en las
relaciones entre pueblos, naciones y culturas.
Así es en los mismos Estados, en las propias
ciudades y en la propia familia. Y así es en el
interior de cada persona, a menudo dividida
consigo misma. Pero un reino que está divi-
dido no puede subsistir, si una casa está divi-
dida, no puede subsistir (Mc. 3, 24-25).
La división produce deterioro. Pero el
divisor no puede ser vencido sólo con la
fuerza humana. Analógicamente, la paz, la
verdadera paz, tampoco puede ser conquis-
tada con la sola fuerza humana. Os dejo mi
paz, os doy mi paz. No os la doy como la da
el mundo (Jn 14,27).
¿Cómo conseguir esta paz que es don de
Jesús? He ahí la respuesta clara y sencilla de
María: Decidíos por la santidad, hijitos, y
pensad en el Paraíso. Sólo así vuestro
corazón podrá tener la paz que nadie
podrá destruir.
No hay otro camino, deci-
dirse por la santidad significa entregarse
totalmente a Dios, ser totalmente suyos y
desear ardientemente vivir su Presencia,
anhelar el Paraíso.
Orientar a Él todas nuestras facultades,
sin dispersarnos en nuestros pensamientos
(cfr. Lc 1,51). Proyectar nuestra vida hacia el
Paraíso, todos en Uno, en Cristo Jesús, para
que Dios sea Todo en todos (1 Cor 15,28) y
la paz será esta dimensión sensible e indes-
tructible de la unidad en el Amor.
La paz es un don que Dios nos da a
través de la oración. El mes pasado María
ya nos decía: “Vosotros no veis a Dios, hiji-
tos, pero si oráis, sentiréis su Presencia”.
Y
precisamente de su Proximidad, de su
Presencia, nos viene la paz. La oración es
necesaria porque nos pone en relación con
Dios, es el espacio de comunión con El y
nos pone en el camino de la asimilación con
el Hijo. La oración es indispensable porque
es el espacio de acción del Espíritu Santo
que intercede insistentemente por nosotros,
con gemidos inenarrables
(cfr Rom 8,26).
La oración es la escucha que acoge la
Palabra; la oración es el silencio que acoge
la Presencia; la oración es el abandono que
consiente caminar sobre las aguas (cfr Mt
14,29).
La paz es un don de Dios, pero como
todo don, debe ser cultivado. Hijitos, bus-
cad y trabajad con todas vuestras fuerzas
para que la paz reine en vuestros corazo-
nes y en el mundo.
Es una invitación que
debemos tomar con toda seriedad y con un
alto sentido de responsabilidad. Cada uno
debe examinarse para ver en qué paz cree,
en qué paz espera, qué paz lleva en el cora-
zón y qué paz da al mundo. Que cada uno se
interrogue sobre la repetida invitación de
María a poner en práctica y a vivir sus
mensajes.
Esta es la clave que hace que abramos
nuestro corazón al Amor crucificado y que
tiene que abstenerse de toda acción que
comporte división y no concordia, de toda
expresión de fácil y gratuita condena, de
toda acción que mortifique la Presencia del
Espíritu en el hermano y de toda afirmación
o comportamiento que genere división y
muerte. Ante el estandarte del Amor crucifi-
cado, debemos desechar otras banderas y
morir a nuestra humanidad para resucitar en
la divinidad.
Nuccio Quattrocchi
Mensaje del 25 de junio de 2006:
“¡Queridos hijos! Con inmensa ale-
gría en mi corazón, os agradezco todas las
oraciones que en estos días habéis ofreci-
do por mis intenciones. Sabed, hijitos, que
no os arrepentiréis ni vosotros ni vuestros
hijos. Dios os recompensará con grandes
gracias y mereceréis la vida eterna. Yo
estoy cerca de vosotros y agradezco a
todos aquellos que, a través de estos años,
han aceptado mis mensajes, los han trans-
formado en vida y se han decidido por la
santidad y por la paz.¡Gracias por haber
respondido a mi llamada!”
¡Gracias!
He aquí un mensaje de agradecimiento y
de gran esperanza en el 25 aniversario de las
apariciones de Medjugorje, a todos aquellos
que han respondido a su llamada. ¿Es la
despedida de María? El mensaje no indica
tal cosa, parece sólo un balance, por cierto
muy positivo, de este largo tiempo en el que
los cielos han permanecido abiertos sobre
Medjugorje y sobre el mundo entero. Ante
todo María agradece con inmensa alegría
en su corazón por todas las oraciones
ofrecidas por Sus intenciones, en estos
días.
Este primer gracias de María va dirigi-
do, sin distinción, tanto a los orantes de la
primera como de la última hora (cfr Mt 20,
8-10). Son las gracias por las coronas de
oraciones ofrecidas por Sus intenciones y a
Ella donadas en este 25 aniversario. Orar por
Sus intenciones no sea un escándalo para
nadie: éstas son parte interna de la Voluntad
de Dios. María que, estando bajo la Cruz
sobre la que agonizaba el Hijo, nunca ha
dudado del Amor del Padre e incluso sin-
tiendo el hielo de la muerte invadir Sus
entrañas, no puso objeción alguna que con-
dicionara la Voluntad divina. Esta Mujer
estupenda e inalcanzable es la Guía ideal
hacia el camino de abandono a la Voluntad
de Dios. Esto es lo que debemos pedirle en
nuestras oraciones, éstas deben ser las ora-
ciones para ofrecerle a Ella y que enseñemos
a nuestros hijos.
Sabed, hijos míos, que no os arrepenti-
réis ni vosotros ni vuestros hijos. La gracia
rodea a quien confía en e Señor. Los que con-
fían en Yavé son como el monte de Sión, que
es inconmovible y está asentado para siem-
pre.
Y además: Quien confía en el Señor, no
quedará defraudado, esta seguro, es biena-
venturado.
Dios os recompensará con
grandes gracias y mereceréis la vida eter-
na.
Ésta es la vida eterna: que te conozcan a
ti, único Dios verdadero, y a tu enviado,
Jesucristo (Jn 17,3).
En este caso conocer no
equivale a saber; no basta con saber que Dios
existe, que hay un Dios; saber que nuestro
Dios es el Dios de Abrahan, de Isaac y de
Jacob
no es suficiente, aun siendo ya mucho;
y tampoco puede bastar sólo saber que nues-
tro Dios es el Dios que se ha revelado en
EL GRAN JUBILEO
DE MARÍA
Julio - agosto 2006 - Editado: por Eco di Maria, C.P.
47 31037 Loria (TV)
(Italia) - Tel. / fax 0423. 470331
A. 22, N°7-8; Esd.a.p. art.2,com.20/c, leg.662/96 filiale di MN-Autor.tribun.MN: 8.11.86, ccp 14124226
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Jesús. Para conocer a Dios hace falta cono-
cer
a Jesucristo (cfr Jn 14,7) y a Jesucristo se
le conoce estando con Él, viviendo con Él:
Felipe,¿tanto tiempo ha que estoy con voso-
tros y no me habéis conocido? (Jn 14,9ª).
Y
nosotros que desde hace tanto tiempo comul-
gamos con Él, ¿podemos decir que le cono-
cemos? ¿Qué hacemos con Su Cuerpo y Su
Sangre? ¿Nos dejamos regenerar y asimilar
por Él o hacemos consumismo sacrílego?
El segundo gracias de María es para
todos aquellos que, a través de estos años,
han aceptado Sus mensajes, los han trans-
formado en vida y se han decidido por la
santidad y por la paz.
Estos son como la tie-
rra buena,
capaz de acoger la semilla y de
dar fruto (cfr Mt 13,8). Y el fruto es la santi-
dad,
el fruto es la paz: las semillas se hallan
en Dios pero el terreno es nuestro corazón.
¿Es un buen terreno? Preocupémonos, con la
ayuda de María, de que lo sea. ¿No es buen
terreno? Oremos a Dios con todas nuestras
fuerzas para que se vuelva tierra buena; con
la intercesión de María será fácil obtenerlo si
de verdad lo deseamos. La presencia de
María en Medjugorje en estos 25 años ha
obrado profundos cambios en muchas almas,
y cuanto más encuentra el Espíritu Santo a
María en un alma, más fuerte se vuelve para
obrar en él y formar a Jesucristo en ese alma
y a ese alma en Jesucristo mismo.
Gracias,
María, por Tu presencia en Medjugorje, gra-
cias por esperar todavía al que se encuentra
indeciso, gracias porque atraes sobre noso-
tros al Espíritu que nos hace verdaderos hijos
en el Hijo.
N.Q.
Reunidos en torno al Vicario de Cristo
Los movimientos eclesiales
y las nuevas comunidades
Cerca de 400.000 fieles de todo el mun-
do se reunieron el sábado 3 de junio en la
Plaza de San Pedro, para ser confirmados y
enviados a la mies del Señor por Su Vicario
en la tierra. El encuentro fue convocado por
Benedicto XVI y demostró la continuidad
con el magisterio del Papa Juan Pablo II, que
les había reunido por primera vez en la mis-
ma Plaza de San Pedro, la vigilia de
Pentecostés de hace ocho años.
