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Eco de Maria Reina de la Paz 173 (Enero-Febrero 2004)

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Eco de María
No. 173


January-February 2004 – Yr 20 # 1

1984 – 2004 ¡El Eco de María entra en su vigésimo año!
 



Mensaje de María del 25 de noviembre de 2003:
"Queridos hijos, os invito a que este tiempo sea para vosotros un estímulo aún más fuerte a la oración. En este tiempo, hijitos, orad para que Jesús nazca en todos los corazones, especialmente en aquellos que no lo conocen. Sed amor, alegría y paz en este mundo sin paz. Yo estoy con vosotros e intercedo ante Dios por cada uno de vosotros. ¡Gracias por haber respondido a mi llamada!"


Sed amor, alegría y paz


Este tiempo en el que María nos visita, nos instruye, nos guía es un especialísimo tiempo de gracia. Que este tiempo sea para vosotros un incentivo aún mayor para la oración, nos dice en Su mensaje. Y este tiempo indica el tiempo de Adviento que está a punto de comenzar, pero también el tiempo de Su visita. La larga duración del acontecimiento (la primera aparición es del 24 de junio de 1981) y la frecuencia de Sus visitas han hecho de la presencia de María en Medjugorje algo habitual. Es la novedad sorprendente respecto a las grandes apariciones de Lourdes y de Fátima. Esta cotidianeidad puede convertirse en hábito para quien se limita a la simple información sobre los hechos, pero es una escuela de vida para quien se esfuerza por vivir día tras día Sus mensajes. El abandono, la oración, el ayuno, dan autenticidad a nuestra relación con Dios, le dan una fisionomía, un cuerpo, sustancia de vida. Abandonarse a Dios es acoger siempre y en todo lugar Su voluntad, con la certeza de que ésta coincide con Su misericordia (tal como enseñó Jesús a S. Faustina Kowalska). Oración y comunión con Dios, acogida de Su Palabra, veneración de Su Presencia, elevación al Padre en Jesús. Las palabras no bastan si luego no cristalizan en la vida (Is 1, 11-17; Mt 7, 21). Ayuno y sobriedad de vida, y por lo tanto también abstinencia de comida, renuncia a lo superfluo, a cualquier abuso, a cualquier atropello. Ayunar es desatar las cadenas inicuas, liberar a los oprimidos, arrancar todo yugo; ayunar es compartir tu pan con el hambriento, hospedar a quien no tiene casa, vestir a quien está desnudo (Is 58, 6-7).
Orad para que Jesús nazca en todos los corazones, particularmente en aquellos que no lo conocen. Es decir, preparemos la Navidad. Preparémonos para acoger a Jesús en nosotros, a recibirlo en verdad, tal como Él es, y no como nos Lo imaginamos nosotros. Acojámoslo para que nuestro sufrimiento sea completar en la propia carne lo que falta a los padecimientos de Cristo (Col 1, 24), porque pasando con Él por el valle de los lamentos lo transformaremos en fuente de agua viva (Sal 84 (83), 7). Acojámoslo para que todo en nosotros, gozo y dolor, salud y enfermedad, sea un ofrecimiento al Padre en Jesús. Así seremos, tal como María nos pide, amor, gozo y paz en este mundo sin paz. Ser amor, ser alegría, ser paz; no es suficiente hablar de amor, de gozo, de paz. De estas palabras el mundo está lleno; lo que en cambio es raro es encontrar personas que sean ellas mismas amor, gozo y paz. Pero esto es posible, está a nuestro alcance, y hoy más que en el pasado, porque María viene a Medjugorje para esto, porque también hoy nos asegura que está con nosotros e intercede ante Dios por cada uno de nosotros. Dejémonos penetrar por el Espíritu de Dios que ya intercede con insistencia por nosotros con gemidos inenarrables (Rm 8, 26) y convirtámonos en testimonios y portadores del amor de Jesús, de Su paz (Lc 2, 14; Jn 14, 27) de Su gozo (Lc 2, 10). Si sólo deseásemos esto con todo nuestro corazón, con toda nuestra mente, con todas nuestras fuerzas ¡qué distintos seríamos: nuevos, bellos nosotros mismos, y cómo cambiaría todo a nuestro alrededor! Que éste sea nuestro regalo de Navidad para quien nos ama, para quien está cerca de nosotros, pero también para quien está lejos de nosotros y nos es hostil, y para quien está a nuestro lado en la enfermedad o en el sufrimiento, y María llevará este regalo también a quien no conocemos, a quien espera con impaciencia la revelación de los hijos de Dios (Rm 8, 19). Paz y gozo en Jesús y María.
Nuccio Quattrocchi
 
 


Mensaje de María del 25 de diciembre de 2003
"Queridos hijos, también hoy os bendigo a todos con mi Hijo Jesús en brazos y os traigo a Él, que es el Rey de la Paz, para que Él os dé su paz. Estoy con vosotros y os amo a todos, hijitos. ¡Gracias por haber respondido a mi llamada!"


El Rey de la Paz


Vendrá a visitaros un sol que nace de lo alto a fin de iluminar a los que habitan en tinieblas y sombras de muerte y guiar nuestros pasos por el camino de la paz (Lc 1, 78-79) proclama Zacarías en el cántico del benedictus. Es un camino larguísimo, comenzado hace 2000 años, y también breve, como la vida de un hombre. Es un camino difícil y duro, pero es el camino inaugurado por el Hijo de Dios y tiene en Dios su meta. ¡Cuánta luz en el mundo por la venida de Jesús! Y si las tinieblas aún pesan, no temáis; acoge la invitación del Profeta en Jerusalén: levántate, revístete de luz, porque viene tu luz, la gloria del Señor brilla sobre ti (Is 60, 1). Ningún miedo, ninguna duda: la historia del mundo está en las manos de Dios; el arco y la espada y la guerra serán eliminados (Os 2, 20) la herida infligida a la naturaleza por el primer pecado será vencida, el lobo pacerá con el cordero (Is 11, 6).
Sube, álzate, revístete con la luz verdadera, la que ilumina a todo hombre (Jn 1, 9). No importa que estés en la plenitud de tus energías o inmóvil en un lecho de sufrimiento; no importa que seas pío y devoto o rebelde e inmerso en el pecado; acoge Su luz, ábrete a Su amor y la gloria del Señor brillará en ti y sobre ti. No temas, Dios está contigo. Desde la noche de la Santa Navidad Él está eternamente presente en el hombre (como ha recordado recientemente el Papa). Acógelo en ti; acógelo para entregarlo a quien está cerca de ti, al mundo entero. El Reino pasa a través de ti, necesita tu fe, tu disponibilidad, tu fiat al Padre, siguiendo el modelo de Jesús (Hb 10, 7-9; Mc 14, 36), el modelo de María (Lc 1, 38). Acoge a Jesús, y el camino de la paz será breve para ti y menos largo para la humanidad. Él es el Dios niño que María te trae como don: hoy os bendigo a todos con mi Hijo Jesús en los brazos y os traigo a Él que es el Rey de la Paz, para que os dé su paz.
La paz que el mundo busca pero que no sabe y no puede alcanzar está allí, al alcance de todos; y en el Niño que María tiene en brazos y ofrece aún por nosotros: Él es nuestra paz. No hay que ser poderoso para recibirla; en realidad, es más fácil que sea reconocida y acogida por quien no tiene poder en el mundo, por quien vive en los márgenes de la sociedad, como entonces los pastores. Es necesaria sólo buena voluntad, es decir, una voluntad abierta a Su Voluntad, orientada a Él (Lc 2, 14). No se puede acoger la paz sin acoger a Jesús. Por esta razón la paz es todavía hoy tan difícil y tan precaria. Hace falta el coraje de elecciones decididas, con la conciencia de que la paz que Él nos da no es la convivencia pacífica que nosotros buscamos sino una espada que separa al hijo del padre, a la hija de la madre y aún más (Mt 10, 34-39). Y sin embargo la paz es posible y necesaria, nos recuerda el Papa. La noche está avanzada, el día se avecina. Despojémonos , pues, de las obras de las tinieblas y revistámonos de las armas de la luz (Rm 13, 12). Dejémonos convertir por el Dios niño que María tiene en brazos; cada niño es una novedad de vida y Jesús es la novedad de la Vida de Dios en el hombre. Ante un niño cae toda grandeza humana y todo se hace pequeño e inmediato; ante Jesús niño se acoge el Amor de Dios por encima de cualquier comprensión y sabiduría humanas.
La Navidad no es la fiesta consumista de los países ricos de todo y pobres de Dios; no es tampoco el fervor religioso de un día o el sentimiento de bondad evocado por la tradición. La Navidad es dejar crecer a Jesús en nosotros con la práctica de las bienaventuranzas (Mt 5).
N. Q.
 


