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Eco de Maria Reina de la Paz 158 (Julio-Agosto 2001)

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Eco di Maria
Regina della Pace

Español 158

 


Mensaje de María del 25 de mayo de 2001:

"Queridos hijos, en este tiempo de gracia os invito a la oración. Hijitos, trabajáis mucho pero sin la bendición de Dios. Bendecid y buscad la sabiduría del Espíritu Santo para que os guíe en este tiempo para poder comprender y vivir en la gracia de este tiempo.
Convertíos, hijitos, y arrodillaos en el silencio de vuestro corazón. Poned a Dios en el centro de vuestro ser para que podáis testimoniar en la alegría las bellezas que Dios os da continuamente en vuestra vida. Gracias por haber respondido a mi llamada."

Buscad la sabiduría del Espíritu Santo

Podemos leer este mensaje como un camino que, partiendo de una situación tan deprimente como realista, "hijitos, trabajáis mucho pero sin la bendición de Dios", conduce a una meta extremadamente consoladora "testimoniar en la alegría las bellezas que Dios os da continuamente en vuestra vida". Es un camino al que nos lleva María y que se desarrolla en un tiempo particularmente favorable, más exactamente un tiempo de gracia. Parafraseando un versículo de la segunda carta de Pedro (2 Pe 3, 9) podemos decir que el Señor tiene paciencia con nosotros, y no quiere que nadie perezca sino que todos tengamos la oportunidad de arrepentirnos y justamente por esto María, continuamente y con paciencia infinita, nos vuelve a proponer el camino de la salvación. Ante todo la oración, es decir, la comunión con Dios; es una invitación constante, que se repite incesantemente. Entrar en la oración no es aprender una técnica o una teoría o asumir una filosofía; entrar en la oración es comunicarse con Dios, vivir en comunión con Él, en una dimensión nueva, a menudo extraña al mundo, pero profundamente enraizada en nuestra naturaleza de hijos de Dios. La oración es fruto de la gracia divina pero, al mismo tiempo, un canal a través del cual la gracia fluye; por tanto, este tiempo, que es tiempo de gracia, debe ser un especialísimo tiempo de oración. En la oración experimentamos la vida en Dios, experimentamos y vivimos su bendición; entonces, la invitación de María "bendecid" resulta extremadamente sencilla a pesar de su alcance de grandeza ilimitada: ¡nosotros no damos nada nuestro sino que dejamos que a través de nosotros pase la bendición de Dios! Así, buscar la sabiduría del Espíritu Santo significa ante todo hacerse disponibles, abiertos a su acción, y por tanto saber renunciar a los propios criterios de valoración, a los propios esquemas mentales, al propio modo de razonar, de juzgar. Todo se discute y se revisa a la luz del Espíritu: es la conversión. María nos invita: "convertíos, hijitos, y arrodillaos en el silencio de vuestro corazón". En esta invitación está toda la personalidad y la santidad de María. También nosotros debemos, como María, vivir el silencio que nos habla de Dios y en el que Dios nos escucha, el silencio que es recogimiento, adoración, coloquio íntimo y profundo (Mt 6,6). También nosotros debemos, como María (Lc 2, 51b), hacer de nuestro corazón una reserva silenciosa de hechos y acontecimientos que nos unen a Él. Entonces no será vana para nosotros la gracia de este tiempo y podremos poner a Dios en el centro de nuestro ser. María no nos pide que pongamos a Dios en el centro de nuestra actuación o de nuestro pensamiento, sino de nuestro ser: es decir, no debemos dedicar a Dios algunas de nuestras facultades sino acogerlo en el centro de nuestra esencia, en nuestro corazón, en nuestra mente, en nuestra alma. Él debe serlo todo para nosotros y nuestra vida debe ser expresión de esta Presencia suya viva y operante en nosotros. Iluminados por la sabiduría del Espíritu Santo sabremos adorar esta Presencia en nosotros y postrarnos ante ella, en el silencio y en el secreto, sin estruendo sino con sencillez y verdad. Así, día a día, pase lo que pase, viviremos en la paz que es su don propio, descubriremos y testimoniaremos en la alegría las bellezas que Dios nos da continuamente en nuestra vida.

La alegría que podemos alcanzar de Dios no es la alegría pasajera y efímera del mundo; es perfume del cielo, es sabor de Paraíso ya en esta tierra y en esta vida; ¿qué es lo que nos impide tomarnos en serio las invitaciones de María y experimentar su validez?

Nuccio Quattrocchi

 

 

Mensaje de María del 25 de junio de 2001:

"Queridos hijos, estoy con vosotros y os bendigo a todos con mi bendición materna. Hoy especialmente, cuando Dios os da abundantes gracias, orad y buscad a Dios a través de mí. Dios os da grandes gracias, por esto, hijitos, aprovechad este tiempo de gracia y acercaos a mi corazón para que pueda conduciros a mi Hijo Jesús. Gracias por haber respondido a mi llamada".

En el corazón de María encontramos a Jesús

En el 20º aniversario de la primera aparición, el mensaje de este mes resume con extremada sencillez y una gran claridad el significado de la presencia de María en Medjugorje: llevarnos a Jesús. La maternidad de María tiene unas raíces antiguas que se hunden en la tierra fecundada por la Sangre de Cristo en la Cruz (Jn 19, 26-27).

María es nuestra madre por voluntad de Jesús y su maternidad no es una metáfora; es más concreta y más real de todo cuanto el hombre puede comprender o incluso imaginar; es vital para nuestra existencia. Ella, que ha traído al mundo a Dios, que ha llevado a Dios al hombre, está llamada a generar en el Hijo a los hijos de Dios, hasta que Dios lo sea todo en todos (1 Cor 15, 28). Ella nos conduce a Jesús; no se trata de imitar un modelo o de asumir ciertas actitudes o de realizar determinadas acciones; se trata de parecerse a Jesús, parecerse a Él en el corazón, en el alma, en la profundidad de nuestro ser; se trata de dejarse inhabitar por el Espíritu Santo, de dejarlo actuar en nosotros para que haga que nos parezcamos cada vez más al Hijo; sólo el Espíritu puede realizar este milagro: ningún ejercicio de la voluntad ni de la inteligencia puede alcanzar tanto. Por esto María nos recomienda desde hace veinte años oración y abandono en Dios. Hay que limpiar el alma y el cuerpo no sólo de todo lo que es superfluo sino también de lo que obstaculiza la acción del Espíritu; por esto María nos invita al ayuno. No se trata de cambiar algo de nuestra vida; se trata de cambiar radicalmente de vida; aquí el tiempo se hace necesario, quizás mucho tiempo, y Dios, por Su gracia, nos da, nos está dando, todo el tiempo necesario. ¡Cuántas veces María nos ha recordado que éste es un tiempo de gracia, cuántas veces nos ha invitado a utilizarlo como tal!
La presencia prolongada de María en Medjugorje es una gracia muy especial y hoy, que es el día del 20º aniversario de la primera aparición, pero que es también el hoy de este tiempo de gracia, llueven abundantes gracias de Dios; por tanto, hay que orar, es decir, ponerse a la escucha, y buscar a Dios a través de Ella, es decir llegar a Dios dejándose generar por María.
Acercaos a mi corazón para que pueda conduciros a mi Hijo Jesús. En el corazón de María, habitado por el Espíritu Santo, tendrá lugar el milagro de nuestro nacimiento de lo alto (cf Jn 3, 3). Esto que es imposible para el hombre, Dios puede realizarlo en un solo instante; basta desearlo con corazón sincero: bendito el que encuentra en ti su fuerza y decide en su corazón el viaje santo (Sal 83 (84)). Las gracias de Dios hoy son sobreabundantes, la bendición materna de María nos acompaña: ¿qué es lo que nos impide aún decidirnos por Dios?

N.Q.

 

Las revelaciones privadas en la Iglesia

En nuestro tiempo no es raro oír hablar de apariciones, locuciones, lacrimaciones, sanaciones, profecías, mensajes o acontecimientos extraordinarios a menudo ligados a personalidades carismáticas o que lo son presuntamente.
Es indudable que la abundancia de carismas ha acompañado siempre a la historia de la Iglesia: el testimonio bíblico, tanto en la Antigua como en la Nueva Alianza, relata numerosos episodios en los que Dios se comunica mediante visiones particulares como teofanías (manifestaciones de Dios) y angelofanías (manifestaciones de ángeles); algunos libros de la Biblia, como el de Daniel o el Apocalipsis, dedican buena parte de su contenido a la descripción de fenómenos místicos extraordinarios: basta con pensar en los padres del desierto, en San Gregorio de Nisa, al que se remonta el primer relato de una aparición mariana (s. IV), en Santa Catalina de Siena, en Santa Brígida y en muchos otros. El mismo San Pablo debe su conversión a una Cristofanía (una aparición de Jesús Resucitado). Sin embargo, no ha faltado quien, también entre los santos, como Juan de la Cruz - ¡un santo, un místico, un doctor de la Iglesia! contemporáneo y amigo de Santa Teresa de Ávila (otra gran mística del s. XVI) - haya mostrado siempre una abierta desconfianza, casi hostil, hacia los fenómenos extraordinarios como apariciones o locuciones. En la Iglesia se han confrontado siempre distintas posturas, ambas legítimas y ambas necesarias.