En efecto, desde el comienzo del gran
florecimiento de los movimientos y comuni-
dades ligados al acontecimiento conciliar, el
entonces cardenal Ratzinger reconoció en
ellos un signo del Espíritu que actúa ince-
santemente en su Iglesia, el alma que la hace
viva, rica y siempre joven. Él sostuvo y defi-
nió “esperanza de la Iglesia” a aquellas
nuevas formas de agregación laical que en la
época “no cuadraban” para muchos. Ya
como cardenal les miraba con gran simpatía,
como un signo de renovación silenciosa pero
eficaz y como sorpresa del Espíritu que, una
vez más, supera los programas humanos y
realiza maravillosamente las promesas de
Dios.
El cardenal Ratzinger sentía el apremio
de abrir la puerta y dar un lugar adecuado a
esta novedad del Espíritu que actúa “de
modo inesperado, en lugares inesperados y
en formas nunca imaginadas”
.
Y ha sido
precisamente este encuentro el que ha marca-
do un nuevo progreso hacia la meta de la ple-
na “madurez eclesial”, promovida por J.P. II.
Antes de la solemne liturgia de las
Vísperas, el Papa actual dirigió un cordial
saludo recorriendo la plaza de San Pedro
durante media hora en su automóvil, siendo
acogido con gran entusiasmo. Todos los parti-
cipantes, muchísimos (pues ha sido el encuen-
tro más numeroso en el Vaticano desde el ini-
cio del nuevo pontificado), representaban un
signo de unidad en la diversidad: cada uno
comprometido según la propia característica,
en la construcción de un único Cuerpo y dese-
oso de integrarse en la comunión de la Iglesia
al servicio de su crecimiento.
Durante la Vigilia el Santo Padre escu-
chó a los representantes de los movimientos
eclesiales más numerosos y después pronun-
ció su discurso. “El mundo en el que vivimos
es obra del Espíritu Creador y
Pentecostés,
además de ser “el origen de la Iglesia, es
también una fiesta de la creación”
exhortó
el papa Benedicto, refiriéndose a las prime-
ras páginas de la Biblia, que relatan cómo al
principio el Espíritu de Dios se movíasobre
las aguas del abismo. Por tanto, en este con-
texto dirigió a todos una llamada a la res-
ponsabilidad con la creación que Dios nos
ha confiado y que como tal tiene que ser res-
petada y protegida.
En su mensaje, el Pontífice quiso desta-
car tres elementos que pueden considerarse
como dones o “efectos” del Espíritu Santo
dados por Jesús. Estos tres dones “que de
manera inseparable anhelamos todos” son:
VIDA, LIBERTAD Y UNIDAD.
La vida sólo se encuentra dándola y
no aferrándonos a ella. Esto es lo que debe-
mos aprender de Cristo, esto es lo que nos
enseña el Espíritu Santo, que es puro don,
que es la donación de Dios. Cuanto más uno
se da a los demás, por el bien mismo, tanto
más abundantemente la encuentra. Los
Movimientos nacen precisamente por la
sed de la verdadera vida;
son Movimientos
por la vida bajo cualquier aspecto”,
afirma
con suma claridad el sucesor de Pedro, con-
tradiciendo la dominante lógica del mundo.
Lo mismo vale también para la libertad. “La
verdadera libertad se demuestra en la
responsabilidad
, en un modo tal de actuar
que asuma la corresponsabilidad para el
mundo, para nosotros mismos y para los
demás. Nosotros hacemos el bien, no como
esclavos privados de libertad para realizar
otras alternativas, sino que lo hacemos por-
que queremos ser personalmente responsa-
bles para el mundo, porque amamos el bien
y la verdad, porque amamos a Dios y por
tanto también a sus criaturas”, dijo el Papa,
evocando el conocimiento de que la única y
verdadera libertad es siempre la de los hijos
de Dios. “Los Movimientos eclesiales
quieren y deben ser escuelas de libertad,
de esa libertad verdadera, subrayó el Papa y
también para poner en guardia a los cristia-
nos sobre las “falsas libertades” que el mun-
do ofrece continuamente con soberbia.
Hablando sobre la unidad, el Santo Padre
dijo que en Dios “multiplicidad y unidad
van juntas
” y por segunda vez afirmó que
“el Espíritu sopla donde quiere. Pero su
voluntad es la unidad. La unidad hecha cuer-
po, la unidad que transforma el mundo”.
“¡Participad en la construcción del
único cuerpo!” invitando finalmente y ani-
mando a los movimientos y a las nuevas
comunidades, a llevar incesantemente sus
dones a la comunidad entera. “Queridos
amigos, os pido que seáis una vez más,
mucho más, colaboradores del ministerio
apostólico universal del Papa, abriendo las
puertas a Cristo”
concluyó Benedicto XVI
ante la gran asamblea, valorando así los nue-
vos dones suscitados por el Espíritu y la
energía propia de cada uno de estos nuevos
miembros del Cuerpo de Cristo.
Ana Simic
El caso del
“Código da Vinci”:
¡Busquemos la verdad en Dios!
de Stefania Caterina
En estos días los católicos, y no sólo los
católicos, nos hemos estado interrogando
sobre el libro de Dan Brown que lleva por
título “El Código da Vinci” y del que ha sido
presentada recientemente la versión cinema-
tográfica. Del libro se han vendido más de
20 millones de copias en todo el mundo, lle-
gando a ocupar en algunos países, los pri-
meros puestos en la clasificación de libros
más vendidos.
A través de este libro el autor insinúa
dudas y sospechas sobre Jesucristo y sobre
el mensaje del Evangelio, poniendo en boca
de los diferentes personajes verdaderas
calumnias sobre Jesucristo, la Iglesia católi-
ca, el Opus Dei y la historia del cristianismo.
Personalidades ilustres en el campo históri-
co, religioso y literario, han objetado las
tesis de Dan Brown, demostrando su incon-
sistencia. Su iniciativa está contribuyendo
no poco a suscitar un renovado interés por el
cristianismo y por su mensaje de salvación
universal.
Ciertamente no es la primera vez que la
figura de Jesucristo y el cristianismo en
general son objeto de calumnias y de ata-
ques de todo tipo. Jesucristo es y sigue sien-
do signo de contradicción para el hombre de
todos los tiempos (Lc 2, 33-35). No nos
asombra tan siquiera el gran revuelo que los
“mass media” dan a este fenómeno, porque
vivimos en el tiempo de la “seducción
mediática”, capaz de manipular las mentes
creando deseos y miedos, idealizando o des-
moronando a placer. Nos llama mas bien la
atención el hecho de que algunos creyentes
conciban confusiones y dudas después de
haber leído el libro y que haya quien se
cuestione si es o no verdad su contenido;
pues entre otras cosas el autor cita varios
documentos que define como históricos
(aunque en la realidad no lo sean), los cuales
serían la base de sus revelaciones capaces de
dejar perplejo al lector.
Nos preguntamos entonces qué com-
portamiento debe asumir el cristiano ante
tales eventos, para no permanecer confu-
sos.
¿Qué hacer ante el mal, el escándalo y la
mentira? ¿Cómo resistir los ataques del mal?
San Pablo en la carta a los Efesios, habla
abiertamente de la batalla contra las fuerzas
tenebrosas como de una realidad que no se
puede suprimir y que está bien presente en la
vida de los cristianos, asimismo nos indica
las armas para combatir y vencer esta bata-
lla (Ef 6, 10-20).
La Virgen también nos ha enseñado en
Medjugorje que el cristiano puede y debe
combatir contra el mal sirviéndose de las
poderosas armas de la oración, del ayuno y
de la participación viva en los sacramentos.
Nunca ha dejado de repetirnos que ser ver-
daderos cristianos, quiere decir, sobretodo
dar testimonio con una vida sencilla y vir-
tuosa que pertenecemos a Jesús, aún cuando
ello suponga ir en contra de la mentalidad
del mundo. La Iglesia misma nos llama a
ello incesantemente y la Sagrada Escritura
nos introduce en la vida divina que debe
vivir en nosotros y que no teme las pruebas
antes bien se refuerza en ellas.
Sin la escucha de la palabra de Dios, sin
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oración, no podemos llegar a conocer a Dios
ni la vida que El nos ha revelado en
Jesucristo. A Dios se le encuentra en el
silencio, en la humildad y en la sinceridad de
corazón, como María Santísima nos enseña.
Cuando amamos al Señor con todo nuestro
ser, El se comunica a nosotros en tantas y
diversas maneras, según la forma de ser de
cada uno y de sus circunstancias sin distin-
ción. Se hace presente en nuestra vida de
manera tangible e inequívoca.