Juan Pablo II
"No callemos la paz"


Hablar hoy de paz parece casi una paradoja, pero es precisamente hoy que escribo que debe hablarse porque es el 1º de enero de un nuevo año, Jornada Mundial de la Paz.
Fue una iniciativa de Pablo VI la de dedicar el primer día del año civil a la reflexión y a la oración por la paz en el mundo. Juan Pablo II ha continuado con aún mayor convicción "esta noble tradición, dedicando el primer día del año civil a la reflexión y a la oración por la paz en el mundo", sugiere el Pontífice en su mensaje para la celebración de esta jornada. "También este año siento el deber de invitar a los hombres y a las mujeres de todos los Continentes a celebrar una nueva Jornada Mundial de la Paz. De hecho, la humanidad tiene más necesidad que nunca de reencontrar el camino de la concordia, obstaculizada como está por los egoísmos y por los odios, por la sed de dominio y por el deseo de venganza".
Incansable, tenaz en sus invitaciones, Juan Pablo II no baja la guardia en su misión de guía de la humanidad hacia un nuevo tiempo de paz, de aquella paz que Dios continúa prometiéndonos a través de las palabras de su Madre en Medjugorje, pero que parece cada vez más lejana, cada vez más imposible.
No depende de Dios, depende de nosotros. Sí, porque el camino ahora está marcado, los pasos a realizar han sido indicados. ¿Por qué no recorremos nosotros este camino que todos desean y que parece tan difícil de seguir? ¿Por qué teniendo la convicción de que esto es lo que queremos, no conseguimos obtenerlo? "En el alba de cada nuevo año, llamo a las personas de buena voluntad a reflexionar sobre los distintos aspectos de una convivencia ordenada, a la luz de la razón y de la fe", continúa el Papa en su mensaje. "Ha nacido así una síntesis de doctrina sobre la paz, que es casi un abecedario sobre este argumento fundamental: un abecedario sencillo de entender para quien tiene el ánimo bien dispuesto, pero al mismo tiempo extremadamente exigente para toda persona sensible a las suertes de la humanidad". Los distintos aspectos del prisma de la paz han sido ya abundantemente ilustrados. Ahora no queda más que trabajar… "Para el cristiano la paz es anunciar a Cristo que es "nuestra paz" (Ef 2, 14), y anunciar su Evangelio, que es "Evangelio de la paz" (Ef 6, 15), y llamar a todos a la bienaventuranza de ser "artífices de paz" (cf Mt 5, 9), sugiere el Santo Padre. No hay dudas. No hay posibilidad de equívoco. Para llevar la paz al mundo ante todo hay que vivir la paz, hay que estar unidos a Jesús que es paz, hay que proclamar su Palabra que genera paz. No pidamos a los gobernantes y a los políticos esta tarea. No la podrán conseguir mientras la lógica que los mueve nazca de la sed de poder, de dominio, de riqueza… Sólo quien acepta hacerse pobre, tal como hizo Jesús al venir al mundo, puede ser fuente de paz. Sólo quien ama sin intereses y segundos fines crea las condiciones adecuadas para una paz auténtica y duradera: "¡No hay paz sin perdón! Lo repito de nuevo en esta circunstancia, teniendo ante los ojos, en particular, la crisis que continúa asolando Palestina y Oriente Medio: no se encontrará una solución a los gravísimos problemas que sufren desde hace tiempo los pueblos de aquellas regiones hasta que no se supere la lógica de la simple justicia para abrirse a la del perdón" concluye el Papa. "El cristiano sabe que el amor es el motivo por el que Dios entre en contacto con el hombre. Y es también el amor lo que Él espera como respuesta del hombre. Por esto el amor es la forma más alta y más noble de relación entre los seres humanos. El amor debería animar todos los sectores de la vida humana, extendiéndose también al orden internacional. Al comienzo de un nuevo año quiero recordar a las mujeres y a los hombres de toda lengua, religión y cultura que el amor todo lo vence. Sí, queridos Hermanos y Hermanas de todas las partes del mundo, ¡al final vencerá el amor! Que cada uno se esfuerce por conseguir esta victoria". S.C.


 
¡EL ECO CUMPLE 20 AÑOS!


A quien le pedía repetidamente que escribiese sobre los acontecimientos de Medjugorje, don Angelo Mutti, párroco de Villanova Maiardina y futuro fundador del Eco, respondía que no podía por los múltiples compromisos pastorales; pero sus negativas traslucían un deseo profundo de secundar esa petición, tal como luego hizo, porque estaba muy pendiente de aquellas apariciones.
Era el verano del año 1984. Hacía pocos meses don Angelo había conocido la espiritualidad de Medj. después de sus primerísimos viajes a aquella tierra bendita, junto a quien compartía con él un mismo camino de fe. Los días pasados en aquel lugar estuvieron llenos de gracias y confirmaron sus opciones de vida. La primera actividad relativa al Eco coincidió con las informaciones que don Angelo dio, a través del periódico local, en torno a Medj para rectificar las noticias que la prensa publicaba y que no eran conformes a la verdad. Estas informaciones, que constituyen de hecho los primeros números del Eco, fueron el inicio de aquel nuevo camino de fe que iba a unir luego a tantas personas.
El Eco nació para mantener viva una iluminación recibida, que debía ser custodiada con cuidado, fruto de una gracia extraordinaria de la divina misericordia que se sirve de la Madre para socorrer a sus hijos necesitados. Inicialmente se distribuía a unos pocos hermanos de fe, entre otras cosas porque don Angelo no hizo nunca propaganda del periódico sino que lo daba siempre a quien lo deseaba. A pesar de esto, la demanda fue cada vez mayor y los lugares donde se esperaba el periódico se hicieron cada vez más numerosos. Su difusión fue sorprendemente elevada hasta alcanzar en breve también países lejanos. Asombraba cómo esta publicación, tan sencilla en su presentación tipográfica, pudiese crear una comunión tan grande con muchas personas de distintos continentes, partiendo de una minúscula parroquia, un poco perdida, que disponía de medios modestísimos (al principio se usaba una máquina de escribir anticuada y una obsoleta máquina fotocopiadora para la impresión). Se hicieron necesarios a continuación, además de la redacción, una secretaría, una tipografía para la impresión, articulistas, medios para los envíos, muchos voluntarios para la distribución, varios traductores, todos elementos necesarios para la producción del Eco, que fueron, y lo son hoy también, fruto de una intervención providencial.
A Don Angelo le gustaba recordar que la oración y la fe son el poderoso sostén de este periódico y esto lo refería no sólo a sí mismo y a sus colaboradores, sino también a todos los lectores del Eco en cuanto que formaban parte de una gran familia que ora.
Don Angelo se dedicó a la redacción del Eco hasta la vigilia de su subida al cielo que tuvo lugar en el año del Jubileo 2000. En los últimos tiempos de su vida terrena, cuando la enfermedad se había manifestado en toda su gravedad y su atención estaba completamente dirigida al cielo, insistía en que el periódico no debía acabar con él sino que podía continuar con las personas con las que había compartido esta espiritualidad y en particular vio en la Comunidad Kraljice Mira… a la familia idónea para la custodia y la continuación de esta obra de María, tal como a él le gustaba llamarla. Así el Eco, también después de la muerte de su fundador, ha seguido distribuyéndose regularmente para atender a las numerosas y continuas peticiones. Uno se da cuenta de que eran ciertas las palabras de don Angelo cuando decía que no era él, sino la Virgen la que sugería el contenido del Eco y la que provee para su sustento y su difusión. Por esto se tiene el convencimiento de que María, inspiradora del Eco, está realizando su obra también a través del humilde servicio de este periódico que desde hace veinte años, a través de la oración y la fe de sus colaboradores y lectores quiere contribuir a la realización de su plan de salvación. Permanezcamos pues vigilantes en la oración porque sólo así el Eco podrá ser un instrumento vivo en las manos de la Virgen. Don Angelo, desde el cielo, ciertamente nos bendice e intercede por todos nosotros. Agradecemos al Señor por habernos dado tal sacerdote, tan abierto a la gracia, y le damos gracias también por todos aquellos que con la oración y el don de sí mismos dan vida a este periódico.
Pietro Squassabia