El fenómeno del misticismo supera los límites de la Iglesia católica y se encuentra también en la experiencia Ortodoxa (a menudo los santos ortodoxos son los místicos por antonomasia) y en la Protestante, que a pesar de la desconfianza de Lutero y Calvino, continúa teniendo muchos defensores especialmente entre los pentecostalistas. Esto no debe confundirnos: los milagros, las profecías, las visiones no son en sí mismos garantía de verdadera religión o de ortodoxia (es decir, de fe auténtica): también fuera del Cristianismo hay fenómenos extraordinarios e incluso milagrosos que sin embargo no bastan para calificar estas religiones como verdaderas, es decir, auténticamente deseadas por Dios para conducir a la salvación a todos los hombres.
Además, hay que precisar que el término místico no implica necesariamente un fenómeno extraordinario (apariciones, locuciones, etc…). El místico en el Cristianismo es aquel que vive en comunión con Cristo su Señor a través de la experiencia de los sacramentos, la meditación de la palabra de Dios, la oración y la práctica de las virtudes cristianas: fe, esperanza y caridad. ¡Esto es el místico ante todo! Por tanto, todo cristiano que vive conscientemente su propia fe es un místico. Hecha esta necesaria premisa hay que añadir que en el interior del pueblo de Dios hay algunas personas a las que Dios concede dones particulares (más exactamente, manifestaciones extraordinarias) para la edificación de todos: a menudo a estas personas se las llama místicas.
Si en el Medioevo hubo una proliferación de fenómenos místicos extraordinarios, el periodo que siguió al Concilio de Trento (1563) se caracterizó por una mayor desconfianza debido tanto al clima de la Contrarreforma (es decir, a las iniciativas católicas para frenar la difusión de la reforma protestante en Europa) - que sometía los carismas personales al control institucional de la Iglesia de manera más rigurosa - como a la influencia iluminista que miraba con recelo y sarcasmo cualquier manifestación religiosa no racional.
Será luego con el papa Benedicto XIV (+ 1758) cuando se llegará a la conocida formulación según la cual no se debe ni se puede acordar un asentimiento de fe católica a las revelaciones incluso a las aprobadas por la Iglesia… sino sólo un consentimiento de fe humana según las reglas de la prudencia. Por tanto, en esencia, ningún fiel está obligado a creer en las revelaciones privadas con la misma fe con la que sin embargo está obligado a acoger un dogma de fe. Pero al mismo tiempo la Iglesia permite y anima la fe en las revelaciones privadas reconocidas como auténticas.
En este punto hay que hacer una precisión entre revelación pública y revelación privada. La Revelación pública es sólo una: la de la Sagrada Escritura y de la Tradición de la Iglesia que se expresa en los dogmas de fe. Todas las otras revelaciones, aun siendo reconocidas por la Iglesia y dignas de fe (como en los casos de S. Brígida, de S. Catalina Labourè, de las apariciones de Guadalupe, la Salette 1846, Lourdes 1858, Fátima 1917, Banneaux 1933, etc…) son revelaciones privadas. La enseñanza magisterial, en la estela de la reflexión teológica, sostiene que el objetivo de las revelaciones privadas no es el de añadir algo a la Revelación, o de proponer nuevas doctrinas, sino ofrecer un mensaje práctico de vida cristiana. Éstas se integran por tanto en el contexto histórico y cultural en el que tienen lugar, quedando inmutables los valores a los que ellas siempre refieren, es decir, de una vida cristiana más auténtica y profunda (¡osaremos decir: mística!). La Revelación bíblica ha acabado, pero no es un mensaje cerrado: es un anuncio de salvación, es el anuncio de Jesucristo Hijo de Dios y Salvador que cada cristiano en su propia experiencia personal, con su propia originalidad, está llamado a encontrar personalmente y a encarnar en el tiempo y en el espacio en el que vive, distinguiendo lo que es profético de lo que es sólo anacrónico.

Comprendidas de esta manera, las revelaciones privadas (sean apariciones, mensajes, locuciones u otros) nos ponen en una situación de auténtica libertad cristiana: no reaccionemos frente a ellas de manera represiva (como contra los profetas que lapidaron nuestros padres y a los que hoy veneramos) pero tampoco con credulidad ingenua (como hacia los falsos profetas que nuestros padres honraron y que hoy nosotros condenamos). Los riesgos de quien se adhiere con facilidad a todos los fenómenos extraordinarios son los de una espiritualidad inmadura, temerosa hasta el escrúpulo, anclada en el pietismo e incapaz de acoger con alegría y madurez la libertad cristiana: se le hace extraña la concreción de la cotidianeidad que sin embargo ¡es el objetivo del don extraordinario! Por otro lado, en cambio, quien se acerca a ellas con prejuicio y con un aire de desprecio intelectual corre el riesgo de cerrarse en una fe que ya no tiene nada que recibir de Dios y que quizás tampoco tendrá nada que dar a los hombres. El Concilio Vaticano II, superando la severidad de los siglos precedentes, procura conjugar las dos exigencias e invita a una actitud de prudente y gozosa acogida: estos carismas, extraordinarios o también más sencillos y comunes… deben acogerse con gratitud y consuelo… pero el juicio sobre su genuinidad pertenece a la autoridad eclesiástica (Lumen Gentium 12). Obviamente, el discurso se complica en las circunstancias en las que la Iglesia aún no se ha pronunciado definitivamente, como en el caso de Medjugorje. Aquí el fiel, individualmente, fuerte por su unción bautismal y crismal que lo hace rey, sacerdote y profeta (es decir, llamado a leer e interpretar los signos de los tiempos) es invitado al discernimiento personal, comparando el mensaje de la Reina de la Paz con la enseñanza cristiana de siempre. Es por los frutos que se reconocen los árboles.

 

 

El Consistorio para los desafíos del nuevo milenio

En todo momento, pero especialmente en los más decisivos, la Iglesia se pone a la escucha del Espíritu: con estas palabras el Papa presentó a los fieles la apertura del sexto consistorio extraordinario convocado en el Vaticano del 21 al 24 de mayo pasados, para debatir las directrices de la Iglesia en el tercer milenio. El Papa debatió seis temas con todos los cardenales: anuncio y diálogo interreligioso, Iglesia y llamada a la santidad, desafíos de los nuevos movimientos religiosos, comunión intraeclesial, globalización y solidaridad, moral sexual y contexto cultural, medios de comunicación y nueva evangelización. El tema del ecumenismo fue el más señalado del Consistorio, favorecido también por la reciente peregrinación del Papa a Grecia (cuna de la Iglesia Ortodoxa). Pero son sobre todo tres los temas sobre los que ha habido una mayor concordancia de opiniones entre los cardenales acerca de la urgencia de adoptar nuevas iniciativas concretas de relanzamiento: santidad personal, misionariedad, presencia de la Iglesia en los medios de comunicación.
Sobre la santidad personal, el Papa ha subrayado cómo el esfuerzo prioritario de todo creyente y de la comunidad eclesial no puede no ser el de tender a la santidad, a la búsqueda apasionada de Dios, a la contemplación amorosa de su rostro. Esta santidad atañe a todos los fieles, puesto que hay una verdadera igualdad entre todos los bautizados; la diferencia tiene que ver con las funciones, pero no con la esencia de lo que es ser cristiano. Una santidad que reclama una espiritualidad cotidiana alimentada por la oración y la Palabra de Dios. Una santidad que contagia a las parroquias llamadas a ser verdaderamente "comunidades alternativas" donde las relaciones no son burocráticas y distantes, sino cálidas y fraternas. El tema de la misionariedad lo podemos sintetizar con las palabras del card. Tomko: No queremos una Iglesia de subsistencia sino una Iglesia de misión. Y para esto hay que salir de las oficinas y de las cátedras, e ir al encuentro de la gente. La Iglesia existe para quien todavía no ha recibido el don de la fe, para que todos puedan conocer a Jesucristo, y que cada hombre pueda tener una relación personal con Dios que se deja encontrar. La misión consiste sobre todo en conquistar el corazón de las personas transmitiéndoles la buena nueva (el Evangelio) de Jesucristo. El Consistorio ha puesto de manifiesto la necesidad de una presencia católica más incisiva en los medios de comunicación (televisión, periódicos, radio, internet) con el objetivo de dar a conocer y comprender sin malentendidos el mensaje que la Iglesia anuncia al mundo. Muchos cardenales han hablado de globalización de la solidaridad: frente a la dramática pobreza de millones de hombres, el pueblo de Dios debe demostrar toda su valentía.
El Consistorio deja la imagen de una iglesia que quiere reemprender el camino desde lo esencial, desde la oración, desde la comunión con el Papa, desde el diálogo, desde la conciencia de que a los nuevos evangelizadores les esperan grandes desafíos pero que la gracia de Dios acompaña a la Iglesia en su misión. M.T.

