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Eco de Maria Reina de la Paz 163 (Majo-Junio 2002)

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Eco di Maria
Regina della Pace

Español 163

 


Mensaje de María del 25 de marzo de 2002

"Queridos hijos, hoy os invito a uniros a Jesús en la oración. Abridle vuestro corazón y dadle todo lo que hay en él: las alegrías, las tristezas y las enfermedades. Que éste sea para vosotros un tiempo de gracia. Orad, hijitos, y que cada instante sea de Jesús. Yo estoy con vosotros e intercedo por vosotros. Gracias por haber respondido a mi llamada."

 

"Con Jesús"

"Venid a mí todos los que estáis fatigados y agobiados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera (Mt 11, 28-30). Llamados a ser amigos de Jesús (mensaje del mes pasado), invitados hoy a unirnos a Él en la oración, acudamos a Él, refugiémonos en Él. No para evadirnos del mundo, ni para eludir nuestras responsabilidades, sino para asumirlas plenamente; no para renunciar a nuestra personalidad, sino para reencontrarla en el proyecto original de Dios. Esta semana santa, en la que la Iglesia nos invita a recorrer con Cristo el camino del Calvario, unámonos a Jesús, vivamos Su pasión. Adentrémonos en el Acontecimiento; que no sea el recuerdo de un hecho histórico, que no sea la conmemoración farisaica del sacrificio de otro, que sea de verdad la de un Dios que muere por nosotros. No estamos llamados a asistir a un espectáculo, por muy conmovedor que sea; debemos celebrar en nuestra vida, con nuestra vida, el misterio pascual, vivirlo día tras día sencilla pero profundamente unidos a Cristo. El que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí (Mt 10, 38), es decir, no se parece a mí, no se parece al Hijo. María es nuestra Madre desde el momento de la muerte de Jesús (Jn 19, 26-27) y desde entonces siempre ha ejercido su maternidad, generando hijos en el Hijo, asimilándonos a Jesús, y de esta forma presentándonos al Padre.

Hoy nos invita a unirnos a Jesús en la oración. Unidos a Él para entrar en su relación de amor con el Padre, para que Él sea nuestra relación con el Padre. Que no haya diferencia entre nuestra oración y la oración de Jesús; que ésta sea una sola oración para que el Padre la escuche y la acoja; no según nuestras expectativas sino según su plan de misericordia y de sabiduría infinitas: no sea como yo quiero, sino como quieres Tú, Padre (Mt 26, 39b). Realizar la voluntad del Padre. La invocación que Jesús nos enseña en el Padre Nuestro adquiere en Getsemaní toda su fuerza y esplendor. Ya no es un deseo: la voluntad del Padre triunfa en el alma, en la mente, en el cuerpo de Jesús. Él no es más que su Fiat y en él se consuma a Sí mismo encontrándose al mismo tiempo enteramente en el Padre. Nosotros tenemos que hacer lo mismo y podemos hacerlo si Jesús vive en nosotros. Que cada instante sea de Jesús. Cuando la cruz se hace pesada, llevémosla con Él; cuando la esperanza cede a la desconfianza, que Él sea nuestra esperanza; cuando el aplauso se transforma en condena, que Él sea nuestro refugio; cuando la traición sustituye a la amistad y al amor, que Él sea el Amor; cuando el sufrimiento, la enfermedad, la muerte parecen minar y destruir la vida, que Él sea la Vida.

Que cada momento sea de Jesús. Dejemos que Él lo viva en nosotros, por nosotros, con nosotros. Que Él, Cristo, nuestro amigo y nuestro hermano, por la oración de María, por la misericordia del Padre y por la acción del Espíritu esté en nosotros, crezca en nosotros, viva libremente en nosotros. Entonces no habrá nada en nuestra vida que no tenga sentido y todo será don, intercambio de amor que da fruto. Abrámosle nuestro corazón y démosle todo lo que hay en su interior: las alegrías, las tristezas y las enfermedades. Gracias, María, porque respondes a nuestra llamada; gracias porque estás con nosotros e intercedes por nosotros.

Nuccio Quattrocchi

 

 

Mensaje de María del 25 de abril de 2002

"Queridos hijos, alegraos conmigo en este tiempo de primavera, cuando toda la naturaleza se despierta y vuestros corazones anhelan un cambio. Abríos, hijitos, y orad. No olvidéis que yo estoy con vosotros y que deseo conduciros a todos a mi Hijo para que Él os haga el regalo de un amor sincero hacia Dios y hacia todo lo que viene de Él. Abríos a la oración y pedid a Dios la conversión de vuestros corazones, y todo el resto, Él lo ve y lo provee. Gracias por haber respondido a mi llamada."

 

Alegraos conmigo

Como cualquier madre, más que cualquier madre, María sabe qué significa generar la vida. El despertar de la naturaleza en primavera es un llamamiento y María en el pasado ha subrayado a menudo este aspecto. Alegraos conmigo en este tiempo de primavera cuando toda la naturaleza se despierta y vuestros corazones anhelan un cambio. Sí, porque no hay primavera, no hay florecimiento si todo permanece parado e inmutable. Permanecer cerrados en nosotros mismos, en nuestras certezas, en nuestras ideas a menudo suele significar ser incapaces de abrirse al Sol del Espíritu, marchitarse en el propio egoísmo. Esto vale también para quien está llamado a un particular camino vocacional: nunca hay un punto de llegada en el camino de la santidad y enrocarse en las posiciones adquiridas puede significar retroceder o incluso derrumbarse. Un corazón que anhela el cambio es necesariamente un corazón abierto y si el corazón está abierto a Dios, el cambio está orientado a Él; por esto hay que abrirse y orar. Dejémonos traspasar por el amor misericordioso de Dios, dejemos que Su Espíritu nos penetre y nos empape de vida; Dios espera nuestra disponibilidad para darnos Su vida y dárnosla eternamente; para esto vino Jesús al mundo (Jn 3, 16-17). No lo olvidéis, Yo estoy con vosotros nos asegura María; y esta presencia de María es para nosotros, para todos aquellos que la invocan con corazón sincero, garantía de llegar a Jesús, fruto de Su vientre (Lc 1, 42). Quien quiere el fruto, tiene que ir al árbol. Quien quiere a Jesús, tiene que ir a María y quien encuentra a María encuentra ciertamente a Jesús, dice San Alfonso María de Ligorio (Las glorias de María, cap V,2). María es el camino breve y más seguro para llegar a Jesús, nos asegura San Luis Mª Grignon de Montfort. Ella desea llevarnos a todos a Su Hijo para que Él nos haga el regalo de un amor sincero hacia Dios; el S. Padre confió a toda la humanidad a Ella para que nos lleve hacia Aquel que es la luz verdadera, la que ilumina a todo hombre (Jn 1, 9); ¿a qué esperamos? Sólo en Cristo podemos amar sinceramente a Dios, sólo en Él podemos sentirnos hijos de Dios, sólo en Él podemos conocer y amar todo lo que viene de Dios. Yo soy la puerta - dice Jesús - si uno entra por mí, estará a salvo; entrará y saldrá y encontrará pasto (Jn 10,9). Abríos a la oración y pedid a Dios la conversión de vuestros corazones y todo el resto Él lo ve y provee. Buscad el reino de Dios y su justicia; todo lo demás se os dará por añadidura (Mt 6, 33). Que nuestro corazón se abra como un brote primaveral y florezca en Cristo; ésta es la alegría a la que María nos invita. Sin miedos; que nada nos impida entrar en esta alegría, ni siquiera nuestro pecado: ¡no hay estiércol que no pueda convertirse en abono!

N.Q.

 

¡Se ha declarado guerra a la paz!

Es una de las frases que el Santo Padre ha expresado recientemente, afectado, como todos nosotros, por las noticias dramáticas procedentes de Tierra Santa, que en los días pascuales ha visto cómo se sucedía una violencia terrible. Juan Pablo II, en todas sus apariciones públicas, no ha dejado nunca de exhortar a los pueblos en guerra a que depongan las armas y a buscar el diálogo y la reconciliación. Sobre todo, el día de la Resurrección de Cristo, cuando en todas las iglesias se cantaba el Aleluya pascual, el tono del Papa se hizo particularmente solemne: "¡Cristo verdaderamente ha resucitado, y trae a todos la paz! Ésta es la buena noticia de la Pascua… Su paz es fruto de la victoria, que Él ha conquistado a un alto precio, venciendo al pecado y a la muerte". Profundamente afectado por el sufrimiento de lo que ocurre en la tierra en la que nació Jesús y en la que él mismo realizó el año pasado una peregrinación que favoreciera el diálogo interreligioso, el Papa continuó: "Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo" (Jn 14, 27)… La paz ‘a la manera del mundo’ - la experiencia de todos los tiempos lo demuestra - es a menudo un equilibrio precario de fuerzas, que tarde o temprano vuelven a contraponerse. La paz, don de Cristo resucitado, es profunda y completa, y puede reconciliar al hombre con Dios, consigo mismo y con la creación".