 
Y SI ESCUCHÁSEMOS A MARÍA…


La reciente carta del Papa Juan Pablo II sobre el Rosario de María (RVM) quiere lanzar de nuevo la práctica de esta oración dándole todo su significado: orientada hacia Cristo, es oración de la Iglesia. No es una oración que hace que María sustituya a Dios, para compensar con su cercanía materna el rigor de un Dios lejano. El Rosario tampoco es una oración individualista o reservada a la devoción privada de ciertos grupos sensibles a las devociones marianas. Ésta debe integrarse en la oración de la Iglesia, que el Rosario acompaña y sostiene.
Pero, ¿cuál es la urgencia de querer implicar a toda la Comunidad cristiana en un redescubrimiento del Rosario? A obispos, sacerdotes y diáconos, colaboradores pastorales, consagrados, familias, enfermos y personas ancianas y a vosotros jóvenes… a todos se dirige el Papa: "¡Que mi invitación no se quede en letra muerta!(n.43). El Papa ve en el año que él propone para consagrar al Rosario (desde el mes de octubre de 2002 a octubre de 2003) la ocasión para reforzar las líneas que trazó en su documento escrito "Al inicio de un nuevo Milenio" (NMI): "Con esta iniciativa no quiero cargar más, sino más bien unir y consolidar los proyectos pastorales de las Iglesias locales… Si se le descubre en su verdadero significado, el Rosario conduce al corazón mismo de la vida cristiana y, con medios ordinarios, ofrece una ocasión espiritual y pedagógica particularmente fecunda para la contemplación personal, la formación del Pueblo de Dios y la nueva evangelización" (RVM, 3)
 
Tres perspectivas que podemos hacer nuestras


PARTIR DESDE CRISTO CON MARÍA
Si comenzásemos por la contemplación, si comenzásemos por la escucha… No se trata de hacer ejercicios de concentración para estar mentalmente más presentes en un encuentro, en el trabajo, o incluso en el ámbito de un tiempo de oración. En la vida cristiana debemos ante todo descentrarnos de nosotros mismos, para poner de nuevo en el centro a Aquel en el que todas las cosas encuentran su origen y su cumplimiento, y quizás también nuestros proyectos pastorales. La oración cristiana, la vida cristiana, no son más que un despliegue en el hoy de la palabra y de la actuación de Jesús. Es con Él que debemos mantener un contacto permanente. Toda la realidad humana debe ser incorporada en su amor divino.
Aquí se trata de una obra mariana. María representa aquella pequeña porción de humanidad ofrecida totalmente a Dios, en la que actúa sólo Él: He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según su palabra. Ella puede entonces decir a los sirvientes de la invitación de bodas: haced vosotros también según su palabra, haced lo que él os diga. María contempla, María está a la escucha, María adora. María nos invita a tener una vida interior atenta a los deseos y a la obra de Dios.
Cuando comencemos nuestra jornada, cuando estemos en el trabajo, o nos relacionemos con los demás, ¿sabremos abrir nuestros corazones ante todo a la presencia de Dios, que está ya allí esperándonos?
La oración del Rosario nos impulsa a dar tiempo y atención a la contemplación de los misterios de Cristo, a la escucha de su hálito divino. ¿Es que acaso podemos emplear mejor nuestras energías? ¡Cuánta dispersión evitaríamos! Nos habituaríamos a beber de la única Fuente, y así Les dejaríamos que regasen la tierra de nuestros corazones tan a menudo reseca.


"JESÚS CRECÍA EN SABIDURÍA, EDAD Y GRACIA" (Lc 2, 52).
Una segunda perspectiva se abre gracias a la oración del Rosario: la formación del pueblo de Dios. Nos esforzamos mucho para que todos los cristianos puedan hacer suyas las riquezas de la Biblia, de la Tradición y de la búsqueda cristiana. Pero todo esto puede quedarse fuera del alma. Nosotros sabemos muchas cosas, pero no llegamos a un conocimiento vivo, enamorado. He conocido el caso de un sacerdote, especialista en Sagrada Escritura, que abandonó su ministerio tras una decena de años de sacerdocio y de enseñanza: estaba convencido de haber devuelto a la Iglesia lo que de ella había recibido; en realidad nunca había "creído" en lo que se le decía, en lo que él mismo había enseñado. En la casa de Nazaret, María se empeña en acompañar el crecimiento humano de Cristo… Ella puede educarnos y plasmarnos con la misma solicitud, hasta que el Cristo se "forme" plenamente en nosotros (Gal 4, 19) (n.15). El gran deseo del Apóstol ante los primeros cristianos es un deseo de generar; él de algún modo da a luz a las comunidades jóvenes. Pero si puede hacer que nazcan, es porque él interiormente está lleno del espíritu mariano, que caracteriza a todos aquellos a los que Jesús mismo ha confiado ser hermano, hermana y madre. Esto no es una manera de hablar, es la realidad auténtica de la transmisión de la fe.
La oración del Rosario nos permite comunicarnos con la vida de Jesús, con aquella misma vida que deseamos ver crecer en nosotros y en los hermanos. "Tal como le ocurre a dos amigos que después de estar mucho juntos acaban pareciéndose hasta en el estilo de vida, del mismo modo nosotros, hablando familiarmente con Jesús y con la Virgen, a través de la meditación de los misterios del Rosario, y formando juntos una única vida mediante la Comunión, podemos convertirnos, en la medida de nuestra condición limitada, en parecidos a ellos." (n. 15).


ANUNCIAR A CRISTO CON MARÍA
La oración del Rosario es particularmente fecunda para la nueva evangelización. El apostolado es como un parto. Sin esta perspectiva mariana difícilmente evitaremos hacer de Cristo un simple mensaje y de la evangelización una forma de adoctrinamiento. Y el Papa lo repite: No, no serán las fórmulas las que nos salvarán, sino una Persona y la certeza que esta Persona nos inspira: ¡Yo estoy con vosotros! No se trata entonces de inventar un nuevo programa. El programa ya existe: es el de siempre, basado en el mismo Jesucristo, a quien hay que conocer, amar, imitar (NMI, 29)
María nos impide hacer del cristianismo una abstracción. "Una abstracción no necesita una madre", confesaba el teólogo Karl Rahner al Cardenal Suenens. Nosotros de hecho proclamamos, "lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos es el Verbo, la Palabra de vida" (1 Jn 1, 1-2). La palabra de Dios silenciosa en la cuna y en la cruz, entregada confiadamente a la fe dócil de una mujer, que es figura y madre de la Iglesia: la Palabra de Dios, aquel niño recién nacido y aquel crucificado, la Palabra de Dios, que no es otra cosa que Amor.
Debemos dejar que el Espíritu nos regenere con la misma fe que María y convertirnos en "Buena Nueva" para el mundo. Sólo así nuestra predicación tendrá un sentido y nuestro anuncio será realmente cristiano. Tampoco el Espíritu Santo es una abstracción: cuando sopla en Lourdes o en el Cenáculo de Jerusalén, con el fragor de un viento impetuoso, Él hace que aparezca en las profundidades de nuestras tinieblas y de nuestros miedos un rostro de luz, y genera lenguas de fuego.
Una Iglesia mariana, una Iglesia conformada por la fe en María, será una iglesia hecha de pobres y de pequeños, con el corazón inflamado por el fuego del Amor, una Iglesia que transmite solamente lo que ella ha recibido gratuitamente, el Don de Dios.
El P. JEAN-MARIE CABES, mariólogo y profesor en el Seminario católico de Tarbes, dirigió durante muchos años la "Escuela del Evangelio" en Lourdes. Luego fundó la Comunidad mixta "Notre Dame de l’Aurore", (la rama apostólica de la Comunidad monástica de Jerusalén) que tiene su sede en Ossun - a pocos kilómetros de Lourdes - donde él vive actualmente.
 
 
En el misterio de un abrazo
"En el primer misterio de gozo contemplamos…"