Pienso que cada uno de nosotros
hemos experimentado en la oración la
presencia de Dios, su consuelo y su ayuda
concreta.
Quien a través de la oración
humilde y profunda va a la búsqueda de
Dios, no permanece con las manos vacías.
En las situaciones difíciles podemos experi-
mentar la bondad y la misericordia de Dios
que superan todo obstáculo, aún el de nues-
tra pobreza. Si queremos conocerle con
conocimiento amoroso, el Padre se revela
plenamente a nosotros a través de Jesucristo,
Camino, Verdad y Vida. Reconociendo su
voz, lo descubrimos en los hermanos y lo
seguimos como nuestro único Pastor que no
engaña y no permite que seamos engañados
(Jn 10, 4-5). Quien así ha conocido a Dios,
no puede ya dar fe a las mentiras que se
dicen de Él.
Jesús había anunciado a sus apóstoles las
persecuciones y el odio del mundo (Jn15,
18-21), pero al mismo tiempo les había invi-
tado a no escandalizarse (Jn 16, 2-3), a no
turbarse y a permanecer en una actitud de fe
y de apertura a Dios (Jn 14,1). Creo que
debe ser ésta la verdadera y única defensa
contra los ataques del maligno que quiere
hacernos dudar del poder y del amor de Dios
por nosotros. Somos llamados a permane-
cer fieles a la verdad eterna que vive en
nosotros
y a cuanto nos enseña la Iglesia.
Este es nuestro compromiso cotidiano.
Nadie podrá nunca demostrarnos quién
es o quién no es Jesucristo, lo que hizo o no
hizo. No existen códigos para descifrar el
conocimiento de Dios y su verdad salvífica.
Solo el Espíritu Santo nos ilumina la verdad
de Dios (Jn 16, 13-14), eterna e inmutable,
que nos ha sido revelada por Jesucristo, ver-
dad que nos eleva y nos purifica del mal. Es
el Espíritu Santo que nos hace comprender
que Jesús es el Señor y el Salvador, muerto
para rescatarnos de la muerte y resucitado
para darnos una vida nueva.
Para recibir el don del Espíritu Santo
es necesario que nos decidamos a cambiar
de vida.
Entonces nuestra fe y nuestra segu-
ridad crecerán, de tal manera que no nos
dejaremos llevar por las fantasías del mundo.
Para concluir, creo necesario en el caso
concreto del asunto “El Código da Vinci”,
reafirmar en todo tiempo y lugar la autenti-
cidad del mensaje cristiano, tal como lo
hemos recibido y nos enseña la Iglesia
católica. Además, la lectura de cuanto han
escrito personas autorizadas sobre la defen-
sa del cristianismo, puede constituir para
todos nosotros, una ocasión para profundi-
zar el conocimiento de nuestras raíces cris-
tianas transformando de esta manera el mal
en bien.
Personalmente, creo también que es
nuestro deber vivir las verdades que el cris-
tianismo nos enseña y dar testimonio de
ellas. Así será la misma verdad de Dios,
vivida auténticamente por nosotros, la que
se encargue de rechazar toda mentira y sin
tantos esfuerzos humanos, sólo en virtud del
poder de la misma verdad, poder que desen-
mascara el mal y vence la muerte
“¡No os preocupéis por vuestros proble-
mas: dejad a Dios que los resuelva y aban-
donaos a Él!”
(Mensaje de María
4.01.1982).
“La preocupación va contra el abandono
y también la agitación de querer resolver por
nosotros mismos nuestros problemas” (D.
Dolindo Ruotolo, 1882-1970).
¿Te complicas la vida? ¿Te agitas?
¿Temes? Bien, la Gospa, Nuestra Madre,
hace 25 años que nos da clases para ense-
ñarnos el modo de ser felices. En 1982 nos
dio una receta para ser felices: “Vivid una
vida sencilla y humilde. Orad mucho”.
(4.1.1982), añadiendo un consejo muy repe-
tido en sus mensajes: “abandonaos a
Dios”.
Debemos tener la valentía de ir vaciando
poco a poco nuestro equipaje de preocupa-
ciones y problemas. Y digo poco a poco,
porque podemos tener la tendencia de pen-
sar que lo hemos entregado todo y seguir
convencidos más o menos conscientemente,
de que nosotros solos podemos solucionar
nuestros asuntos. Por tanto, se necesita un
acto de verdadera confianza para soltar la
presa de nuestro equipaje y depositarlo ante
el Señor. Dejarlo allí en su presencia y
renunciar a la tendencia de recuperarlo,
sabiendo que el Señor se ocupará de él.
D. Dolindo Ruotolo, es un santo sacerdote
nacido en Nápoles a finales del siglo dieci-
nueve, que tenía como admirador al Padre
Pío. A los napolitanos que iban a verle les
decía: “Tenéis a D. Dolindo ¿por qué venís
a mí?” Como el P. Pío, también D. Dolindo
comprendió muy pronto el gran valor del
sufrimiento
y lo pedía al Señor para la sal-
vación de las almas.
Desde estas líneas queremos compren-
der mejor el valor del abandono a Dios y
para ello queremos ayudarnos de algunos
fragmentos extraídos de los escritos inspira-
dos de D. Dolindo, en los cuales enseña que
abandonarse es cambiar la agitación por
la oración:
“Jesús al alma: Abandonarse a Mí, no
significa enfadarse, desconcertarse y deses-
perarse, dirigiéndome después una oración
agitada para que Yo os siga a vosotros.
Abandonarse significa cerrar plácidamente
los ojos del alma, dejar de pensar en la tri-
bulación y volver a Mí para que Yo solo
actúe, diciendo: ocúpate Tú de mis asun-
tos.
Cuántas cosas hago cuando el alma, tan-
to en sus necesidades espirituales como en
las materiales se dirige a Mí diciendo: ocú-
pate Tú”.
En Medjugorje sabemos que la Gospa
es la portavoz de su Hijo: “Vosotros queréis
cambiar las personas y las situaciones para
conseguir rápidamente vuestros objetivos.
No os afanéis, dejaos guiar por Mí y veréis
como todo irá bien”
(4-7-1983). En cambio,
cuando queremos a toda costa solucionar
nosotros mismos nuestras problemas con
nuestros razonamientos, nos causamos daño
a nosotros mismos. “Vosotros queréis valo-
rarlo y escrutarlo todo, pensar en todo y os
abandonáis a las fuerzas humanas. Esto obs-
taculiza Mis palabras y Mi manera de
obrar… No actuéis así, orad como os he
enseñado en el Pater y si de verdad Me
decís: que se haga Tu voluntad –que es
como decir: ocúpate Tú- Yo intervengo con
toda Mi omnipotencia y resuelvo las situa-
ciones más difíciles” (D. Dolindo)
Esto seguramente requiere un continuo
acto de fe y una gran confianza de nuestra
parte. El Evangelio nos enseña que es nues-
tra falta de fe la que impide al Señor obrar
milagros. ¿Y nosotros creemos? ¿Creemos
que El es verdaderamente Dios y que es
omnipotente? ¿Creemos que El nos ama con
locura y que hace milagros también para
nosotros, especialmente para nosotros? San
Juan nos dice que si se hubieran tenido que
escribir todos Sus milagros, el mundo no
bastaría para contener los libros. Pues bien,
Jesús sigue actuando, pero necesita nuestra
confianza y nuestra fe en Él.
A través de los escritos de D. Dolindo,
Jesús te habla a ti, ahora: “Cómo deseo de ti
este abandono para beneficiarte y cuánto me
entristece verte agitado. Satanás tiende
precisamente a esto: a agitarte para sus-
traerte a Mi acción
y lanzarte en presa de
las iniciativas humanas. Confía por tanto
sólo en Mí, reposa en Mí, abandónate a Mí
en todo. Yo hago milagros en proporción
al pleno abandono en Mí”.
También en Medjugorje la Gospa nos
pone en guardia sobre la acción del maligno:
“Sed prudentes porque satanás tienta de
modo particular a aquellos que han decidi-
do abandonarse a Dios”
(24 junio, 1983),
pero tu Señor te dice: “¿Te das cuenta que la
desgracia aumenta en lugar de disminuir?
No te agites, cierra los ojos y dime con con-
fianza: ¡Jesús, ocúpate Tú! Te digo que Yo
me ocupo y que intervengo como Médico y
también hago el milagro cuando es necesa-
rio” (D. Dolindo).
D. Dolindo: intercede por nosotros para
que obtengamos en este año jubilar (de 25
años de apariciones en Medjugorje) la gracia
de la fe y de la conversión para que podamos
verdaderamente abandonarnos a Él.