El Santo Padre exhortó luego a todos los creyentes del mundo a "unir sus esfuerzos para construir una humanidad más justa y fraterna", mientras que recomendó a los cristianos de todos los continentes "que, con temor y esperanza, den testimonio de que Jesús ha resucitado y que trabajen para que su paz detenga la espiral trágica de vejaciones y muertes que ensangrentan Tierra Santa". Pero sobre todo su llamada se dirigió al Padre de toda Misericordia el domingo in albis, que se celebra como "Domingo de la Divina Misericordia", en el que el Papa invitó a todos los cristianos a que elevasen a Dios una invocación coral de perdón "que implore de Dios una intervención especial sobre todos los que tienen la responsabilidad y el poder de realizar los pasos necesarios".

Sin embargo el mundo parece sordo. Dios, a través del Vicario de Cristo, habla a sus hijos de conversión y de reconciliación. Los amonesta y los pone en guardia contra las insidias de la serpiente antigua que alimenta la cultura de la muerte a través de una espiral de odio que parece no tener final, sino que crece día tras día.
Se habla mucho, se comenta mucho pero quizás se ora demasiado poco, se invoca insuficientemente la omnipotencia del Dios de la paz, se medita poco en que sólo Él puede desatar los nudos de la madeja enredada que envuelve a la humanidad. Y, paradójicamente, se continúa matando en su nombre.

"¡Abrid el corazón a Cristo crucificado y resucitado, que viene ofreciendo la paz! ¡Allá donde entra Cristo resucitado, entra con Él la paz verdadera!" suplica el Pontífice. "Que entre en primer lugar en cada corazón humano, abismo profundo difícil de sanar".
Tampoco nuestra reflexión quiere aparecer desesperanzada - aún observando la gravedad de la situación que ha envuelto al mundo - sino que quiere ser más bien una invitación a crear una cadena de oración, de sacrificios y de amor para interceder ante Dios a favor de tantos corazones cerrados a sus llamadas paternas. Una invitación a una oración viva e incesante para obtener la conversión y la paz; a una oración que sepa atraer la mirada de Dios sobre la multitud de víctimas inocentes que con su sangre señalan el pecado de otros.
María en Medjugorje lo recomienda desde hace ya 21 años, pero especialmente en esta situación nos damos cuenta de lo débil, lenta e incierta que es aún nuestra respuesta.

Dejemos entonces de mirar a los poderosos de la tierra, a los políticos como si fueran ellos los que pueden resolver los conflictos y las guerras. La victoria contra el mal se determina en el plano espiritual y allí todos estamos llamados a combatir con las armas que la Virgen misma nos ha confiado en estos años de apariciones: el rosario, el ayuno, la penitencia, el ofrecimiento de la vida… "¡Nadie puede quedarse en silencio e inerte; ningún responsable político o religioso!" afirma el Santo Padre. Y mucho menos nosotros, que hemos recibido la gracia de haber sido visitados personalmente, llamados e instruidos por la Reina de la Paz, la Madre de Cristo resucitado.

Stefania Consoli

 

 

Invitación a la santidad

 

El hombre es irracional, egocéntrico:

no importa, ¡ámalo!

Si haces el bien te atribuirán fines egoístas:

no importa, ¡haz el bien!

Si cumples con tus objetivos, encontrarás falsos amigos y auténticos enemigos:

no importa, ¡cúmplelos!

El bien que hagas mañana se habrá olvidado:

no importa, ¡haz el bien!

La honestidad y la sinceridad te hacen vulnerable de algún modo:

no importa, ¡sé siempre y en toda ocasión franco y honesto!

Lo que has construido durante años puede ser destruido en un instante:

no importa, ¡constrúyelo!

Si ayudas a la gente, se enojarán:

no importa, ¡ayúdala!

Da al mundo lo mejor de ti mismo y te despreciarán:

no importa, ¡continúa!

Madre Teresa de Calcuta

 

 

Tened confianza en la Inmaculada…

El Espíritu Santo, con la gracia, "forma las almas en la Inmaculada y a través de la Inmaculada, a semejanza del primogénito, el Hombre Dios". A lo largo de toda su vida, el padre Massimiliano Kolbe intentará poner en práctica esta profunda intuición. Algunos de sus compañeros, muy ancianos pero con una memoria todavía lúcida de los recuerdos junto al "loco de Nuestra Señora", explican: "El Padre Kolbe está espiritualmente con nosotros. Nos parece oírle repetir: Tened confianza en la Inmaculada, dejaos guiar por ella. "A menudo oraba - continúa la explicación - breves oraciones ante la Eucaristía, por las intenciones de los lectores y de los benefactores de las ediciones que publicábamos. Impresionaba la intensidad de su recogimiento. Nos dimos cuenta de su grandeza gradualmente: era un místico de la Inmaculada. Sacaba su fuerza de Ella, y su frágil salud (sólo tenía un pulmón) no disminuía en absoluto su capacidad de trabajo. Recitaba el rosario con nosotros, pero no como nosotros. Sentíamos que él tenía con la Inmaculada una relación privilegiada que se traslucía en el trabajo diario". Un día, siete hermanos sentados en el patio hablaban de la Virgen, preguntándose por el lugar que ella ocupaba en sus vidas. "El Padre Kolbe vino y se sentó en medio de nosotros y nos dijo: queridos hijitos, la Inmaculada está dentro de nosotros, el Cielo está dentro nuestro!".

 

El amor de la India hacia María

En la populosísima tierra indiana la variedad de culturas y de etnias se manifiesta también en el interior de la Iglesia católica, presente en el país con 153 obispos, 23 mil sacerdotes diocesanos, 80 mil hermanos y hermanas religiosos y muchos fieles laicos. Ivan Dias, cardenal y arzobispo de Bombay, tras haber participado en el Consistorio del año pasado en Roma, cuenta cómo en su tierra el culto a la Madre de Dios está particularmente vivo entre la gente, así como en su historia personal: "Fue la Virgen la que me atrajo y consolidó mi vocación al sacerdocio", explica el prelado en una entrevista. "Es una devoción que adquirí en familia: fueron mis padres los que me hicieron conocer a María como madre y maestra. Ella estaba en el centro de nuestra familia y se la veneraba con el rezo en común del santo Rosario todas las tardes". La Iglesia de Bombay, donde vive el arzobispo, es muy dinámica y está centrada en los sacramentos y, por lo dicho, en la Virgen. "María es el mundo más bello que Dios haya creado jamás - continúa mons. Dias. Decía s. Luis Mª de Montfort: Dios reunió todas las aguas y las llamó mar, reunió todas las gracias y las llamó María. Y añadía: María es la brújula que apunta siempre hacia Jesús…es el imán que atrae al Espíritu Santo. El amor a la Virgen es de toda la India. Por otro lado, esta devoción forma parte de la terna que profesamos y que distingue nuestra fe católica, esto es: Jesús, María y el Papa. El pueblo católico tiene verdaderamente una fe viva y contagiosa y Dios está atrayendo muchas personas a la fe cristiana gracias al ejemplo de muchos testimonios y a la intercesión directa de su Madre!" red.

 

 

El Rosario acuna el alma

El conocido teólogo Card. J.RATZINGER, prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe - en una entrevista publicada en un famoso libro, explica su relación personal con la oración del rosario subrayando cómo esta expresión de la "piedad popular" es fundamental para el alma, que obtiene de ella paz y serenidad. El origen histórico del rosario se remonta al Medievo. Era un tiempo en que los Salmos representaban el punto de referencia principal para quien oraba. Pero los Salmos bíblicos representaban un obstáculo insuperable para todos aquellos que en aquella época no sabían leer, que eran los más numerosos. Se buscó así un Salterio adecuado a sus exigencias y se encontró en la oración mariana a la que se añadían los misterios de la vida de Jesucristo, alineados uno tras otro, como las cuentas de un collar.

Estas oraciones tocan la cuerda de la meditación; el ritmo repetitivo acuna el alma y le transmite serenidad, mientras que concentrarse en la palabra y especialmente en la figura de María y en las imágenes de Cristo, que se van desgranando ante nuestros ojos, calman el alma, la liberan de preocupaciones y le permiten elevar la mirada hacia Dios. En efecto el rosario nos devuelve aquella sabiduría originaria que sabe bien cómo la repetición es un elemento importante de la oración y de la meditación, así como un modo para mecerse en un ritmo siempre igual que nos transmite serenidad. No es tan importante seguir con una concentración racional cada palabra concreta, sino al contrario dejarse mecer por la calma que aporta la repetición, la uniformidad del ritmo. Puesto que esta palabra no está vacía de contenido, propone a nuestros ojos y a nuestra alma grandes imágenes y visiones, ante todo, la figura de María - y a través de ella también la figura de Cristo. Los que rezaban el rosario habían trabajado durante todo el día. No estaban en condiciones, orando, de realizar grandes discursos intelectuales. Más bien necesitaban una oración que les devolviera la serenidad, que los distrajera, que los liberase de las preocupaciones y les ofreciese consuelo y renovación.