Así comienza el libro de la vida de Jesús grabado en las cuentas del Santo Rosario, una secuencia que cuenta las etapas fundamentales de la existencia terrena del Hijo de Dios y que nos ayuda a leer con mayor profundidad su misión entre los hombres.
Cada vez que lo rezamos es una aventura distinta. El Espíritu Santo nos revela nuevos aspectos que hasta ahora nunca habíamos percibido. A medida que se suceden las Avemarías la historia se actualiza, mientras nosotros nos sentimos improvisadamente unidos y transportados a aquellas escenas que estamos evocando: advertimos el clima, nos envuelven las sensaciones y los sentimientos de los protagonistas, llegamos a comprender todo lo que sucede "detrás de los bastidores".
"En el primer misterio gozoso contemplamos cómo María y Jesús se abrazan…" No, no me he equivocado de misterio. Sé bien que se contempla el acontecimiento de la Anunciación a María y su concepción virginal. Pero es precisamente en aquella ocasión que la Madre abraza al Hijo por primera vez, acogiéndolo en su seno. Lo abraza con su voluntad que adhiere a la propuesta, lo abraza con su corazón invadido por el Amor que se encarna en Ella, lo abraza con su cuerpo que acoge la semilla divina…
Es un abrazo envolvente, cósmico diría, porque en aquel abrazo tan íntimo, María abraza lo creado y las criaturas de todos los tiempos que, al final, serán recapitulados en aquel niño que Ella acaba de aceptar concebir.
Pero no podemos detenernos aquí. La historia continúa, y continúa también el abrazo que se alarga para englobar a otra madre y otro hijo.
A través del Espíritu Santo, Isabel y Juan son envueltos inesperadamente en esta tierna efusión de amor, y así las dos maternidades se unen en el mismo designio de salvación.
El amor es apertura, es don y no puede quedarse encerrado en sí mismo. Es puro éxtasis que por su naturaleza necesita comunicarse a los demás, dando alegría a quien lo recibe. Es precisamente en aquel abrazo, escondido y familiar, que nace el canto de exultación que se repetirá de generación en generación por boca de aquellos que temen a Dios (cf Lc 1, 50).
Pero es en el tercer misterio gozoso que el abrazo se hace aún más consciente y concreto: en la fría noche de Belén contemplamos cómo María acoge entre sus brazos al pequeño Jesús que la Virgen acaba de engendrar para el mundo.
Qué dulzura, qué emoción, cuánta ternura entre estos dos cuerpos que se aferran uno al otro: tú eres la Tierra fecundada, la no-Abandonada (cf Is 62, 4) a la que Dios Padre me ha mandado para que yo germinase, susurra el hijo a la mujer.
"Tú eres el vástago del tronco de Jesé que nosotros los hijos de Israel estábamos esperando (cf Is. 11, 1), responde la madre al niño.
No se lo queda para ella. No lo convierte en una posesión suya. En el cuarto misterio de gozo, María pone entre los brazos del sacerdote del templo a su primogénito, en observancia de la ley de Moisés.
Así es como Jesús entra en el abrazo de la Iglesia, no sólo la institucional, sino también la que está hecha de gente analfabeta, de gente cualquiera que vive pendiente del advenimiento del Reino, escondiendo humildemente la propia fe… Entre los brazos del viejo Simeón, el Mesías da su abrazo a la Iglesia de los pequeños, de los sin nombre, de los que saben bendecir a Dios porque sus ojos han visto la salvación preparada por Dios para todos los pueblos, luz para iluminar a las naciones y gloria del pueblo Israel (cf. Lc 2, 28-32).
Hemos llegado al último misterio del Rosario, justo a tiempo para asistir al abrazo de María a Jesús, que lo encuentra entre los doctores del Templo después de haberlo buscado durante tres largos días.
Es un abrazo de alivio y de consuelo por haber reencontrado al amado de su corazón (cf Cant 3, 2), es un abrazo que Jesús devuelve con entusiasmo, deseoso de comunicar a la Madre la alegría de su primera misión pública.
Acababa de predicar a los doctores del templo, había finalmente comenzado a hablar del auténtico rostro de Dios, un rostro paterno y misericordioso, un rostro impreso en el alma de cada hombre para llevar a todo el mundo Su abrazo de paz.
Stefania Consoli
 


Hacerse pequeños con el Dios niño


Acabamos de regresar todos de un viaje a Tierra Santa, a Palestina, y precisamente a Belén, cuna de Jesús, del Dios niño que acaba de renacer para nosotros. Un misterio que se renueva puntualmente actualizándose, una memoria que se hace vida a través de la fuerza de la Gracia y de la fe. Y así, aun quedándonos sentados en nuestros salones, hemos viajado, hemos contemplado y adorado al Emanuel representado en los pesebres o en los pequeños gestos de amor que acompañan las festividades navideñas.
Pero para mirarlo a los ojos, muy a menudo debemos encorvarnos, abajarnos, porque lo que mejor distingue al Rey recién nacido es precisamente su pequeñez. Acudiendo con libertad a algunas reflexiones de un libro de Luigi Pozzoli (Elogio de la pequeñez, ed. Paulinas), intentamos comprender por qué Dios, el gran Yahvé que los Israelitas no osaban ni siquiera nombrar, decidió hacerse pequeño entre los pequeños…
El evangelio de la pequeñez
En el Evangelio hay una predilección evidente por todo lo que es pequeño. La pequeñez, entendida también como debilidad, es vista con una atención afectuosa que revela consenso y simpatía. El niño, el pobre, la pequeña semilla tirada, el grano de mostaza están siempre bajo una mirada bendiciente que sabe imaginar, tras una aparente insignificancia, virtualidades secretas y prometedoras. Viene a la mente una frase de Tagore: "Dios se cansa de los grandes reinos, pero nunca de las flores pequeñas".
Esta sensibilidad particular es sorprendente sobre todo porque se opone a la mentalidad común que querría apreciar y premiar sólo lo que es grande y aparente. Puede ocurrir que se tenga vergüenza por la medida de la pequeñez, cuando ésta se manifiesta en el plano de la cantidad o en el de la eficiencia.
En un mundo que se deja gobernar cada vez más por una lógica mercantil, no queda mucho espacio para todo lo que puede tener valor en una dimensión sentimental y simbólica. El Evangelio, en cambio, ofrece una lectura de la realidad que invierte los criterios de valoración.
Lo que es pequeño es grande.
Lo que es débil es fuerte.
Lo que no tiene esplendor es bello porque la verdadera belleza está estrechamente ligada al amor.
El templo de Jerusalén era ciertamente una construcción maravillosa por la majestuosidad y la grandeza de sus formas, pero para Jesús en aquel momento no era nada que mereciese una atención mayor que el humilde gesto de una pobre viuda que echaba en el cesto de las ofrendas aquella nada que para ella lo era todo: un gesto ciertamente más bello que el que realizaban otros exhibiéndose con sus ricas ofrendas.
La pequeñez y la encarnación de Dios
Se solía atribuir a Dios las cualidades que pertenecen a la categoría de la grandeza. Si se hablaba de poder, Dios tenía que ser el omnipotente. Si se hablaba de conocimiento, Dios era el omnisciente. Dios tenía que estar siempre más allá de la medida más grande. La Navidad ha demostrado lo lejos que está Dios de estas imaginaciones humanas, demasiado humanas.
"Cristo Jesús, aun siendo de naturaleza divina, no codició el ser igual a Dios sino que se despojó de sí mismo" (Fil 2, 3-7). El texto habla de despojamiento, pero en aquel griego hay una expresión aún más fuerte: está la palabra kénosis que significa vaciamiento. Dios, en Jesús, se vacía de su grandeza. Dios se reduce, se empobrece… Y en esta encarnación de Dios en un niño, que luego tomará la apariencia de un esclavo, ocurre algo que conmueve a todas las generaciones humanas: Dios viene al encuentro y a sentir como parte de sí mismo a todos los pequeños de la tierra: los niños, los enfermos, los marginados, los impuros como los publicanos, los heréticos como los samaritanos, los que no tienen patria, los sin nombre, los sin voz.
En Mateo esta solidaridad es tan grande que precisamente es a estos pequeños a quien Jesús parece querer asegurar la revelación de los secretos del Padre, con acentos llenos de ternura y de estupor: "Te doy gracias, Padre, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los pequeños" (Mt 11, 25-30).
Lo que es pequeño es ligero
Dios ha privilegiado la pequeñez porque lo que es pequeño es ligero. En Navidad Dios se ha revelado como un Dios ligero… La experiencia de todos los días está marcada sobre todo por la categoría de la pesadez. La posesión, la acumulación y, en el plano de los sentimientos, la arrogancia y la presunción, ¿no tienen acaso una connotación de pesadez opresora? Pesado es, en particular, el hombre que encarna el espíritu burgués y que puede estar presente en cualquier clase social de la tierra: "La vida burguesa está basada en la propiedad, es decir, en el sentido de solidez del bienestar. Lo que preocupa al cristiano es ser, mientras que lo que le preocupa al burgués es tener. Cuando el burgués dice: mi mujer, mi coche, mis tierras, lo que cuenta para él no es la mujer, el coche y las tierras, sino el adjetivo posesivo que para él se encarna".
Por el contrario, pensemos en la ligereza con la que Jesús educó a los discípulos y también a las multitudes: "No os afanéis con preocupaciones inútiles…". El pequeño, el pobre es pues aquel que camina en la ligereza de la confianza, con el sentido de lo provisional y con la certeza de lo eterno.*
 