“JESÚS, OCÚPATE TÚ”
de Beverley K. Drabsch
La Eucaristía constituye el “tesoro” de la Iglesia, la valiosa herencia que su
Señor le ha legado. Pero este tesoro, que está destinado a los bautizados, no agota
su radio de acción en el ámbito de la Iglesia: la Eucaristía es el Señor Jesús que se
entrega “para la vida del mundo” (Jn 6, 51). En todo tiempo y en todo lugar, él
quiere encontrarse con el hombre y llevarle la vida de Dios. No sólo. La Eucaristía
tiene también un valor cósmico, pues la conversión del pan y del vino en el Cuerpo
y la Sangre de Cristo constituye el principio de divinización de la misma creación.
De la comunión con Cristo Eucaristía brota la caridad que transforma nuestra
existencia y sostiene el camino de todos nosotros hacia la patria celestial. Por eso
la liturgia nos invita a cantar: “Buen pastor, pan verdadero (...). Tú que todo lo
sabes y todo lo puedes, y nos alimentas en la tierra, lleva a tus hermanos a la mesa
del cielo, en la gloria de tus santos”.
Benedicto XVI, Corpus Domini 2006
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Eco 188
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¡25 de junio…
25 años!
de Stefania Consoli
Aire de fiesta. Por todas partes rostros
gozosos, espejos de gratitud por el mero
hecho de estar aquí, en este momento tan
importante y tan esperado:
el 25º
Aniversario de las apariciones de María
en Medjugorje.
Un sentimiento común florece en los
ojos de todos: cada uno se siente invitado
personalmente, incluso hasta privilegiado
respecto de otros. Y seguramente amado.
Parece como si la Gospa haya amañado las
cosas de la vida de cada uno, para que esté
hoy día aquí presente. No es ciertamente un
misterio de predilección sino de elección:
una llamada específica que nos invita a con-
vertirnos en apóstoles, mediadores de una
gracia demasiado grande como para retener-
la nosotros mismos. Una llamada gratuita de
Dios que no debe hacernos sentir mejores
que otros, sino responsables administrado-
res de un beneficio destinado a todos.
He aquí pues que en este día solemne
cada uno se hace transmisor de bendiciones
para todos aquellos a los que trae en su
recuerdo y en su oración. Decenas de miles
son las personas presentes en el Santuario,
pero mucho más numerosas son las que no se
ven: un gran pueblo sólo visible a los ojos de
María, que con elegante discreción sabe utili-
zar todos los medios para llegar a sus hijos.
Ella estaba allí, en espera. También Ella
seguramente emocionada y ansiosa ante la
llegada de los que sólo desean ofrecerLe su
abrazo personal y al tiempo ser ellos mis-
mos abrazados. Son almas que llegan para
renovar su sí personal y a pedir la fuerza de
permanecer siempre fieles.
Se ha dejado hallar como siempre, aco-
gedora y providencial. Y para cada uno tie-
ne reservada una caricia, una palabra, un
consejo, una confirmación o una corrección
útil para los pasos futuros. Una presencia
silenciosa pero elocuente la de María, que
sabe impregnar con su presencia cada rin-
cón de esta bendita Tierra.
Grupos enteros, ya a mitad de semana,
fueron llegando de 21 países para vivir con
entusiasmo este evento de gracia. Se oye
rezar por la calle en multitud de lenguas, en
las casas, frente a las estatuas, en las esta-
ciones del Via Crucis.
La colina de las apariciones, en estos
días, ya desde la primera hora del amanecer,
literalmente emana gente que se afana tre-
pando, que se detiene para rezar, que se
sienta a meditar entre las piedras desgasta-
das por el paso de los peregrinos desde hace
ya 25 años. La Virgen ha escogido este lugar
tan espartano para mostrarse viva entre
nosotros; un lugar que carece de comodida-
des y de atracciones pero que por misterio
nos hace sentir bien, en profunda armonía
con nosotros mismos y con el mundo. Una
especie de Tabor donde se quisiera levantar
una tienda. Y quedarse allí.
Pero la bajada es necesaria para que la
semi
lla de la conver-
sión recibida se concrete en
una respuesta consciente y
se vuelva misión. Y es aba-
jo en la Iglesia el lugar ade-
cuado para verificar nuestro
compromiso, en un cara a
cara con la Eucaristía en la
que la alianza de Dios se
renueva continuamente y
nos interroga. Cada día se
celebran Misas en diversas
lenguas; pero por la tarde,
ante la enorme Sagrada
Forma expuesta sobre el
altar exterior, entre los
miles de corazones mudos
y participantes, fluye un
idioma común: el del Amor.
A pesar del calor que
sofoca sin piedad a los
cuerpos cansados, la parro-
quia se ve repleta de gente. Las largas colas
ante los confesionarios son muestra del
deseo de reconciliación que sirve para crear
en las almas el espacio adecuado para acoger
la paz. La paz que desde el Cielo la Reina ha
venido a traernos. Nos pide que le encomen-
demos todo pecado, toda preocupación, todo
peso que la cotidianidad nos impone. Solo
así creamos el espacio para Jesús.
Una sensación de ligereza se advierte en
el aire, todo parece simple, si bien a veces
los guías de las peregrinaciones obligan a
verdaderas “maratones”, llenando la jornada
con mil compromisos no siempre necesa-
rios. Si, porque lo único que importa es el
encuentro con Ella, y para ello hace falta
tiempo y descanso.
A las 18 horas toda la plaza detrás de la
Iglesia esta abarrotada de gente. Se empieza
a rezar el rosario: los misterios gozosos y glo-
riosos. Se alternan los Ave Marías, pero en el
momento de la aparición todas las voces
callan mientras los corazones se abren para
acoger a la Madre. Instantes de eternidad que
dilatan el alma y hacen entrar a Dios.
Sobre el altar están presentes cientos de
sacerdotes venidos de todas partes, junto a
los frailes franciscanos que en estos años
han animado con su servicio la parroquia;
comenzando por el primer párroco - Padre
Jozo Zovko - hasta el actual - Padre Ivan
Sesar - que cordialmente ofrece a todos la
bienvenida. Con la Celebración eucarística,
acción de gracias por excelencia, se culmina
esta jornada de festejos. Allí todo queda cla-
ro y se da respuesta a quien todavía se pre-
gunta: ¿Por qué ha venido la Virgen? Para
traernos a Jesús naturalmente….¡en ningún
otro hay salvación!
Finalmente los videntes, juntos, guían la
oración de los siete Padre Nuestro, Ave
María y Gloria- como es habitual aquí en
Medjugorje; después la tercera parte del
Rosario. Una de ellas, Ivanka, justamente
hoy ha recibido su aparición anual especial
para ella. A ella le confió en 1985 el décimo
secreto y las apariciones cotidianas se sus-
pendieron para ella desde entonces. En su
voz percibimos toda la emoción nacida una
hora antes, en el encuentro con Maria, quien
le rogó decirnos: “Queridos hijos, gracias
por haber respondido a mi llamada. Orad,
orad, orad”.
Lo que hemos vivido hoy lo descubrire-
mos con el tiempo. La Gracia era muy inten-
sa y ha penetrado a cada uno en lo profun-
do. Los frutos que traiga dependerá de la
medida de nuestra correspondencia.
La sensación es que una fase ha conclui-
do, la de la preparación. Ahora comienza el
tiempo de la acción, que no es activismo, sino
participación plena en los movimientos del
Espíritu que preparan el triunfo del Corazón
Inmaculado; una participación silenciosa y
convencida, valiente y radical. Es tiempo de
resumir y de hacer balance: ¿qué nos ha
dicho María hasta ahora y qué hemos hecho?
¿Qué nos espera en el futuro y que se vis-
lumbra ya ante nosotros? Queda un silencio
profundo en el alma después de todo esto,
una ausencia de palabras que nos “obliga” a
sumergirnos en el misterio y a contemplarlo,
sin objeciones personales. Un camino se ha
abierto ya, el que conduce a DIOS, al Padre,
a la unión con Él, a aquella plenitud de vida
trinitaria donde todo se hace claro y com-
prensible. Recorriéndola entenderemos que
nosotros no debemos hacer nada, sino sim-
plemente ser en Dios y permitir que Él sea en
nosotros. Debemos ir mas allá de cualquier
visión, deseo o plan, hasta mas allá de los
mensajes, porque sólo así éstos podrán vivir
en nosotros y hacerse vida.
Se abrirá un espacio nuevo, dentro y fuera de
nosotros, donde María estará viva y visible a nues-
tra mirada interior y habitará en nuestro corazón.
Entonces su rostro aflorará sobre el nuestro y el
mundo La podrá mirar.
No nos preguntemos pues cuanto durará
todavía todo esto …..cuánto tiempo seguirá
apareciendo la Virgen… No temamos el fin
de las apariciones, porque Medjugorje sere-
mos nosotros mismos: hijos habitados por la
Madre, que, ofreciéndose, La donarán al
mundo.
Noticias de la tierra bendita
El gran jubileo de María
4
background image
¡YO TAMBIÉN
ESTUVE CON ELLA!