La experiencia de la repetición, del ritmo, de la palabra colectiva y de la coralidad personalmente me arrastra y me acuna, me transmite serenidad, me consuela y me libera. Esta experiencia arcaica fue asumida plenamente por el cristianismo e inspira la oración y la interiorización de la oración en el contexto mariano y en la presentación de la figura de Cristo a los hombres - abandonando el intelectualismo en favor de una revalorización del efecto de serenidad que produce el acunar el alma en las palabras de la oración.

Red.

* Se amplía la lista de Países que se consagran a la Virgen María. El 1 de abril, un grupo de peregrinos vietnamitas, junto a 3 sacerdotes, consagraron Vietnam a la Reina de la Paz en Medjujorje. En una procesión, cada uno de ellos llevó una rosa que ofrecieron a la Virgen y, alternando la oración con cantos, le confiaron a Ella su tierra y su pueblo.

 

 

 

 

Santos y diablos

de don Gabriele Amorth

Me preguntan a menudo, en entrevistas en la televisión o en los periódicos, cuáles son los dones particulares que debe tener un exorcista, qué medios utiliza para liberar a los endemoniados. Y quizás decepcioné a los entrevistadores cuando les respondí que el exorcista no tiene ninguna cualidad especial, ningún medio extraordinario; toda su fuerza está en el nombre de Jesús. ¡Es tan bella la declaración que hace Pedro ante el Sanedrín, cuando es arrestado porque - ¡nótese qué delito! - había curado a un tullido. ¿Qué fuerza usó? ¿Cuál era su poder misterioso? Pedro proclama a voz en grito: "Es en nombre de Jesucristo que éste está ante vosotros perfectamente sano. No hay otro nombre dado a los hombres por el que puedan salvarse" (Hechos 4, 10-12).

"En mi nombre cazaréis demonios"

Todos los exorcistas nos damos cuenta de la fuerza que tiene invocar aquellos aspectos de la pasión de Cristo, sobre cuyo valor salvífico insiste la Biblia. Por ello vemos la eficacia de invocar la fuerza de la sangre de Jesús, de sus llagas, de su cruz, de su muerte y su resurrección, de su costado abierto. Invocamos en primer lugar al Espíritu Santo, porque nada ocurre si no es por obra del Espíritu, e invocamos a la Virgen Santísima, a ella que aplasta la cabeza de Satanás y que es intercesora de todas las gracias. Si queda todavía algún teólogo que no cree en la mediación universal de María, es decir, que ella es la mediadora de todas las gracias, que haga exorcismos, y tocará con la mano esta verdad. Tenemos la ayuda de los ángeles y de los arcángeles, especialmente de San Miguel, príncipe de las legiones celestes. Y tenemos la ayuda de los santos, a menudo por sorpresa. Muchas veces he vivido casos de posesiones diabólicas resueltas gracias también a la intercesión de un santo que nunca había sido invocado, hacia el que ninguno de los presentes tenía una devoción particular, pero que en un momento determinado, en medio de un exorcismo, hacía sentir su presencia; y desde ese momento se le invocaba para que resolviese el caso. Pero hay otro aspecto, respecto de los santos, que me urge revelar. Me gustaría que sirviese de estímulo a los estudios históricos que aún no se han realizado.

Me gustaría que se escribiese una historia: santos y diablos, es decir, la lucha continua que hay entre ellos y que hace referencia a dos aspectos, ambos muy interesantes: por una parte los tormentos que los demonios infligieron a los santos, las persecuciones, a menudo las torturas sangrientas. Y por otra parte las victorias de los santos; y entre estas victorias es lógico que, como exorcista, haya quedado sorprendido por la frecuencia y la facilidad con que los santos han liberado personas endemoniadas. Son episodios muy frecuentes, probados históricamente, que leemos en la vida de los santos de todos los tiempos. Incluso durante los tres siglos en los que la Iglesia católica casi retiró los exorcismos, por lo que hoy nos encontramos con carencia de exorcistas y de su preparación, los santos que han liberado personas endemoniadas siempre han existido. Si miro atrás, me gusta recordar a San Benito que no era exorcista, quizás ni siquiera sacerdote, sin embargo su eficacia contra el demonio era tan fuerte que Honorio III lo proclamó patrón de los exorcistas; aún hoy tiene una gran difusión su medalla de protección contra el Maligno. Si miro a los tiempos actuales, me gusta recordar a San Juan Bosco, ya sea por los tremendos ataques que tuvo que sufrir por parte del demonio, ya sea por su eficacia para liberar a las personas, con su sola presencia. Recurriendo a mis experiencias personales, no puedo menos que detenerme un poco en el Padre Pío.

El Padre Pío, un gran luchador

El Padre Pío me ayuda continuamente, en el duro ministerio de exorcista, fiel a una vieja promesa, hace más de cuarenta años.
Quien conoce la vida del padre sabe cuánto tuvo que luchar él contra el demonio; y sabe cuántos sufrimientos y venganzas diabólicas tuvo que padecer, a causa de su ministerio dirigido a arrebatarle las almas para dárselas al Señor. Fue una lucha incesante, en la que se pueden determinar algunas etapas fundamentales. El Padre Pío confiaba, en un escrito precioso, enviado a su director espiritual el p. Agostino de S.Marco en Lamis, que "las apariciones diabólicas comenzaron hacia los cinco años, y durante casi veinte años tuvieron siempre formas obscenas, humanas, pero sobre todo, bestiales".
La primera gran lucha la explica en una visión que tuvo el Padre Pío a los cinco años. La fecha es incierta, pero fue en esa época. Él entonces se sintió enviado a luchar contra un hombre horrible y "de altura desmesurada, con la frente tocando las nubes." El personaje resplandeciente que estaba a su lado (San Miguel, quizás) lo exhortó a luchar con aquel gigante monstruoso, asegurándole su asistencia. El embate fue terrible, pero el pequeño Francisco (como se llamaba el Padre Pío) venció, gracias a la ayuda de aquel personaje misterioso que le había dado valor; un personaje misterioso y luminoso: "Éste contra el que has luchado vendrá siempre al asalto. Lucha con valor; yo siempre te ayudaré para que siempre consigas postrarlo."

 

Mis hijos espirituales serán los tuyos

Cuando tuve el primer encuentro con el Padre Pío, en 1942, no pensaba que no volvería a verle durante veintiséis años. Era estudiante de liceo, me licencié en jurisprudencia y luego entré en la Pía Sociedad de San Pablo. Una vez ordenado sacerdote, no me bastaba con ser hijo espiritual del Padre Pío. Comencé también yo a tener mis hijos espirituales, me hubiera gustado llevárselos todos a él y entretanto se los encomendaba. 
Fue así que obtuve una promesa. Un día le dije: "Querido padre, quiero pedirle un gran favor". Él me animó a hablar, inclinándose completamente hacia mí y mostrándome una gran sonrisa. Y entonces se lo dije todo. "Me gustaría que todos mis hijos espirituales, presentes y futuros, se conviertan automáticamente también en sus hijos espirituales; si usted se encarga de ellos, estoy tranquilo". Sonrió todavía más con los ojos cerrados para una breve reflexión. Luego me dijo: "Sí, hijito, está bien". Y le respondí: "Pero entonces todos estos ya no le llamarán Padre Pío, sino Abuelo Pío". Se rió a gusto de esta salida; era verdaderamente divertido. Por mi parte sigo contando con su ayuda y a sentirlo cerca, en los diversos encargos que he realizado. Pero ahora, desde que soy exorcista, no tengo la más mínima duda de que todos los que recurren a mis oraciones son acogidos bajo la protección del Padre Pío, sin saberlo.
En algunas ocasiones la presencia del Padre ha sido sensible. A veces mis pacientes han soñado con él, lo han visto a su lado, sosteniéndolos en sus sufrimientos. En varias ocasiones, durante el exorcismo, ha sido el demonio el que ha gritado aterrorizado: "¡Que se vaya ese fraile! ¡A ese fraile no lo quiero!". Y luego, apremiado por mis preguntas, se veía obligado a decir que allí estaba presente el Padre Pío.

(extraído de: Exorcistas y psiquiatras)

 

Sólo un fraile que ora…

"Se busca a Dios en los libros, se lo encuentra en la oración" - dijo un día el PADRE PÍO a sus hijos espirituales - si hoy ya no se cree se debe a la falta de oración. Dios no está en los libros, sino en la oración: cuanto más se ora, más aumenta la fe y se encuentra a Dios. Vosotros hijitos, no dejéis nunca la oración: orad a menudo a lo largo del día. Haced también algo de meditación. Encontraréis y veréis a Dios." A menudo solía decir: "La oración es el pan y la vida del alma, la respiración del corazón, un encuentro recogido y prolongado con Dios". La Biblia está llena de coloquios con el Creador, Jesús oró y exhortó a la oración; a los cristianos de los primeros tiempos se les llamaba hombres de oración. Es muy importante este énfasis que hace el Padre Pío de la oración: un encuentro recogido y prolongado. Recogido: no puedo orar si no me preparo para la oración y si me quedo anclado en mis problemas, ansiedades y preocupaciones. Prolongado: no puedo orar en un instante; hace falta tiempo para entrar en la oración, sin embargo pasa que cuando empezamos a orar lo dejamos allí, nos tenemos que ir y con nosotros se va también la oración.