 
La importancia del corazón en los mensajes de María


La Reina de la Paz nos llama, en la mayor parte de los mensajes dados desde el inicio de las apariciones hasta hoy, con una especial insistencia, casi machacante, a poner en el centro de nuestro camino de conversión la renovación radical del "corazón". "Id al corazón. Las palabras no bastan. Id al corazón." (Mens. 25.12.1983); "Hijos míos, deseo realizar grandes obras a través de vosotros, pero la puerta de vuestro corazón está oxidada y ya no se abre. Tirad abajo la vieja puerta de vuestro corazón y con la conversión construid una nueva. Así Jesús entrará en vuestros corazones" (Mens. 09.06.1984). Pero ¿por qué precisamente en este tiempo, cuando parece más que nunca que la aproximación racionalista se haya convertido en el instrumento exclusivo de verdad, también en el campo espiritual y teológico, María hace precisamente del "corazón" el lugar decisivo de la salvación de sus hijos y de todo el universo? Ella nos lo revela claramente en muchos mensajes llenos de ternura maternal, reflejo auténtico del Corazón del Padre: "Deseo que vuestros corazones se fundan en un único gran corazón de amor y de paz…" (Mens. 25.07.1999)
Éste es, de hecho, el auténtico cumplimiento de la obra de la salvación que Dios desea realizar en cada uno de nosotros y, a través de nosotros, en multitud de almas y de realidades creadas que Él ha vinculado a nuestra respuesta a la llamada que Dios nos dirige en este tiempo a través de la Reina de la Paz.
¿Pero cuál es esta respuesta de amor que María solicita de nosotros? ¿Cuál es aquella clave decisiva capaz de introducirnos tan eficazmente en los tesoros de gracia presentes en el Corazón del Padre? ¿Cuál es aquel camino espiritual, quizás escandalosamente demasiado sencillo a los ojos de los que rinden culto a un cierto racionalismo teológico difuso, al que Ella nos llama tan insistentemente? Es la decisión de "entregar el corazón a Dios, para quedar llenos de Su amor" (v. Mens. 25.05.1999). ¡Pero el amor de Dios es sacrificado! Es aquella especial calidad de amor que Él reveló plenamente en el ofrecimiento total del Hijo para la salvación del mundo. Ésta es la llave de oro que María nos da para que nuestro corazón se una plenamente al vértice encendido del amor trinitario, para que "una fuente de vida mane de vuestro corazón" (Mens. 21.10.1983) para que nuestra vida sea, desde ya, regenerada enteramente y transfigurada en la luz de los "nuevos cielos y la tierra nueva", no es más que una libre decisión de ofrecer sin condiciones la propia vida a Dios, a través de las manos y el Corazón Inmaculado de la Madre, por la salvación de los hermanos y del universo entero.
En muchos mensajes la Virgen nos invita también con premura a enraizar en su Corazón Inmaculado todas las oraciones, cada acto exterior e interior de culto a Dios, para purificarlos de todo devocionismo ritualístico, para que se imprima en ellos "el sello del Amor" (Mens. 06.01.1984). Sólo así estos se convertirán realmente en "sacrificio viviente, santo y agradable a Dios" (Rm 12, 1).
María nos invita también de modo especial a reencontrar en la profundidad de nuestro corazón, conscientemente abierto para acoger la vida y el Amor de Dios, aquella imagen del Hijo que Él ha impreso indeleblemente en nosotros "antes de la creación del mundo" (Ef 1, 4). Aquella imagen que el misterio pascual de Cristo ha hecho de nuevo vívidamente activa y eficaz en los corazones, de manera que cada oración, cada sacrificio ofrecido, cada acción litúrgica se conviertan en un encuentro auténtico, palpitante, gozosamente nupcial, con el misterio de la presencia viva de Dios en nosotros: "Queridos hijos, hoy deseo exhortaros a abrir el corazón a Dios, como se abren las flores en primavera buscando el sol. Yo soy vuestra Mamá, y deseo siempre que estéis más cerca del Padre; que Él conceda dones cada vez más ricos a vuestros corazones…" (Mens. 31.01.1985). Por esto María nos exhorta: "Orad con el corazón, y en la oración ofreceos vosotros mismos a Jesús" (11.08.1984); "No oréis sólo con los labios. ¡Debéis orar con el corazón! Debéis descender en profundidad y estar completamente en vuestro corazón…" (Mens. 23.09.1984) "…todas las oraciones son buenas y agradables a Dios, si se dicen con el corazón" (Mens. 03.09.1984); "…hoy os invito a comenzar a ayunar con el corazón" (Mens. 20.09.1984); "…también el canto es oración… hay que poner todo el corazón en cada canto" (Mens. 10.11.1984).
Con la acostumbrada concreción, la Virgen no deja de mostrarnos el camino práctico para limpiar el corazón de todos los obstáculos que se oponen a la experiencia viva del encuentro con el Esposo celeste: "…Poned vuestras tensiones conscientemente en las manos de Dios. Nada debe turbaros. Ofreced a Jesús también las preocupaciones y las distracciones y no escondáis nada delante de Él. Ésta es la verdadera oración del corazón" (Mens. 10.11.1984)
Giuseppe Ferraro (continuará)


 
Sacerdote y peregrino en Medjugorje


Son muchos los sacerdotes que reciben en Medjugorje una nueva Gracia que les ayuda a profundizar en su propio ministerio sacerdotal y, a veces, redescubrir también aspectos que habían descuidado un poco debido a la cantidad de trabajo que tienen a veces en las parroquias, en los santuarios, etc…
Traemos el testimonio de un sacerdote al que deseamos, entre otras cosas, rendirle homenaje a los pocos días de su muerte, inesperada para los hombres pero seguramente prevista por Dios en este tiempo, como coronación de una vida sacerdotal entregada con vivacidad y entusiasmo.
Don Mario Cortellezzi, Rector del Santuario del Sacro Monte de Varese (Italia), desaparecido el pasado 24 de noviembre, coincidiendo con la muerte del p. Slavko, explica: "He ido a Medjugorje porque en realidad Medj. vino a mí primero. Muchas veces, de hecho, los videntes Marija, Mirjana, Jakov han venido al Sacro Monte de Varese. Me he sentido de algún modo "invitado" a ir personalmente a aquella "tierra bendita", o mejor, llamado, convocado.
Una vez llegado a Medj. encontré lo que pensaba encontrar, esto es un clima de intensa oración. Una oración expresada con el silencio más que con los cantos: un silencio que habla, un profundo silencio que expresa que la persona está recogida, de hecho atrapada por el acontecimiento que no ve pero del que percibe su presencia.
En particular me llamó la atención la gran naturalidad que percibí en el modo en que los videntes se expresaban, en particular Marija. Hablando con ella después de una aparición uno tenía la certeza de que alguien le había hablado hacía poco: un rostro sonriente, un rostro locuaz que te decía que algo había ocurrido, hablaba de lo que había visto, de lo que había experimentado. La naturalidad en la manera de expresarse es una garantía. Mi miedo era encontrarme con personas artificiales, esas personas afectadas por el "misticismo" que toman actitudes de vidente; esto me habría alejado.
Los frutos que he encontrado en Medjugorje son muchísimos, pero las plantas de fruto necesitan ante todo un clima para crecer, y el clima más extraordinario que he percibido es el de las adoraciones vespertinas. El silencio, el canto envolvente, el cuidado que cada uno tiene para no molestar a los demás: todo esto significa que la gente está verdaderamente atrapada, que no ve pero que tiene la sensación neta de estar en contacto con Alguien. ¡Ojalá fuesen así siempre nuestros momentos de oración!
Un segundo fruto muy precioso ha sido la experiencia en el confesionario. Ahí se verifica todo lo que ocurre, una garantía de verdad porque cuando una experiencia religiosa pasa a través del confesionario quiere decir que es verdadera. Todas las demás experiencias religiosas que se auto-confiesan y acaban en la auto-absolución, de querer sentirse buenos de golpe, llevan ya insertas el signo de la falsedad.
También en la confesión había un clima de disponibilidad, de desarme: gente desarmada frente a la misericordia del Señor. Es bello encontrarse con personas que reconocen sus errores. Esto hace bello también el ministerio de confesor porque se tiene la sensación de ser el padre que goza con sus hijos. Se experimenta toda la bondad y la alegría del Señor al dar el perdón. Esta sensación no se vive ni siquiera en la Misa.
Pero los frutos ciertamente no se quedan en Medj. Al Sacro Monte vienen personas que han encontrado en aquella tierra el camino hacia Dios. Se reúnen aquí el sábado por la mañana sin carteles, sin etiquetas, y por el modo en que rezan y se confiesan te das cuenta de que la suya ha sido una experiencia auténtica de conversión.
Un fruto personal procede de una confirmación: la relación entre el Rosario y la Eucaristía. La Virgen y la Eucaristía. Hace ya diez años yo notaba un hecho, que las misas mejores en el Santuario son las del sábado por la mañana, y me preguntaba por qué. Encontré la respuesta: porque van precedidas de tres misterios del Rosario.
Entonces comprendí que donde está María está la Eucaristía. No se puede celebrar la Misa sin la Virgen. En aquella Misa del sábado no hay nada de especial, pero es una Misa total, con una participación que no he encontrado en ningún otro lugar. Celebrar la Misa con María, con el Corazón de María. La Virgen no es un sacerdote pero tiene corazón sacerdotal. Ésta es la idea fuerte que guardo en mi interior".*


 
Un obispo filipino:
"¡Estoy feliz aquí en Medj.!