Entre las miles de personas presentes
en Medjugorje, relatamos breves testimo-
nios de algunas, también en representa-
ción de otras, para escuchar directamen-
te desde sus corazones el reverbero de
este día, sus sentimientos, su visión sobre
lo vivido y sobre lo que nos espera. A
todos les preguntamos:
“¿Qué significa para ti este día:
Medjugorje, 25 años después?”
U
NO DE LOS MÉDICOS QUE EXAMINARON
A LOS VIDENTES
Dr. Giancarlo C.
“ Veinticinco años después….me he pre-
guntado sobre el significado de Medjugorje,
como pienso que muchos se preguntan tam-
bién, y de todo lo que te rodea. En el frag-
mento de S. Pablo que hoy la liturgia nos
ofrece: “Debéis transformaros en criaturas
nuevas”, me parece que está la respuesta a
esta pregunta. Tras los mensajes de la
Virgen,
vislumbramos
una generación nueva.
Para el hombre de hoy es
verificable y se puede
actuar desde el momento
en que somos capaces de
dar una respuesta a Cristo
vivo en la historia. Hoy
tenemos esta necesidad
de Dios que se expresa de
manera precisa en reco-
nocimiento en nuestra
vida de Jesucristo como concreción de Dios.
En el fondo la Virgen, en una de sus prime-
ras apariciones aquí en Medjugorje reveló el
sentido de su visita en este lugar, cuando
dijo: “He venido para decir al mundo que
hay un Dios, que existe y que quien encuen-
tra a Dios encuentra la vida, encuentra la ale-
gría”.
U
N DISTRIBUIDOR DEL
ECO:
Romano Z.
“Volver a Medjugorje en este día en el
que se cumplen 25 años de apariciones me
recuerda el primer día que vine con mi
mujer y nuestros 7 hijos. Era en 1984 y
recuerdo que fue una experiencia muy can-
sada. No teníamos ni siquiera para comer:
no trajimos comida pensando en que se
podía comprar aquí, llevados por la mentali-
dad de que todo se puede comprar….y la
Virgen nos dejó sin comer! Pero ocurrió un
hecho relevante porque en la misa del pasa-
do 4 de agosto, en la parroquia, mi mujer se
encontró mal y tuvimos que llevarla fuera de
la Iglesia. A pesar de la asistencia de tres
médicos no recuperaba la conciencia. Yo
tenía a todos mis hijos en una tienda junto a
la plaza… fue en ese momento cuando la
Virgen me habló al corazón. No había veni-
do de iniciativa propia sino para cumplir el
deseo de Dada que quería volver allí con
nosotros después de su primer viaje. La
tomábamos el pelo por todas sus oraciones,
por sus ayunos, pero al final consiguió tra-
ernos a todos. Aquí también tuve mi llama-
da personal. Para los hijos no lo sé. Son res-
petuosos, observan. Pero dentro de mí nació
el deseo de entender por qué la Virgen nos
había llamado de este modo, qué quiso
decirme.
He querido luego profundizar en el men-
saje que me dio y que nos ha estado dando
todos estos años. Los he seguido, he intenta-
do llevarlos a la práctica, naturalmente según
mis posibilidades, y luego tuve otro miste-
rioso encuentro: el del Padre Tomislav. Ya en
1984 escuché sus palabras y le dije a mi
mujer: “Fíjate, creo que este sacerdote es
capaz de decir a mi corazón lo que la Virgen
me metió dentro. Desde entonces he buscado
e investigado sobre todas las publicaciones
de este sacerdote.
Las he guardado y considerado como un
tesoro y cuando él comenzó sus encuentros
públicos, escuché de él la propuesta que
había ya intuido: el ofrecerme en vida sacri-
ficada para la salvación del mundo. Desde
entonces es como si hubiera reflorecido por
dentro. Sigo siendo perezoso, siempre en
peligro porque el pecado nos sigue siempre
como la sombra, pero la grandiosidad que
esta espiritualidad ha puesto dentro de mí es
grande, inexplicable”.
U
NA FAMILIA
:
Davide R.
“Siento que hoy es un día de
salida. Descubrí Medjugorje
hace 10 años y sin lugar a
dudas al principio me parecía
una cosa de locos. Creía que
iba a ser mi primera y última
venida a este lugar pero en
cambio he vuelto ya 5 veces. Y
he descubierto que María y el Señor nos
transmiten sobre todo un mensaje, el del
amor, y que con el amor todo se lleva ade-
lante en este mundo, se abren todas las puer-
tas y eso es lo que voy buscando en mi vida,
aunque no siempre es fácil, sobretodo en el
ámbito familiar, con los hijos… Debemos
siempre buscar esa palabra de amor pero no
siempre lo conseguimos. Debo decir que
cada vez que vengo aquí, me marcho con un
corazón distinto, con un rostro más sereno,
alegre, feliz, y por desgracia se me borra un
poco al incorporarme a mi vida rutinaria,
que “mata” poco a poco estos sentimientos
que vivimos en Medjugorje. Por eso creo
que es importante de vez en cuando volver
aquí.
Aquí me parece tener a María a mi lado,
cosa que no siento en otros lugares. La sien-
to cercana, es más, siento estar bajo su man-
to. Creo que en estos 25 años la Virgen haya
demostrado su firme voluntad de salvarnos,
porque en este tiempo los valores de la
humanidad se han empobrecido: solo nos
fijamos en todo lo material, deseamos ser
importantes, ambición personal, orgullo,
etc. Todo esto nos da ilusión de ser felices,
en cambio es justo lo contrario.
Y tras estos 25 años, bastante atípicos
respecto de otras apariciones, solo deseo
que sigan durando mucho estas visitas de
María, aun a sabiendas de que ello signifi-
que que no escuchamos. Sería bello, no que
cesaran, sino llegar a oír de la Virgen que de
verdad la hemos escuchado, que toda la
humanidad la ha escuchado, y que su pre-
sencia pueda ir disminuyendo.”
Dedi C.
“Al comienzo de este 25 aniversario, la
única palabra que me sale es: ¡gracias, gra-
cias, gracias!
He caminado mucho… todo
lo que ha acontecido en diez años me ha pre-
parado para afrontar una durísima prueba.
La Virgen ha estado cerca de mí y me ha
ayudado a superarla. Pero luego cuando se
entra en sintonía todo es claro y sencillo, el
Señor te presenta a las personas idóneas que
en cada momento te echan una mano, y
poco a poco, subimos, vamos resurgiendo.
Hoy siento que María me invita a seguir este
camino y a ser buena madre, porque en este
tiempo he tenido 4 hijos, y habiéndome
dedicado antes mucho a obras benéficas,
humanitarias, donaciones, etc.- durante la
guerra- siento ahora el deber de ser buena
madre y ser ejemplo para mis hijos, porque
María los necesita. A su nacimiento los he
consagrado a Ella, ahora debo hacerlos cre-
cer para Ella…”
M. Chiara
“Tengo 14 años y soy la segunda hija.
Estoy aquí en Medjugorje por tercera vez,
pero ahora que soy algo mayor me doy
cuenta de la importancia de este lugar, de lo
que sucede aquí. ¡En estos días me sorpren-
de el gran número de personas que hay aquí
y si han venido es que tienen una gran fe!
Marco
“Yo tengo 9 años y lo que mas me ha
gustado es Sor Elvira porque es simpática.
¡Pero se está bien en todas partes porque
aquí se aparece la Virgen y por tanto hay
tranquilidad, mientras que en otros lugares
del mundo hay agitación!”
L
OS PROMOTORES
,
CONSTRUCTORES
,
BIENHECHORES
Giancarlo R.
“Cuando al principio veníamos aquí, no
había nada, vivíamos como huéspedes en
familias, nos contentábamos con poco. Veo
por desgracia que los peregrinos hoy día
buscan comodidades y así se pierde lo
esencial….”
Luigina B.
“Aquí en Medjugorje no hay nada boni-
to y atrayente que humanamente pudiera
motivar venir aquí, lugar áspero e incomo-
do, salvo una Presencia que nos llena el
corazón, que nos hace quedar extasiados
mirando ¡algo! que no vemos. Todo peregri-
no que llega se siente bien, y no desearía
marcharse. Y cuando debe hacerlo, ansía
volver. ¡Aquí me siento profundamente
feliz!”
Michela C.
“Vine por vez primera en el 88; he cola-
borado aquí en Medjugorje en una obra de
construcción y he pasado largo tiempo.
Cada vez era un
paso más en el
camino. Hoy
siento inútil bus-
car lo que en
principio se me
ofrecía: reunirme
con los videntes,
5
background image
los testimonios de los sacerdotes y ciertas
emociones reservadas al inicio; prefiero
estar en un lugar más apartado y aquí vivir
en profundidad el encuentro con María. Y
me digo a mí misma, quién sabe cuántos lle-
garan hoy aquí en autobús por vez primera y
pueden vivir las mismas sensaciones, el
mismo corazón partido con el que se regre-
sa a casa y que te invita a contar a todos las
maravillas que has experimentado aquí.