 

Orar y amar

No nos engañemos: así como no hay amor sin sufrimiento, no hay oración sin sufrimiento, porque orar es amar. Ora quien ama a Dios y no quien dice palabras a Dios. Para quien ama todo se convierte en oración. ¿Por qué? Porque en todo momento el pensamiento va hacia el Amado, hacia Aquel que busca y desea: todas las ocasiones son buenas para manifestar este amor con una alabanza, con un canto, con una acción…

 

La oración ha sido el alimento cotidiano del Padre Pío

Algunos años antes de morir dijo: "No quiero ser más que esto, un fraile que ora." ¿Dónde recordamos al Padre Pío? ¿Cómo lo ha visto el mundo? En el altar, en el coro, de rodillas, en el confesionario, siempre con el rosario en la mano. Pero preguntémonos, ¿qué era la oración para el Padre Pío? Escribía el 1 de noviembre de 1913 al Padre Benedetto, su director espiritual: "En la oración, me parece que el alma se pierde toda en Dios…Otras veces siento que me derrito por Dios…Siento que el alma tiene un ardentísimo deseo de dejar la vida…Me parece que el tiempo pasa muy de prisa y nunca tener suficiente para orar…" Es pues, perderse en Dios para luego reencontrarse en Dios, y fundirse de amor por Dios, con un deseo ardiente de estar en comunión con Él. Es dejar este tiempo para participar de una realidad que trasciende el tiempo.

 

La oración es indispensable en la vida de cada día

Es lo que la Madre de Jesús nos repite desde hace siglos. El Padre Pío escuchó y puso en práctica las invitaciones de la Virgen y se ha convertido para todos nosotros en maestro de oración: de nuevo no porque haya frecuentado cursos de especialización, sino porque se puso a orar con mucha humildad. Solía decir: "Cuando te atrapa la desconfianza, la duda, la angustia, el dolor, entonces más que nunca hay que recurrir al Señor en la oración y encontrar en ella apoyo y valor". Y luego: "La oración es la mejor arma que tenemos: es una llave que abre el corazón de Dios."

 

Cuando veías al Padre Pío te venía el deseo de orar

Deseabas abrir con plena confianza tu alma a Dios: es lo que pasa cerca de su tumba. ¡Cuánta gente ha comenzado a orar después de haber visto orar al Padre Pío! Por otra parte, es lo que les ocurrió a los apóstoles; cuando vieron orar a Jesús nació en ellos el deseo de orar: "¡Señor, enséñanos a orar!" Para responder a la invitación de Jesús, de la Virgen, del Papa Pío XII, el Padre Pío funda los grupos de oración. Dijo: "Si sois mis hijos, uníos a mí: respondamos al mandato de Jesús, a la invitación y al deseo del Papa, oremos juntos:…en los grupos, cuando mis hijos se reúnan juntos en la oración, Jesús estará en medio de ellos, estará también la madre de Jesús; también yo estaré presente en espíritu y unido en oración."

 

El Padre Pío aconsejaba ante todo la oración individual

Una oración que luego debe desembocar y alimentarse en la oración comunitaria, no hay una sin la otra, deben existir las dos. Una oración que no es abstracción del mundo, sino que sirve para llevar el mundo a Dios. Le preguntaron: "Padre, al formar los grupos de oración, ¿cuál era su intención?" Respondió: "Llevar almas al Señor…inducir a la oración, a orar juntos, a orar con Jesús. Siempre he recomendado y deseo de los grupos la vida cristiana en la familia y en la sociedad, la caridad fraterna, las buenas obras y , especialmente la sumisión a la Santa Iglesia de acuerdo a nuestro espíritu franciscano".

 

La oración por tanto no es un fin en sí mismo

Si orar es encontrar a Dios no podemos salir de los encuentros de oración tal como hemos entrado: la oración debe transformarnos, debe convertirnos en testigos del evangelio en la familia y en el mundo, fuente de gozo y de bien, de caridad y de paz. El Padre Pío solía decir: "Si sois mis hijos, por la tarde rezad todos juntos en vuestras familias. Rezad el Santo Rosario a la Virgen." Conocer al Padre Pío es conocer el amor que Dios tiene hacia el hombre y que el hombre puede tener hacia Dios; es aprender a ser cristianos y no a aparentarlo; es comprender que la oración debe llevar a la caridad, y que sin oración no hay caridad, porque es Jesús mismo quien lo dice: "Sin mí no podéis hacer nada". Por lo tanto, sólo cuando estamos en comunión con Él nuestra acción será eficaz. Sin Él puedo fundar una organización perfecta, rodear a los otros de gentilezas, de derechos y de deberes, pero nunca los amaré porque Dios es el único maestro de la Acción; porque Él es el amor y nos enseña a amar haciéndonos conocer el Amor que tiene hacia cada uno de nosotros.

 

La oración irradia el amor

Un día una hija espiritual del fraile de Pietralcina, en la vigilia del sueño tuvo una visión: le pareció ver en medio del cielo a un sacerdote, vestido con riquísimos ornamentos sagrados. Reconoció en el sacerdote el rostro del Padre Pío que resplandecía como el sol, de donde salían en todas las direcciones innumerables rayos formados por miríadas de rosas blancas y rojas. Le preguntó al Padre Pío el significado de la visión, y él le respondió: "los rayos de rosas son los grupos de oración que se difunden en todo el mundo. Las rosas blancas representan a las almas que se esfuerzan por vivir en la gracia, en el amor de Dios y en la caridad fraterna. Las rosas rojas representan las almas que llevan con alegría la cruz del sufrimiento y unidas a Jesús y a mí colaboran en la conversión de los pecadores y en la salvación de los hermanos." Esto es lo que el Padre Pío quiere de cada uno de nosotros, debemos convertirnos en rosas blancas o rojas, pero rosas. El Padre Pío está con nosotros y no nos dejará solos, pero él no puede responder por nosotros, él ha hecho su parte, a nosotros nos toca ahora hacer la nuestra.

Extraído libremente de: El corazón del Padre Pío

del p. G.Giacomelli

 

* La canonización del Padre Pío, el próximo 16 de junio reunirá a centenares de miles de fieles. Unámonos espiritualmente a este acontecimiento para recibir aquella gran porción de gracia que Dios concederá al mundo a través de la intercesión de su amado hijo de Pietrelcina.

 

El venerable Charles hermano universal

Hace un año (el 24 de abril de 2001), en presencia del Santo Padre, se promulgaron los decretos respecto de las virtudes heroicas del siervo de Dios Charles de Foucauld con las que se ha hecho "Venerable". Sacerdote de la diócesis de Vivieres, nacido el 15 de septiembre de 1858 en Estrasburgo (Francia), fue asesinado el 1 de diciembre de 1916 en Tamanrasset (Algeria), por una banda de salteadores que entraron en su eremitorio. En el acto de homenaje el Card. Martins (prefecto de la Congregación para la causa de los santos) escribió sobre la persona de Charles: "Figura singular de contemplativo y misionero fue el sacerdote Charles de Foucauld, el "Pequeño Hermano de Jesús" que llevó entre los tuaregs del Sahara la humildad, la pobreza y la caridad de Cristo, ofreciéndose como Hermano Universal de los cristianos, de los hebreos y de los musulmanes".

Un joven rebelde

Por su naturaleza el "pequeño hermano" era un hombre profundamente independiente, ambicioso, testarudo, mantenía sus posiciones intentando siempre llevar adelante él solo sus decisiones. Su juventud se caracterizaba por una fuerte impaciencia, por la rebelión contra los límites humanos, por una oposición incesante al tiempo. Una vida disipada y desenfrenada, por su conducta no regulada fue alejado del ejército donde había emprendido la carrera militar como voluntario. Y sin embargo Dios llamará precisamente a este hombre que rechazaba cualquier ley y cualquier disciplina. El Señor lo llamará para encontrarse con Él, para que camine con Él, ya no solo sino en su compañía y en amistad con todos los hombres.

"¡Dios, si existes, haz que te yo te conozca!"

En octubre de 1886, siguiendo una inspiración divina, Charles cumplió un primer paso decisivo en su propia vida pidiendo el sacramento de la confesión y un "guía espiritual", don Huvelin, aceptando de esta manera ya no buscar más la Verdad él solo. Pronuncia entonces un SÍ pleno, un SÍ incondicionado a Dios quien había buscado y esperado, al acecho de su amor, a este joven de veinte años que 15 años después de su conversión dirá: "En cuanto creí que Dios existe, comprendí que no podría vivir más que para Él". Tras este SÍ pronunciado en obediencia total, Charles de Foucauld buscará cada día una mayor obediencia a Jesús. Ser obedientes significa ir al encuentro de alguien y Charles tiene una voluntad constante de ir al encuentro de Jesús, de seguirlo de cerca, de encontrarlo cada vez con más profundidad y de darlo a la gente.