 

El papa en Ucrania: "He venido a pedir perdón"

El Santo Padre realizó su viaje pastoral a Ucrania del 23 al 27 de junio de 2001. La visita estaba muy esperada por este pueblo que fue bautizado hace más de mil años (988) con el bautismo del príncipe Vladimiro y con él, el de su pueblo, en una época en que Roma y Constantinopla estaban aún unidas en la comunión. Pero era un viaje también muy esperado por el mismo papa, como dijo en el discurso que pronunció en la ceremonia de bienvenida: "He esperado largamente este visita y he orado intensamente para que pudiera realizarse. Finalmente, profundamente conmovido y feliz, he podido besar esta amada tierra de Ucrania."
El Papa fue a Ucrania que hoy se encuentra en graves dificultades democráticas, económicas y religiosas (con el derrumbe de la URSS la Iglesia Ucraniana, ligada a Moscú, se dividió en tres partes: una, la mayoritaria, aún ligada a Moscú; la segunda, la Iglesia autóctona ucraniana, y la tercera, el Patriarcado de Kiev; éstas últimas están en discrepancia con la primera, ligada a Moscú, pero son consideradas cismáticas de la Iglesia rusa. Además todavía existen las comunidades católicas y las grecocatólicas. El Papa ha ido para anunciar a Cristo y su Evangelio, capaz de infundir ánimo y esperanza.
Como ya ha expresado en varias ocasiones, sobre todo en su peregrinación tras las huellas de Pablo en Grecia al comienzo de mayo de este año y el año pasado en Tierra Santa, el Papa expresa hoy su dolor y pronuncia un mea culpa por los pecados cometidos por los fieles católicos en relación con los hermanos y hermanas ortodoxos. También aquí, en un país de mayoría ortodoxa, con incansable valentía y sinceridad, ha repetido "…postrados ante el Señor, reconozcamos nuestras culpas. Mientras pedimos perdón por los errores cometidos en el pasado antiguo y reciente, aseguramos al mismo tiempo nuestro perdón por las ofensas recibidas". Fueron palabras que enseguida clarificaron el espíritu de este viaje, y con las que el papa quiso tender la mano de la reconciliación y del diálogo hacia los hermanos ortodoxos.
En la vigilia de este viaje apostólico a Ucrania ha habido una serie de opiniones múltiples y actitudes de naturaleza diversa. Algunos lo veían desde una óptica optimista, que contemplaba un posible acercamiento entre las dos Iglesias hermanas. Otros, en cambio, lo miraban con desconfianza, como un obstáculo en el diálogo ecuménico, sobre todo entre Roma y Moscú. En los círculos ortodoxos vinculados al patriarcado de Moscú se repitió más de una vez que este viaje era prematuro y que lo que pretendía era "desafiar" a los ortodoxos haciendo proselitismo católico.

Pero el Santo Padre, con un lenguaje clarísimo y sereno, enseguida aseguró: "no he venido aquí con intención proselitista"; y con su gesto de pedir y conceder el perdón contra la tentación del orgullo y el miedo de la humillación, el Pontífice abre el camino hacia un espacio unitario donde se pueda expresar la propia madurez de la fe, es decir, en el ejercicio del amor, que lleva en sí, junto a la capacidad de dar y recibir, el perdón. Porque solamente el perdón es el método apropiado para superar las murallas de la separación y construir juntos la tan deseada unidad. ¿Pero qué es lo que impulsa a Juan Pablo II a realizar visitas comprometidas y tan difíciles? En su viaje a Grecia él mismo había subrayado que no se trataba de un asunto personal sino que lo realizaba "porque el Señor pide que con un Espíritu de caridad recíproca todas las controversias pasadas y presentes, pueden y deben superarse, y porque la Iglesia Católica está comprometida irrevocablemente en el camino de la unidad con todas las Iglesias".
El papa expresó este compromiso ecuménico también aquí en Ucrania, en la tierra de mayoría ortodoxa, con una voz profética con la que exhortó a los cristianos a "recuperar la comunión de todos los discípulos de Cristo". Es la voz de un papa que debería aportar una gran contribución a la Comisión mixta internacional, compuesta por los grandes representantes de las dos Iglesias hace más de veinte años y que lleva adelante el diálogo entre católicos y ortodoxos.
La visita de Juan Pablo II a Ucrania al comienzo del nuevo milenio es signo de esperanza para este país, para los fieles de la Iglesia grecocatólica y de la latina y también para los hombres de buena voluntad que trabajan para el bien del hombre. Las palabras de la carta apostólica Novo Millenio Ineunte son especialmente adecuadas para describir el espíritu y el objetivo de la visita del Santo Padre: "¡Andemos hacia adelante con esperanza! Un nuevo milenio se abre ante la Iglesia como un océano en el que aventurarse, contando con la ayuda de Cristo" (58).

Pietro di Mattia

 

 

El pueblo ruso, portador de Dios

"Mi relación con Rusia comenzó en el momento de mi conversión. Lo que provocó el despertar de mi fe (que dejó de ser formal tras un auténtico y sincero encuentro con Cristo) fue la lectura de Dostojevski. No puedo decir ciertamente que la conversión fuese obra suya, pero Dios se sirvió también de él para entrar en mi vida… Desde entonces creció en mí la veneración por los ascetas de la santa Rusia. No los escogí yo, me escogieron ellos a mí".
Con estas palabras, el p. Divo Barsotti, monje y teólogo, experto en espiritualidad y al mismo tiempo hombre de espiritualidad, comienza su Diario de viaje (ed. Messaggero de Padua), unos breves apuntes en los que anota las impresiones que su amada Rusia provocó en él cuando llegó allí, finalmente, en 1996, tras una vida de amor apasionado por esta tierra y por los hombres que la habitan. Con comentarios delicados pero profundísimos, el anciano sacerdote, explica el encuentro con los lugares, el arte, la Iglesia, pero sobre todo con el pueblo, que deja en él una señal indeleble de fraternidad y de amor. "Grande es la pobreza de la gente - continúa en su diario - pero tanto jóvenes como ancianos la llevan con dignidad. Cuando me ven con el hábito monástico me rodean y desean entablar diálogo, pero cualquier conversación es imposible; mortificado y azorado, sonrío.
Me atrae el magnífico arte de las catedrales que visitamos, pero me conmueve todavía más mi encuentro con el pueblo. Ninguna obra maestra puede sustituir al hombre vivo, y ninguna experiencia puede jamás superar la experiencia de la solidaridad humana, mejor aún, del amor fraterno que nos une en el Cristo. Ciertamente, no podemos negar la necesidad de pertenecer a la Iglesia, ¿pero puede no pertenecer a la Iglesia quien vive en el Cristo el amor, que únicamente Él ha traído al mundo?

Cuando decido sentarme, de manera casi furtiva se acerca una mujer y se sienta detrás de mí. Es una anciana; siento cómo su mano me acaricia la cabeza. Sabe que no puede hablarme, pero con su mirada y con su gesto un poco cohibido, me comunica su humilde devoción. El pueblo no diferencia entre el sacerdote ortodoxo y el sacerdote católico. Si el fiel reconoce en el sacerdote la presencia del Cristo, esta presencia es suficiente para inspirar un sentimiento de veneración y de amor. Sin embargo, el encuentro con algunos monjes me afecta profundamente: no estaban dispuestos a hablarnos, por considerarnos "heréticos". Me quedo dolido y pienso: ¿cuándo será que nos reconoceremos como hermanos? ¿Cuándo será que el amor nos hará superar cualquier desavenencia? Ciertamente ya somos uno en el Cristo, pero precisamente esta unidad debe manifestarse también en el signo de una Iglesia universal.
Y reflexionando en la actitud de aquellos monjes y de otros representantes de la Iglesia Ortodoxa que no nos ocultaron su desconfianza me lamento: ¿es posible que justamente la fe, en lugar de crear unidad dificulte más la comunión que en cambio es tan verdadera y tan bella con el pueblo? El primer rechazo que experimentamos de nuestra relación de amor nos vino precisamente de los religiosos que deberían haber testimoniado el amor… Entonces oré para que Rusia volviese a ser la santa Rusia y el pueblo, portador de Dios".