Esas mismas cosas que hoy ya no haría, para
ellos son vida. Esto me hace pensar que
María esta hoy aquí para todos y sigue lla-
mando, sigue ofreciéndose gratuitamente, y
a cada uno le ofrece la novedad. Es como si
desde Medjugorje fluyera “un río de la
Virgen”.
Luisa F.
“La Virgen nos hace meditar
mucho hoy día. Siento que estamos
en la cima de tal meditación. Vine
por vez primera hace 20 años, pero
la verdadera gratitud la siento hoy
por todo el tiempo transcurrido. Al
principio iba en búsqueda a mirar y
curiosear. Hoy siento la alegría de
la Virgen que quiere nutrirme. Se lo agra-
dezco porque me ha ayudado a cambiar.
Siento que en estos años me he vuelto
menos polémica, menos agresiva, menos
critica y acepto mejor las adversidades, por-
que me he dado cuenta que lo único que sir-
ve es la caridad.
He comprendido que aquí la Virgen hace
mucho a escondidas en el corazón de cada
uno. Llama a cada cual individualmente en
profundidad, incluso en la soledad, ya que no
se puede siempre compartir con todos.
Muchos de hecho permanecen en un nivel
más superficial, sobre todo el que no desea
cambiar interiormente, el que no desea abrir
su alma. Recorro este camino con mi marido.
Y ya se sabe, la pareja no es fácil. Pero cuan-
do invoco a María en el momento de las prue-
bas, Ella intercede y hace cambiar el ánimo
de mi esposo y lo endulza bastante. Por tan-
to, soy ahora prácticamente una persona nue-
va, que mira hacia Dios. Y él también.
Quisiera decir hoy a la Virgen mi gracias
por la madurez y la profundidad de todo lo
que nos ha dado. He comprendido que nos
llama personalmente para que seamos fuer-
tes y luz para los demás. Es lo que espero.”
P
OR VEZ PRIMERA
Silvia
“Todo ha sido muy emocionante, un
momento de gracia que espero llevar a mi
casa junto con la paz. Lo que más me ha sor-
prendido es la gente, la fe, las emociones…”
U
NA GUÍA DE PEREGRINACIONES
:
Gigi
“Desde hace años organizo peregrina-
ciones a Medjugorje y puedo decirles que
los jóvenes de hoy, que han encontrado
muchos paraísos, al final falsos, en este
momento están en búsqueda. Muchos jóve-
nes se dirigen a nosotros y nos piden que les
acompañemos y por tanto los autobuses se
llenan, en parte, de jóvenes. Esta es también
en cierto modo nuestra meta. Yo juntamente
con otros que se ofrecen al servicio de la
Virgen, le he hecho una promesa a Ella:
¡Usa tu tiempo libre! Y el día que ya no sir-
vamos, me lo hará saber. En este momento
me pongo a disposición de todo el que quie-
ra venir aquí, de todo aquel que esté aún
confuso por cierta propaganda negativa,
pero que después obtienen fantásticos resul-
tados, sobre todo los jóvenes que están
volando viento en popa. ¡Vamos adelante!”.
L
OS
J
ÓVENES
:
Matteo
Es una gran gracia estar aquí. Es una lla-
mada y me siento un privilegiado porque me
pregunto que he hecho yo más que los
demás para estar hoy aquí.
Porque lo que uno recibe es
más de lo que uno da,
sumando incluso el sacrifi-
cio del viaje. También es
acción de gracias para
nosotros ya que mi mujer y
yo nos conocimos en un
grupo de oración de
Medjugorje y ha sido un
regalo enorme que hemos
encontrado. Poco a poco
Ella va plasmando nuestra
unión para que se fortalezca en la paz.
En estos días veo que la gente llega con un
rostro que con el pasar de los días va cam-
biando, se ve más luz en sus ojos, una luz que
no es de este mundo. En cuanto al futuro ten-
go propósitos que intentaré mantener, veo
también que la Virgen esta forjando un pueblo
que lleve la paz a este mundo sin paz, porque
al final una familia que no reza no tiene paz.”
Simone
“En estos días he sentido una paz espe-
cial, un vigor nuevo que me penetraba y que
me acompañaba. Normalmente vengo a
Medjugorje en coche; esta vez he preferido
recorrer las carreteras a pie, hacerme real-
mente peregrino. Por el calor, ha sido de
verdad muy duro. Pero he notado que Jesús
caminaba junto a mí”.
L
OS SACERDOTES
Don Andrea - Pompei
“Siento necesidad de venir a Medjugorje
porque aquí restablezco el contacto verdade-
ro con Dios, me “resintonizo “ con Él y mi
alma entra en un ritmo favorecedor. Nada
que sea humano contribuye a ello, ni los
relatos de los videntes ni otras cosas; hasta
los mismos mensajes son insuficientes. Es,
en cambio, el encuentro con la Virgen viva
que abre esta dimensión, un encuentro con
Aquella que sigue repitiéndome lo que dijo
un día en Caná de Galilea : “Haced lo que Él
os diga…”. Siempre se corre el riesgo de
aflojar en ese empuje cuando se retorna a la
vida de cada día. ¡ Por eso mismo vuelvo
aquí a menudo!
E
N NOMBRE DE TODOS
Anna G.
“He sentido una
llamada muy fuerte
para venir aquí y
traer mi gracias a la
Virgen, incluso en
nombre de los que
no lo hayan traído”.
Entrevista a Giuseppe Ferraro
¡Medjugorje para mí!
Solemos leer los escritos de Giuseppe
Ferraro, que con la sección “Volver al fervor
primitivo”
nos ayuda a profundizar los
temas contenidos en los mensajes de la
Reina de la Paz. Al comienzo de este 25º año
hemos querido interrogarle a la luz de este
lugar de gracia que ha marcado tanto su
existencia.
Beppe, ¿qué representa en tu vida este
aniversario?
Representa seguramente un periodo de
gracias extraordinarias que han transforma-
do de modo sustancial la manera de relacio-
narse con los demás y con Dios; han trans-
formado todo el nivel profundo de la vida.
Ha sido como un nuevo nacimiento.
¿Cuándo viniste por primera vez?
El 1º de junio de 1986. Medjugorje estaba
en su fase de nacimiento. Había una potencia
de gracia que te embestía, casi de modo vio-
lento, que era imposible de no acoger. Me
acuerdo que tuve fui consciente de dos tomas
de conciencia muy claras: la primera, que
había llegado a casa, a la casa que mi alma
buscaba, y que hasta entonces no había encon-
trado. Sentí la sensación confortable de la
casa; la segunda, que finalmente ésta era una
realidad de Gracia, que vencería al mundo y a
su lógica, a todos los demonios que se agitan
tanto en su interior como en su exterior.
¿Fue entonces inmediata tu respuesta?
Sí, pero la encarnación de esta respuesta
ha requerido años de purificación. Un pro-
ceso todavía en curso. El tiempo en este
proceso tiene un papel importante
¿De qué te has vaciado y de qué te estás
llenando?
Ha habido una expoliación no perma-
nente de cosas como falsas creencias, falsas
seguridades y falsos ídolos. Las circunstan-
cias externas que se pusieron en marcha
convergían a una expoliación de todo lo que
no estaba centrado en Dios, única seguridad,
única base en la que edificar la propia vida.
¿Qué rostro de María contemplas aquí en
Medjugorje?
El de Aquella que te acompaña, y a veces
te solicita, te empuja hacia ese pasaje pas-
cual que te adentra en esa vida nueva de
resurrección. Pasaje frente al cual tenemos
una especie de velo que nos impide recono-
cerlo: el pecado original y todas las lógicas
de este mundo que tienden a oscurecerlo. La
Virgen con delicadeza, pero también con
decisión y con pedagogía clara te lleva a qui-
tarte ese velo, para hacerte ver que sólo en el
amor ofrecido hallarás el pasaje que lleva a
la plenitud de vida, esa vida que tu alma
siempre ha buscado, y por la que a través de
ese pasaje puede entrar en contacto y en una
realización completa.
¿Qué se ha hecho de bueno en Medjugorje,
qué todavía no se ha hecho, y qué no se
6
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hará nunca? ¿Cuáles han sido las ocasio-
nes desaprovechadas?