Un deseo de radicalidad

Tras varias experiencias primero como monje trapense y luego en Tierra Santa (estaba fascinado y atraído por la vida escondida de la sagrada familia de Nazaret), Dios lo condujo entre las "ovejas" más pobres y perdidas en el desierto del Sahara, donde el joven francés vivió un verdadero renacimiento, acompañado por el deseo de llevar una existencia pobre y sencilla, como la del mismo Jesús. Su vida espiritual está en continuo ascenso: de una condición de independencia completa el joven Charles se hace completamente dependiente de su amado Señor, y esto se evidencia en su relación con los más miserables y abandonados: "Pienso que en el evangelio no hay otras palabras que hayan dejado en mí una impresión tan profunda como para transfigurar mi vida como éstas: "Todo lo que hagáis a uno de estos más pequeños, a mí me lo hacéis". Es lo que emerge claramente también de su enamoramiento ante Jesús presente en el pan eucarístico: "Tengo aquí conmigo a Jesús Eucaristía, el mejor de los amigos, con quien puedo hablar día y noche".

No tuvo seguidores en vida

El humilde hermano vivió solitario, pero fue precisamente aquí, en el desierto del Sahara y del islam, que él realizó su propia vocación. Charles no consiguió que nadie se convirtiera y, humanamente hablando, podríamos decir que la suya es una espiritualidad estéril: cada intento suyo de fundar algún tipo de "orden" fracasó. Pero su llamada es muy específica y no le fue concedido hacer ningún tipo de apostolado. Pero Dios, que no lo habría llamado en vano, lo había tomado directamente bajo su protección como signo de contradicción. Nuestro "Hermano universal" - como se le suele llamar - era y es hoy todavía, signo de contradicción, el grano que tenía que morir mártir y ser sepultado en un terreno donde algunos años más tarde germinarían los frutos de su sacrificio: los Pequeños hermanos y hermanas de Jesús, junto a muchos otros que reconocen en sí mismos la llamada a ser "hermanos y hermanas universales".

Kresimir Busic

 

Ser otra María

Es el programa de vida que Charles de Foucauld se había propuesto, recordando en este deseo suyo al así llamado "loco de la Inmaculada", san Maximiliano Kolbe. "Yo me propongo custodiar en mí la voluntad de entregar a María todas mis acciones, toda mi vida espiritual, para que ella se lo ofrezca y dé todo a Jesús" escribía el futuro beato, expresando así su voluntad de "ser otra María viva y operante, de transformar en ella y a través de ella los pensamientos, los deseos, las palabras, las acciones, las oraciones, los sufrimientos…"
Nació el día en que se celebra la Virgen de los Dolores y esta fecha mariana marcó su vida de alguna manera y dio un estilo a la doctrina que él deseaba vivir: "Si Jesús vino a nosotros a través de ella; haciéndose uno con ella y naciendo de ella, ¿cómo vamos a encontrar nosotros un camino mejor para llegar a Él que el que él mismo escogió para venir a nosotros?" Red.

 

Padre mío, me abandono en ti.

Haz de mí lo que quieras.

Sea lo que sea te doy las gracias.

Estoy dispuesto a todo, lo acepto todo

con tal de que tu voluntad se cumpla en mí

y en todas tus criaturas.

No deseo nada más, Dios mío.

Pongo mi alma en tus manos,

te la doy, Dios mío, con todo el amor

de mi corazón. Porque te amo.

Y es par mí una exigencia de amor entregarme,

ponerme en tus manos sin medidas

con una confianza infinita,

porque tú eres mi Padre.

p. Charles de Foucauld

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    Mártires de nuestro tiempo

    Ha pagado con la vida su "decidida oposición a cualquier forma de violencia y su entrega al desarrollo social". Así comentó el papa el asesinato del arzobispo de Cali (Colombia) Isaías Duarte, que tuvo lugar el 16 de marzo cuando salía de su parroquia. Vivía en la zona más violenta de Colombia y había declarado la guerra a la violencia, empeñándose en primera persona en la pacificación y en el apoyo humanitario a los miles de refugiados que padecen la prepotencia de las Farc (Fuerzas armadas revolucionarias colombianas). En particular se enfrentó con un grupo guerrillero de liberación nacional, especializado en los secuestros. Denunció también la alianza entre la política y el narcotráfico durante la campaña electoral del País… Su oración hizo ruido: "Que el Señor tenga piedad de esta desgraciada República". Mons. Duarte, con su valiente sacrificio, viene a engrosar esa lista de mártires de nuestro tiempo que no escriben la historia con palabras sino con la vida y con la muertes.*

     

    APUNTES DE VIAJE

    "Las peregrinaciones de la caridad"

    La peregrinación de la caridad del 13 de marzo fue muy intensa y llena de gracias especiales, con 23 furgonetas y camionetas y 75 voluntarios. Hemos llegado a muchas situaciones de extrema necesidad en varias partes de Bosnia: 10 centros de refugiados musulmanes y centros de refugiados croatas; orfanatos, hospitales, centros de rehabilitación y pensiones para ancianos en Gracanica, Sarajevo, Mostar, etc… Pueblos de distintas etnias que están intentando reconstruir y retomar la vida, donde, además de otros alimentos y materiales higiénico-sanitarios, llevamos semillas, árboles frutales, aperos y maquinaria agrícola. Las necesidades que encontramos son muchas y van en aumento, y sin embargo nuestra disponibilidad es limitada. El domingo 17 de marzo fuimos invitados a una ceremonia importante en la reconstruida, pero no acabada, iglesia parroquial de Doboj, una ciudad serbia donde volvieron, después de muchos años de exilio, de privaciones y de lutos, 400 familias croatas, aún en gran medida necesitadas de ayuda. El Arzobispo de Sarajevo, el Card. Vinko Puljic, bendijo y tocó la nueva campana y también nos agradeció calurosa y públicamente todo lo que estamos haciendo. En Mostar visité una familia pobrísima de diez hijos. Ninguno va a la escuela, un poco porque están marginados por ser "rom" y sobre todo porque no pueden comprar los libros, los cuadernos, etc… El padre no encuentra trabajo, y hace lo que puede recogiendo hierro viejo, pero no consigue dar a los hijos los alimentos y las medicinas que necesitarían. Busca trabajo también en Italia. ¿Puede alguien ayudarle?

    Alberto Bonifacio

     

    Para eventuales contactos y ayudas dirigirse a:

    Alberto Bonifacio

    Centro de Informaciones de Medjugorje - Via S. Alessandro, 26 - 23855 PESCATE (LC) Tel. 0341-368487 - Fax 0341 - 368587

    - cuenta corriente postal n. 17473224

    - cuenta corriente bancaria n.98230/Ybanca Pop. Di Lecco - Div. Deutsche Bank - Piazza Garibaldi, 12/23900 LECCO - ABI 3104 - CAB 22901

    (Las cuentas van a nombre de Alberto Bonifacio)

     

     

    "Volved al fervor primitivo"

    En el Cenáculo con la Reina de la Paz

    La Reina de la Paz nos llama incesantemente a una plenitud de comunión con aquel Esposo divino que la cubrió misteriosamente con su sombra en el momento de la Anunciación (Lc 1, 35). María, de hecho, desea introducir y asociar a sus hijos a aquel misterio de regeneración en el mundo del Hijo que - como afirma el Magisterio de la Iglesia - "Dios ha puesto como primógenito entre muchos hermanos (Rm 8, 29), es decir, entre los fieles, en la regeneración y formación de los cuales ella coopera con amor maternal" (Lumen Gentium, n.63), puesto que "esta maternidad de María en la economía de la gracia perdura sin interrupción…" (ibídem, n.62). Esta eminente misión materna de María, que brota de la inescrutable misericordia del Padre, se cumple hoy de un modo extraordinario a través de la especial presencia en el mundo de la Madre de la Iglesia, que desea hacer nacer de nuevo, por obra del Espíritu Santo, a los miembros del Cuerpo Místico de Jesús. Por eso hoy la Virgen llama a un ejército de hijos para que cooperen con Ella en esta regeneración del Hijo en las almas de multitudes de hermanos, pidiéndoles que ofrezcan, con sencillez, libertad y amor, la vida a Dios por la salvación del mundo.