 

El Magisterio y los mensajes: una realidad indivisible

Hay una consonancia evidente, una sorprendente analogía de contenidos, a veces hasta una coincidencia literal, entre las expresiones más significativas del Magisterio público del Pontífice actual y las invitaciones de la Reina de la Paz en Medjugorje. Esta coincidencia no surge casualmente, sino que parece ser irradiación de un orden superior, que el Espíritu ha imprimido desde el origen en la acción misionera de la Iglesia, desplegado ininterrumpidamente en la historia de los hombres a través de las dos alas del ministerio y del carisma otorgado desde lo alto.
Esto emerge con evidencia innegable ya en la primera comunidad apostólica, donde el orden jerárquico y la libertad del Espíritu, que "sopla donde quiere" aparecen misteriosamente conjugados en un dinamismo superior de gracia, generado por el Amor misericordioso del Padre, para hacer siempre fecunda de nuevos hijos a la Esposa del Cordero, llamada continuamente a "generar en la vida nueva e inmortal a los hijos, concebidos por obra del Espíritu santo y nacidos de Dios" (Lumen Gentium, nº 64)
En esta fundamental obra de salvación, como nos recuerdan los documentos conciliares más recientes, María tiene un papel único y muy especial, "con su caridad maternal se ocupa de los hermanos de su Hijo todavía peregrinos y puestos en medio de peligros y afanes, hasta que lleguen a la patria bienaventurada" (Lumen Gentium, nº 62). No nos debe asombrar pues que en este tiempo de gracia, que es "el tiempo de María" (v. mens. 25.01.1997), en el que Dios le ha confiado a Ella la tarea de guiar las tropas de los hijos de la luz a la victoria definitiva de su Corazón Inmaculado sobre cualquier potencia de tiniebla presente en el mundo, el Espíritu haya llamado para guiar a la Iglesia a un verdadero consagrado a María, a su "hijo más querido", que Ella ha escogido de manera especial para estos tiempos: "Orad hijitos por la salud de mi hijo más querido que sufre, que yo he escogido para estos tiempos" (mens.25.08.1994). Un hijo amado que la Virgen, aun sin ahorrarle grandes pruebas y sufrimientos de todo tipo, todas llevadas y ofrecidas "a favor del cuerpo de Cristo que es la Iglesia" (Col 1, 24) ha sonreído y defendido constantemente, incluso mediante intervenciones extraordinarias, para preservarlo de insidias mortales y de manos homicidas armadas por satanás y sus acólitos: "Sus enemigos querían matarlo, pero yo lo he protegido" (mens. 13.05.1982). No nos sorprende que la Reina de la Paz, en más de una ocasión, se dirija a él con familiaridad materna. Así, en septiembre de 1982, la Virgen lo exhorta a llevar a cabo su servicio petrino en el horizonte de una paternidad universal que abrace a todos los hombres de cualquier raza y religión, más allá de los límites visibles de la Iglesia Católica, nota que luego, efectivamente, caracterizará de una manera significativa todo el pontificado de Juan Pablo II: "Que (El papa) se considere padre de todos los hombres y no sólo de los cristianos. Que propague incansablemente y con valentía el mensaje de paz y de amor entre los hombres" (Mens. 26.09.1982).

Aproximadamente un año después, a través de Jelena, la Virgen le dirigió otra llamada personal para que perseverase con firmeza apostólica, hasta la victoria, en la obra emprendida al servicio del Amor y de la Verdad de Cristo: ¡Ora, ora ora! No te desanimes. Permanece en paz, porque Dios te concede la gracia de vencer a Satanás", exhortándolo también a difundir en toda la Iglesia el mensaje de la paz que Ella está dirigiendo al mundo en Medj. e invitándolo a ser un artífice decidido de la unidad de los cristianos, así como a transmitir especialmente a los jóvenes la luz profética del Evangelio: "En mis mensajes recomiendo a todos, especialmente al santo Padre, que difundan el mensaje que he recibido de mi Hijo, aquí en Medj. Deseo confiar al papa la palabra con la que vine aquí: "Mir", él debe difundir la paz en todas partes. Y he aquí un mensaje especial para él: que reúna a todo el pueblo cristiano con su palabra y su predicación. Que difunda, sobre todo entre los jóvenes, los mensajes recibidos del Padre en sus oraciones, cuando Dios lo inspira" (Mens. 16.09.1983). No parece casual que, a algunos años de distancia y en la madurez de los tiempos, el papa haya promulgado la encíclica "Ut unum sint", piedra angular del camino ecuménico de la Iglesia y que, en junio de 1986, él haya iniciado la primera Jornada Mundial de la Juventud, destinada a repetirse luego periódicamente y a convertirse en una cita fundamental de gracia con los jóvenes de todo el mundo. No resulta difícil, pues, según nuestro parecer, reconocer un profundo vínculo entre la especial presencia de María en este tiempo y una gran cantidad de actos magisteriales del Pontífice actual, íntimamente unidos por un hilo profundo de gracia mariana, que parece también extenderse a las decisiones pastorales fundamentales, a menudo completamente inesperadas, sorprendentes por su carácter aparentemente revolucionario, y que se han revelado luego cargadas de inesperada fecundidad espiritual para el mundo y para la Iglesia universal.

Hay también una evidente y sustancial analogía de temas y de contenidos entre el mensaje de la Reina de la Paz en Medj. y algunos documentos fundamentales que han marcado significativamente el pontificado actual (Dives in Misericordia, Salvifici Doloris, Redemptoris Mater, y muchos otros). Éstos parecen traducir prácticamente en términos teológicos las sencillas pero profundísimas llamadas de María. A este respecto merece, en nuestra opinión, relieve especial la última y básica Carta Apostólica Tertio Millenio Ineunte, promulgada el 6 de enero de 2001, destinada a trazar e iluminar el camino de la Iglesia en el tercer milenio. Ésta parece proponer de manera emblemática a toda la Comunidad eclesial los elementos fundantes del mensaje de María en Medj.: así, en el capítulo III, el papa, indicando las "prioridades pastorales de la Iglesia del Tercer Milenio", en este tiempo "emergen con fuerza particular las siguientes", en este orden: la santidad, que exige una "verdadera pedagogía de la santidad" (nº30), la oración, que debe convertirse en un "verdadero deseo del corazón" (nº32), la Eucaristía "un compromiso irrenunciable de vivir como necesaria una vida cristiana verdaderamente consciente y coherente" (nº36), el Sacramento de la Reconciliación, "donde se redescubra a Cristo como Aquel en el que Dios nos muestra Su Corazón compasivo" (nº37) y finalmente "el primado de la Gracia", que nos conduce "al primado de la vida interior y de la santidad", verdad "que puede ser vivida sólo en la oración" (nº38). ¡Hubiera sido difícil expresar de manera más espléndida y cargada de gracia celeste el corazón del mensaje de María en Medj.!

En la homilía que pronunció en Fátima el 13 de mayo de 2000, con motivo de la Beatificación de Francisco y Jacinta, el papa nos repitió: "Os digo que se progresa más en poco tiempo de sumisión y dependencia de María que durante años enteros de iniciativas personales, contando sólo con las propias fuerzas. Así es como los pastorcillos se hicieron santos enseguida…" (Homilía de S.S. en Fátima) . Y nosotros hoy, a Ti, que desde hace veinte años, llamas incansablemente a nuestros corazones endurecidos y "esperas sólo nuestro sí para poder ofrecérselo a Jesús y que Él nos colme con Su gracia" (mens.25.05.1992), queremos responder con una nueva conciencia de hijos verdaderos, unidos estrechamente al corazón de tu "hijo más querido": ¡"Totus tuus, Maria", oh Madre nuestra y Reina de la Paz!
* La lógica humana no siempre comprende la manera de actuar de Dios y de la Virgen María. Los hechos de Lourdes, por ejemplo, nos cuentan que la Virgen no respondía a las preguntas que la pequeña Bernadette le planteaba (sólo después de varios días Ella respondió a la pregunta "¿cómo te llamas?"). Tampoco sus invitaciones iban acompañadas de una explicación, las pronunciaba y era suficiente ("Toca el suelo en aquel punto, allí brotará una fuente"). Una sombra de misterio cubría sus palabras impidiendo que se viera lo que había detrás de ellas. Pero si en Lourdes la Virgen hubiese explicado los motivos concretos de su obrar, no hubiera habido espacio para la fe, para la esperanza y para el amor. Sin embargo, la Virgen siempre deja libre el espacio para estas virtudes.
También en Medj. los mensajes son breves, sencillos, casi esenciales. María no satisface nuestra curiosidad sobre lo que sucederá en el futuro, nos deja en el espacio de la fe, de la esperanza y del amor. Dice únicamente: "¡Orad!" Si no nos abrimos interiormente para captar el nivel en el que habla María no llegaremos a comprender plenamente sus mensajes. Serían sólo palabras superficiales, ¡pero palabras de éstas tenemos ya suficientes!
Tenemos la Biblia: todas las palabras del Señor están allí, pero permanecen fuera de nuestro corazón, no están vivas en nosotros. La presencia de la Reina de la Paz en Medj. expresa el deseo de Dios de hacer vivas sus palabras en nuestro interior, y esto se consigue sólo a través de la oración. T.V.