En mi opinión Medjugorje es un lugar de
fuerte combate espiritual entre las fuerzas de
las tinieblas y la acción de Gracia que se
expresa de modo especial a través de la pre-
sencia de María. Es un lugar en el que si no
se permanece en escucha profunda, se arries-
ga uno a ser quitado de en medio. Luego, no
es un lugar en el que se puedan encontrar pia-
dosas satisfacciones de nuestras propias
devociones. El peligro reside en que toda
esta potencia de Gracia para muchos, y en
una parte de la organización concreta del
lugar, se empantane en la lógica del
Santuario, ofuscando la verdadera finalidad
de esta Gracia que es la de activar una res-
puesta en muchas almas que la Virgen ha
escogido para que se transformen en levadu-
ra y canal del amor de Dios en el mundo. El
peligro es que todo se quede en unas meras
devociones que giren entorno a las cosas vie-
jas, sin acoger esta dinámica que da una ver-
dadera fecundidad, un verdadero significado
a la presencia de la Virgen aquí.
Festejamos los 25 años. ¿Es una meta,
una etapa, o un punto de partida?
En mi opinión es un momento de paso.
Es una meta en el sentido de que la Virgen
ha iluminado las vías, ha dado las gra-
cias…Pero es también un momento en el
que se nos pide entrar de una manera nueva
en la misión que María ha encomendado a
los que ha elegido. Luego es un momento,
bajo este aspecto, de salida, de comienzo de
una misión en la Iglesia y en el mundo. En
la sencillez, en la humildad, pero en un nivel
de concreción nuevo que será impulsado
también por hechos de los que al final debe-
remos tomar posición.
¿Te refieres a la señal que la Virgen nos
ha prometido que dejará?
Sí, pero también a eventos exteriores;
María habla de los secretos. Es un capítulo,
digamos, “apocalíptico” del mensaje que
habitualmente se deja de lado, pero que en
realidad es parte integrante del mensaje de la
Reina de la Paz. Será un tiempo de un testi-
monio inequívoco, donde los espacios de
compromisos deben reducirse a cero.
Tú personalmente colaboras con el ECO.
¿Qué piensas de este instrumento, qué
finalidad tiene, y cómo vive en tu vida?
Estoy convencido que el ECO forma par-
te del horizonte de instrumentos que la
Virgen ha elegido en este tiempo para hacer
llegar no sólo el mensaje a nivel conceptual,
sino también la gracia, el agua viva que pasa
a través de su Corazón Inmaculado.
Debemos transmitirla a todo el mundo, tam-
bién a través de estos medios que se colocan
a nivel de los Media pero que en el plan de
María, deben comunicar sobretodo una gra-
cia, mas allá de las noticias.
¿Qué palabras quisieras dedicar a cada
lector, hoy aquí desde Medjugorje?
Abrid los sentidos del alma y leed la lla-
mada que María transmite para cada uno;
responded con toda la generosidad del cora-
zón. Porque sus proyectos son proyectos de
vida, de alegría y de paz celestial para cada
uno de sus hijos y aun mayores para aque-
llos que se ponen más directamente al servi-
cio de sus programas.
Ante el hombre se abren dos perspec-
tivas fundamentales: una es la de la ciencia
humana y la otra la de la fe. La una no debe-
ría excluir la otra, pero corresponde al hom-
bre la tarea de saber orientarse para alcanzar
su propia realización y convertirse así en ins-
trumento de orientación para la humanidad.
La ciencia humana tiene su propia
perspectiva. La revista “Focus Extra” en su
nº 24/2006, habla ampliamente del futuro
del cuerpo humano. Prevé para la vida del
hombre una duración de 100 o tal vez 200
años. ¿Cómo será este hombre? En la pági-
na 7 de la revista dice: “Un hombre de seis
millones de… manos, piernas, rodillas arti-
ficiales. Y también corazón, ojos y vejiga se
construirán en laboratorio. Las próximas
generaciones tendrán a su disposición una
tecnología capaz de suministrarles “piezas
de recambio”.
La perspectiva de la fe va más allá y
abre al hombre un espacio completamente
nuevo, privado del límite de la vida, del sig-
no de la muerte. Jesús nos dice y nos da tes-
timonio, mediante Su resurrección, del rena-
cimiento y de la resurrección del hombre
(Mt 22, 30-31). El mismo aspecto desarrolla
ampliamente San Pablo (1 Cor 15) y San
Juan apóstol cuando anuncia una realidad
del todo nueva: “He aquí que Yo hago nue-
vas todas las cosas”
(Ap 21,5).
El ejemplo excelente de la perspectiva
del hombre creado por Dios, es María
Santísima, asunta al cielo en cuerpo y
alma,
realizada completamente según el
proyecto de Dios. En sus diversas aparicio-
nes a la humanidad, se ha dejado ver, tocar,
sentir y ha llamado a cada uno a la conver-
sión y a entrar en la perspectiva de la pleni-
tud de la vida. Así ha aparecido también en
la parroquia de Medjugorje, según testimo-
nio de los videntes y de muchos otros.
Pero no basta que la Virgen se apa-
rezca. Es necesario sentirse llamado, res-
ponder y ponerse en camino para alcanzar
el objetivo. Dios da la gracia y deja al hom-
bre libre para elegir. Debe progresar y
madurar para emprender su futuro según la
perspectiva de Dios. De esta manera el
hombre se pone al servicio de la transfor-
mación de la humanidad.
La renovación de la humanidad ha pasa-
do siempre a través de personas valientes, de
aquellas que han sabido desprenderse del
espíritu del mundo, escoger el camino estre-
cho y de ir contra corriente; de esta manera
abrieron caminos de transformación para la
humanidad. Y tras ellos venían las masas.
El paso se da siempre a través de la fe.
Aquí no intervienen ni la fuerza ni la sabi-
duría humanas. El camino del alma no se
abre bromeando en el bullicio, ni imbuidos
del espíritu del mundo, sino en la oración,
cuando se busca con sinceridad el proyecto
de Dios y la gracia para vivir según Su
voluntad.
Dios está por encima de todo y de
todos. Él es la plenitud y la perfección. En
cada paso hacia la participación de Su pleni-
tud, que es también gozo, el hombre se
encuentra con una única exigencia: conocer
la voluntad de Dios y ponerla en práctica.
Para ello debe decidirse a despojarse de sí
mismo y escoger a Dios por encima de todo
y de todos. Entonces la verdad de Dios se le
revelará plenamente. Se ahuyentan las som-
bras del alma, las tinieblas, los miedos y las
debilidades y satanás ya no encuentra en el
alma nada a qué acogerse y huye furioso.
En el alma se abre así espacio para la
luz, el gozo, la seguridad y la fuerza. Una
vez decididos a seguir a Dios por encima de
todo y de todos, nos encontramos con un
nuevo paso. Así lo han hecho aquellos a tra-
vés de los cuales Dios ha abierto el camino
de la salvación: Abraham, Moisés, el profe-
ta Elías y María Santísima, que realizó el
paso hacia Dios de lo imposible a lo posible
y experimentó la omnipotencia de Dios. Su
sí incondicional a Dios para acoger a su
Hijo, hizo entrar definitivamente al Salvador
en la historia de la humanidad. En este pasa-
je el alma se abre a la omnipotencia de Dios
y se realiza.
No cumplir este paso significa quedar-
se a un nivel humano, cerrarse en sí mis-
mo y en un egocentrismo de diversas
reminiscencias
que puede desembocar en
un egoísmo satánico. Así se equivocó el
joven rico del evangelio que deseaba “pose-
er la vida eterna”
pero no renunciar a las
riquezas que poseía, y “el joven se marchó
triste”
(Mt 19, 16-22). ¿Por qué triste?
Porque la gracia había tocado su alma y él se
oponía. La gracia se retiró porque él entró
en conflicto con ella, permaneciendo triste,
doloroso y en combate interior. Volvió a la
cotidianidad con el peso de haber fallado.
Así sucede en toda alma que no está dis-
puesta a escuchar la llamada de Dios y a res-
ponder a ella, se cierra en la tiniebla y el
sufrimiento. Del mismo modo la humani-
dad, despreciando grandes gracias, vuelve
sobre los pasos de la esclavitud volviéndose
aún peor hasta dar lugar al juicio de Dios,
que el hombre en su arrogancia define como
castigo de Dios.
Quien desea seguir la llamada de la
Virgen debe estar dispuesto a dar un paso
adelante en la fe continuamente, indispensa-
ble para vivir la vida en Dios de una forma
nueva, en pos de la transformación de la
propia vida a imagen de Dios. Quien así lo
hace, entonces Dios se le manifiesta, como
se ha manifestado en las apariciones de la
Virgen.
¿Tienes la valentía para dar este
paso? Da el primer paso, después el segun-
do… y aprende a caminar en la fe. Apártate
del espíritu del mundo para
que no
haya quien te empuje a él, que puede ser el
padre, la madre, la novia o el amigo… más
bien busca quien pueda acompañarte en el
camino de la fe, ayudarte y sostenerte en la
fidelidad a tu llamada… necesitas apoyarte
en la comunión de la Iglesia para no desfa-
llecer en tus decisiones.