    María nos pide que le demos desde lo profundo del corazón aquel "sí" incondicional a los proyectos de amor del Padre, capaz de sumergirnos en la misma dinámica de ofrecimiento total que Ella vivió ardientemente desde su Concepción Inmaculada y, en su máxima expresión, en el momento de la Anunciación y a los pies de la Cruz. Para llevar a cabo un plan de gracia tan extraordinario, María nos pide que abramos el corazón al don del Espíritu Santo, recorriendo, bajo su sabia guía maternal, un camino espiritual de abandono incondicional a Jesús, para que sea cada vez más Él quien viva y manifieste las obras del Padre en nosotros, haciéndonos realmente "luz del mundo y sal de la tierra": "Dirigid vuestros corazones a la oración y pedid que el Espíritu Santo venga sobre vosotros" (Mens. 09.05.85); "En estos días os invito especialmente a abrir vuestro corazón al Espíritu Santo…abrid el corazón y entregad vuestra vida a Jesús para que Él obre a través de vuestros corazones…" (Mens. 23.05.85)

    De hecho sólo en la participación plena de la vida en el Espíritu Santo podremos convertirnos en testimonios eficaces en el mundo de la alegría y de la luz pascual del Resucitado: "Orad hijitos para que el Espíritu Santo more plenamente en vosotros, para que podáis dar testimonio de alegría a todos aquellos que se han alejado de la fe" (Mens.25.05.2000). Y podremos proclamar también con la vida la victoria del amor puro de Dios sobre cualquier poder de las tinieblas, que hoy más que nunca amenaza con oscurecer la esperanza y la comunión de amor entre los hermanos: "Orad hijitos, especialmente por los dones del Espíritu Santo para que en el Espíritu de amor estéis cada día y en cada situación más cerca del hermano y en la esperanza y en el amor superéis cualquier dificultad" (Mens.25.05.2000). La Virgen nos ayuda a descubrir y a vencer los múltiples obstáculos espirituales y las idolatrías escondidas que anidan en los repliegues de nuestros corazones enfermos, que se resisten obstinadamente a la acción vivificante del Espíritu Santo poniendo en peligro de esterilizar irreparablemente los frutos de la gracia en las almas: "Queridos hijos, estáis demasiado atrapados por las cosas materiales y por su causa os perdéis todo lo que Dios desea daros. Os invito a pedir los dones del Espíritu Santo, que ahora necesitáis para dar testimonio de mi presencia y todo lo que os estoy dando aquí. Queridos hijos, abandonaos totalmente a mí, para que yo pueda guiaros plenamente. No os preocupéis de las cosas materiales" (Mens 17.04.85).

    Sin embargo, la Santísima Virgen es muy consciente de que el obstáculo más difícil de vencer para hacernos realmente "instrumentos en sus manos para la salvación del mundo" (Mens.25.03.94) es nuestro "yo" orgulloso, radicalmente incapaz de acoger y transmitir amor auténtico a los hermanos. Un "yo" trágicamente paralizado por los múltiples apegos a los ídolos insaciables de nuestro tiempo, que entorpecen el alma robándole el espacio a Dios. Por esto María nos invita a entrar con Ella en el Cenáculo para dar este decisivo paso espiritual que realice un camino de purificación del corazón, viviendo con Ella la novena de la Iglesia naciente. Como de hecho afirma el Pontífice actual, "espiritualmente el acontecimiento de Pentecostés no pertenece sólo al pasado. La Iglesia está siempre en el Cenáculo que lleva en el corazón y persevera en la oración… junto a María, la Madre de Cristo" (Redemptoris Mater, n.65), puesto que "esta unión con la Madre… forma parte del misterio de la Iglesia desde el principio" (ibídem): "Queridos hijos, hoy os invito a decidiros con seriedad a vivir esta Novena (Pentecostés): consagrad el tiempo a la oración y al sacrificio. Yo estoy con vosotros y deseo ayudaros para que crezcáis en la renuncia y en la mortificación para poder captar la belleza de la vida de aquellas personas que se entregan a mí de un modo especial…" (Mens.25.05.90)

    Giuseppe Ferraro (Continúa)

     

     

    Los ojos de Otro

    "Señor tú me escrutas y me conoces…

    penetras mi pensamiento desde lejos;

    me rodeas por detrás y por delante,

    tienes puesta tu mano sobre mí" (Sal 139)

    Con estas palabras, el salmista nos introduce en aquel misterio de estar en presencia de Dios. Nos preguntamos qué significa estar en presencia de Dios y quizás nuestro pensamiento va enseguida a la adoración eucarística, al tabernáculo que visitamos cuando pasamos por delante de una Iglesia. Estos son algunos aspectos, pero estar delante de Dios no es algo limitado en el tiempo y en el espacio sino que es una condición permanente de nuestra vivencia cotidiana. Estar en presencia de Dios quiere decir dejar que sus ojos nos contemplen, nos escruten, nos conozcan. Esto parece obvio y sencillo, sin embargo es más dificil de lo que parece. Cuántas veces no tenemos la valentía de reconocer ante Él nuestras equivocaciones, cuántas veces nuestra limitación nos pesa hasta el punto de quererla sofocar, cuántas veces no sabemos abrirnos allá donde somos más débiles y donde precisamente necesitamos más ayuda. A menudo nuestro hombre viejo vuelve a repetir con Adán: "Tuve miedo y me escondí" (Gen 2, 10). Éste es el punto clave: mientras tengamos miedo de Dios y de su mirada significa que aún no hemos entrado en su presencia. No sirven entonces las largas oraciones o las vigilias prolongadas, si sus ojos no se encuentran con nuestros ojos, si nuestra alma no se abre a su Espíritu que penetra desde lejos nuestros pensamientos.

    ¿Pero quién es Aquél que nos mira y por qué este miedo de estar delante de Él? Dios es Otro distinto de nosotros, radicalmente Otro distinto de nuestro deseo, de nuestra lógica, de nuestros cálculos humanos y nosotros lo sabemos bien, nuestras almas lo intuyen y se retraen, temerosas de mostrarse en lo que son y en lo que no son. Precisamente porque es Otro distinto de nosotros, Dios no responde a nuestras pequeñas oraciones egoístas. Así nosotros experimentamos a menudo su ausencia. Sin embargo, cualquier encuentro con Él es una experiencia de su presencia y de su ausencia, por extraño que pueda parecernos.

    A veces Dios está presente y ausente simultáneamente. Esto nos sirve para comprender que Dios no está a nuestra disposición, siempre dispuesto a que le encontremos, pues podría convertirse en alguien "predecible". Dios nunca es predecible sino que es Aquel que sorprende siempre con la novedad perenne de su gracia. Si no fuese así, su presencia se convertiría en un hábito. Dios, en cambio, desea que le busquemos con un entusiasmo siempre nuevo, sin egoísmos sino con amor. Entonces no temeremos su mirada y estar en su presencia será el premio a nuestro esfuerzo de criatura que renace. "Es en la ausencia - dice San Agustín - que la búsqueda se intensifica y el deseo se purifica". El mismo Jesús dirá: "Os conviene que yo me vaya" (Jn 16,7)

    Si bien es cierto que Dios es Otro distinto de nosotros, es también cierto que también es nuestro Padre. Él no desea humillarnos sino elevarnos, desea comunicarnos su grandeza porque nos ha llamado a un destino glorioso. Para permitirnos esto se ha humillado a sí mismo hasta la muerte de cruz, por esto continúa llamándonos a su presencia para poder amarnos. Entonces estar delante de Dios implica dejar que nuestras almas toquen su Espíritu de verdad que nos muestra lo que somos para iluminarnos, para purificarnos, para ayudarnos a remover los obstáculos que nos impiden caminar recto hacia Él. Su mirada no es la mirada de un hombre, a menudo superficial y malévolo, sino que es la mirada del Creador que nos regenera continuamente en la medida en que nos dejamos envolver por Él. En la mirada de Dios está la vida, la paz, la alegría, como en la mirada de la madre que contempla a la criatura recién nacida. Estamos llamados a dejarnos mirar por Dios, pero también a hacer nuestra su mirada de amor, para que también nosotros con esa misma mirada podamos mirar a los demás y ayudarlos a comprenderse a sí mismos.

    Saber que Dios nos mira y que no retira nunca su mirada amorosa de nosotros, es la certeza que debe acompañarnos a lo largo de toda nuestra existencia. "¿Adónde iré lejos de tu espíritu, adónde podré huir de tu presencia? Si subo hasta el cielo, allí estás tú, si me acuesto en el Seol, allí estás…" continúa el salmista. Esta conciencia hace que brote en nosotros la certeza de ser amados y la certeza de poder amar, sin las cuales somos criaturas pobres e inseguras. Preguntémonos entonces si estamos dispuestos a estar en presencia de Dios, si queremos y podemos sostener su mirada que nos pide únicamente amor y disponibilidad a su obra, o si estamos aún como aquel joven rico de quien el Evangelio nos dice que Jesús "fijando en él su mirada, lo amó" (Mc 10,21) pero que no supo responder a aquella mirada. Stefania Caterina

     

     

    La familia es un proyecto divino

    El hombre es pecador, y pecando el hombre se alejó de Dios y se creó un orden distinto del que Dios había creado. La sociedad de hoy está constituyendo nuevos órdenes matrimoniales, nuevos órdenes sociales que encuentran crédito y apoyo. Aprobar significa legalizar y por lo tanto legalizar también nuevas formas y nuevas maneras de hacer llegar la vida a la tierra. Dios estableció un orden, estableció el camino del amor, hoy se establecen nuevos caminos… La vida necesita calor, ¡y estamos poniendo al embrión a 60º bajo cero! Esencialmente el pecado del hombre no es hacer el mal sino construir un camino distinto, un orden diferente, una creación distinta de la que Dios ha hecho -¡éste es el pecado! Construirse otro orden. La Iglesia en este tiempo está pidiendo a todos los cristianos que hagan un camino de retorno a los orígenes, a lo que Dios creó. Está pidiendo también que se sane el recuerdo, un tema que muchos afrontan de una manera muy sentida, porque es urgente una profunda reconciliación en el interior de la sociedad, que parta de las raíces mismas de los problemas. El Santo Padre está pidiendo a la Iglesia un camino de renovación y de purificación, porque la Iglesia quiere ser cada día más auténtica. La sociedad de hoy necesita puntos de referencia claros, luminosos, creíbles, pero también nosotros necesitamos caminos de paz.