Mons. Jesús A. Cabrera, obispo de Alaminos (Filipinas) visitó por primera vez de manera privada Medjugorje del 15 al 17 de octubre de 2003.
"He oído hablar de Medj. leyendo revistas y a través de los testimonios de personas que han estado aquí", cuenta el prelado. "A este propósito me gustaría contarles un suceso que me parece interesante. Creo que era el año 1990 cuando un grupo de filipinos vino a Medjugorje. Aquí viene la gente que tiene dinero, la gente rica. El sacerdote que los acompañaba había sido invitado gratuitamente, igual que ahora. Subió al monte y le preguntó a la Virgen: "¿Solamente los ricos pueden venir a Medjugorje? ¿Y los pobres?" Y entonces oyó clara y fuerte la respuesta de la Virgen: "¡Yo voy a ellos, yo estoy con ellos!" ¡Me sentí muy feliz de oír todo esto: la Virgen va a ellos! ¡Hay una gracia para los que vienen aquí, pero la Virgen va personalmente a los pobres!
La postura oficial de la Iglesia filipina es idéntica a la de la Iglesia de Roma: Medjugorje no ha sido oficialmente reconocido. Pienso que en este lugar mucha gente ha sido estimulada a una vida mejor. La Iglesia no prohíbe a nadie venir aquí y muchos filipinos vienen. Vemos buenos frutos. No hay una postura oficial, por tanto nuestra veneración queda en un ámbito razonable. Yo estoy muy feliz cuando veo que la gente ora más, recibe la Santa Comunión con mayor frecuencia, viene más a Misa, se confiesa mucho y se vuelve mejor… Pienso que todo esto es obra de la Virgen. Esto significa mucho. ¿Quizás deberíamos esperar algún milagro espectacular a fin de que la Iglesia reconozca Medjugorje? Hay ya muchos, muchos milagros, muchas gracias que suceden en la vida de las personas. Solamente el hecho de que la gente se acerque a Dios es un signo.
Como sacerdote, como obispo, me considero un testimonio de María. Hago el trabajo de María: me ocupo en conducir la gente a Jesús y darles a Jesús. Cuanto más vivo esté en mí el espíritu de María, mejor cumpliré mi misión de sacerdote y de obispo. Aquí personalmente me siento muy, muy feliz. En Medj, una mañana temprano, mientras los míos aún dormían, fui a la colina de las apariciones. Hacía mucho frío. No sabía qué camino tomar por lo que le pedí a la Virgen que me mostrara el camino. En el camino perdí mi pañuelo, pero encontré una flor. ¡Era la única flor en el camino! La cogí y cuando llegué a la estatua estaba emocionado como un niño. Dije: "¡Virgen, tengo una flor para ti!" Al orar experimenté una paz profunda. La Virgen me hizo comprender que estaba muy feliz de que estuviera allí. Oré por toda la humanidad y en particular por los peregrinos de mi grupo. Ellos también se sienten muy, muy felices aquí. Después de la Santa Misa, fuimos todos juntos a la colina y fue maravilloso orar unidos. Los más jóvenes ayudaron a los más ancianos a subir… Ésa es una imagen de nuestra vida aquí en la Tierra: debemos ayudarnos los unos a los otros. Cuando llegamos a la cima y vimos la estatua de la Virgen, fue realmente maravilloso.
Los mensajes que llegan de este lugar son muy, muy actuales y dirigidos a todos nosotros. Siempre he visto a la Virgen como una mensajera especial de Jesús. Ella desea que todos nosotros, verdaderamente todos, seamos santos. Por eso hace esfuerzos especiales para llegar a nosotros, ayudarnos, recordarnos lo que debemos hacer y cómo llegar al Reino. Éste es el signo de su gran amor hacia todos nosotros. También es una prueba de que la Virgen se ocupa activamente de nosotros y que trabaja por nuestro bien. Ella desea que todos seamos realmente felices y que obtengamos una paz verdadera.
Yo obro como un instrumento de la Virgen que se ha aparecido muchas veces y en lugares diversos. Los mensajes que nos da vienen de Dios mismo. Nos dice que oremos, que se puede poner a Dios en el primer lugar en la vida... Por eso debemos convertirnos y dirigir el corazón, la mente y toda la vida hacia Dios. Nuestro corazón está a menudo atado a las cosas materiales como el dinero, el poder y similares. La Virgen nos dice que debemos prestar más atención a lo que nos dice su Hijo. La Santa Misa, la Eucaristía, la santa confesión… Debemos preocuparnos más de los demás, hacer sacrificios, hacer obras de caridad hacia los demás.
Si escuchamos mejor los mensajes de la Virgen y amamos a Dios y a los demás, creo que experimentaremos una paz verdadera entre nosotros, cualquiera sea nuestra procedencia, ya que nuestros corazones estarán más abiertos, y nos aceptaremos y ayudaremos mutuamente. Así comprenderemos que, al cabo, todos somos una gran familia, de hermanos y hermanas. Somos una única familia y tenemos un Padre. ¡Qué bello cuando rezamos sinceramente el Padre nuestro! Entonces comprendemos que cada hombre es un hermano nuestro o una hermana que amamos. Esto es lo que la Virgen desea… Todos nosotros somos el fruto de Su misión: convertirse en una familia, una Iglesia. Me siento como en casa, como si la Virgen me hubiera dicho: ¡Ésta es tu casa!
  (del Press Bulletin)


 
En Navidad encuentro entre el vidente Jakov y la Gospa


En la última aparición diaria del 12 de septiembre de 1998, la Virgen le dijo a Jakov Colo que tendría la aparición una vez al año, el 25 de Diciembre, en Navidad. Así ha sido también este año. La Virgen vino con el Niño Jesús entre los brazos y dio el siguiente mensaje:
"¡Queridos hijos! Hoy, cuando Jesús desea daros de manera especial su paz, os invito a rezar por la paz en vuestros corazones. Hijos, sin paz en vuestros corazones no podéis sentir el amor y la alegría del nacimiento de Jesús. Por eso hijitos, hoy de manera especial, abrid vuestros corazones y comenzad a orar. Solamente a través de la oración y del abandono total vuestro corazón se llenará del amor y de la paz de Jesús. Yo os bendigo con mi bendición maternal."
 
Navidad en Medjugorje
  Los feligreses, los fieles de las parroquias cercanas y los peregrinos se prepararon para la Navidad con una novena. Además del programa de oración vespertina en la parroquia, durante la novena se rezó el Rosario en la colina de las apariciones.
Durante el Adviento se realizaron dos seminarios de ayuno y oración en la casa de oración "Domus Pacis" en los que participaron alrededor de 100 peregrinos croatas y austriacos.
Durante las festividades navideñas, en el Santuario de la Reina de la Paz reinaba una atmósfera de paz, oración y comunión entre los fieles que llegaron de todas partes del mundo. En la festividad de la Navidad en Medjugorje hubo varios cientos de peregrinos extranjeros. En la noche de la vigilia navideña en la Santa Misa vespertina participaron varios miles de fieles. A las 22, en la iglesia repleta comenzó la vigilia de oración y terminó con la Misa de medianoche. El día de Navidad transcurrió en un auténtico clima de paz y alegría navideña entre los fieles y los peregrinos reunidos en torno a su Madre.
El 21 de diciembre, el coro de niños de Dubrovnik y el coro infantil de Medjugorje realizaron un concierto. Con su canto, los coros alegraron la Navidad de todos los fieles y peregrinos procedentes de todas partes del mundo.
Como en años anteriores, los jóvenes de la comunidad de ex drogodependientes "Cenáculo", durante las festividades de Navidad en tres ocasiones realizaron una escenificación del pesebre viviente. Por medio de una expresión escénica y musical originales mostraron a los fieles reunidos que en verdad viven el lema de su comunidad, "De las tinieblas a la luz", y que es posible encontrar un camino de salida de la droga y de la dependencia.
(del Press Bulletin)
 