 

La grandeza de la pequeña Bernadette

¡No te haré feliz en este mundo, sino en el otro! Esto es lo que oyó que le decía la "Señora vestida de blanco" que el 11 de febrero de 1858 se le apareció en la gruta de Massabielle. Ella era una jovencita de apenas 14 años, casi analfabeta y pobre en todos los sentidos, ya fuera por los escasos recursos económicos de que disponía la familia, ya por su limitada capacidad intelectual, ya por una salud extremadamente débil que, con sus continuos ataques de asma, no le permitía respirar. En su trabajo pastoreaba a las ovejas y su único pasatiempo era la corona del rosario que recitaba cotidianamente pues encontraba en ella consuelo y compañía. Con todo eso, fue justamente a ella, una chica aparentemente "inútil" según la mentalidad mundana, a quien la Virgen María se presentó con aquel título que la Iglesia, apenas cuatro años antes, había proclamado como dogma: Yo soy la Inmaculada Concepción, le dijo durante una de las 18 apariciones que Bernadette tuvo en aquella gruta cerca de Lourdes, su pueblo de nacimiento. Una vez más Dios había escogido en el mundo "lo que es necio para confundir a los sabios" (cf 1 Cor 23), invirtiendo todos los criterios de valoración y de grandeza humana. Es un estilo que se ha ido repitiendo en el tiempo, incluidos aquellos años en los que el mismo Hijo de Dios escogió entre unos humildes e ignorantes pescadores a aquellos Apóstoles que proseguirían luego su misión en la tierra, dando vida a la primera Iglesia. "Gracias porque si hubiese existido una joven más insignificante que yo, no me habrías escogido a mi….." escribía la joven en su Testamento, consciente de que Dios escogía entre los pobres y entre lo últimos a sus colaboradores "privilegiados".
Bernadette Soubirous era lo opuesto a una mística; la suya, como se ha dicho, era una inteligencia sólo práctica y de escasa memoria. Sin embargo no se contradijo nunca cuando explicaba lo que había visto y explicado " en la gruta de la Señora vestida de blanco y con una cinta celeste anudado en su seno". ¿Por qué creerla? ¡Precisamente porque era coherente y sobre todo porque no buscaba privilegios para ella, ni popularidad ni dinero! Y luego ¿cómo hacía para conocer, en su ignorancia abismal, aquella misteriosa y profunda verdad de la Inmaculada Concepción que la Iglesia acababa de confirmar? Fue justamente esto lo que convenció a su párroco.

Pero si para el mundo se escribía una nueva página del libro de la misericordia de Dios ( el reconocimiento de la autenticidad de las apariciones de Lourdes llegó apenas cuatro años después en 1862), para la vidente comenzó un camino de sufrimiento y persecución que la acompañó hasta el final de su vida. No te haré feliz en este mundo…No bromeaba la Señora; Bernadette fue pronto víctima de sospechas, llevada de un lado para otro, interrogada con acusaciones de todo tipo incluso hasta ser arrestada. Nadie la creía: ¿era posible que la Virgen la hubiese escogido a ella?, se decía. La jovencita no se contradecía nunca pero para protegerse de tanta crueldad se le aconsejó que se recluyese en el monasterio de Nevers. "He venido aquí para esconderme" afirmó el día de su toma de hábito y evitaba cuidadosamente buscar privilegios o favores sólo porque Dios la hubiese escogido de una manera completamente diversa de los demás.
No había peligro. Esto no era lo que la Virgen había previsto para ella aquí en la tierra…Incluso en el convento Bernadette tuvo que soportar una continua serie de humillaciones y de injusticias, tal y como atestigua en su Testamento: "Gracias por haber colmado de amargura el corazón demasiado tierno que me habías dado, por los sarcasmos de la Madre Superiora, su voz dura, sus injusticias, sus ironías y humillaciones, gracias. Gracias por haber sido el objeto privilegiado de los reproches, por los que las hermanas decían: ¡Que suerte no ser Bernadette!". Éste era el estado de ánimo con el que ella acogía el trato que le había tocado en suerte. Incluida aquella afirmación que había oido a la Superiora cuando el Obispo le iba a hacer un encargo: "¿Que es lo que quiere decir a aquella que es un nulidad?". El hombre de Dios en absoluto atemorizado respondió: ¡"Hija mía porque sois una nulidad os doy el encargo de la oración!"
Involuntariamente, le estaba confiando la misma misión que la Inmaculada le había ya confiado en Massabielle, cuando a través de ella pedía a todos: Conversión, penitencia, oración…A lo largo de toda su vida, la pequeña vidente obedeció a esta voluntad, orando en lo escondido y soportándolo todo unida a la pasión de Cristo. Lo ofrecía, en la paz y en el amor, por la conversión de los pecadores, de acuerdo con la voluntad de la Virgen. Sin embargo, una alegría profunda la acompañó durante los largos nueve años que pasó en el lecho, antes de morir a los 35 años, atrapada por un mal que iba en aumento. A quien la consolaba le contestaba con la misma sonrisa que la iluminaba durante los encuentros con la Virgen: "María es tan bella que todos los que la ven desearían morir para volver a verla". Cuando el dolor físico se hacía más insoportable, ella suspiraba: "No, no busco alivio, únicamente fuerza y paciencia". Su breve existencia transcurrió también en la humilde aceptación de aquel sufrimiento, que servía para rescatar a tantas almas necesitadas de recuperar la libertad y la salvación. Una respuesta generosa a la invitación de la Inmaculada que se le había aparecido y que le había hablado. Y consciente de que su santidad no dependía de haber tenido el privilegio de ver a la Virgen, Bernadette concluía así su testamento: "Gracias, Dios mío por esta alma que me habéis dado, por el desierto de la aridez interior, por vuestra oscuridad y por vuestras revelaciones, por vuestros silencios y vuestras luces; por todo, por Vos, ausente y presente, gracias Jesús".

Stefania Consoli

 

 

Ésta es una bienaventuranza difícil de comprender porque el hombre, por naturaleza, tiende a huir del sufrimiento. Consciente de este límite nuestro, la Virgen ha subrayado a menudo su valor, invitándonos a acogerlo con amor para que se convierta en instrumento de salvación para nosotros y para los demás. La Virgen confiaba a Jelena Vasilj, en septiembre de 1998, estas palabras para que las transmitiera al Grupo de oración que la Virgen misma guiaba con sus mensajes: "Me alegro, queridos hijos, que deseéis ir hacia Jesús cargando cada día con vuestra cruz. Aceptadla con valentía. Hijitos míos, este camino es difícil y espinoso, pero sabed que yo estoy junto a vosotros y no os abandonaré en ninguna situación de vuestra vida. Deseo que caminéis gozosos por el camino de la cruz.

Recordad que Jesús no se quejó de llevar la cruz por vosotros. Por tanto ¡alegraos también vosotros cuando la llevéis por amor de Jesús!".

 

 

"Bienaventurados los que lloran"

de Jelena Vasilj

Cuando meditamos sobre el sufrimiento humano debemos partir siempre del hecho que nos encontramos ante un misterio inagotable. Forma parte del hombre, que es un misterio para sí mismo y al que sólo conoce en profundidad su autor. Su vida, dice San Pablo, está escondida y será revelada en su gloria con la venida de Cristo (cf Col 3, 4)
El sufrimiento es el testimonio más fuerte de que el hombre no está solo, que tiene su origen en otro lugar, es decir, en Dios. El hombre ha estado fascinado por la idea de poseer su propia vida desde el principio, cuando aún estaba en el jardín del Edén, apropiándose de las prerrogativas que la vida lleva consigo. Y no sólo de su vida, sino también de la de los demás. Dios enseguida le hace comprender que tal decisión tiene graves consecuencias, hasta hacerle conocer la muerte (cf Gn 2,17).
Con el pecado el hombre queda sujeto a la muerte y, junto a ella, también al sufrimiento, que se considera como una especie de muerte o de ausencia de aquel bien del que el hombre gozaba al inicio de su creación. Es relevante que el ser humano ya entonces estaba expuesto al trabajo y a la acción, es por tanto erróneo pensar que su única ocupación era comer la fruta del Edén. Se sabe sin embargo que él aún no conocía la fatiga que acompañaba al trabajo, porque ésta se convirtió en una maldición consecuencia del pecado; por esto Dios le dijo: "El suelo será maldito por tu causa; comerás de su fruto con fatiga todos los días de tu vida" (Gn 3,17). Para remediar esta ausencia de bien, el hombre debe ser reconducido por Dios; y es justamente el sufrimiento el que le recuerda que debe confiar su vida a otro; que él no es autosuficiente, y que cuanto más se separa de Dios y de los demás, más crece su laguna interior.
El pecado de nuestro antepasado nos ha hecho heredar una naturaleza enferma, sujeta a los sufrimientos materiales y morales. La auténtica madurez no consiste en saber controlar la propia vida, pues de este modo cometeríamos el antiguo error, sino en darse cuenta de que la herida que sangra necesita un Médico, que ha venido a curar a los enfermos y que, como los Apóstoles nos dice también a nosotros: "¿Por qué tenéis miedo?" (Mt 8, 26),… podríamos añadir, ¡de vuestro sufrimiento!
Confiar en Jesús y seguir su ejemplo son las dos actitudes fundamentales que el hombre debe tener cuando se encuentra ante el sufrimiento. La fe es necesaria porque la Cruz de Cristo es el vínculo de la nueva alianza, por ella estamos ligados de nuevo a la Divinidad en la sangre de Cristo. En cambio, imitando el modo en el que Cristo mismo se comportó nos es revelada su voluntad eucarística: "Mi alimento es cumplir la voluntad de Aquel que me ha enviado y cumplir con su obra" (Jn 4, 34).
También nosotros en la Eucaristía nos nutrimos de esta voluntad; pero a menudo olvidamos que en ella es toda la persona de Cristo la que se nos da. Es por tanto necesario que en el sufrimiento unamos nuestra voluntad de agradecimiento y de ofrecimiento a la de la SS. Trinidad, y vivir con conciencia plena que estamos continuamente rodeados por el abrazo de la Familia Divina.
Podemos deducir que el sufrimiento más profundo se experimenta cuando no se está en continua presencia de Dios. Como el niño que, aun sufriendo, se calma cuando está con su madre, así también nosotros encontramos nuestro reposo en el seno del Padre.
No debemos separarnos nunca de Cristo pues formamos parte de su cuerpo. Precisamente en cuanto tales, en su Ascensión él nos hace reposar en el cielo, y por la misma razón, el Cristo sufre con aquella parte de su cuerpo que está aún en la tierra.
Debemos rogar al Espíritu Santo, el Consolador de los afligidos, aquel que es la fuerza de Dios. Pero una consolación tal nace sólo de la esperanza, que es generada por la virtud de la paciencia y que, a su vez, es fruto del sufrimiento (cf 2 Cor 1,6). Nos confiamos a su Esposa María, consoladora de los afligidos, para que su corazón traspasado, pueda ser para nosotros fuente de consolación.