    A menudo se me presentan casos con dificultades matrimoniales: una pareja en proceso de separación tras haber probado todos los caminos, incluidos los legales… Finalmente piden la bendición del sacerdote, para ver si al menos esto puede ayudarles a salir del problema. Pero cuando les pregunto si en su vida se han sentido amados por sus padres, la mayor parte de las veces descubro que en el origen de la incapacidad de saber quererse, de amarse, de realizar una comunión plena de amor entre los esposos, hay a menudo una historia enferma. Hasta la ciencia hoy nos ayuda y sostiene, demostrando que cuando un hombre no ha tenido relaciones sanas con el padre o con la madre, difícilmente establecerá una relación sana con su mujer cuando se case, y difícilmente estará en condiciones de educar a los propios hijos de forma equilibrada. Cuanto más se preocupa de evitar los errores pasados, más cae en ellos. ¿Por qué? Ésta es la ley de Dios, que ha dispuesto que cada ser humano tenga salud moral, espiritual, llegue a la madurez a través del amor que los padres dan a aquella persona.

    De hecho, el Señor ha dispuesto que sea el padre quien transmita a los hijos algunos valores. ¿Quién comunica la estabilidad, el carácter, la firmeza, la valentía de afrontar la vida, de superar las dificultades, de proyectarse en el porvenir? Y mientras digo estas cosas, imaginemos por un momento a la juventud de hoy, ¡la fuerza que tiene para mirar el futuro y por otro lado cómo se manifiesta en ella la debilidad! ¿De dónde viene esta cualidad? De la presencia paterna en la formación de los hijos. Porque Dios ha dado al padre, al hombre, estas características para dar al hijo la capacidad de afrontar con seguridad el porvenir. Si le quitamos al hijo la presencia paterna encontramos que los hijos, aunque sean buenos, son inestables, inseguros, tímidos. Lo mismo puede decirse de la mujer que ha recibido de Dios otras bendiciones para comunicar a los hijos, como por ejemplo el gusto por la vida… Cuando vemos un niño que sonríe sereno enseguida afirmamos que su madre lo ha amado.

    Lo que digo del plano familiar lo podemos trasladar también al nivel social. En el pasado, la sociedad estaba construida bajo las luchas entre el hombre y la mujer. El hombre tenía un poder dominante sobre la mujer que estaba excluida de la vida social. Hoy, gracias a Dios, se está volviendo a un equilibrio. Transfiero este discurso incluso a nuestra formación de sacerdotes, pues en el seminario se nos prohibía hasta saludar a las mujeres. Se decía: "¡La mujer, cuanto más lejos mejor, es… Es un peligro constante…!" ¿Por qué este conflicto? También se había institucionalizado. Digo esto para hacer comprender que más allá de nuestra conciencia hay contrastes, hay errores que han sido aprobados, pero que deben ser puestos en discusión. Nosotros reencontramos el orden de Dios no beatificando el orden que existía hace 50 años, sino volviendo a la creación y de hecho, a Jesucristo que, con su resurrección, dio inicio a una nueva creación. A los apóstoles, que le preguntaron: "Señor, nosotros lo hemos dejado todo por seguirte, ¿qué recibiremos a cambio?" el Señor respondió: "Vosotros que me habéis seguido en la nueva creación recibiréis el céntuplo en esta vida, y además la vida eterna." ¡Una nueva creación! Cristo murió y resucitó por nosotros e inició una nueva manera de ser. Devolvió al hombre a su estado primitivo, no desde un punto de vista cultural, sino desde el punto de vista de la creación, llevando a los orígenes la naturaleza del hombre.

    Entonces nos podemos preguntar: ¿cómo creó Dios a la pareja, cómo creó a la familia? Nos lo dice la Escritura: "Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza." Y entonces Dios crea al hombre a su imagen, y la Escritura lo precisa bien "varón y mujer los creó". La imagen completa de Dios no está únicamente en el hombre o en la mujer, sino en ambos, porque Dios ha distribuido sus atributos para que en la unidad se pueda encontrar la imagen perfecta. Por eso, la imagen de Dios la tenemos en el hombre y en la mujer, en la acogida recíproca, no en el conflicto. Cada uno tiene sus gustos, cada uno su sabiduría, cada uno tiene su modo de pensar, su modo de razonar. La mujer es directa mientras que el hombre no, y éste es uno de los motivos por los que el hombre y la mujer a menudo discuten - la mujer es directa y el hombre razona, complica las cosas. Pero es precisamente en la acogida mutua que encuentran la moderación y se complementan uno a otro.

    Don Fulvio di Fulvio

    (continúa)

     

    Noticias de la tierra bendita

     

    La aparición anual a Mirjana Dragicevic-Soldo tuvo lugar en presencia de más de mil peregrinos, reunidos para rezar el rosario cerca de la comunidad Cenáculo. La Virgen estuvo con la vidente durante 7 minutos y dio el siguiente mensaje:

    "Queridos hijos, como una Madre os lo ruego, abrid vuestro corazón, ofrecédmelo y no temáis nada. Yo estaré con vosotros y os enseñaré a poner a Jesús en el primer lugar. Os enseñaré a amarlo y a pertenecerle totalmente. Comprended, queridos hijos, que sin mi Hijo no hay salvación. Tenéis que reconocer que Él es vuestro principio y vuestro fin. Sólo con esta conciencia podéis ser felices y merecer la vida eterna. Yo, como Madre vuestra, deseo esto para vosotros. Gracias por haber respondido a mi llamada."

    * Del 28 de febrero al 3 de marzo tuvo lugar el 2º seminario internacional para las parejas casadas dedicado al tema: "Despertad el amor en vuestras familias". En el encuentro participaron cerca de 40 parejas procedentes de diez países distintos. Algunos de los temas tratados fueron: la oración, la fe, el diálogo y la fidelidad. La vidente Mirjana dio su propio testimonio sobre los mensajes de la Virgen dirigidos a la familia. Hubo también dos encuentros especiales con la persona que dirigía el seminario, a lo largo de los cuales los cónyuges tuvieron la posibilidad de expresar sus dificultades personales, alegrías y necesidades, así como las gracias recibidas. El último día del seminario, durante la adoración ante el Santísimo, renovaron su promesas matrimoniales confiando su unión a Jesús.

    * El 7º seminario internacional para los sacerdotes dedicado al tema: "El sacerdote al servicio de la sanación y de la liberación" tendrá lugar en Medj. del 1 al 6 de julio. Los ponentes serán: don Gabriele Amorth, el Dr. Philippe Madre, fray Dominic Hession y fray Jozo Zovko. Podéis enviar vuestras inscripciones a la siguiente dirección de e-mail: lidija.paris@medjugorje.hr, o bien al número de fax +387-36-651-441, o a la Oficina de Informaciones, al número de teléfono/fax +387-36-651-988 o a la dirección de e-mail: informacije@medjugorje.hr
    En lugar de contribuir a los gastos del seminario, pedimos a los sacerdotes que celebren cinco misas con intenciones. Se alojará a los sacerdotes gratuitamente en las familias de la parroquia.
    Tienen que llevarse con ellos: alba y estola, Biblia, una radio con frecuencia FM y auriculares (para escuchar la traducción simultánea).

    De: Press Bulletin

    * A mediados de mayo llegó en visita privada a Medj., junto con tres sacerdotes, Monseñor Nguyen Quang Tuyen, obispo de la diócesis de Bac Ninh. El obispo vietnamita se quedó en Medj. durante cuatro días, orando a la Reina de la Paz por la Iglesia de Vietnam y por las vocaciones sacerdotales. "Hemos querido venir a este lugar donde nuestra Señora llama a la conversión y especialmente a rezar el rosario - explica el prelado vietnamita -. Cuando volvamos a nuestro país exhortaremos a todos a la conversión, a la Adoración al Santísimo Sacramento y a la oración por la paz". Y finalmente añade: "Os pedimos que oréis por los católicos de Vietnam, para que crezcan en la fe, en la oración y en la paz".