El don de su presencia


"La presencia de María es una gran gracia" afirma DON GABRIELE AMORTH, comentando un mensaje mensual de la Virgen en un encuentro de oración en Roma. "Actualmente hay en el mundo muchas apariciones marianas. Un amigo mío, calculando las más conocidas y las menos conocidas, me habla de aproximadamente un centenar en los cinco continentes, aunque los santuarios más famosos tienen un flujo mayor. Hoy, entre los santuarios más famosos podemos citar Medjugorje, dada la frecuencia y el número de peregrinos que van allí.
María nos recuerda insistentemente el don de su presencia entre nosotros. Ella es siempre madre, maestra, reina. Nos presenta un modelo a imitar: ella misma. Imitar a María; sólo así comprendemos este don, un inmenso regalo que pone en crisis, diría, a las autoridades eclesiásticas.
¿Cómo se hace para aprobar una serie tan larga de apariciones, algo que nunca había acontecido anteriormente?" Es comprensible que mientras duran las apariciones marianas la autoridad eclesiástica no pueda pronunciarse; sí se ha pronunciado en cambio respecto de esta afluencia de fieles a Medj., diciendo que este lugar es un verdadero santuario y los peregrinos que van allí tienen derecho a tener asistencia religiosa, según sus necesidades: confesiones, prédicas y muchas conferencias, ejercicios, encuentros. Cada año, hoy ya desde hace cinco años, está el encuentro de los sacerdotes guiado e ideado por el p. Slavko.
María con su presencia desea llevarnos a Jesús. Qué bello: per Mariam ad Jesum… a través de María se llega a Jesús, porque donde está María seguramente está también Jesús; por esto nosotros buscamos a María para encontrar a Jesús.
Es muy bello también el comienzo del segundo capítulo del evangelio de Juan, el de las bodas de Caná, cuando se dice que en Cana también estaba presente María, y entonces Jesús fue con sus apóstoles; como si María fuese un imán que allá donde va atrae a Jesús, y Jesús se sirve de María para atraer a sí a las almas".
(de una grabación)

 
 "Estaba encarcelado, y me visitastéis"


Con qué elocuencia resuenan estas palabras de Jesús (cf. Mt 25, 31-40) que se hace cargo continuamente de todas las situaciones de sufrimiento, de soledad, de penurias y comparte el peso, siendo Él mismo consuelo y ayuda.
Cristo se acerca a quien se encuentra inmerso en condiciones que no había escogido: era forastero, tenía hambre y sed, estaba desnudo, estaba enfermo, estaba encarcelado… continúa la lista del evangelio; una triste serie que señala los lugares en los que Jesús espera ser visitado por nosotros, en las almas de los que de algún modo tienen que sufrir todo esto.
Pero cuando el Amor penetra en los pliegues del dolor humano, lo transforma, lo redime y lo convierte en fuente de luz para este mundo entenebrecido por el egoísmo. Así es como situaciones aparentemente penosas se convierten en testimonios vivos de salvación. En el número anterior del Eco publicamos los saludos de un grupo de lectores, presos en la cárcel de Benevento (Italia). Continuamos dándoles voz, para conocer cómo el amor de Dios y de María los ha visitado también a través de las páginas de nuestro periódico.
"Queridísimos de la Redacción,
en nombre de todos deseo daros las gracias por haber respondido a nuestra carta y por las imágenes de la Inmaculada que nos habéis enviado. Las he distribuido en cada celda y todos quedaron muy contentos por el mensaje, que nos alivia y sobre todo nos da mucha esperanza.
Me alegro por vuestro esforzado trabajo y que lleváis a cabo con una gran tenacidad. Conocí vuestra revista así, por casualidad. Un domingo mientras limpiaba la sacristía, ordenando varias revistas, saltó afuera el Eco. Algo me impulsó a leerlo. Lo doblé porque los guardias me reclamaban para que volviera a mi celda y, tras haberlo leído , lo pasé enseguida a mis hermanos que lo encontraron muy interesante. Por esto pensé en escribiros.
Escribo estas palabras a todos los lectores, las escribo mirando a la Reina de la Paz, casi viendo destellos en su mirada de Madre. Imagino a las familias con los rostros de tantos cónyuges, de tantos hijos. Imagino ministros del Señor y personas consagradas. Imagino adultos y jóvenes.
¡Qué bello es pensar que el icono de María una a tantas personas en el mundo! Podemos estar lejísimos en el espacio, pero a través de la oración estamos, con el corazón, todos a sus pies. Con sus continuos mensajes, María nos invita a escucharla. Pero se necesita fe, esa flor que vive en los corazones y que hay que alimentar con perseverancia. La fe es también fuente de bondad que hay que cultivar para que pueda echar raíces. Me considero muy afortunado por haber recibido la llamada a valorarla y a captar toda su importancia.
La Virgen está a nuestro lado a través de nuestros hermanos, a través de sus atenciones: nos habla, nos sonríe. Yo puedo ofrecer mi soledad al Señor que hará de ella un tesoro para los más atribulados. El Señor me pide esta paciencia, quizás para salvar muchas almas que no creen. ¡Bendito sea Dios!
La vida es esperar siempre, esperar contra toda esperanza, cargar con nuestras miserias y no mirar a las miserias de los demás; creer que Dios existe y que Él es un Dios de amor. El amor libera al hombre de todo lo que lo esclaviza, sólo el amor hace respirar, crecer, florecer. Entonces nuestra vida se convierte en felicidad también en el sufrimiento, porque nosotros vivimos en la carne la belleza de vivir y de morir.
Ciertamente, debemos liberarnos de muchos lastres. Pero hay métodos prácticos, hay caminos, hay indicaciones claras, está María en la "celdita" de nuestra alma que nos llama. Pero la suya es una pequeña voz silenciosa.
En mi vida he conocido muchos peligros, he rozado la muerte muchas veces. He experimentado en la carne de los míos, de los que amo - y por tanto en mi carne - la maldad del hombre, su perversidad, su crueldad, su iniquidad. Y he acabado por concluir algo incuestionable: lo que cuenta sólo es amar.
Tengo una sola tristeza: la de no ser santo; pero siento fuertemente que con el amor de Jesús misericordioso todo se puede, todos estamos llamados a la santidad.
Os saludo con el bolígrafo y con el corazón. Permaneced serenos, todos. No perdáis el camino de la fe, de la esperanza: hablaos a vosotros y a los demás; dad fuerza y vigor espiritual a los más débiles. De ello vosotros también saldréis vigorizados.
Que María, con su sonrisa, ilumine todas vuestras casas. Invoco sobre todos vosotros la bendición del Señor: paz y alegría para todos".

Ciro Antonio Bozzetti
(de la cárcel de Benevento)


 
Los lectores escriben…


Sor Margate de Papua Nueva Guinea - Muchísimas gracias por el envío del Eco de María. Lo distribuimos entre los miembros de los grupos del Rosario y de los Legionarios y muchos están interesados. Hacemos que llegue también a nuestra gente que vive en las zonas más remotas. Dentro de poco tendremos un encuentro en el que veremos cómo nos arreglamos para haceros un donativo. Mientras tanto, os ruego que continuéis mandándonos el Eco. Que Dios os bendiga por vuestra fidelidad gracias a la que permitís que conozcamos cada vez mejor a nuestra Madre Celeste.
P. J. Joseph de la India - ¡Bendiciones a vosotros del Eco y a todos los lectores! Mi misión y mi persona han sido verdaderamente beneficiados por la lectura de vuestro periódico. Quiero expresar mi gratitud hacia todos vosotros. Os deseo todo bien y os prometo mi oración.
P. Domenico Dezzuto de Bet Shemesh, Israel - Expreso mi gratitud por el envío regular del Eco de María en las distintas lenguas. Hay, de hecho, muchos trabajadores de distintas partes del mundo aquí en Israel. En particular, los trabajadores rumanos agradecen el Eco en su lengua. Tendríamos una gran necesidad del ECO en RUSO para el millón y pico de trabajadores que han llegado en los últimos 10 años de la ex-URSS. De éstos, más de 300.000 son cristianos pero están espiritualmente abandonados y corren el riesgo de perder su fe. Os pido oraciones por ellos…
Sor Bernadette de Plymouth, Inglaterra - ¡Qué alegría esta mañana cuando me ha llegado el Eco! No veo la hora de que llegue para leerlo y "rezarlo". Amo tanto leer las reflexiones del Padre Tomislav: os ruego que publiquéis las máximas posibles. Que Dios os bendiga a todos.
Sor Séraphine de Francia - ¡Un gran gracias por todas las maravillas que contiene vuestra publicación! ¡Que Dios os bendiga!

Vincenza Manea de Milán, Italia - Cuando recibo el Eco de María se me dispara el corazón, como si un rayo del Espíritu Santo llenase mi corazón y mi casa. Estoy sola, pobre, anciana y enferma; mi familia me ha abandonado, ¡pero Dios no! Yo confío en la SS. Trinidad, en la Sagrada Familia y en la voluntad de Dios. La amo por encima de todo; por esto acepto todo de Sus manos. No podéis imaginar la alegría que me dais cuando recibo el Eco. Me gustaría daros más, pero es el óbolo de la viuda que el Señor multiplicará. Os deseo todo bien, y que el Señor y la Virgen Santa os llenen con Su gracia.
Sor M. Consolata de Japón - Soy una lectora japonesa; leo vuestro Eco desde hace 15 años. Os doy las gracias por el envío regular a esta misionera laica que pertenece a los Neocatecumenales. Por favor, continuad orando por nosotros, también para que el Señor mande obreros a Su viña, y nosotros rezaremos por vosotros."
P. J. Di Prinzio de Japón - Soy salesiano, misionero en Japón desde hace 50 años. Os saludo y agradezco de todo corazón por el envío del Eco de María que utilizo mucho para las prédicas y para la dirección espiritual.
Elizabeth Gilshenen de Australia - Os ruego que aceptéis mi humilde donativo para vuestra santa y maravillosa publicación.