 

¿Por qué se aparece la Virgen?

El P. Divo Barsotti, teólogo de ochenta y siete años, fundador de la Comunidad monástica de los Hijos de Dios, explica desde un punto de vista teológico el motivo de las apariciones marianas y el por qué de que Ella se aparezca tanto.

¿Qué quiere decir que la Virgen se aparece? Es una pregunta un poco genérica, porque no se refiere ni a tiempos ni lugares; no tiene en cuenta todas las situaciones históricas, culturales, sociales que acompañan estos acontecimientos. Es la aparición en sí la que plantea el problema. Viene en nuestra ayuda la teología oriental con su interpretación del episodio evangélico de la transfiguración de Jesús (Mt 17, 1-8). Según esta teología no fue Jesús quien cambió transfigurándose a los ojos de los Apóstoles, sino que fueron los ojos de los Apóstoles los que se hicieron capaces de acoger la luz de Dios. No podemos pensar que Dios esté lejos de nosotros; Él está más cerca nuestro que nosotros mismos, pero si esto es cierto para el Señor, lo es también para la Virgen: ¿podría una Madre estar lejos de sus hijos? ¿Podría una madre no ocuparse de ellos? El primer motivo, pues, de las apariciones de María es el hecho de que la aparición responde a una exigencia verdadera, propia del hombre, de reconocer a la madre, de vivir relacionándose con ella. Todos nosotros somos niños en comparación con Dios y la Virgen, niños que caminan aún a tientas ya que, por ser pequeños, son incapaces de seguir un camino regular y continuo. La Virgen no puede estar lejos de nadie: si nosotros le rezamos, ella nos escucha. Es impensable que una criatura humana pueda escuchar al mismo tiempo a millones de personas, con sus problemas y dificultades. Sin embargo, nosotros creemos que la Virgen tiene este poder, porque Ella está ya en el mundo de Dios, y Dios participa a la criatura humana de sus atributos. Naturalmente, se trata sólo de una participación de dichos atributos, no es una identificación de la Virgen con Dios, sino que es una auténtica participación: Ella vive la vida divina y viviéndola no puede conocer los condicionamientos del tiempo y del espacio. María está presente en todas partes, está presente en cada uno, está presente como madre que acoge a sus hijos y vive con ellos. ¿Por qué debería quedarse en el paraíso? Recordemos lo que escribe santa Teresa del Niño Jesús: "Cuando haya muerto bajaré, no me quedaré en el paraíso, porque quiero permanecer con los hombres". Si esto es cierto para una santa, cuánto más cierto es para la Virgen: ¡nosotros somos su paraíso! ¿No es acaso éste el paraíso de una madre: la vida de los hijos?

Toda la grandeza de Dios está en su humildad. Precisamente porque Él es infinitamente grande, Ella es la más humilde de las criaturas. Nosotros no la vemos a Ella, pura transparencia divina; a través de Ella no vemos y no conocemos más que a Dios. Dios que vive en Ella, Dios que ha hecho grande a la Virgen uniéndola a sí, asociándola a sí en el misterio de su Gracia y de su amor. Entonces, ¿qué se deduce? Que la pregunta inicial está un poco mal planteada: no es la Virgen quien se aparece, son nuestros ojos que ven. Y es por esto que en el evangelio el último milagro que realizó Jesús antes de ascender a Jerusalén para ser crucificado, responde a la oración del ciego que grita "Señor, que vea" (Mc 10, 51). Esto es lo que debemos pedir también nosotros a la Virgen, y es porque nosotros vemos que Ella se aparece. La aparición de la Virgen es el don que Ella hace de una visión renovada, por la que se nos manifiesta aquello que habitualmente no se muestra, no porque las cosas no estén, sino porque nuestra mirada no es capaz de percibir esta luz. Igualmente, la muerte no será nada para nosotros, será sólo la apertura de los ojos para contemplar una realidad en la que ya estamos desde el momento del bautismo y en la que nosotros permaneceremos toda la eternidad. La respuesta se puede pues resumir así: no son nuestros ojos que la ven, es Ella que necesita entrar en comunión con nosotros, y no puede ser de otra manera. Dice un salmo que Dios nos ama como el esposo ama a la esposa. Si esto es verdad respecto a Cristo, tanto más lo es respecto a la madre. Nosotros somos la vida de la mujer, ella no puede vivir sin nosotros, somos su gozo, su riqueza, nosotros somos su santidad; porque todo lo que Ella tiene como madre, no puede tenerlo para sí, ¡no sería ni siquiera cristiano!
Lo descrito hasta ahora refiere al estado del hombre sea cual sea el estado en el que se encuentre, en cualquier momento de su vida. En cambio, hemos de plantearnos que si las apariciones tienen lugar en un determinado periodo y en un determinado lugar, debemos profundizar la respuesta a nuestra pregunta.

La primera cosa que se impone para comprender los signos de Dios es la humildad de quien no presume de conocer los secretos del Rey. A veces podemos comprender por qué la Virgen vive en un lugar y aparece en determinadas situaciones sólo cuando todo ha pasado. Tomemos como ejemplo las apariciones de Fátima: cuando la Virgen se apareció a los pastores era el año 1917, en la vigilia del comunismo que iba a trasbalsar a toda Europa. Nosotros no sabíamos ni podíamos predecir todo esto. Nos dimos cuenta muchos años después que las apariciones de Fátima estaban relacionadas con Rusia y con el triunfo del Corazón Inmaculado tras la caída del comunismo. Esto nos dice que cuando nosotros pedimos algo a Dios, debemos tener también la humildad de no intentar comprender hasta el fondo los planes divinos. Sabemos una cosa, y esto lo sabemos de verdad: que Él nos ama, nos ama infinitamente; no podemos dudarlo, no podemos estar angustiados, porque Dios es el amor y todo lo que él hace, todo lo que depende de él no puede ser más que amor. El amor de los hijos es precisamente esto: que no osan interrogar al Padre porque respetan su voluntad y respetan también el hecho de que Él es el único que sabe el porqué de las cosas. Se pide a los hombres pues que, respecto al porqué de las apariciones de Maria, se mantenga esta humildad, la humildad de quien no entiende todavía lo que ocurrirá mañana a través de la acción secreta de la Gracia. Nosotros no sabemos, pero sabemos que cuando esta acción de la Gracia nos haya abierto los ojos para contemplar el plan divino, entonces veremos el porqué de lo que ha ocurrido también en estos últimos años.
Es completamente nuevo pensar en una aparición de la Virgen que continúa desde hace 20 años, cada día, para varias personas; algo que era inimaginable hace 50 años. No sólo esto, sino el modo en que se aparece: hasta ahora, para las apariciones se hablaba de ancianos o de niños. Y muy a menudo se veía la aparición de la Virgen en relación con los santos, con las almas puras o inocentes. En cambio, en este caso, nuestros hermanos y hermanas no son nada distintos de nosotros. Al principio, hasta yo mismo estaba un poco turbado: ¿cómo es que la Virgen no pide a ninguno de estos videntes que renuncie al matrimonio para vivir en virginidad? ¿No se ha pensado siempre que la relación nupcial con Cristo exigía esta donación entera del hombre al amor de Dios? Estaba perplejo, pero después comprendí. ¡Pero hay que comprender intentando ser muy humildes al querer juzgar a Dios! Comprendí que era precisamente ésta la belleza de las últimas apariciones: la Virgen que desciende al abismo de nuestra pobreza, que es una realidad humana, de criaturas que tienden a Dios sin presumir de nada, seguras de poder recibirlo todo, de no tener derecho a pedir nada y por esto viven en un abandono sereno y confiado en las manos de Dios.