    Quizás no todos saben que Jelena fue elegida por la Virgen para una misión específica: transmitir al grupo de oración la bendición. En cada encuentro la Virgen no dejaba de confiarle palabras con las que bendecía a los miembros y a las personas que estaban unidas a ellos: "Queridos hijos… Yo os bendigo".
    Recibir la bendición y hacerse "transmisora" de la misma era como ser un prisma de cristal con muchas caras que, al recibir el rayo de luz lo refleja en todas las direcciones, multiplicando su efecto luminoso. Después de haberse convertido en canal de bendición, Jelena busca a través de las páginas de la Sagrada Escritura su significado originario, para comprender todo su valor a la luz de la Palabra de Dios.

     

    La fuerza de la bendición

     

    de Jelena Vasilj

    La palabra hebrea beraka, bendición, deriva del verbo barak que tiene significados diversos, sobre todo significa bendecir y alabar, raramente arrodillarse, a veces, en cambio, simplemente saludar a alguien. En general el concepto de la bendición en el Antiguo Testamento significaba dotar a alguien con el bien del poder, del éxito, de la prosperidad, de la fecundidad y una larga vida. Por tanto, bendiciendo, se invocaba abundancia y eficacia de vida sobre alguien; podía ocurrir también lo contrario, como a Mikal la hija de Saúl, quien tras despreciar la bendición de David que bendecía a su familia, quedó estéril (2Sam 6:2). Dado que es siempre Dios el que dispone la abundancia de la vida y que es él que la da, bendecir en el Antiguo Testamento significaba sobre todo invocar la presencia de Dios sobre alguien, como se lo indicó Moisés a Aarón; esta bendición aún hoy es utilizada en la Iglesia de esta manera: Bendeciréis así a los hijos de Israel; les diréis: "Que el Eterno te bendiga y te guarde, resplandezca su rostro sobre ti y te dé la paz". Así pondrán mi nombre a los hijos de Israel y yo los bendeciré" (Num 6, 23-27). Por esto es sólo en su nombre que se bendice.

    Dios es la única fuente de bendición (Gen 12); él es la Fuente de la abundancia de vida que brota de los dos atributos por los que Dios era bendecido en el Antiguo Testamento, que son su misericordia y la fidelidad. La fidelidad a una promesa establecida desde la alianza que él hizo con el pueblo elegido (Deut 7, 12). La alianza, de hecho, es el concepto clave para comprender la bendición (Ez 34, 25-26) ya que el juramento que se hizo, tanto por parte de Dios como por parte del hombre, tiene consecuencias; a la obediencia se añade la bendición de Dios al hombre, y la maldición en caso contrario. Éstas dos son la vida y la muerte: "Pongo hoy por testigos contra vosotros al cielo y a la tierra: te pongo delante vida o muerte, bendición o maldición. Escoge la vida, para que vivas, tú y tu descendencia, amando a Yahveh tu Dios, escuchando su voz, viviendo unido a él; pues en eso está tu vida, así como la prolongación de tus días mientras habites en la tierra que Yahveh juró dar a tus padres Abraham, Isaac y Jacob" (Deut 30, 19-20). Y es con esta luz que se nos presenta también la nueva promesa, el Nuevo Testamento, Jesús mismo, que es la manifestación de la antigua promesa, establece la nueva alianza, y su cruz es el nuevo árbol de la vida en el que queda destruida la maldición de la muerte y se nos da la bendición de la vida. Es justamente vivir en la eternidad.

    Nuestra respuesta a esta bendición consiste en bendecir a Dios. Precisamente, además de recibir favores y ser bendecidos, bendecir era también una manera de reconocer y expresar gratitud a la persona que daba los bienes. Por esto, bendecir a Dios una actitud clave hacia Él, el baluarte de nuestro culto. Y es precisamente con esas palabras que comienza la liturgia eucarística, cuando dice: Bendito seas Señor. Continúa luego con la relación de las bendiciones de Dios comenzando por la creación, recorriendo las diversas etapas de la historia de la salvación que tienen su culminación en la institución de la Eucaristía como signo de la nueva alianza. La consagración de la Eucaristía está reservada al ministro del culto, a quien se le ha conferido un poder particular de consagrar como culminación del acto de bendecir. En cualquier caso cada uno participa ofreciéndose a sí mismo y los propios bienes a Dios como un ofrecimiento personal y como una renuncia a utilizarlos para su satisfacción personal. Ante este misterio inefable, dirijámonos a María, santificada con todas las bendiciones, bendita entre las mujeres (Lc 1, 42), la primera de las criaturas que vivió las bienaventuranzas, para que podamos percibir su deseo de que estemos con ella en el cielo en la eterna bienaventuranza de la Santísima Trinidad. (Continúa)

     

     

    Los lectores escriben…

    Queridos hermanos en Cristo y María, agradezco cordialmente el precioso don de vuestra publicación. Es una luz, un estímulo para vivir los mensajes que nuestra SS. Madre nos envía. Que Su Corazón Inmaculado bendiga y haga fecundo vuestro laborioso apostolado, que hacéis con tanto amor, y que lo recompense como sólo ella sabe hacerlo, la Madre de Jesús y Madre nuestra. Hace poco me han trasladado a Esmeraias, en la costa del océano, en los Andes, al pueblecito de Carpuela, donde viven en la pobreza y cultivando sus huertos, negros descendientes de un grupo de esclavos de terratenientes de aquellas zonas. He iniciado un Grupo de oración (como desea la Reina de la Paz) con el nombre de "Misioneros de María", donde cada familia se consagra y promete a la Virgen rezar el rosario todas las tardes en sus casas acompañados de su familia; y luego leer una página del Evangelio. No sólo eso, sino además vivir como auténticos cristianos: evitando peleas, perdonando, etc. Hasta ahora son 30 las familias de Carpuela que han entrado en el grupo. Enseguida los habitantes de otro pueblecito de la zona inició su grupo y… ¡la devoción se está propagando! Pienso que la Reina de la Paz estará contenta. Vuestra preciosa publicación la paso a los demás… intento comunicar a todos los mensajes de la Virgen. Os doy las gracias de nuevo y os deseo la gracia de profundizar en el amor de Cristo. Que la Reina de la Paz, feliz de todo lo que hacéis por ella, os bendiga y os envuelva en la ternura de su amor de Madre.

    Hna. Vitangela Castellano (83 años)

     

    * Encuentro Eucarístico Mariano por la paz, guiado por el p. JOZO ZOVKO: "He aquí a tu Madre" Mística Aurora del 3er Milenio, con la presencia de la vidente Vicka.

    El sábado 25 de mayo de 2002 a las 10 horas en el Palasport "Rossini" de Ancona

    Info: Alberto 071-912032

    Matteo 0585-43653 Adalgisa 071-731038

    * Vicka protagonizará también un encuentro el sábado 8 de junio (de las 14 a las 18 horas), en el Instituto Salesiano Manfredini del Este (PI). El encuentro tendrá lugar al aire libre y por tanto se recomienda llevar una sillita plegable.

    El domingo 9 de junio Vicka acudirá al encuentro de oración animado por la Comunidad franciscana de Betania en el Seminario Menor de Verona - Via Bacilieri n.1 (S.Massimo VR)

    Info: Concetta: 349 43 24 29

    Paola: 349 4084800; fax; 045 7701473

     

    El Autobús directo Trieste-Medjugorje sale el jueves y el sábado a las 18 horas.

    Para información y reservas: Tel: 040 425020

    *Hemos recibido muchísimas peticiones de los primeros números del Eco. Proponemos la publicación de toda la colección de nuestro periódico, encuadernada en un solo volumen. Quien esté interesado puede pedirla en nuestra secretaria:

    Tel/fax: 02 99692242

    E-mail: segreteria@ecodimaria.org

    El Eco de María es gratuito y vive sólo de donaciones que se pueden hacer al nº de c.c.p.: 14124226 a nombre de Eco di Maria, C. P. 149, 46100 MN

     

    Eco en Internet: www.medj.org

    Abonos por e-mail: ecodimaria@mclink.it

    E-mail de la redacción: ecoredazione@infinito.it

     

    ¡Todo el Personal del Eco ora por vosotros!

    Os invitamos a uniros a las oraciones que ofrecemos a Dios el primer sábado del mes por las intenciones de todos los lectores - de los que lo piden expresamente y también de quienes lo expresan sencillamente en el silencio del propio corazón. Una vez al mes, don Alberto celebrará una Santa Misa por las mismas intenciones.

     

    Bendición final

    Don Angelo escribía a una hija espiritual: "Leer y releer cada día un artículo y pararse a pensar en alguna palabra que te haya impresionado, luego hacer una oración personal, hacer un propósito práctico para la jornada, y escribir en un cuaderno alguna oración o impresión". Que estas palabras suyas sean la bendición que acompañe el número de mayo de "su" amado Eco.

    Villanova M. 1 de mayo de 2002

     


     

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