M. C. Zaffi de Rios de Argentina - Dios no hace nada por casualidad. Por Su amor he tenido la gracia de conocer y leer un ejemplar de vuestro periódico. ¡Cuánta riqueza espiritual contiene! Nuestro grupo de oración estaría deseoso de recibirlo regularmente. Que Dios os dé muchas gracias celestiales.
Jenny Fish de Australia - Muchas gracias por el envío del Eco que trae tanto gozo cuando llega. Es una gran fuente de alimento espiritual.
Mary Murton de Escocia - Nos gusta mucho recibir vuestro pequeño Eco. Envío copias a sacerdotes en Sierra Leona y en Tanzania que lo valoran muchísimo. Para algunos de ellos el Eco es uno de los pocos periódicos religiosos que reciben, y algunos lo utilizan para sus homilías. En nuestro "grupo de Medjugorje" queda aún una no-católica. Las otras tres no-católicas, yo incluida, ahora son católicas. Que Dios os bendiga a vosotros y vuestro trabajo.
Maura & Michael Dalton de Inglaterra - Gracias por el Eco y por el trabajo que hacéis. Que la Gospa os bendiga a todos vosotros.
Lorraine Shonaman de Canadá - Al enviaros mi donativo os doy gracias por el Eco que me enviáis. Lo leo como si fuese una oración, y la Virgen toca mi corazón mientras lo leo. A través del Eco, mi vida espiritual queda verdaderamente enriquecida.
Phyllis Grimshaw de Australia - Gracias por el Eco. Os envío mi donativo como signo de amor y gratitud por todas las gracias y bendiciones que recibo de la Reina de la Paz.
Manuel Ruiz Martín de Sevilla, España - Muchas gracias por el Eco. Que María, Reina de la Paz, obtenga la paz para nuestros corazones y para el mundo, que la necesita tanto.
Sor Marie Blandine de Francia - Deseo daros muchas gracias por el Eco que recibo regularmente.
Teresa Fazu Soldevilla de España - Estoy muy agradecida por vuestro Eco de María, y por el bien que me hace. Me ayuda mucho en el duro camino de la vida.
A. M. de Roman, Rumanía - Tengo 35 años y estoy enferma desde hace 7 años. Tengo tres hijos y muchas dificultades. No tengo posibilidad de ir a la iglesia más que con la ayuda de mi marido. Os ruego que continuéis mandándome el Eco que es para mí como una medicina.
I. S. de Borod, Rumanía - Agradezco a la Santa Virgen y también a vosotros por el Eco. Lo necesito mucho y me llena de alegría. El año pasado conseguí ir a Medjugorje y experimenté un gran beneficio en mi condición de discapacitado. Deseo hablar a todos de la Santísima Virgen…

 
 
"Queridos hijos, debéis consagrar vuestros corazones a Jesús. Que Él habite en ellos y Le dediquéis toda vuestra atención. Que Jesús sea vuestra paz. Que Él os guíe por el camino de la salvación, por su camino. Que vuestra vida esté colmada de serenidad y de paz, de gracia y de alegría. Permitid que cada dificultad vuestra os lleve a Jesús. Allá donde os encontréis, intentad conservar siempre en vuestro corazón la esperanza y el amor, de lo demás se preocupa Jesús".
Traemos de nuevo este mensaje que la Virgen confió a Jelena el 21 de marzo de 1987 junto a otro que dio Jesús mismo el 31 de mayo del mismo año: "…Comenzad vuestra jornada con María de rodillas ante la cruz y orad por la gracia y la luz. Vosotros lucháis cada día contra el sufrimiento, porque aún no habéis comprendido cuánta sabiduría hay en el sufrimiento. La cruz os dará luz. Por esto acogedla y cargad con ella."


La belleza nace de la cruz
de Jelena Vasilj


Para el hombre es imposible vivir sin la belleza, porque la belleza forma parte de lo que se nutre su espíritu. Ya los antiguos griegos lo intuían, incluyendo lo bello entre lo verdadero y lo bueno, como una de las tres categorías fundamentales que, por ser absolutas, se atribuían sólo a Dios.
A lo largo de la historia el concepto de bello ha sufrido muchas metamorfosis; en la antigüedad se buscaba una belleza más bien objetiva, o sea una forma perfecta, como en el arte griego y luego en el romano (de donde se retomaron los temas en varias épocas sucesivas, como por ejemplo en el renacimiento). En respuesta a estas formas absolutas se buscó dar a lo bello también un sentido cristiano o vertical, que uniese de algún modo a los hombres a la belleza de Dios. De este modo en oriente nacieron los iconos y en occidente todo el gran patrimonio cristiano del arte.
Actualmente, aunque de vez en cuando se encienda alguna chispa esporádica, lo bello parece estar padeciendo una verdadera alteración, diría incluso que ahora estamos lejos de cualquier objetividad dado que lo bello se ha convertido en algo sujeto a la impresión del espectador (es decir, ¡es bello sólo aquello que nos gusta!). Esto parece que vale no sólo para el arte sino para toda la esfera de la armonía de la vida del hombre moderno. El hombre de hoy, de hecho, parece haber perdido cualquier punto de referencia y rechaza conformarse a Dios, que es el único que es la belleza absoluta. Si en cambio entramos en un discurso positivo sobre la realidad de la belleza absoluta, el camino se hace mucho más espinoso. El mismo apóstol Juan afirma que nadie nunca ha visto a Dios. En el Antiguo Testamento hay sólo algunas menciones sobre este tema. En dos salmos - 90, 17 y 27, 4 - el texto hebreo habla de la belleza del Señor. Ese concepto a menudo está ligado a otros conceptos como bondad, gracia, dulzura del Señor.
San Agustín, en su comentario al evangelio de san Juan, nos deja intuir que la belleza de Dios contemplada por el salmista en el santuario es una verdadera delicia. A diferencia de las delicias contingentes, ésta no apesara nunca el espíritu del hombre, sino que, tal como escribe Agustín: No temas cansarte: será tal el goce de esa belleza, que estará siempre delante de ti y nunca te saciarás; o mejor, te saciarás siempre y no te saciarás nunca. Si dijese: no te saciarás nunca, podrías pensar que pasarías hambre; si dijese: te saciarás, podrías pensar que acabarías aburriéndote. No sé cómo expresarme: no habrá hastío ni habrá hambre; porque Dios tiene qué ofrecer a los que no logran expresarse, y sin embargo creen en lo que de él pueden recibir.
Pero el auténtico giro al argumento proviene de la lectura mesiánica del Antiguo Testamento. Emerge en particular del profeta Isaías: Tus ojos admirarán al rey en su belleza, contemplarán el país, que se extiende a lo lejos (Is 33, 17).
El velo cayó en Jesús y Él nos permitió contemplar, como dice san Juan, Su gloria. Ésta, en cualquier caso, es una visión no de los ojos físicos sino de los ojos espirituales, es decir, del corazón humilde - afirma Agustín en el mismo tratado. Este éxtasis del corazón que goza la belleza de Dios es propiciado de algún modo por una profunda verdad afirmada por el profeta Isaías que nos introduce en una paradoja conmovedora de nuestra fe. El que es bello y resplandeciente es también el hombre de la cruz: Creció como un retoño delante de él, como raíz de tierra árida. No tenía apariencia ni presencia; (le vimos) y no tenía aspecto que pudiésemos estimar. Despreciado, marginado, hombre doliente y enfermizo, como de taparse el rostro por no verle. Fue despreciado, y nosotros no le estimamos en nada. (Is 53, 2-3) Creo que el profeta esta vez desvela verdaderamente el misterio de belleza que es el sufrimiento, la cruz. ¿Quién podría negar la belleza de un mártir o de una madre Teresa, también ella mártir aunque no en la apariencia? Son bellos, de hecho, esos rostros que ayunan porque traslucen a Cristo que ha dado su vida por nosotros en la cruz.
Quizás es precisamente esta huida del sufrimiento la que hace incapaces a los artistas modernos producir obras que puedan todavía hablar de lo bello al hombre. De aquella belleza que no es una mera búsqueda de innovaciones según los criterios propios, sino que está profundamente ligada a la cruz.
Dirijámonos a ella la más bella entre las mujeres rogándole que brille sobre nosotros, mucho tiempo todavía, con la belleza de Dios.

 
 
Bendición final
Que Dios tenga piedad de nosotros y nos bendiga,
Haga resplandecer su rostro sobre nosotros;
Para que en la tierra se conozca tu camino,
Tu salvación entre todas las gentes.
 

 


 

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