¿Cómo debemos vivir esta entrega a la Virgen? Siempre y en todo lugar… No se trata de pronunciar muchas oraciones: las fórmulas muy a menudo nos engañan, porque se convierten en una repetición sin sentido. Debemos en cambio vivir lo que experimentamos en las relaciones con las personas más queridas. Una madre, ciertamente, no necesita aprender una lección para dirigirse a sus hijos; pero tampoco los hijos necesitan lecciones para dirigirse a su madre. El corazón se abre sencillamente y el alma acoge el mensaje de Dios. Yo no sé por qué Dios realiza lo que realiza, a mí se me pide sólo creer verdaderamente en el amor. Dios es el amor y es un amor que nos llega a través del corazón de una madre. Que la vida de todos se transforme en un himno de alegría, porque esto es lo que Dios quiere de nosotros. Acordémonos: la Virgen está siempre con nosotros. No nos puede amedrentar la muerte, es Ella quien nos acompañará más allá del velo y entonces todo será bello, pero es bello ya ahora, porque en estos días que nos separan del último acontecimiento que es la muerte, no podemos más que aspirar y esperar la dulzura de una última aparición en la que viviremos para siempre en el cielo.

P. Divo Barsotti

 

El Señor ama a quien da con alegría

Las peregrinaciones de caridad continúan, sobre todo en Bosnia. Y mientras Medj. celebra, con una gran participación de fieles y de peregrinos el 20º aniversario de las apariciones, desde hace casi 10 años la A.R.P.A. (Asociación Reina de la Paz) recorre cada mes e incluso más veces al mes, toda Italia con convoyes de furgones y de camiones. Cuenta Alberto Bonifacio, coordinador de esta generosa actividad: "Alrededor de la ciudad de Gracanica, descargamos las ayudas en muchos centros de refugiados. La mayor parte están habitados por musulmanes, viudas y huérfanos. Las viudas de los militares en ejercicio tienen una pequeña pensión, pero el resto no recibe nada, aun con muchos hijos. ¡Son niños y jóvenes sin futuro! Es profundamente triste. Sin embargo, estos jóvenes, cuando nos ven, saltan de alegría. También los rostros tensos de las mujeres se abren a la sonrisa y la esperanza: "¡Al fin, sois los únicos que nos habéis traído ayuda! ¡Ya no tenemos nada! ¡Gracias!" Es un estribillo que se repite. Pero no dejamos sólo comida, detergentes, bufandas, etc… Sería demasiado poco. Con nosotros viene María de Nazareth y María trae a Jesús. Les llega un Amor que trasciende con mucho el que nosotros les damos. Y así se sienten menos abandonados, menos desesperados".

Para posibles contactos y ayudas, dirigirse a:

Alberto Bonifacio - Centro Informazioni Medjugorje - Via S. Alessandro, 26 - 23855 PESCATE (LC) Tel. 0341 - 368487 - Fax 0341 - 36858 - cuenta corriente postal n.17473224

cuenta corriente bancaria n.98230/Y Banca Popolare di Lecco - Div. Deutsche Bank - Plaza Garibaldi, 12 - 23900 LECCO - ABI 3104 - CAB 22901.

(Las cuentas van a nombre de Alberto Bonifacio)

 

"¡Veo a la Virgen, pero no soy santa!"

"Muchas veces me preguntan: "¿Usted es Marija de Medjugorje?". Y enseguida me vienen a la mente las palabras de la Escritura: ¿De quién eres tú, de Pablo, de Apolo, de Cefas? (1 Cor 1, 12). Preguntémonos también nosotros: ¿de quién somos? No decimos "medjugorjenses"; yo respondería: ¡de Jesucristo!"
Con estas palabras la vidente Marija Pavlovic inició su intervención en el Palacio de Deportes de Florencia en el que se congregaron 8000 personas el pasado 18 de mayo, para celebrar los 20 años de las apariciones en Medj. Marija se dirigió a los presentes de forma sencilla y familiar, compartiendo su experiencia de vidente y sus sentimientos de cristiana, comprometida, como todos nosotros, en recorrer el camino de la santidad.
"Yo no quería que la Virgen se me apareciese, pero Ella apareció" continúa Marija. "Le pregunté una vez: ¿por qué a mí? Aún hoy recuerdo su sonrisa: Dios me lo permitió y os elegí a vosotros - dijo la Virgen. Pero muchas veces, a causa de esto, la gente nos pone en un pedestal: quieren hacernos santos… Es cierto, yo he elegido el camino de la santidad, pero ¡aún no soy santa!"
La tentación de "santificar" antes de tiempo a las personas que tienen experiencias sobrenaturales está muy difundida, pero revela en cambio un escaso conocimiento del mundo de Dios y un fetichismo velado. Apegándose a la persona escogida como instrumento de Dios, se intenta de alguna manera arrebatarle al mismo Dios que se le manifiesta de manera sensible. "Es difícil cuando la gente te considera santo y tú sabes que no lo eres" reitera Marija. "En este camino tengo que esforzarme como todos; no siempre me resulta fácil amar, ayunar, orar. No me siento beata sólo porque la Virgen se me aparezca. Tengo una vida concreta en el mundo como mujer, esposa, madre… ¡Hay quien a veces nos toma por magos y nos piden que predigamos el futuro!"
Es una exhortación clara que procede de una vidente que desde hace veinte años se encuentra cotidianamente con la Madre de Dios; es la invitación a que no la miren como un ideal, como a una diva. Los videntes, de hecho, no son más que el espejo de una realidad sobrenatural: la ven y la reflejan para que la comunidad de los fieles pueda captar de algún modo la imagen y sea enriquecida. "La Virgen nos ha mostrado varias realidades sobrenaturales, incluida la dimensión en la que nos encontraremos después de la muerte. Finalmente nos dijo: ¡Habéis visto, ahora dad testimonio! Yo creo que nuestra tarea principal es la de dar testimonio de lo que vemos, pero también la de vivir en primera persona las enseñanzas de la Virgen, que no sólo es madre sino también maestra, hermana, amiga. Procurar con nuestra vida que los demás se enamoren de Ella.

Nos prestamos a todo tipo de investigación y de examen médico sólo para atraer a los no creyentes a la fe y para que los fieles creyesen más. Ahora lo importante es perseverar para que el árbol que ha plantado la Reina de la Paz crezca siempre más. En realidad, hasta ahora, de ser una pequeña semilla, se ha convertido, después de veinte años, en un gran árbol que cobija con sus ramas hasta los confines del mundo. Cada día nace un nuevo grupo de oración inspirado en Medj., incluso en China, donde la fe cristiana está fuertemente perseguida".
Es un discurso rico pero que sobre todo subraya la importancia de un auténtico camino espiritual, enraizado en la fe, en la esperanza y en la caridad, para todos aquellos a los que el Señor ha escogido como instrumentos suyos y que tienen experiencias místicas de índole diversa. "La Virgen dijo una vez: En este mosaico cada persona es importante… Que cada uno descubra a través de la oración su misión y sepa decirse a sí mismo "¡Yo soy importante a los ojos de Dios!". Será fácil entonces poner en práctica el mandamiento de Jesús: Lo que escuchasteis al oído, pregonadlo desde los terrados (Mt 10, 27)"

Marija Pavlovic finalizó así su intervención, pero enseguida puso en práctica las exhortaciones que ella misma había sugerido, permaneciendo en oración con los miles de participantes. Tras el rosario que ella guió, durante la adoración Eucarística, la aparición de la Virgen selló todos los discursos que habían realizado también los otros participantes. Éstos, con sus intervenciones, trazaron un amplio panorama del movimiento ligado a Medj. (P. Jozo, Jelena, d. Amorth, P. Leonard, P. Divo Barsotti, P. G. Sgreva, A. Bonifacio, P. Barnaba…). Muchas piezas distintas, originales de color, forma y consistencia, pero todas importantes para componer aquel maravilloso mosaico que la Virgen quiere ofrecer al mundo. Stefania Consoli

 

 

CRÓNICA DEL ANIVERSARIO EN MEDJUGORJE

La preparación para el "instante de gracia"

Se puede afirmar verdaderamente que los preparativos para el veinte aniversario transcurrieron en el espíritu de la Virgen: laborioso, imperceptible y de oración.