Darlo todo a Dios significa multiplicar
los bienes, permitir a Dios que lo transfor-
me todo en una plena realización. Así no te
sentirás engañado sino premiado. Renunciar
a uno mismo es el primer paso para vivir
una vida nueva en Dios, que no se desvane-
ce nunca. Paradójicamente decidirse por la
cruz significa la ausencia de amargura de las
cruces que forman parte de una vida corrup-
La llamada y la respuesta
para la transformación de la vida
del p. Tomislav Vlasic
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Villanova M., 25 de junio de 2006
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El rostro del Amor
(pensamientos sencillos)
de Pietro Squassabia
El amor de Jesús es misericordioso, lle-
no de misericordia y hecho de misericor-
dia.
Si lo encuentras te percatas que es Él,
porque es todo misericordia, de otro modo no
sería Jesús, en todo caso, otra persona. Jesús
ama con misericordia a toda la Creación y a
cada persona. También el Padre ama con
misericordia y asimismo el Espíritu Santo es
amor misericordioso. Si no fuera así, el Amor
no podría llegar hasta nosotros, no podríamos
sentirlo, conocerlo, ni acogerlo.
Igualmente nosotros si queremos amar
con amor verdadero, debemos hacerlo con
misericordia.
Sin misericordia estamos
pidiendo que Dios sea diverso de lo que es,
que los demás sean diferentes de lo que son
y no compartimos así el modo de expresarse
de Dios en nosotros ni en los demás.
Sin misericordia no podemos acoger a
Jesús cuando viene a visitarnos, no lo sabe-
mos aceptar por lo que es, nunca es el
momento adecuado para su venida, no se
presenta nunca en la forma que más nos
agrada. O mejor: sin misericordia no somos
capaces de reconocer a Jesús que viene a
darnos su amor, lo tomamos por una perso-
na extraña, por una persona inoportuna.
Sin misericordia no estaremos a la altura de
reconocer el rostro del Padre cuando este-
mos ante Él en el cielo ni tampoco recono-
ceremos el rostro de los santos ni podremos
participar en la fiesta porque no nos atraerá
aquel lugar de delicia.
La misericordia lo ama todo y a todos
sin distinciones. La misericordia, un todo
con el amor, nunca tendrá fin, como el amor
(1 Cor 13,8). La misericordia es el termóme-
tro del amor: si somos misericordiosos, sere-
mos capaces de amar; si no somos misericor-
diosos ciertamente no amaremos; nuestro
amor será de apariencia, fruto de la aparien-
cia y probablemente proceda del maligno.
Sólo si somos misericordiosos podremos
amar a Dios y al prójimo; únicamente usan-
do misericordia con los demás y podemos
añadir, a Dios, amaremos verdaderamente.
Así como la cara es el espejo del alma, la
misericordia es el espejo del amor.
Podemos decir pues que el rostro del
Amor es la misericordia. Donde hay mise-
ricordia, detrás está el Amor. Cuando vemos
a una persona misericordiosa, podemos
decir ciertamente que ama: una persona
misericordiosa es una persona que ama y
una persona que ama no puede dejar de ser
misericordiosa. Pienso por tanto que en el
cielo, lugar del Amor, veremos un sin fin de
rostros misericordiosos, mientras que en el
infierno no habrá ninguno. Si realmente nos
diéramos cuenta de que la misericordia es
sinónimo de paraíso y su carencia sinónimo
de infierno, cómo la buscaríamos, como
gozaríamos de su amistad, cuánto la preferi-
ríamos, antes que los juicios maléficos y el
desprecio a los demás.
Gracias Jesús porque con tu ejemplo
nos has mostrado la misericordia. Gracias
porque la misericordia te asemeja y te acer-
ca a nosotros, aunque seas Dios. Gracias
porque con la misericordia nos has mostrado
el Amor. Gracias por poner en nosotros la
semilla de la misericordia y hacernos capa-
ces de ejercitarla. Gracias porque nos has
enseñado que el Amor se alimenta de la
misericordia, más que del sacrificio, como
tible. La decisión por la cruz significa tam-
bién el triunfo sobre la muerte. Así se entra
progresivamente en el triunfo del Corazón
Inmaculado de María y se apresura la veni-
da de Cristo, Que renovará el universo.
María a los pies de la cruz, se une plena-
mente al ofrecimiento del Hijo, cumpliendo
así el paso definitivo para entrar en su gloria,
en alma y cuerpo y convertirse en Madre de
la Iglesia y de la nueva humanidad.
Darlo todo a Dios a través del Corazón
Inmaculado de María, significa que Dios
pueda gobernarte perfectamente. Entonces
ni el dolor ni la humillación, ni la muerte
infligen amargura en ti, sino que todo servi-
rá para tu transformación. Satanás no podrá
utilizarte ni descargar su odio contra ti. Y
Dios a través de ti, hablará al mundo y abri-
rá un camino nuevo a la humanidad.
¡Reina de la Paz, completamente tuyos… a
Jesús por María!
has dicho: “Id y aprended lo que significa:
“Misericordia quiero y no sacrificios” (Mt
9,13)
Pidamos a María, Madre de miseri-
cordia, que nos haga comprender y poner en
práctica las palabras de Jesús: “Sed miseri-
cordiosos como vuestro Padre es misericor-
dioso”
(Lc 6,36). Pidámosle que nos trans-
mita el amor misericordioso de su Hijo.
Entonces podremos comprender que cual-
quiera de nuestras acciones, aún la más jus-
ta, no tiene valor o acaso pueda ser nociva si
no es alimentada por la misericordia.
Podremos también comprender que toda
persona por negativa y antipática que sea,
ante todo merece ser tratada con misericor-
dia. Descubriremos que con la misericordia
somos también capaces de acoger la paz y
darla a los demás.
Pienso que Medjugorje es la más alta
manifestación de la misericordia de Dios,
después de la venida de Jesús a la tierra.
Entonces, el Padre envió a la tierra durante
treinta y tres años al humilde Hijo, en condi-
ciones humildes y ahora envía a la Madre,
desde hace ya veinticinco años, la criatura
más humilde, la Pequeña. Imagino la gloria
que el Padre ha reservado al Hijo y a la
Madre, por aquella venida; imagino la gloria
que el Padre ha reservado a la Madre, al Hijo
y a los hijos, por esta venida.
Pidamos con abundancia esta gracia para
que todos puedan gustar su fruto, aunque no
conozcan su procedencia.*
Un jubileo vivo
Celebramos el Jubileo de la Reina de la
Paz. En realidad nadie lo ha proclamado así,
pero yo - como creo muchos también - lo
siento dentro de mí de modo muy profundo.
Hace veinticinco años la Virgen se apareció
a seis videntes, pero luego - usando palabras
de San Pablo - “¡Se apareció a muchos! ¡Se
apareció a vosotros también!-” Espero que
cada uno la haya visto dentro de sí, que la
haya reconocido y que la haya acogido.
Pero la celebración de hoy no recuer-
da solamente lo que sucedió hace 25 años,
eso fue sólo un inicio
. Hoy somos 25 años
más maduros y en nosotros sólo debería
haber un deseo: querer que la Virgen esté
viva entre nosotros. ¡Que no sea sólo en las
visiones, sino que Ella viva aquí! Pero debe-
mos quererlo, y para ello es necesario nues-
tro sí.
María con su espiritualidad marca un
cambio radical en la humanidad, por eso se
ha aparecido y ha dicho que éstas son sus
últimas apariciones. Esto no excluye que
hayas otras mañana, incluye también éstas.
En definitiva, María abre una etapa nueva de
la humanidad.
¿Pero en qué consiste la espiritualidad
mariana revelada? Consiste en la extrema
sencillez y esencialidad: es la relación viva
con Dios vivo sin tantos métodos ni filosofí-
as, por eso el simple mensaje materno des-
pierta a las almas que se abren a Ella. En
cambio para aquellos que han construido
castillos en su cabeza, este mensaje es
escandaloso. Así fue en el Evangelio y en la
vida de los santos.
¡La Madre de Dios está entre nosotros!
¿Qué significa esto? Que la Iglesia gloriosa
baja del cielo. Que se nos manifiesta la vida
plena de una criatura totalmente realizada.
Que la Madre quiere regenerar a la huma-
nidad.
La Iglesia terrestre mira a la Iglesia
gloriosa, y mira de especial modo a María
Santísima como al modelo al que llegar y
conformarnos. La Madre de Dios que está en
perfecta unión con la Santísima Trinidad en
alma y cuerpo, se nos presenta a nosotros,
quiere habitar en nosotros, como la Madre,
la Madre de la Iglesia y nosotros deseamos,
a través de Ella, poder llegar donde Ella está
en la gloria. Queramos ser los instrumentos
de su Amor para divulgar el reino de Dios
realizado en Ella.
p. Tomislav
Queridos lectores, el Eco necesita
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nuar su misión; por esto espera
con confianza vuestra ayuda, que
estamos seguros no faltará.
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