Laborioso

Para mejorar la llegada y la organización de los peregrinos, la Comunidad y la Parroquia realizaron varios trabajos externos: se renovó el asfalto de la calle que lleva a Medj. desde Tromedje, y se renovó el área que rodea el Santuario (se adoquinó el espacio debajo de los bancos, y se completó y recintó la explanada del altar externo).

imperceptible

Este año, el aniversario ha ido acompañado de una mayor actividad editorial. Lo que es imperceptible es el enorme trabajo de escritura, traducción, corrección y publicación, recompensado por una mayor calidad de las publicaciones.

…y de oración

La característica principal en la preparación de este aniversario ha sido la preparación de la Novena. La parroquia la dividió en tres puntos: a las 16h en el Podbrdo se rezaban los misterios gozosos y dolorosos del Rosario, después de la misa se rezaban los misterios gloriosos acompañados de las meditaciones propuestas. Finalmente, a las 22h, la Adoración eucarística completaba el programa.

La marcha de la paz

El domingo, vigilia de las apariciones y Solemnidad de san Juan Bautista, estuvo marcado por la tradicional "Marcha de la Paz" donde, junto a Vicka y Jackov, han caminado 12000 feligreses y peregrinos. Entre cantos y oraciones, acompañaron al Santísimo Sacramento, colocado en el imponente ostensorio recién recibido como don.

La Misa de la vigilia

Una homilía llena de significado la del P. M. Sikiric, profesor de teología en Sarajevo: "El gran número de presencias y de lenguas en las que se ha leído el evangelio esta tarde es el mejor signo de que habéis respondido a la señal sobrenatural dada por María hace 20 años. El Cielo aquí os ofreció un signo irracional, al que podemos responder de manera un poco loca: con la respuesta de la fe y del abandono total. "¡Es extraño que se busquen demostraciones sobrenaturales cuando nuestra misma fe es un misterio sobrenatural!"

El 25 de junio: "La grandeza de lo invisible"

Personas. De todas partes. Caminan, hablan, se sientan, oran, se arrodillan… Medj se parece hoy a un hormiguero. Todo está en movimiento, todo se mueve… La iglesia está llena a todas horas, siempre es pequeña… Las Santas Misas continuadas, celebradas en 17 lenguas, provocan una afluencia continua de gente hacia el santuario. Las estadísticas dicen que en Medj. hay cerca de 100000 peregrinos, algunos de los cuales llegaron después de haber recorrido descalzos muchos kilómetros "encendidos"… Aumentó la presencia de los hábitos marrones de los hermanos y de los uniformes negros de las religiosas que se apresuran, serviciales, cada uno en su quehacer.
Se siente una fuerte experiencia de Gracia. Ya desde la mañana. Como si toda Medjugorje y todo el mundo se hubieran convertido en un Podbrdo: la presencia de la Virgen hace que el alma se pacifique, vaya a su centro y "toque la presencia viva de Dios. Se ora sencillamente… Se llora sencillamente… Se respira con el corazón, sencillamente… Se palpa la presencia de la paz. Han desaparecido las luchas, las tentaciones, las pruebas - tan intensas en los días anteriores durante la Novena - . Como si el alma estuviese inmersa en la seguridad de la existencia de Dios. Se siente la vibración de la vida divina en la que todos vivimos, nos movemos y existimos, y que nos une como un gran pueblo de Dios, la Iglesia viva.
En el rostro de la gente se refleja el cansancio y las huellas de las preocupaciones causadas por el peso de la vida; pero junto a ellas, brota también una fuerza… Los ojos irradian una fe viva en lo que aquí María ha realizado. 20 años con María, tentados, tenaces… Lo saben: con la reina de la Paz todas las pruebas y las dificultades pasan, y se trasciende.
El programa del día es sencillo, y está concentrado en el programa de la oración de la tarde. La aparición, a las 18:40, tiene lugar en la llamada "sala amarilla"; están presentes los videntes Marija e Ivan con sus familias y algunos sacerdotes. "La Virgen estaba muy contenta", dijo Marija. Gozo y entusiasmo llenaron también el corazón de los que estaban en el interior de la iglesia. De hecho, afirman haber visto también la figura de la Virgen. Alguno dijo que en la iglesia era posible percibir una particular luminosidad sobrenatural. Los que no pudieron ver nada con sus propios ojos, si tenían el corazón abierto y preparado a través de la oración, pudieron sentir un "paso" tangible de la Luz divina, que reveló lo que en ellos era aún oscuro, necesitado de conversión y de cambio.
El P. Ante Vuckovic, que presidía la s. Misa, profesor de teología en Spalato, subrayó a este propósito que también María, como cada uno de nosotros, conoció su pequeñez en la grandeza de la luz de Dios. Y precisamente por esto ella nos enseña que justamente cuando nos sentimos más pequeños y más débiles es cuando estamos más cerca de Dios.
El P. Tomislav Pervan, el provincial franciscanco actual, concluyó la celebración eucarística dirigiéndose a sus hermanos y hermanas, a los fieles y a los peregrinos, y dijo: "Siento interiormente la necesidad de expresar un gran GRACIAS Señor. He estado aquí desde los primeros días, desde aquellos inicios cargados de temor, cuando hace 20 años la Virgen se presentó como Reina de la Paz. Vinieron años de lucha, pero finalmente, ha vencido la verdad. El Espíritu se reconoce con el espíritu.

Este espíritu de Medj conduce a la Iglesia, y de esto también vosotros sois testimonios, todos vosotros que estáis aquí presentes tan numerosos. Vosotros sois la respuesta de la Iglesia que cree, que ora. Todos los demás santuarios reconocidos o no, quedan en los límites de espacio en los que se encuentran. La particularidad de Medj es que está presente en todo el mundo, con sus distintos grupos de oración, los centros, las publicaciones… Medj es como un gran internet, una red mundial. Medj. es un auténtico fenómeno. Es la Gracia que se cumple, es la Gracia que se derrama, con la que el mundo se cura y se sana. Ésta es la llamada de Medj."
Respondiendo a las noticias recientemente llegadas del Vaticano, concernientes a las dudas sobre la veracidad de las apariciones, el Provincial expresó de nuevo su profunda convicción acerca de la autenticidad de la venida y de la llamada de María y animó a los presentes, invitándolos a continuar su camino de fe en la verdad. Finalmente, agradeció de manera especial a esta comunidad parroquial y a la Provincia franciscana que ha acogido y trabaja sirviendo a la Reina de la Paz.
A las diez de la noche muchos peregrinos asistieron en el Podbrdo, a la aparición extraordinaria. La colina estaba de nuevo llena de gente. Reunidos en la oración, en el canto, en la escucha…

Al final de este día especial se pueden extraer algunas conclusiones: Medj es verdaderamente una pequeña parroquia de pueblo que se ha convertido en una parroquia mundial. Pero han sido precisamente las pequeñas o grandes carencias e imperfecciones las que no han permitido que se contase con algo humano, bien estructurado, seguro… Ha sido la demostración más elocuente de que aquí ocurre algo distinto, algo que actúa más allá de las capacidades y actividades humanas. Se cumplen así las palabras expresadas hace mucho tiempo por san Pablo: "Dios escogió la necedad del mundo para confundir a los sabios, y Dios eligió la flaqueza del mundo para confundir a los fuertes; escogió Dios a lo vil, a lo despreciable del mundo, a lo que no es nada, para destruir lo que es, de manera que ningún mortal pueda gloriarse ante Dios". (1 Cor 1, 27-29)
Entre todos los acontecimientos visibles, se ha podido leer entre líneas, que la guía principal de este día era Ella, la Reina de la Paz. Aquí está esa inasible e ilimitada fuerza de Medj., una fuerza de gracia que va más allá de nuestras "vasijas de barro". Medj. destruye la lógica del mundo según la cual es grande lo que se ve. En Medj. se descubre la lógica de la Virgen, para quien es grande aquel que es el más Grande, el más Presente, el más Comprensivo - invisible para el mundo, pero visible para los ojos de la fe, de la esperanza y del amor. Y Ella nos llama allí.

(de nuestra corresp. en Medj.: Paula Jurcic)

 

 

* Tampoco esta vez Ivanka Ivankovic faltó a su cita anual con la Virgen. Reunida en oración junto a su familia, Ivanka tuvo un encuentro con la Virgen (que se le aparece una vez al año, precisamente el día del aniversario de las apariciones). La vidente explicó que la Virgen estaba muy contenta y que, tras haberle hablado del futuro de la Iglesia, le dio un mensaje para todos los suyos:

"¡Queridos ángeles! Gracias por las oraciones, porque a través de ellas se cumple mi plan. Por esto, ángeles, orad, orad, orad, para que mi plan se realice. Recibid mi bendición maternal".

 

Permanezcamos unidos en la bendición maternal de la Reina de la Paz, para dar al mundo abundantes frutos de paz y de reconciliación.

 


 

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